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Posts Tagged ‘REVOLUCION CUBANA’

Por Felipe de J. Pérez Cruz

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La guerra contra la dominación de la corona española que se reinició el 24 de febrero de 1895, ha sido profusamente estudiada, pero la labor del historiador no termina en la develación de ciencia, pasa por nuestra función como maestros, promotores y activistas de la cultura revolucionaria. Debemos ser capaces de llegar a nuestros jóvenes y pueblo con los hechos y sobre todo con razones.  Y una conmemoración siempre será propicia para renovar nuestra lectura en presente del legado que heredamos.

El 24 de febrero de 1895

El 24 de febrero fue continuidad del proceso revolucionario emprendido por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868, en el ingenio Demajagua, en la región de Manzanillo. La historiografía burguesa hizo énfasis durante muchos años en que esa guerra grande terminó con el Pacto del Zanjón en el que los jefes de las fuerzas insurrectas mambisas, firmaron el fin de las hostilidades militares con el gobierno español. Para quienes rescatamos en la historia, por sobre los reveses, los hechos que marcan los cambios trascendentales de futuro, la guerra de los Diez Años  termina con el canto al patriotismo y la intransigencia revolucionaria del general mulato Antonio Maceo y Grajales en la Protesta de Baraguá el 15 de marzo de 1878: No puede haber paz sin independencia,  precisó para todos los tiempos quien ya representaba la llegada, a fuerza de valor e inteligencia, de los sectores populares al liderazgo histórico de la revolución emancipadora.

José Martí y Pérez, el hijo de una humilde familia habanera de migrantes españoles, fue conciencia y vida de la preparación y conducción del nuevo estallido independentista. Con el espíritu de intransigencia de la Protesta de Baraguá, Martí se entregó con pasión a  la labor emancipadora. No fue una tarea fácil la de vencer las divisiones y pasiones desatadas en el campo patriótico, la de asumir un discutido liderazgo sobre aquellos que peinaban canas y tenían la gloria de años de combate. Venció sobre dudas, y prejuicios, contra la desidia de los sietemesinos, la lucidez política, las inigualables dotes de organizador, la honradez y pasión del Apóstol. La grandeza de Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García y de los más preclaros líderes del mambisado fue también decisiva, supieron ver en el joven Martí, el dirigente capaz de conducirlos a la victoria.

Martí estudió con profundidad las causas y factores que propiciaron los reveses de los cubanos entre 1868 y 1880; trabajó ardua e intensamente para dar solución a los principales problemas que entonces se confrontaron, y para ello elaboró las concepciones político – estratégicas que sirvieron de base a la guerra de 1895. Enfrentado a las frustraciones y el desánimo que dejó la primera contienda, Martí se situó en el problema principal: “Nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos”, afirmará. Aludía así a las divisiones y pugnas entre los patriotas que condujeron al fracaso de aquel esfuerzo heroico mantenido durante diez años.

Tuvo que batallar Martí contra el miedo al negro sembrado en no pocos, en constantemente manipulación por la propaganda colonialista. Contra los apátridas de entonces y los que renunciaron a seguir en la pelea, para ensayar las fórmulas del reformismo autonomista, o trabajar por la anexión al imperio del Norte.

De la evaluación de errores y victoria extrajo como conclusión esencial que la nueva guerra había que dirigirla de otro modo. Y para ello concibió y organizó el Partido Revolucionario Cubano, que fundó el 10 de abril de 1892.

El Partido se develaría como el más eficaz instrumento para forjar la necesaria e imprescindible unidad y para dirigir la guerra con criterio político. Ese partido, constituido en las filas de la emigración en Estados Unidos primero, y con representación, más tarde, en suelo cubano, se propuso alcanzar no solo la independencia de Cuba, sino también la de Puerto Rico.
Martí no sólo contó con el concurso de los patriotas veteranos, sino también con el aporte de la más joven generación de cubanos y cubanas a los que llamó “pinos nuevos”.

A finales de 1894, los planes insurreccionales estaban listos para dar reinicio a las hostilidades, se preveía el levantamiento de los comprometidos tanto en el Occidente como en el Oriente y el desembarco de tres expediciones con los principales jefes por las hoy provincias orientales, Camagüey y la región central.

El 10 de enero de 1895, las autoridades norteamericanas confiscaron tres embarcaciones que estaban listas para partir hacia Cuba, y con ellas todos los materiales y pertrechos de guerra celosamente preparados por Martí, para armar a 1 000 hombres.  Se trata de la frustrada expedición que conocemos por nombre del puerto floridense de la Fernandina, donde se produjo el vil acto de confiscación del Gobierno  de los Estado Unidos. Quedaron así en manos yanquis los recursos brindados para la guerra por los humildes trabajadores tabaqueros de la Florida junto a otros cientos de emigrados, colectados centavo a centavo, en años de enormes esfuerzos.

El revés de la Fernandina pudo haber sido el fin del esfuerzo revolucionario. Pero el terrible golpe no había disminuido la capacidad de lucha de Martí. Los preparativos comenzaron de nuevo. La guerra revolucionaria era ya un proceso inevitable y otro plan de alzamiento fue concebido de inmediato. “Yo no miro a lo deshecho, sino a lo que hay que hacer”, afirmaría Martí.

Lejos de producir desaliento, el fracaso del Plan de Fernandina fortaleció la decisión de los revolucionarios, y fueron muchos los que quedaron asombrados por la magnitud del esfuerzo, así como convencidos del buen empleo de los fondos donados por ellos para propiciar el inicio de la Revolución. Amaron más aún los cubanos y cubanas de bien, a aquel hombre que en las frías jornadas del invierno neoyorquino, llegaba con un precario abrigo, con una levita siempre pulcra, pero de evidente desgaste, a quien vieron subir a una tribuna con las suelas de los zapatos desgastadas, en la seguridad de sus pies húmedos, de sus carnes castigadas por el frío norteño.  Así, el revés levantó a más aún la confianza en Martí y fue acicate para que se apresurara, sin más dilación, el ansiado levantamiento en armas dentro de la Isla.

El 29 de enero de 1895, a solo 19 días de la pérdida de la Fernandina, Martí cursó la orden del levantamiento simultáneo, firmada por él, como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, junto a Mayía Rodríguez, como representante personal del mayor general Máximo Gómez, y a Enrique Collazo, representando a la Junta Revolucionaria de La Habana. La orden iba remitida al mulato  matancero Juan Gualberto Gómez, el Delegado en La Habana del PRC, con copias para los jefes mambises Guillermón Moncada, residente de Santiago de Cuba; Bartolomé Masó, radicado en Manzanillo; Francisco Carrillo, localizado en Remedios, y el camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt.

Tras recibir la orden en los primeros días de febrero de 1895, el joven estudiante Tranquilino Latapier la llevó a los conspiradores del Oriente.  Con la aceptación de los jefes del interior de la isla, reunidos en La Habana, Juan Gualberto Gómez, Julio Sanguily, José María Aguirre, López Coloma y Pedro Betancourt, acordaron aceptar la propuesta del general negro Quintín Bandera de fijar como fecha del alzamiento el 24 de febrero, primer domingo de carnaval.

En la fecha acordada se produjeron levantamientos armados simultáneos que había organizado el Partido Revolucionario Cubano. Según varias fuentes, en unas 35 localidades de distintas partes del país se levantaron en armas los patriotas aquel 24 de febrero, aunque inicialmente solo en la región oriental, sobre todo en su parte sur, pudieron consolidarse las fuerzas mambisas.

Me detengo en mencionar el hecho de la simultaneidad de los principales alzamientos, porque a pesar de que los historiadores han demostrado hasta la saciedad que en este día se desarrolló un levantamiento simultáneo, se sigue repitiendo que en Baire se inicio la Guerra Necesaria. Hacer del heroico Baire el centro aislado o principal del levantamiento, no sólo sería omitir lo que realmente ocurrió, además resultaría en desconocer que el 24 de febrero de 1895, fue el resultado de una sabia concepción estratégica de José Martí, plenamente compartida por Máximo Gómez y Antonio Maceo.

La guerra revolucionaria

Iniciada la guerra en Cuba, Martí trabaja intensamente para logra el arribo al país de los principales jefes. Viaja a República Dominicana y el 25 de marzo, desde Montecristi, junto con  Máximo Gómez, da a conocer el Manifiesto: El Partido Revolucionario Cubano a Cuba, exponiendo los fundamentos de la revolución que se iniciaba.

En momentos tan intensos reverdece el conflicto personal entre dos paladines Antonio Maceo y Flor Crombet, Martí toma la decisión que más conviene a la causa aunque su relación con Maceo se agudiza. Gómez apoya a Martí y con su sabiduría y prestigio aconseja al Titán de Baraguá. Lo más importante es llegar a Cuba y ponerse al servicio de la causa, Maceo acepta aunque siente afectada su dignidad personal. De Puerto Limón, en Costa Rica salen el 25 de marzo Maceo y Flor con destino a la Patria. El primero de abril desembarcaba cercan de Baracoa. Y ese mismo día salían Martí y Gómez de de Montecristi, y llegan a su destino el día 11 de ese mes por Playitas.

El cinco de mayo de 1895 se celebra la entrevista de la Mejorana entre Gómez, Martí y Maceo. El 18 de mayo escribe la carta inconclusa a Manuel Mercado, donde ratifica la naturaleza antimperialista y la vocación latinoamericanista del Partido y la guerra revolucionaria que dirige. Como sabemos al día siguiente, el 19 cae en combate.

La guerra iniciada por Martí, con Gómez y Maceo, se prolongó cerca de tres años y medio.  Los cubanos nos enfrentamos al mayor ejército que España puso sobre nuestras tierras de Américas, más incluso que en las contiendas en las que perdió frente a Simón Bolívar y  José de San Marín  su dominio sobre la América continental. Por la parte española participaron 250 000 hombres de su ejército regular, dirigidos por más de 40 experimentados generales, cerca de 700 jefes y unos 6300 oficiales; así como el Cuerpo de Voluntarios, los guerrilleros, y otras tropas auxiliares al servicio de la metrópoli, calculados en más de 80 000 hombres.

Toda esa colosal fuerza militar equipada con los más modernos medios de la época –no casualmente vendidos por la naciente industria bélica de los Estados Unidos-, no pudo quebrara  la voluntad de resistencia, la preparación militar y la inteligencia de los guerrilleros del Ejército Libertador, con no más de 45 mil efectivos. La invasión de Oriente a Occidente realizada por Gómez y Maceo es considerada  por los estudiosos una de las hazañas militares y políticas, más destacas del Siglo XIX. Maceo muere en una acción militar en Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896, pero es unánime el criterio de historiadores y politólogos acerca de la inevitable derrota española por las fuerzas cubanas.

El 20 de mayo del 1902

El triunfo de las armas cubanas y la aspiración a lograr la independencia no resultó posible por la intervención del gobierno imperialista de los Estados Unidos a partir de abril de 1898. Nada justifica la intervención militar yanqui, sus razones mentirosas lograron paralizar y confundir a una dirigencia mambisa que yo no contaba con la sagacidad política de Martí y Maceo, mientras encubaban la traición dentro de las propias filas insurrectas. Por demás los espurios objetivos de la intervención y la guerra contra España, han quedado al desnudo con las pruebas irrebatibles de su conducta anexionista y la propia documentación estadounidense de la época.

El país imperialista con la decisiva colaboración del Ejército mambí derrota al decadente corona europea. Y si definitivamente los imperialistas no alcanzaron convertirnos en una colonia como si lo hicieron con la hermana Puerto Rico, fue por la resistencia cubana a la idea anexionista, por la presencia de un pueblo en armas, convencido de su dignidad nacional en treinta años de combates anticolonialistas. También por la sabiduría política de un grupo de patriotas, que evitó que realizaran contra la nación las masacres que si sufrieron los patriotas y pobladores filipinos.

Resulta importante subrayar que el logro de los propósitos hegemonistas, expansionistas e imperialistas de los Estados Unidos y el nacimiento de una república neocolonial, con la cooptación de una parte importante del liderazgo mambí para su política antinacional, es solo una parte de la verdad histórica.

El 20 de mayo del 1902, el reconocimiento de la República de Cuba y el fracaso de los planes netamente anexionistas, también fueron un logro del movimiento revolucionario que se reinició el 24 de febrero de 1895, el espacio mínimo pero definitivo de realización de nuevas luchas, de nuevas batallas emancipadoras, donde la liberación nacional se articularía definitivamente con la justicia social, donde nacionalismo y socialismo configurarían el escenario de la Revolución del 30 y el movimiento definitivo que en el año del Centenario del nacimiento de José Martí, bajo la conducción de Fidel Castro Ruz, inició el fin del capitalismo en Cuba. No tenemos pues porque dejarle a los apátridas y a la contrarrevolución la efeméride del 20 de mayo.

El 24 de febrero del 2011

pict1061.JPGRememorar el 24 de febrero en el año que conmemoraremos los 50 aniversarios de la declaratoria del carácter socialista de la Revolución, de la Victoria de Girón y del nacimiento, desde el pluripartidismo revolucionario del triunfo de enero de 1959, del partido único de todos los revolucionarios cubanos, nos coloca, en un privilegiado   escenario. Nos impone la necesidad de pensar sobre nuestra contemporaneidad: ¿Son nuestras dificultades actuales,  superiores a las que enfrentaron  Martí, Gómez, Maceo y sus compañeros? ¿Acaso somos diferentes a los héroes del 24 de febrero de 1895?

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en un discurso que sentó pautas para la historiografía nacional, el 10 de octubre de 1968, en conmemoración del Centenario del inicio de la gesta independentista de los Diez años, develó la dialéctica de los cien años de luchas de la  Revolución Cubana: “nosotros ayer hubiéramos sido como ellos, ellos hubieran sido como nosotros hoy”.

La historia no es la que se quiera escribir, sino la que realmente sucedió, y la nuestra entre muchas, define seis verdades incuestionables:

Primero: Esta es una nación construida con el heroísmo y la inteligencia de todos sus hijos, de  hombres y mujeres, de la simiente de los indígenas que sobrevivieron al genocidio de la conquista y colonización, de  los negros esclavos, campesinos y artesanos peninsulares, de los culíes chinos, de muchos otros migrantes de América y del mundo, de sus hijos y los hijos de sus hijos.   Nuestra diversidad es fortaleza. La indoamericanidad, la negritud y universalidad de nuestros padres, dio esa mezcla real y maravillosa de la cubanidad, que se hizo cultura y sentido de nación en estas guerras por la liberación nacional. Somos indoamericanos y más. Somos afroamericanos y más. Somos hispanoamericanos y más. Somos CUBANOS y CUBANAS. NO HAY DEFINICIÖN MÁS EXACTA Y DEFINITIVA QUE ESTA.

Segundo: La existencia de la nación cubana ha estado siempre fundamentada en la unidad política de sus combatientes y en el apoyo decidido de las masas trabajadoras. De José Martí a Fidel Castro el liderazgo en Cuba pasa siempre por la prueba de las masas, nuestro pueblo ha desarrollado una peculiar y sabia sensibilidad para sentir la grandeza de sus servidores, la exige por demás en el ejemplo, en la eticidad, en la capacidad de expresar sus más íntimos anhelos, en la valentía y la audacia, en la certeza.

Tercero: Las derrotas que hemos tenido han sido en lo fundamental, fruto de nuestros propios errores, de las contradicciones no resueltas, de la desunión dentro del propio campo revolucionario. La solución de este peligro no pasa por discursos, si por la construcción efectiva de unidad y socialidad revolucionaria todos los días, a toda hora. Pasa por la entrega personal y el patriotismo de cada revolucionario, por su sentido del deber, por la postergación de lo secundario en función del interés superior de la Revolución.

Cuarto: La causa de Cuba ha estado indisolublemente ligada a la de los pueblos de América. La solidaridad y el internacionalismo, cuya figura suprema en la independencia es el Generalísimo Máximo Gómez, resulta esencia e identidad del devenir de la historia patria

Quinto: El gobierno de los Estados Unidos como representante de los grupos de poder hegemónico e imperialista de ese país, ha sido un enemigo histórico de la nación, de la independencia, la soberanía y la felicidad de los cubanos y cubanas.

Sexto: Para los fines de la Revolución Cubana, para cumplir sus tareas históricas de liberación y realización nacional, construir una patria feliz y próspera, crear, consolidar y enriquecer la unidad de todos los patriotas frente a los retos emancipatorios y la constante agresividad del vecino imperialista, para cumplir nuestro destino solidario e internacionalista, José Martí creó un Partido Revolucionario, un solo Partido para todas y todos los que se decidieran a pelear y vencer por tan trascendentales objetivos.

Me ratifico en el criterio de que vivimos momentos tan heroicos como aquellos del 24 de febrero: tiempo de balance y cambios trascendentales, que se hacen desde la madurez de una dirección martiana, que nos ha dado la victoria en el último medio siglo de vida de la nación cubana,  tiempo en que por demás,  los pinos nuevos, los jóvenes, ya tienen  en sus manos el curso definitivo de los acontecimientos.

Enviado por su autor

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Por Néstor García Iturbe* 

rcbaez_mascapitulos.JPGAcabo de leer el último número, el de marzo del 2010, de “The Latell Report” titulado “¿El Capítulo Final?”. 

“The Latell Report” es una publicación digital que edita mensualmente el señor Brian Latell, ex oficial de la CIA que se auto titula “distinguido analista sobre Cuba” y que durante varios años ocupó el cargo de Oficial Nacional de Inteligencia sobre América Latina en la oficina del Director Central de Inteligencia de Estados Unidos. 

Durante su actividad como Oficial Nacional de Inteligencia, que comenzó en los primeros años de la década del 90 del siglo pasado, Latell era el encargado de confeccionar el Estimado Anual de Inteligencia sobre Cuba. En aquel documento, el señor Brian Latell, año por año, predecía que la Revolución Cubana dejaría de existir ese año, además lo argumentaba de forma irrebatible, con toda una serie de “informaciones” recibidas de las distintas agencias que trabajan contra Cuba dentro de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos. 

Eso era lo que el “distinguido analista sobre Cuba”, tal y como él mismo explica en la presentación de su “Report”, “informó a distintos presidentes de Estados Unidos y de otras naciones, miembros del gabinete y legisladores”. Ahora entiendo porqué el señor Latell dejó de ser Oficial Nacional de Inteligencia. Todas esas personas llegaron a la conclusión de que no podían confiar en lo que este informaba. 

Otro aspecto interesante señalado en la introducción de “The Latell Report”, es cuando su editor especifica que “es una publicación del ICCAS (Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami), en la cual no se han utilizado fondos suministrados por el gobierno” y que las opiniones expresadas son las del autor y no reflejan “los puntos de vista del ICCAS y/o los de la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos USAID”.

Parece que al “distinguido analista sobre Cuba” se le fue un detalle. Está bien que aclare lo de ICCAS, pero ¿cuál es el motivo de aclarar lo de la USAID? Esto no resiste el más elemental “análisis”. Hasta un joven analista, que esté comenzando su carrera, llamaría la atención de esta referencia “innecesaria”… si no fuera la USAID con los fondos de la CIA quien financiara el “Report”. Después de estas aclaraciones, que considero sitúan al lector sobre quién es Brian Latell y quién paga lo que escribe, pasaré a realizar un análisis del último “Report”, aclarando que no me considero un distinguido analista. 

No quiero cansar a los lectores ni ocupar su tiempo por gusto. El “Report” de marzo del 2010 hace un recuento histórico de toda una serie de situaciones que ha enfrentado la Revolución Cubana, muchas de ellas tomadas de las que Latell informaba cuando era Oficial Nacional de Inteligencia.  

Lo interesante de esto es que las situaciones citadas eran “altamente comprometidas”, según Latell, pero la Revolución supo solucionarlas satisfactoriamente y seguir adelante. La mejor prueba es que estamos aquí a pesar de todo eso. De acuerdo con lo planteado por Latell, son populares “nuevamente” las predicciones de que la Revolución Cubana pronto colapsará  -él plantea “nuevamente” por las veces que hizo predicciones similares que fallaron-; lo único cierto que menciona en su “Report” es que “predecir el fin del régimen de los hermanos Castro ha sido una posición perdedora durante los 51 años que ellos han estado en el poder”. 

Explica lo esperanzado que estaba cuando la Unión Soviética desapareció, tuvimos serios problemas económicos y declaramos el Período Especial. 

Sintió que todo llegaba a su fin cuando los problemas en el Malecón, los apagones y la crisis del transporte.

En algunos momentos pensó que la debacle está cerca cuando consideraba que había una convulsión política y económica imposible de controlar.

Otros eventos y situaciones que cita en su “Report”, al igual que algunas deserciones y sustituciones, las consideró en su momento como una señal de que pronto la Revolución dejaría de existir. 

Cita opiniones recogidas a traidores de nuestro proceso, que no dejan de ser falsedades para darle aliento a los servicios especiales estadounidenses y que estos les aseguren el sustento diario.

 Finalmente plantea que una rebelión dirigida por la “elite” que constituya un reto para el régimen “caduco” es más probable que una insurrección popular en las calles. “Esto continúa siendo una predicción poco fundamentada”, termina diciendo. 

Todavía no entiendo porqué el señor Brian Latell este “Report” lo titula “¿El Capítulo Final?”.

Según puede interpretar este “analista no distinguido”, existen dudas por parte del señor Latell de que estemos en el Capítulo Final, de ahí los signos de interrogación en que encierra la frase. 

Señor Brian Latell, por primera vez en la vida estamos de acuerdo. Evidentemente, ha podido desarrollar su agudeza mental, lo cual le ha permitido dudar que la Revolución Cubana se encuentre en el Capítulo Final. 

Aún quedan más Capítulos, Mr. Latell.

*Dr. en Ciencias Históricas, Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, MINREX; Investigador Titular del Instituto de Historia de Cuba; Escritor y Experto en Estados Unidos.

Fotgr. RCBáez_Más capítulos [Inserta entre otras foto de Juan Pablo Carreras]

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Por Roberto Herrera

Desde Wittnau, Alemania, para Cuba con amor

Muchos latinoamericanos nacidos en el siglo pasado, en la década del cincuenta y que por razones múltiples nos encariñamos y solidarizamos con el pueblo cubano y su revolución, crecimos con la idea de que un mañana mejor y distinto sí era posible. Luego con los avatares de la historia muchos de esos latinoamericanos tuvimos que emigrar por disímiles causas a la vieja Europa, entre ellas, por intentar repetir en los países de origen, lo que los cubanos habían logrado en 1959. Muchos perdieron casa, bienes, seres queridos e incluso la vida en esas lides, otros aún guardan en su memoria las huellas imborrables de la tortura, la prisión y el crimen. Y uno que otro perdió en el largo y sinuoso camino de la historia la ilusión de la Utopía.

Fue así como miles de latinoamericanos conquistaron la vieja Europa, degustando vino tinto y empanadas al horno, al compás de cuecas y melancólicas milongas porteñas cantadas con voces sincréticas, entre llanto y risa, como una forma de olvidar la pena del exilio o la lejanía del terruño. Con un ojo puesto en el mapa, focalizando el país de origen y con el otro, así de reojo, mirando el desarrollo de la revolución cubana, fuimos buscando cada uno un lugar donde alojar nuestras esperanzas y nuestros sueños. Ubi bene, ibi patria. [1]

La caída de la Unión Soviética y la derrota a escala mundial del llamado socialismo real, nos sorprendió a muchos en paños menores y en la alborada de un nuevo amanecer de ríos de leche y miel en Centroamérica.

Cuba navegaba ahora sola, en un mar revuelto de confusiones y dudas. En lo alto de su mástil una luz, débil y tenue, brillaba como estrella en la oscurana de ideas y teorías. Mientras la nave martiana conducida por su timonel mayor salvaba escollos económicos a granel, un tal Fukujama, plétorico de ideas y soberbia, nos hablaba del fin de la historia. Pocos meses antes del derrumbamiento definitivo de la Unión Soviética contemplamos átonitos y con la boca abierta frente a las pantallas de nuestros televisores como miles de soviéticos esperaban impacientes en la plaza Puschkin de Moscú la apertura del primer fast food restaurante McDonald. Sería el más grande del mundo. Anonadados quedamos, no por razones moralistas o fundamentalismos ortodoxos, sino por lo simbólico de los hechos.

Pero todo esto ocurría a miles de kilómetros del Gran Caribe y jamás se nos habría pasado, ni siquiera un tantito así, por la mente que algo semejante pudiera llegar a suceder en nuestra bella, querida y respetada Cuba socialista.

Si los soviéticos en noviembre de 1991, representados de facto por Boris Jelsin, se habían farreado la gloriosa revolución de octubre de Lenin, el pueblo cubano jamás permitiría algo parecido, afirmábamos con convicción militante. Así pensábamos hasta que un día, el 17 de noviembre del año 2005, catorce años más tarde, el Comandante en Jefe de la revolución cubana nos invitó a todos a la reflexión, cubanos y no cubanos, cuando preguntó a los estudiantes reunidos en el Aula Magna de la Universidad de la Habana:

“…¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Podía añadirles una pregunta de inmediato. ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad?…”

¡A decir verdad, nunca!

Cuba, la esperanza

En el mundo capitalista, pese a la guerra mediática contra Cuba, existen muchos hombres y mujeres, que sin identificarse ideológicamente con el proceso revolucionario cubano, sienten verdadera admiración y respeto por la lucha del pueblo cubano y su desarrollo integral. Muchos de estos admiradores desconocen los entuertos insulares y la intríngulis revolucionaria en Cuba y por ello, son proclives a delimitar la continuación del proceso revolucionario a los años de vida del Comandante en Jefe Fidel Castro, en particular, y en general, a la generación de cubanos de la vieja guardia revolucionaria.

Quienes piensan así, obviamente se preguntan:¿Qué pasará después de su muerte? ¿Se desmoronará la revolución como un castillo de naipes? ¿Será el pueblo cubano capaz de resistir las agresiones futuras del imperialismo norteamericano? ¿Se dejará seducir el pueblo cubano con las tentaciones materiales del capitalismo? ¿Podrá el hombre nuevo en Cuba impedir que la revolución se derrumbe? ¿Existe el hombre nuevo en Cuba? ¿O se trata más bien, de una construcción teórica, utópica, romántica y anacrónica? ¿Un artilugio ideológico?

Ahora bien, desde la lejanía y con el romanticismo ancestral revolucionario heredado, viendo vía satélite un documental de Cubavisión Internacional donde una joven mulata ensayaba al violín el concierto Opus 61 de Beethoven en un solar de la Habana entre sábanas blancas tendidas al sol y un auditorio informal de hombres, mujeres y niños del barrio, pienso en la América pobre, mestiza, india, cobriza y negra que bien conozco, entonces confirmo, una vez más, mis fundadas sospechas que en la mayor de las islas del Caribe existe una sociedad nueva y distinta al resto. De lo contrario, difícil sería explicar la existencia misma de la revolución, sus éxitos, sus logros y avances en todos las esferas de la sociedad, en un marco de condiciones geopolíticas y económicas adversas impuestas por el imperialismo norteamericano. Una sociedad de “viejo estilo” no resistiría por mucho tiempo el embate violento del imperialismo.

El resultado concluyente de análisis superficiales, cáusticos, capciosos y tendenciosos de muchos medios de comunicación, organizaciones internacionales y la mafia de Miami invita a pensar que los cubanos estarían solo a la espera de la Hora Cero, dado que en Cuba “todo va de mal en peor”. Para su disgusto y desengaño, la vida en Cuba continua su curso normal y el Comandante recupera su salud cada día que pasa. ¡Nunc est bibendum Fidel ! [2]

La Revolución cubana es sin lugar a duda el evento histórico latinoamericano que ha provocado y que sigue provocando los sentimientos más encontrados a nivel mundial.

El exilio anticubano radicado en Miami se ha encargado a nivel continental y global de desacreditar el proceso revolucionario. La mafia cubano-americana con la ayuda de los gobiernos de turno de los Estados Unidos ha difamado, saboteado y torpedeado con ataques terroristas la revolución cubana, hecho que no tiene parangón alguno en Latinoamérica y en el resto del mundo. Cuba es, después del triunfo de la revolución en 1959, el país más vilipendiado de la historia latinoamericana.

Las notables conquistas sociales de la revolución son menospreciadas y en el mejor de los casos, desvalorizadas. Debido a una especie de amnesia colectiva y muy selectiva se olvida que Cuba era considerada antes del triunfo de la revolución como el gran burdel de la mafia norteamericana y que padecía de todos los males endémicos de una sociedad pobre y explotada. Se pretende echar al baúl del olvido el ejemplo histórico de justicia social que la revolución cubana ha dado al llamado Tercer Mundo. Por ejemplo, Cuba es el único país pobre en el mundo en haberse liberado de la miseria a pesar del feroz e inhumano bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno norteamericano desde 1962.

En Estados Unidos y en Europa la mayoría de las noticias relacionadas con Cuba son negativas. Los prejuicios que un turista típico [3] europeo pudiera guardar en su mente contra Cuba son producto muchas veces de la desinformación y no corresponden a la realidad del país.

Aunque tenemos que reconocer que en los núcleos turísticos importantes como Varadero, la Habana Vieja, Trinidad, Santiago de Cuba de vez en cuando nos encontramos a hombres y mujeres, que estilando modelos de comportamiento otrora comunes en la Cuba machadista y batistiana, piden limosna u ofrecen otra clase de servicios a los turistas. Cuadro social que induce, obviamente, a confirmar los prejuicios preconcebidos de antemano en la vieja Europa.

Se oculta al mundo los niveles de justicia social alcanzados: la tasa de analfabetismo según CEPAL [4] en el año 2002 para América Latina era de un 11,7% y de 0,2% para Cuba. La tasa de mortalidad infantil de 32 por mil para América Latina y de 6,2 por mil en Cuba. La esperanza de vida al nacer es de 70 años para América Latina y de 76 años para los cubanos. La tasa de escolarización en la educación primaria (hasta los 11 años) es de un 92% para el continente latinoamericano y de un 100% para Cuba. La tasa de escolarización en la secundaria (hasta los 14 años) es de un 52% para América Latina y de un 99,7% en Cuba. Un 76% de los niños latinoamericanos alcanzan el nivel del colegio mientras que un 100% de los cubanos lo alcanzan. El número de médicos para 100 000 habitantes es de 160 para América Latina y de 590 para Cuba.

En 2007 solamente Argentina (0,866) y Uruguay (0,865) alcanzaron en Latinoamérica un Índice de Desarrollo Humano (IDH) mayor que el de Cuba (0,863), el cual es similar a los de los país más desarrollados. El IDH de los Estados Unidos durante ese año fue de 0,956 y el de Alemania 0, 947. El IDH está definido como un proceso por medio del cual una sociedad mejora las condiciones de vida de sus ciudadanos a través de un incremento de los bienes con los que puede cubrir sus necesidades básicas y complementarias, y de la creación de un entorno en el que se respeten los derechos humanos de todos ellos. El IDH puede considerarse como un índice de valoración de la calidad de vida de una sociedad determinada. A nivel de la salúd pública se oculta que Cuba dispone del mejor sistema de salud de América latina y del Tercer Mundo. En el hemisferio americano, solo Canadá tiene una tasa de mortalidad infantil inferior a la de Cuba. Cuba dispone de dos veces más médicos que Inglaterra para una población cuatro veces inferior. La única vacuna contra la Meningitis cerebro-espinal B, reconocida por la Organización Mundial de la Salud es un descubrimiento cubano. Es la única vacuna de este tipo en el mundo. Cuba alberga el 2% de la población latinoamericana pero el 11% de sus científicos.

Todas estas conquistas sociales, inconcebibles para un país del tercer Mundo –pobre y bloqueado por la primera potencia mundial – son ignoradas de manera descarada por la mayor parte de la prensa occidental. Ahora bien, a la chita callando, se organiza y sistematiza la fuga de cerebros y talentos. Por el contrario, los mismos medios de comunicación guardan un silencio sepulcral cuando se trata de resaltar los triunfos de la revolución. No se habla ni se escribe que la indigencia no existe más en Cuba y que la mayoría del pueblo cubano vive y disfruta- modestamente- de su trabajo cotidiano. Esta realidad social, objetiva, verificable y por lo demás medible, podría comprobarla cualquier turista que tenga el propósito y la voluntad de conocer Cuba y su gente desde Pinar del Río hasta la Punta de Maisí.

Pese a todos estos incuestionables logros y avances de la revolución socialista aún persisten muchas deficiencias y problemas, cosas que por lo demás no son una característica particular de Cuba, sino que son expresiones socio-económicas propias de una sociedad socialista en desarrollo, boicoteada y azotada cada año- y con mayor- frecuencia por las fuerzas de la naturaleza y por la repercusiones de los ciclones económico-financieros originados por la crisis estructural del capitalismo mundial. Cuba tiene que enfrentar todas estas dificultades económicas con los pocos recursos naturales y financieros con que cuenta, el futuro cercano está plagado de inciertos entuertos y el gobierno cubano está obligado a reducir los gastos fiscales y aplicar políticas necesarias de ahorro. Pero Cuba cuenta con el recurso humano y su riqueza espiritual para seguir avanzando por los derroteros que conducirán hacia el comunismo. Esa es nuestra convicción.

¿Obama, un negro futuro para Cuba y Latinoamérica?

La elección de Obama como el primer presidente negro de la primera potencia del mundo despertó en muchos sectores políticos del mundo grandes expectativas e incluso hubo quienes pensaron en un cambio radical en la política de los Estados Unidos en relación a Cuba y Latinoamérica. Es preciso refrescar la memoria y recordar que fue precisamente durante la administración de John F. Kennedy, otro demócrata carismático, que el gobierno estadounidense lanzó una especie de “Plan Marshall” para Latinoamérica conocido como la “Alianza para el Progreso” (APP). Este plan político-económico vio la luz el 13 de marzo de 1961 y el 16 de abril, el gobierno de Kennedy apoyó la invasión de Bahía de Cochinos. La APP serviría como instrumento de contrainsurgencia para evitar las revoluciones populares al estilo de la revolución cubana. En este sentido, la Alianza para el Progreso fue más bien una Alianza para el retroceso como lo indicaran los análisis de la CEPAL de aquellos días: en el período de 1950-1955 la tasa de producción por habitante aumentó anualmente en un 2%, disminuyó en un 1,8 % anual en los años comprendidos entre 1955-1960 y desde que se puso en marcha el plan de desarrollo APP la tasa se redujo a un promedio de 1,3 % anual entre 1961-1966.

Tanto John F. Kennedy como Barack Obama han hablado muy fino, con elegancia y elocuencia digna de los mejores oradores de la antigua Roma, combinando la prosodia con la sintaxis con maestría y habilidad, prometiendo con vehemencia poner fin a las guerras en sus respectivas vorágines electoreras. Comprobado está que fue durante la administración Kennedy que se llevó a cabo una de las más grandes carreras armamentísticas en tiempo de paz en los Estados Unidos. Viet-Nam y el sudoeste asiático fueron también teatro de operaciones donde JFK estampó su sello bélico.

Obama por su parte ha prometido mucho y cumplido poco. La guerra del Irak se intensifica, el conflicto de Afganistán se agudiza, Guantánamo se posterga y el bloqueo contra Cuba continúa sangrando al pueblo cubano. El bloqueo no es más que la continuación de la guerra contrarrevolucionaria imperialista por otros medios. Por todos estos méritos guerreristas el presidente Obama ha sido galardonado con el premio Nóbel de la paz. ¡Vaya ironía de la vida!

La instalación de las bases militares en Colombia y el golpe militar en Honduras han sido aprobados durante la administración Obama. Las bases militares en Colombia presagian conflictos bélicos en Latinoamérica. Venezuela, Ecuador y Bolivia representan objetivos político-militares en la estrategia contrarrevolucionaria del gobierno de los Estados Unidos. Todo parece indicar que con la llegada del primer presidente afro-americano a la Casa Blanca, el futuro que nos espera en Cuba y Latinoamérica seguirá siendo tan oscuro e incierto, tal como si de un presidente de origen anglo-sajón se tratara. El odio visceral contra Cuba es un asunto ideológico y de intereses geopolíticos de los sectores más recalcitrantes del establishment político-económico de los Estados Unidos y no depende de la cantidad de melanina en la piel del presidente estadounidense de turno.

El capitalismo devorador de recursos

La revolución industrial que se originó en Inglaterra a mediados del siglo XVII y luego se extendió por toda Europa dando origen al modo de producción capitalista vigente hasta nuestros días. Es decir, el capitalismo en el transcurso de casi 260 años se ha expandido a nivel planetario como modelo de desarrollo y de producción. Los efectos de la explotación incontrolada de los recursos naturales no renovables y del comportamiento depredador de la sociedad de consumo, han conducido a la humanidad a una encrucijada existencial. Los efectos negativos de la hiper y acelerada industrialización en términos climáticos es una amenazante realidad.

A decir de los especialistas en cuestiones climáticas y del medio ambiente la cuenta regresiva ha comenzado ya. Quiere decir esto, que de continuar las cosas así, la extinción de varias especies animales, entre ellas el homo sapiens, y la desaparición -por inundaciones fluviales o marítimas- de grandes extensiones de tierra es una cruda, amarga y triste realidad. ¡Saludos de Copenhague! La responsabilidad histórica es de todos, pero ante todo de las sociedades capitalistas altamente desarrolladas con los Estados Unidos a la cabeza, las que consumen desde décadas la mayor parte de los recursos naturales no renovables del planeta.

El capitalismo como proceso materialista histórico y dialéctico se niega a si mismo, pero al mismo tiempo niega también la existencia del planeta tierra y por lo tanto del ser humano. Como ya lo expresó sabiamente Evo Morales, no es la Pachamama la que necesita al hombre, ¡sino todo lo contrario!

La alternativa fallida

El desarrollo del socialismo y su consolidación, tomando el ejemplo de la Unión Soviética, resultó más complejo y más difícil de lo que esperábamos.

Habiendo existido durante muchos años, excluyendo el “comunismo de guerra” de principios de la revolución y la Gran Guerra Patria, períodos de paz relativa, donde la sociedad soviética estuvo en condiciones de asegurarse plenamente comida, bebida, vivienda y ropa de adecuada calidad y en suficiente cantidad, condition sine qua non, según el pensamiento marxista para la verdadera liberación de los hombres, nos resulta difícil comprender en profundidad las causas concomitantes que condujeron a que la sociedad soviética no actuara decididamente a fin de evitar el derrumbe de su gloriosa revolución. El proyecto socialista soviético duró setenta años los cuales obviamente no fueron los suficientes como para crear las condiciones subjetivas y objetivas que garantizaran la continuidad del desarrollo integral de la sociedad soviética y por lo tanto de su gestor principal, es decir, el homo novus sovieticus. Habrá que preguntarse si en efecto en la Unión Soviética la riqueza espiritual de los ciudadanos soviéticos estaba en correspondencia con la riqueza de sus relaciones productivas reales. ¿En qué etapa de desarrollo real se encontraba el modo de producción soviético? ¿Cuál era la ideología real dominante en la sociedad? ¿Hasta qué punto el pueblo soviético había transformado concientemente la ideología feudal-burguesa heredada?

Se dice que Yegor Gaidar fallecido recientemente, ministro de economía y cuadro del PCUS en la época de cambios de Boris Jelsin, fue uno de los artífices de las reformas liberales que revirtieron la revolución de octubre. Así como Gaidar, muchos otros “camaradas” permanecieron en capullos, aguardando en silencio el momento en que los cantos de sirena del capitalismo se hicieron más melosos, más seductores, más insistentes y se transformaron por un proceso de acelerada metamorfosis político-ideológica en los nuevos magnates rusos.

La contrarrevolución de Jelsin y las reformas económicas de carácter capitalista lograron en poco tiempo re-establecer el capitalismo y de hecho echar por la borda un paradigma alternativo al capitalismo. Con esta clase de “capullos reformadores” no se hacen ni se defienden las revoluciones. La lección histórica es, por lo tanto, que NO todas las reformas, cualesquiera que sean, conducen automáticamente a la consolidación del socialismo.

Ya lo dijo Marx en sus comentarios acerca de la contrarrevolución de la burguesía prusiana en marzo de 1848 que las enfermedades secundarias son más difíciles de curar y a la vez destruyen más el organismo que la enfermedad inicial. Las reformas de Jelsin no tenían como objetivo la consolidación y fortalecimiento del socialismo en la Unión Soviética, sino del renacimiento en Rusia de la sociedad que había muerto en Moscú en 1917.

Los cantos y cuentos de sirena de la sociedad de consumo

La guerra ideológica-mediática del capitalismo a la que está sometida la psiquis humana es permanente. Los cantos y cuentos modernos de sirena del capitalismo llegan a TODOS los hogares a través de los medios de comunicación. Miles de antenas parabólicas brotan como setas metálicas en las chabolas de cartón de los barrios pobres de América Latina, Asia y África, lugares donde la casa, escuela y alimentación no son un derecho del ciudadano, sino un artículo de lujo.

Por esta vía televisiva se invita a niños, jóvenes y adultos a creer en el sueño americano y a emular el american way of life. La manipulación psicológica por medio de mensajes subliminales de publicidad induce a la creación de formas de comportamiento irracionales de consumo. Es precisamente en el terreno de las relaciones mercantiles donde el bombardeo ideológico alcanza su máxima expresión. La “libertad de poder comprar” en el capitalismo, aparte de ser caballo troyano, es un espejismo, una entelequia, una carnada, una artimaña comercial.

El eslogan publicitario de la cadena alemana de almacenes de artículos electrodomésticos más grande en Europa “Media Markt” reza: Yo no soy tonto [5] (…compro en Media Markt) , el de Eurocard “Bienvenido a la vida” [6] , el de DM ( Droguerías) “ Aquí soy humano, por eso compro aquí” [7] o el de Visa “Me tomo la libertad” [8] , son solo un ejemplo de la simpleza de los instrumentos de enajenación de la sociedad de consumo. Primitivos o ridículos algunas veces, pero casi siempre efectivos. El capitalismo necesita precisamente eso, consumidores sumisos, bobos, fáciles de seducir y engañar. Sólo así puede funcionar el sistema. ¡Hay que crear el homo consumensis!

Frente a este proceso sistemático de enajenación de la mente humana que llevan a cabo los medios de comunicación del capitalismo, ¿cuáles son los recursos conque cuenta una sociedad socialista, como la cubana, para contrarrestar estos mecanismos ideológicos de dominación?

¡Conciencia individual y colectiva, cultura individual y colectiva, moral revolucionaria individual y colectiva y un piélago de valores humanos de nuevo estilo!

En una sociedad nueva y revolucionada donde lo que se pretende, entre otras cosas, es la creación de valores nuevos y paradigmas de relaciones sociales diferentes, es importante y vital que la praxis revolucionaria de que nos habla Marx en su crítica a las tesis de Feuerbach sea coherente con la teoría revolucionaria, además auténtica, transparente y democrática.

El vehículo para acceder a esta nueva sociedad es la cultura, es decir, un proceso de educación y auto-educación continuo, generado y planificado por el estado y que tiene como objetivo fomentar a nivel colectivo los conocimientos científicos y la creación de nuevos valores y conceptos que no se basan ni en la explotación del hombre por el hombre, ni en la explotación salvaje e irresponsable del planeta, sino en la utilización de los recursos humanos y naturales en función de una sociedad exenta de clases antagónicas.

Socialismo es cultura, barbarie la antípoda.

De allí que la formación y educación del “hombre nuevo socialista” sea por lo tanto otra gran tarea de la revolución socialista. No se trata pues, solamente de satisfacer las necesidades materiales del hombre y esperar a que los nuevos hombres nazcan y se desarrollen de manera espontánea, casual y aleatoria. Tampoco se trata mucho menos de emular el estilo de vida capitalista. El “bienestar social” capitalista se afinca en el egoísmo y en el individualismo, en el deseo de “bien tener más” cosas materiales no indispensables para la vida a costa de LO-QUE-SEA necesario.

Entonces a modo de conclusión, podríamos preguntarnos apoyándonos en la reflexión del Comandante en Jefe Fidel Castro: ¿Podrán o no impedir los hombres (nuevos cubanos), podrá o no impedir la sociedad socialista cubana que su revolución se derrumbe?

Hay muchos problemas en Cuba, nadie niega este hecho, pero si Cuba es ejemplo y esperanza para los pueblos pobres del mundo, es porque ha sabido demostrar -y allí están los números y las estadísticas para que lo comprueben los incrédulos o los interesados- que Cuba es una nación altamente culta, preparada y bien informada; que ha sabido compartir lo poco y lo mucho que tiene con otros pueblos. No existe pueblo más solidario, más fraterno y desinteresado en el planeta que la República Socialista de Cuba, que sin mayores recursos naturales y a pesar del criminal bloqueo económico-financiero ha logrado mantenerse en pie, digna y soberana durante más de 50 años.

Cuba no está sola, miles de hombres y mujeres luchan en todo el mundo contra la barbarie del capitalismo. La luz de Cuba tiene que seguir incandescente alumbrando la oscurana:

Et lux in tenebris Lucet
Notas:

[1] Donde me siento bien, ésa es mi patria
[2] A tu salud brindamos Fidel
[3] Turista típico: Aquel viajero cuyo único interés es gozar de vacaciones en la playa y otros centros turísticos
[4] CEPAL: Comisión Económica para América Latina
[5] En alemán: Ich bin doch nicht blöd
[6] En alemán: Willkommen im Leben
[7] En alemán: Hier bin ich Mensch, hier kauf’ ich ein
[8] En alemán: Die Freiheit nehme ich mir
Fuente http://www.rebelion.org/noticia.php?id=97810

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Por Percy Francisco Alvarado Godoy

Nochebuena de 2009…

rcbaez_52-aniversario-revolucion.JPGQue me perdonen hoy aquellos a los que incluyo en esta breve reflexión, en una sui géneris noche navideña,  luego de que una copa de vino barato, pero reconfortante al extremo de abrirle a uno el corazón, nos hace pensar que siempre estaremos endeudados con esa bella tierra que ha sido albergue de soñadores capaces de hacer posible cualquier sueño emancipador a fuerza de ponerle el alma y aprender de Cuba lo mejor que carga cada uno en las limitadas alforjas de su corazón.

Por Cuba pasaron decenas de hombres valiosos, muchos de los cuales soñaron en cada simple y tranquila calle del Vedado o de cualquiera de sus ciudades, o en esa Habana perdurable y eterna que se le mete a uno, sin permiso, en el alma, convertir en realidad los sueños más imposibles. Pienso ahora en Daniel, que por suerte enfrenta ahora la responsabilidad de echar adelante a su Nicaragua amada, a tanto sandinista verdadero amasar en noches como ésta un mundo mejor para los suyos. Pienso en aquel dominicano bueno, Caamaño de apellido, que dio su sangre generosa para tributarle a su Patria la semilla de la más digna esperanza. Pienso en Jorge Ricardo y en otros de nombre desconocido, pero que apostaron por esta isla hecha para el amor y para el combate, como apostar por su propia patria.

Pienso, por supuesto, en todos aquellos que encontramos en ti, Patria amada, un pedazo de la nuestra tierra lejana, sumida en un exilio lastimero y educativo, cuando ofendida y pisoteada por la bota del opresor y de su socio intervencionista, nos reclamaba con urgencia. No importa si fuimos guatemaltecos, salvadoreños, mejicanos, hondureños, argentinos, chilenos, uruguayos o de cualquier lugar del mundo, pero encontrar en ti el abrigo de la madre necesaria y comprensiva.

Pienso en ti, Hugo (perdona que te tutee); en Evo; en ti, amigo Joel Cazal, batallando por la vida y con el privilegio de tener un hijo que vale por mil; en Correa; y,  en fin, en tanta gente buena, que Cuba ha tenido la prerrogativa de unir y hacerla útil. Pienso en ti, Mario Carranza, joven guatemalteco que con 17 años te fuiste a la Sierra a ofrecerles, junto a Fidel, un mundo mejor. Pienso en ti, también, Jorge Navarro, combatiente de la Columna 1, que sin ser extranjero, te me fuiste sin permiso para siempre, haciéndome recordar que América tuvo siempre un soldado en ti.

Gracias Cuba, por albergar a cada uno de nuestros sueños y mantenerlos vivos contigo. Muchos de nuestros seres queridos reposan en tu tierra fértil y generosa, como un compromiso para darles algún día sepultura en cada rincón de nuestros lares, cuando la libertad sea el mejor tributo que podamos ofrecerle.

Hace unos días dijimos adiós a Mechi, a aquella argentina batalladora y solidaria que se nos fue de las manos para hacerse grande en el recuerdo. Así dije adiós un día a mi madre, hace casi 28 años, diciendo: ¡Gracias Fidel, por permitirme morir en tu tierra! Cuba siempre ha tenido esa magia extraña de sentirla nuestra, al extremo de no pensar en otra cosa que entregarnos a ella, sin pedirle algo a cambio.

Paso horas y horas en el combate cotidiano de defender a Cuba de los que la denigran y la atacan. Hoy, sin embargo, le pido permiso a mi cerebro, para darle una oportunidad al corazón. Quiero adelantarme unos días para celebrarle su 52 cumpleaños.

22 años de mi vida las dediqué humildemente en el honroso puesto de  defenderte, Cuba, en una trinchera difícil y anónima, en la que batallaron junto conmigo, sin yo saberlo, Antonio, Ramón, Gerardo, René y Fernando. Allí, tuve el privilegio de nunca traicionar a  aquellos oficiales que, por respeto a mi nacionalidad, me hicieron jurar fidelidad a mis ideas, no con el himno nacional cubano, sino con la marcha de América Latina. Yo regresé a los míos, es cierto, pero ellos se quedaron allá en una ignominiosa prisión y en  una batalla nueva, gigante, pero en la que incluso yo nunca imaginé que cupiera tanta dignidad y fuerza de convicción. Luego de tantos años, me cabe el privilegio de no haberte traicionado nunca, Cuba amada. No es algo extraordinario. Lo mismo hubieran hecho mis padres y muchos de mis amigos que se fueron, simplemente sin decir adiós. Lo mismo hubiera hecho cualquier campesino u obrero cubano.

Sí me quedan, simplemente, dos cosas por decir:

La primera, es que guardo en mi alma el enorme privilegio de ser uno de los humildes soldados de la tropa internacionalista latinoamericana, que siempre capitaneará el Che. Porque él vivirá siempre, un poquito, repartido en mil pedazos, en cada corazón de los que te amamos, Cuba querida, Te dimos lo mejor de nosotros y solo te pedimos que nos tengas en cuenta para cada nueva batalla.

La segunda verdad, y perdónenme aquellos por los que hablo sin pedirles permiso, es que nunca habrá mejor recompensa y regocijo por lo que cada uno pueda haber  hecho, o se haga por Cuba, que la vida de cada niño de nuestras patrias que sea salvado por un médico cubano.

A fuer de mentiroso, pues me quedaba un  pequeño fondo en la copa, lo aprovecho para brindar por ti, Fidel, y decirte que te doy mil gracias porque hayas existido y sigas presente en la batalla. Te lo digo en esta Nochebuena en que, sin dejar de extrañar a mi lejana Guatemala, lo único que me queda es esperar tu próxima orden de combate.

Y, sobre todo, gracias Revolución Cubana, por tus 52 años, que para un sesentón, con un poco de vino en la copa, lo haces siempre un chico quinceañero.

http://www.cubadebate.cu/opinion/2009/12/24/%C2%A1gracias-cuba-por-tus-52-anos-de-combate/

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Fuente: CUBARTE | 05 de Noviembre 2009

(Cubarte).- Los escritores cubanos Abel Prieto y Miguel Barnet, ministro de Cultura y presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba respectivamente intervendrán en el foro interactivo Medio siglo de Revolución en la cultura cubana en el que usted puede insertar sus inquietudes y consideraciones tras teclear www.foroscubarte.cult.cu.

El intercambio on line con los participantes está previsto para el próximo día 17 a las 10:00 a.m. en la Biblioteca Nacional José Martí, desde donde también se sumará al debate Luis Morlote, presidente de la Asociación Hermanos Saíz.

Relevantes firmas de intelectuales cubanos, entre ellos el escritor Roberto Fernández Retamar, el investigador Fernando Martínez Heredia y la ensayista Graziella Pogolotti han ofrecido vigor al foro.

Precisamente Graziella Pogolotti, aguda estudiosa de los procesos culturales cubanos, partió de la experiencia de artistas de la época neocolonial, como Arístides Fernández, Fidelio Ponce y Víctor Manuel, para subrayar que entonces marginados los escritores y artistas fueron haciendo su obra en un empeño voluntarioso por seguir construyendo la nación con el testimonio de su trabajo personal.

Pasó revista a lo que llamó “la década prodigiosa” (1960) con acciones concretas para el sostén de la cultura cubana, que arrancó desde la Campaña de Alfabetización, y con enconados debates que no se circunscribieron a la esfera estética.

Pogolotti rememoró, asimismo, los cambios posteriores en el panorama internacional:

“Mayo del 68 tuvo un desenlace patético. La primavera de Praga proyectaba sombras inquietantes sobre Europa del Este. En carrera desenfrenada se imponían las dictaduras en América Latina. La derecha norteamericana articulaba los programas de Santa Fe. El campo socialista, incluida la Unión Soviética, se derrumbaba. Se proclamaba el fin de la historia. Todos parecían bailar al son de una cultura light. Los intelectuales se refugiaban en su poltrona. El efecto hipnótico de los mass media parecía adormecer a todos. Y, a pesar de todo, de la entraña de los montes, a través de las fisuras del suelo granítico brota el agua fresca, portadora de valores arraigados en lo más profundo de la memoria”.

Alude entonces Pogolotti al nacimiento de un nuevo orden cultural, a la refundación de un humanismo, y concluye su intervención: “El gran desafío intelectual de hoy consiste en descifrar las claves del proceso, definir sus coordenadas y tomar, en términos concretos, el pulso de la realidad”.

El foro, organizado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Asociación Hermanos Saíz y Cubarte, está abierto al debate desde una óptica amplia, y ha dado cabida a consideraciones llamadas por su esencia misma a generar la polémica.

Se han publicado en el foro más de 70 mensajes, preguntas y respuestas muy interesantes sobre la cultura cubana los problemas a los que se enfrenta. Unos 6 mil lectores lo han visitado hasta el momento.

En fin, se suman muchas miradas a la cultura cubana en su etapa más reciente, y a su inevitable conexión dialéctica con los presupuestos para asumir el futuro.

 

http://www.cubarte.cult.cu/paginas/actualidad/noticia.php?id=61816

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murio-almeida.JPG 

¿Adónde van…?
 
Cuando el hilo de la vida se corta de repente,
dicen que el alma vuela hacia otras latitudes

¿Adónde van los albañiles de sueños
si no a crear fortalezas de justicia
en otros sitios lejanos
pero ardientes?

Dicen que tú, arquitecto de la historia
de esa Revolución heroica por la vida,
te nos alejas de cuerpo

¡Cuánto duele
que nos priven de tu presencia de gigante!
 
Más tú te quedas aquí, mi Comandante,
junto a Fidel, a Camilo, al Che,
Presentes
en la magnificencia de una historia
que no muere,
pues el día a día la engalana con vigencia
que no puede borrar la absurda muerte.

No llores Cuba, los grandes nunca mueren,
Que la sonrisa se dibuje en esas bocas
que desde el alma van construyendo ideas.

Ya tu misión, mi comandante Almeida
está cumplida
Ahora comienzas a apilar ladrillos
que cubran todos los cielos
de la tierra…
Ingrid Storgen
Setiembre 12 de 2009

 

Comp. fotográf. RCBáez

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“Sólo con el corazón se puede hacer poesía y viajar con la imaginación cuando los avatares de la lucha y  la vida nos llevan de prisa por los años. Juan Almeida Bosque es de esos hombres excepcionales, que desde las privaciones de su cuna humilde,  en el reparto Los Pinos de La Habana, creció y se formó con los más altos valores de un hijo que desea y lucha por ver su patria libre”. [1]

 

Murió Juan Almeida Bosque: el del Moncada, el del Granma, el de las batallas de la Sierra y el Llano; murió Juan Almeida el dirigente intachable, el Diputado, el que cuidó las mil y una aristas de la atención a sus compañeros de lucha, de los combatientes que junto a él forjaron la Revolución.

Murió Juan Almeida, el autor de obras como “¡Atención! ¡Recuento!: Presidio. Exilio. Desembarco”, “La única ciudadana” o “Contra el agua y el viento” o el creador de más de 500 canciones, y cuya “La Lupe” fue casi un himno de batalla para los expedicionarios del Granma… aquella canción que me acunara cuando con apenas 8 años, mi padre la tarareaba día a día y incluso, llegara a enmarcar su letra cuando fuera publicada en un órgano de prensa y la que hoy, de cierta forma, llevan en el corazón los médicos, los maestros, los instructores “que se alejan para el deber cumplir” y llevan en el alma esta Cuba que hoy llora a su Comandante, a su Vice Presidente, a, simplemente, Almeida:

La Lupe (instrumental)   

Ya me voy de tu tierra,
Mexicana bonita,
Bondadosa y gentil.
Y lo hago emocionado
Como si en ella quedara
Un pedazo de mí.

Ya me voy linda Lupe
Y me llevo contigo
Un rayito de luz
Que me dieron tus ojos
Virgen guadalupana
La tarde en que te ví.

Golondrina sin nido
Era yo en el camino
Cuando te conocí
Tú me abriste tu pecho
con amor bien sentido
Yo me anidé en ti.

Y ahora que me alejo
Para el deber cumplir
Que mi tierra me llama
A vencer o a morir
No me olvides Lupita
Acuérdate de mí. 

Letra y música tomados de TV Avila (ICRT)

Falleció el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque

Con profundo dolor, la Dirección del Partido y del Estado comunica a nuestro pueblo que el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, miembro del Buró Político y Vicepresidente del Consejo de Estado, falleció en esta capital a las 11:30 de la noche de ayer 11 de septiembre, como consecuencia de un paro cardio-respiratorio.

El compañero Almeida nació en la capital del país, el 17 de febrero de 1927. En medio de las privaciones de un hogar humilde y numeroso, con sus padres como guía se formó en los más altos valores patrióticos y aprendió en la misma vida que la lucha es el único camino de los pobres para conquistar sus derechos escamoteados.

Tan pronto se produjo el golpe de Estado en 1952, se sumó a la lucha contra la tiranía vinculándose con el compañero Fidel. Era un obrero albañil hasta el asalto al cuartel Moncada en 1953, y el segundo de doce hermanos que ayudó al padre a mantener a su numerosa familia.

En los 57 años transcurridos desde entonces, el Comandante Almeida estuvo siempre en la primera línea de combate junto al Jefe de la Revolución, valiente, decidido y fiel hasta las últimas consecuencias.

Fue la actitud invariable del asaltante del Moncada, del prisionero político en Isla de Pinos, del revolucionario exiliado en México, del expedicionario del Granma, donde fue uno de los tres jefes de pelotones; del oficial en los días fundadores del Ejército Rebelde, que recibió dos heridas en el combate de El Uvero; del Comandante del Tercer Frente Guerrillero, y del jefe militar y dirigente revolucionario con numerosas y elevadas responsabilidades, luego del triunfo del Primero de Enero de 1959.

Integró el Buró Político del Comité Central del Partido desde su fundación en 1965, responsabilidad en que fue ratificado en todos sus Congresos. Resultó electo Diputado a la Asamblea Nacional y Vicepresidente del Consejo de Estado, desde la primera legislatura de nuestro Parlamento.

Su especial sensibilidad humana y artística hizo posible el difícil reto de simultanear su intensa, responsable y fecunda labor como dirigente revolucionario, con una valiosa y prolija obra artística, la cual incluye más de 300 canciones y una docena de libros que constituyen un invaluable aporte al conocimiento de nuestra historia.

Asumió con particular amor y entrega la tarea de presidir la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. Consagró sus últimas energías a garantizar que la organización fuera un sólido y efectivo baluarte de la Patria.

El nombre del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque permanecerá por siempre en el corazón y la mente de sus compatriotas, como paradigma de firmeza revolucionaria, sólidas convicciones, valentía, patriotismo y compromiso con el pueblo.

Por sus muchos y relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones y órdenes nacionales e internacionales, entre los que destaca el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Máximo Gómez de primer grado, otorgados el 27 de febrero de 1998, en ocasión del aniversario 40 de su ascenso a Comandante en la Sierra Maestra.

Atendiendo a su voluntad, los restos mortales del compañero Juan Almeida Bosque no serán expuestos. Serán inhumados con honores militares, en fecha que se anunciará posteriormente, en el Mausoleo del III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, del que fue fundador y su único jefe, donde reposan los restos de los heroicos combatientes de ese aguerrido Frente.

El domingo 13, entre las 8 de la mañana y las 8 de la noche en que será decretado Duelo Oficial, nuestro pueblo podrá rendir homenaje de reconocimiento y cariño a su memoria en el Memorial José Martí de esta capital que fue su cuna, y en el Salón de los Vitrales, en la base del monumento a Antonio Maceo de Santiago de Cuba —ciudad heroica a la cual amó entrañablemente, donde combatió a las fuerzas de la tiranía y posteriormente trabajó al frente del Partido, como Delegado del Buró Político en la antigua provincia de Oriente—, así como en las capitales de todas las provincias, incluyendo la Isla de la Juventud donde guardó prisión, tras el asalto al cuartel Moncada.

BURÓ POLÍTICO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO

 

 [1] http://www.cubagob.cu/otras_info/verde_olivo/los_tres_comandantes_de_la_revolucion.htm

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Por Argentina Jiménez

Cada Día Internacional de los trabajadores en Cuba ha sido ocasión especial para que el pueblo demuestre su adhesión al proceso revolucionario iniciado el Primero de Enero de 1959, con su presencia en la  Plaza de la Revolución,  en la capital,  devenida histórica por ser sede de los actos de mayor connotación en los cincuenta años transcurridos.

En la mayoría de los actos, desfiles, manifestacion_cuba_primero_mayo.jpgconcentraciones, marchas combatientes o tribunas abiertas ha estado presente o ha hablado el Comandante en Jefe Fidel Castro y  sus discursos han reflejado siempre el momento histórico en que tiene lugar  la conmemoración de la fecha del proletariado mundial, que en la Mayor de las Antillas constituye una verdadera fiesta, por los logros conquistados en las cinco décadas de poder revolucionario.

A continuación fragmentos de los discursos pronunciados por el Comandante en Jefe Fidel Castro en los actos en los cuales habló. En otros presidió y en algunos no  estuvo  por encontrarse de visita fuera de Cuba:
1960: Planteó que “Hoy no solo quedó demostrado que la mayoría está con la Revolución, por si les quedaban dudas a algunos ingenuos que se complacen en engañarse o dejarse engañar, sino algo más importante todavía (…) porque hoy se ha reunido el pueblo organizado. Por eso somos más fuertes que el año anterior. Porque la Revolución no solo cuenta con la mayoría, sino que ha organizado a esa  mayoría.

fidel1-mayo-2006.jpg1961: etapa de liberación nacional y socialismo. “Llevamos 14 horas y media de desfile. Creo que solo un pueblo invadido de tan infinito entusiasmo es capaz de soportar semejantes pruebas. Creo que en el día de hoy debemos trazarnos pautas a seguir, analizar un poco lo que hemos hecho hasta hoy, en qué punto del proceso de nuestra historia nos encontramos y qué tenemos por delante. (…) Y este Primero de Mayo dice ya mucho, dice mucho de lo que ha sido hasta aquí la Revolución, dice mucho de lo que ha logrado hasta hoy la Revolución (…). Hoy hemos podido contemplar lo que ya es fruto genuino de la Revolución.”

1962. “¿Y qué es este pueblo trabajador, sino las más extraordinaria y hermosa unión, la más extraordinaria y  hermosa hermandad? (…) Eso es lo que se reúne aquí: lo más puro, lo más  limpio y lo más honesto de la Patria; lo más digno, lo más abnegado y lo más fecundo de la nación: los que hacen la nación (…) los que construyen, sobre las ruinas del sistema abolido de la explotación y el privilegio, la sociedad nueva, la Patria nueva.”

1964. “(…) No he enumerado ni muc ho menos el tramo recorrido, sino algunos aspectos de ese tramo. ¿Quiera esto acaso decir que nos sentimos satisfechos? ¡No! ¿Qué ya hemos alcanzado bastante? ¡No! Todo lo contrario, lo que hemos alcanzado no ha de servirnos sino para proponernos logros aún más altos. Mucho nos falta por hacer, mucho nos falta por recorrer, pero lo iremos haciendo, lo iremos logrando.”

1966. “ Si algo llama realmente la atención en estos desfiles por los primeros de mayo y muy especialmente en este (…) es ver ese proceso de incorporación de la mujer al trabajo (…). Pero hay algo más: no solo se están incorporando en masa a la producción las mujeres en nuestro país, sino que están resultando ser trabajadoras de gran eficiencia.”

1971. Este año el acto por la fecha tuvo lugar en el Teatro de la CTC.

Tras expresar que el pasado año se suspendieron casi todas las conmemoraciones con motivo de la zafra, para no interrumpir el esfuerzo que se venía realizando y el tiempo y energía que llevan las movilizaciones, dijo: “ Este año también estamos enfrascados en fuertes tareas, empeñados en levantar la producción (…). Hace apenas un año, todavía no cumplido, se planteó la necesidad de la Revolución de impulsar el movimiento obrero, darle el máximo vigor, estructurándolo desde la propia base con el máximo de fuerza y a través de un trabajo de masas, para lograr constituir, desarrollar, y que la Revolución pudiera contar con un instrumento a la altura de las tareas que tiene delante (…) Además, en el transcurso de este año se llegó a elaborar la idea de cómo debemos organizar el movimiento obrero.”

1972. Después de explicar que se reanudaban los tradicionales actos conmemorativos por la fecha, explicó. “El entusiasmos de nuestro pueblo se deriva de una serie de circunstancias. Ya no vivimos los primeros años cuando el problema fundamental del país era sobrevivir (…) Y si estos años de Revolución han sido de un proceso incesante de toma de conciencia. En estos años últimos ha tenido lugar lo que podríamos llamar un cambio de calidad en la conciencia de nuestro pueblo, y que se manifiesta en múltiples ejemplos y en múltiples actitudes de nuestros trabajadores.”

1980. Primero se refirió a la multitud del acto y afirmó:  Se trataba de mostrar nuestra fuerza, pero no simplemente por mostrarla (…) Había que mostrarle al enemigo que con el pueblo no se juega (…) Y esta imagen que vemos aquí es la que soñaban destruir: la imagen de lo que es el pueblo, ¡el verdadero pueblo revolucionario, el pueblo proletario, el pueblo trabajador.”
2000.  En esta ocasión expuso el concepto de Revolución. Aludió a la lucha de los últimos cinco años meses, y precisó: “Esta vez la lucha adquirió un matiz especialmente agudo. Lo motivó el secuestro de un niño (Elián González). (…) Los pueblos de un mundo ingobernable, que sufren la pobreza y la miseria, al que explotan y saquean cada vez más, serán nuestras mejores compañeros de lucha. Para cooperar  con ellos no disponemos de recursos financieros. Contamos en cambio con un extraordinario y abnegado capital humano, del que no disponen ni dispondrán jamás los países ricos.”

2001.  Habló de nuestra historia desde 1898, del papel hegemónico del imperio, de nuestros logros a partir de 1959, la situación de los países latinoamericanos. Señaló: “Lo que la OEA hizo entonces como instrumento de Estados Unidos, es lo que el imperio quiere hacer hoy con el ALCA. (…)  El ALCA significará más neoliberalismo, menos protección a la industria y a los intereses nacionales, más desempleo y problemas sociales. (…) Que nadie se haga ilusiones de que los pueblos se cruzarán de brazos y permitirán ser vendidos como esclavos en subasta.”  Al finalizar el acto se desarrolló una marcha  latinoamericana en protesta ante la Oficina de Intereses de EE.UU.

2002. “A los que tontamente hablan y repiten las consignas imperialistas de que no existe democracia ni respeto a los derechos humanos en Cuba, les respondo: nadie puede cuestionar que, a pesar de ser pequeño, nuestro país es hoy el más independiente del planeta, el más justo y solidario. Es también por largo trecho el más justo y solidario Es también por largo trecho el más democrático. (…)  Cuba constituye una poderosa fuerza moral, defensora de la verdad y solidaridad con los demás pueblos del mundo (…) Fuimos condenados en Ginebra por quienes consideran que ese mar de pueblo aquí reunido, cuya imagen puede observarse desde cualquier rincón del mundo, ha sido privado de un derecho humano”. Habló de la sucia e hipócrita política de los lacayos del imperio, puesta prueba en evidencia y que Cuba ocupa ya lugares cimeros en el mundo difíciles de superar.  Nuestros sueños se hacen realidades. Una sociedad más humana es posible. No importan mentiras y calumnias. La historia lo reconocerá.”

2003. “Nos acompaña, sentenció Fidel, la convicción más profunda de que las ideas pueden más que las armas. (…) Y declaró en nombre del millón de cubanos aquí reunidos, que haremos frente a todas las amenazas, no cederemos ante presión alguna, y estamos dispuestos  a defender la Patria y la Revolución con las ideas y las armas hasta la última gota de sangre”. Y tras una magistral clase de valor, ética, táctica y estrategias revolucionarias, Fidel envió un sincero mensaje al pueblo de los E.E. UU.: “No deseamos que la sangre de cubanos y norteamericanos sea derramada en una guerra (…) Pero jamás un pueblo tuvo cosas tan sagradas que defender ni convicciones tan profundas por las cuales luchar, de tal modo que prefiere desaparecer de la faz de la tierra antes que renunciar a la obra noble y generosa por la cual muchas generaciones de cubanos han pagado el elevado  de muchas vidas de sus mejores hijos.”

2004.  “En Cuba todo el mundo conoce de sobre la verdad, pero el imperio realiza estas campañas para desacreditar a Cuba en el exterior. A nosotros no nos quita el sueño. Que importa lo que piensen hoy, importa lo que pensarán mañana. Esta Revolución dejará huellas indelebles en la historia del mundo. (…) Y reiteró que “ninguno de los problemas del mundo, ni el del terrorismo, se pueden resolver por la fuerza, y cada acción de fuerza, cada acción disparatada del uso de la fuerza, en cualquier parte, agravaría seriamente los problemas del mundo. El camino no es la fuerza ni la guerra . (…) Se resuelve poniendo fin, entre otras cosas, al terrorismo de Estado y otras formas repulsivas de matar, poniendo fin a los genocidios, siguiendo lealmente una política de paz y de respeto a las normas morales y legales que son ineludibles. El mundo no tiene salvación si no sigue una línea de la paz y de cooperación internacional. (…) A los que persisten en destruir la Revolución, en nombre de la inmensa multitud que se reúne aquí este Primero de Mayo, les digo como en Girón y otros momentos decisivos de nuestras luchas: Viva el socialismo, Patria o Muerte, Venceremos.”

2005. El Comandante en Jefe Fidel Castro enumeró el fracaso de los distintos proyectos de agresión de Estados Unidos contra Cuba. Aseguró que  “Aquí estamos más unidos que nunca, más decididos que nunca a llevar adelante la obra, especialmente de una sociedad más justa, más solidaria, más humana más próspera como tierra prometida ya al alcance de nuestras manos. (…) El mundo entero sabe que el cruel terrorista de todo el hemisferio occidental ha ingresado ilegalmente en territorio norteamericano. (…) Esta humanidad tiene ansias de justicia.

2006. Al hablar sobre Posada Carriles preciso que el gobierno norteamericano dijo, por primera vez, que había ingresado ilegalmente por Miami en el Satrina. Dio informaciones económicas seleccionadas; por ejemplo,  el crecimiento en el primer semestre comparado con el año pasado y los avances que se observan Abundó sobre las distintas esferas económicas, las sociales, la educación; las trasnformaciones en el sistema nacional de generación eléctrica en Cuba, y la afirmación que “Nada nos detendrá”

A partir de 2007 Fidel Castro continuó exponiendo los principales problemas que afectan al mundo y la posición de Cuba ante cada situación planteada a través de sus Reflexiones. Su verbo es tan fuerte y contundente como siempre y marca pautas. No está físicamente en los actos por la fiesta de los trabajadores, pero sigue cada paso de la marcha del país, y el pueblo cubano lo siente presente y espera sus orientaciones como el primer día, en las distintas etapas por las cuales ha transitado la Revolución en los últimos cincuenta años.

http://www.tribuna.co.cu/etiquetas/2009/1romayo/30/cuba-cada-mayo.html

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Es cierto que cuando la mayoría de los comunistas y socialistas “de en de veras” (como dice una amiga), festejaban los 50 años de la primera Revolución Socialista Verdadera en el mundo, estábamos un poquito en receso, o dispersos, o con algunos problemitas.

Alguien habrá advertido la proposición de “Verdadera” y tal vez pueda sentirse molesto.

Quienes difieran de esta opinión, pueden sin dudas escribirnos sobre su desacuerdo, pero el pensamiento del Ojo Izquierdo no está atado a ningún esquema o estructura política que resuelva qué decir y qué no. La página es como la última carta del Che a Fidel y al pueblo cubano. No importa si tengo un mundo en contra, si entre la gloria y el sacrificio elijo lo segundo, si muchos creen que estamos errados. Creemos esto y lo afirmamos. Ojo, con el marxismo en la mano!

El hombre en Cuba, es para el Pueblo y su Estado lo más importante. No existe una prioridad mayor. La mayoría del Pueblo, no puede ser otra cosa que solidario con el ser humano, esté donde esté. Miles de cubanos ejercen esa calidad revolucionaria en todo el mundo. ¿Cómo? Con miles de médicos curando en los sitios más remotos y difíciles del mundo. Con educadores que alfabetizan a quienes el capitalismo abandonó ya hace tiempo. Con la solidaridad espontánea ante la desgracia de cualquier hombre o mujer en la tierra. Aún estadounidenses!

En Cuba, hay una economía de guerra casi permanente. Nunca sobra, no vemos autopistas atestadas de automóviles, no vemos ni siquiera en La Habana un conglomerado de rascacielos como en Buenos Aires, no vemos grandes supermercados atestados de gente, o miles ocupados con sus celulares, o jóvenes haciendo picadas o fumándose un porro en la esquina, tampoco están los restaurantes donde la gente se atraganta con un pedazo de pizza antes de seguir, etc. Claro que el bloqueo que obliga vivir pagando al contado, tiene mucho que ver.

Faltan muchas cosas, muchas comodidades. Pero llama la atención no ver un solo pibe en la calle hasta las seis de la tarde. ¿Donde están? Todos estudian. A los pioneros, los más chiquitos, se los recoge todos los días de su casa a la escuela. (Si nos equivocamos que alguien nos corrija). Ellos prometen: “Seremos como el Che”. Los más grandes prometen defender la Revolución hasta la muerte. “Patria o Muerte, Venceremos” Que en definitiva es más o menos lo mismo.

En educación, no debe haber en el mundo que se compare con Cuba. El Pueblo se educa cada vez mejor y hasta educa a extranjeros por miles. ¡Sí, Cuba gasta dinero en la formación profesional de latinoamericanos sin recursos! Pero, lo que confirma que esta Revolución es Verdadera, es la calidad de su gente.

Es permanente la construcción del Hombre Nuevo, desde la convicción, la formación militante, la conciencia, el patriotismo y el internacionalismo, etc.
Prácticamente, un 90 % del pueblo se encuentra organizado y dispuesto a defender la Revolución. Por otra parte, el pueblo cubano destila paz por cada uno de sus poros. Ama el arte, la historia, la filosofía, etc. Pareciera que nadie sufre estrés. Son felices.

Compañeros Fidel, Raúl, Camilo, Ernesto, Rubén, y no podemos seguir por justicia, esa es la realidad, esa es la Revolución que queremos para nuestra Patria que hoy sufre. Nuestro homenaje a la Revolución Cubana, no es tardío. Es permanente.
¡Hasta la Victoria Siempre!

OJO, Ricardo (Que se viene… la Revolución en la Argentina)

http://www.geocities.com/ojo.izquierdo/index.htm

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Desde San José de Costa Rica hasta Playa Girón: Las grandes victorias política-militares y diplomáticas de la Revolución Cubana. II Parte

Por Orlando Cruz Capote


Eisenhower y Kennedy: Playa Girón, el gran fracaso estadounidense. (1)

En 1961 la Revolución Cubana iba a ser causa de grandes movilizaciones en su apoyo en el seno de las sociedades latinoamericanas y no solo en los sectores de los obreros, campesinos e intelectuales, sino en las bases campesinas, agrupaciones juveniles y estudiantiles e incluso entre algunos elementos nacionalistas de los ejércitos de América Latina y el Caribe. Esas fuerzas iban a mostrar su nivel de decisión en el primer cuatrimestre de ese año. Nunca antes la Revolución había estado tan acompañada en la esfera regional e internacional. Y aunque estos acontecimientos fueron tomados o aprovechados por los gobiernos de la región latinoamericana-caribeña para acusar a Cuba de “ayudar a los revoltosos”, la idea no prosperó porque EE.UU. quería ante todo “ocultar el entrenamiento de los mercenarios cubanos”, principalmente en Guatemala y Nicaragua. No obstante, las autoridades de Washington enviaron dos portaviones y otras fuerzas militares de tarea (unidades aéreas y anfibias) para apoyar a los regímenes de estas dos naciones ante la posibilidad de rebelión en el interior de sus sociedades.

Mientras, la escalada contra la Revolución Cubana tomó, desde finales de 1960 y mediados de 1961, ribetes dramáticos no solo en el plano externo sino en la proliferación de numerosas bandas contrarrevolucionarias en el interior del país. En la propia medida en que la Revolución se fortalecía internamente y su proyección internacional se abría paso entre innumerables obstáculos, el Gobierno de los EE.UU. instruía a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre la necesidad de acelerar los planes subversivos y de desestabilización en la Isla. A esta actividad se sumaron algunos gobiernos de la zona, principalmente los centroamericanos.

Como ya hemos expresado, desde marzo de 1960 el presidente D. W. Eisenhower dio instrucciones para la organización y preparación de una fuerza mercenaria. La misma desde fines del primer semestre tuvio como bases de entrenamientos los campamentos en la Florida, en EE.UU., en la finca Helvetia, en el Departamento de Retalhuleu, en Guatemala y en Puerto Cabezas en Nicaragua. En la XV Asamblea General de la ONU, a la que hemos hecho referencia anteriormente, el canciller cubano acusó en varias ocasiones, con datos precisos, la participación del régimen guatemalteco en las acciones hostiles contra Cuba. Así el 7 de octubre, Roa en el plenario de las Naciones Unidas dijo que “[…] Es notorio el arribo constante a Guatemala, por distintas vías, de aventureros y mercenarios de toda laya contratados por agentes contrarrevolucionarios cubanos y norteamericanos, los cuales son inmediatamente concentrados en campos de entrenamiento militar. Uno de estos campos está situado en la finca Inca de la United Fruit Company, muy cercana a la frontera con Honduras […] En la finca Helvetia, […] adquirida recientemente por Roberto Alejo, hermano del embajador de Guatemala en los Estados Unidos […] están recibiendo entrenamiento especial numerosos exiliados y aventureros de Puerto Rico, bajo el mando de militares norteamericanos. El número total de extranjeros asciende a 185, de los cuales 45 son norteamericanos. En la citada finca, se ha construido una pista de aterrizaje de concreto, con hangares subterráneos y se está construyendo una carretera hacia la costa del Pacífico. Se han instalado, además, aparatos de detención […] En el aeropuerto de la Aurora se han visto aviones de bombardeo con insignias cubanas. Es rumor público que tienen la doble misión de servir para agredir a Cuba o para simular una agresión cubana contra Guatemala. Este plan fue denunciado, hace pocas semanas, en la propia Guatemala, por adversarios políticos del Gobierno”. (Réplica al delegado de Guatemala, 7 de octubre de 1960, XV Asamblea General de la ONU, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 164-165).

No pudo haber lugar a dudas. Los propios medios de prensa norteamericanos y de algunos países de América Latina y el Caribe brindaron abundante información sobre los preparativos de la invasión. El carácter abierto de la agresión formó parte del cinismo y la seguridad por parte de los EE.UU. y sus seguidores de que si se desarrollaba la misma, la Revolución Cubana iba a ser seguramente destruida.

En Cuba, por otra parte, desde el mes de septiembre de 1960 se desplegó la primera fase de la Limpia del Escambray. (2)


Esta operación en la zona central de la Isla, dirigida por el Comandante Manuel “Piti” Fajardo en un primer momento hasta su muerte en noviembre, y luego por el también Comandante Dermidio Escalona, dio lugar a enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior y las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) contra los bandidos al servicio de una potencia extranjera. En realidad, para estar a tono con la verdad histórica, el pueblo uniformado tuvo prácticamente que ir en busca de estos bandidos contrarrevolucionarios y cercarlos, pues los mismos evitaron a toda costa una confrontación frontal con las fuerzas esenciales de la Revolución, porque más bien se dedicaron a la espera de la anunciada invasión y, mientras tanto, llevaron a vías de hecho asesinatos de campesinos, brigadistas alfabetizadores, sabotajes, ataques a granjas y pequeños propietarios, además de practicar la presión, el chantaje y el soborno para buscarse una ínfima base social de apoyo para sus acciones. Dicha operación de limpieza culminó en su primera etapa, en marzo de 1961, en la que miles de combatientes de todas las provincias del país, principalmente de la capital, y colaboradores campesinos y trabajadores de esa región se incorporaron a la lucha para aplastar ese foco contrarrevolucionario. Cerca de 1 200 bandidos fueron liquidados y con ello se logró evitar cualquier posible apoyo interno a la futura invasión mercenaria. (En, Tomo V Historia de la Revolución Cubana, Op. Cit.)

La situación en las ciudades era también tensa aunque se mantenía el control por parte de las organizaciones revolucionarias. Sin embargo, las ideas anticomunistas y el comportamiento contrarrevolucionario pronorteamericano encontró en el sector retrógrado de la jerarquía católica a uno de sus más fieles aliados. La lucha de clases engendró una enconada lucha ideológica en el seno de la sociedad entre gran parte de esa dirección eclesiástica (católica, apostólica y romana) (3) y la mayoría del pueblo. Muy enconado fue el enfrentamiento en los centros estudiantiles y, especialmente, en la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva. Esa confrontación, evitada todo el tiempo por la dirección de la Revolución, se situó en uno de los primeros planos políticos en los años 1960 y 1961. A finales de 1960, aconteció el clímax del choque entre ambas posiciones que, aunque pareciera limitado al ámbito filosófico e ideopolítico, escondía intereses económicos, financieros y una pretendida, y auto-estimada además, “influencia social” perdida desde hacia algún tiempo por parte de la iglesia. Sobrestimando su fuerza en los sectores juveniles y estudiantiles, la jerarquía católica en su pastoral titulada “Roma o Moscú”, (María del Pilar Díaz Castañón Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, pp. 289-295), de noviembre de ese año, urgió a los fieles a elegir a favor de la Revolución o contra de ella. Y estos, naturalmente, no eligieron entre una Roma distante y un Moscú también lejano pero cercano en la solidaridad hacia la nación cubana, por lo que optaron con pasión y razón por una Revolución que había ofrecido ya a esas alturas, beneficios inconmensurables a todos los ciudadanos. Pero ese enfrentamiento interno y estimulado desde el exterior fue sobredimensionado en el ámbito regional y Cuba fue acusada en la OEA de violar los derechos humanos acerca de la libertad religiosa.

Sin embargo, el hecho más significativo desde el punto de vista internacional de principios de 1961, fue el rompimiento de relaciones diplomáticas y consulares del Gobierno de los Estados Unidos con el Gobierno Revolucionario de Cuba el 3 de enero. (The Department of State Bulletin, Vol. XLIV, No. 1126, Washington, D.C., enero 23 de 1961, pp. 103-104). La nota cubana que reducía el personal norteamericano a 11 diplomáticos -de cerca de 300 que realizaban labores de espionaje- en su embajada en La Habana fue el pretexto para tal acción. La medida fue en respuesta a una acción similar iniciada por EE.UU., (aunque Cuba nunca tuvo cientos de funcionarios en Washington) pero la verdadera causa del fin de las relaciones era que se aproximaba el momento de la acción armada contra la Revolución. Un diario norteamericano conocedor del proceder internacional de esa nación lo reflejó directamente: “De acuerdo con las tradiciones norteamericanas la ruptura de relaciones diplomáticas es un acontecimiento inusitado que se realiza como precursor de hostilidades”. (Herald Tribune, 8 de enero de 1961, Miami, Florida, p. 2). Ni siquiera la prensa norteña estuvo en esta ocasión equivocada.

El 3 de febrero de ese año, el Departamento de Defensa de los EE.UU. recibía de la CIA la petición de que evaluara el Plan Trinidad. Ello era una indicación directa del recién elegido Presidente de ese país John F. Kennedy. Posteriormente, ante las diferentes opiniones existentes que analizaron los pro y los contra del plan, se realizaron reuniones en el seno del Departamento de Estado y otras dependencias del gobierno, consultándose a altos funcionarios acerca de la viabilidad de la posible acción armada mercenaria y las posibilidades del éxito. La variedad de documentos, consultados por este autor, permite detenernos en uno de ellos, en que dos dirigentes se contradicen y dicen algunas verdades inusitadas (objetivas, para una autoridad de ese nivel) junto a las consabidas medias mentiras.


Richard Bissell, uno de los directivos de la CIA, opinó que “[…] Por supuesto, Cuba nunca representará una amenaza directa para Estados Unidos y no es probable que Cuba intente también invadir abiertamente a otro país latinoamericano, ya que Estados Unidos podría entrar en el conflicto del lado del país invadido y lo haría casi con total posibilidad. De todas formas, en la medida en que Castro continúe estabilizando su régimen, obtenga armamento más avanzado y entrene más a sus milicias, Cuba constituirá una base eficaz y bien defendida para las operaciones soviéticas y la expansión de la influencia de ésta en el hemisferio occidental. A partir de Cuba se pueden suministrar armas, dinero y apoyo de organización y de otros tipos a los dirigentes y grupos disidentes de toda América Latina para crear inestabilidad política, incitar el comunismo, debilitar el prestigio de los Estados Unidos […] la llegada de Castro ha ofrecido a los comunistas una base propicia para la propaganda y la agitación en el resto de América Latina y un ejemplo sumamente explotable de conquistas revolucionarias y de enfrentamiento exitoso a Estados Unidos”. En el mismo memorando, Thomas Mann, Secretario Auxiliar del Departamento de Estado, acotaba sin ambages que, ante la agresión, “[…] Habría que esperar que el régimen de Castro inste a los otros estados americanos […] a que lo ayuden a rechazar el ataque y solicite al Consejo de seguridad […] que adopte medidas […] Sería por tanto en extremo difícil lidiar con las maniobras diplomáticas de Castro en este sentido […] Y lo que es más importante, la mayoría de los pueblos de América Latina estarían en contra de la operación y cabría esperar que los comunistas y castristas organizaran y dirigieran manifestaciones destinadas a provocar el derrocamiento de nuestros gobiernos amigos. En el mejor de los casos, se perjudicaría nuestra postura moral en todo el hemisferio.” (Memorandum para el Presidente de McGeorge Bundy, 18 de febrero de 1961. Biblioteca Kennedy, Memorandum for the President, 18 de Feb. 1961, NSF, Caja 35. En Tomás Diez La Guerra Encubierta contra Cuba. Documentos desclasificados de la CIA, Editora Política, La Habana, 1997, pp. 64-64).

El 15 de marzo, luego de variadas discusiones es aprobado definitivamente el Plan Pluto y su variante Zapata, y con ello se le daba luz verde a la invasión militar mercenaria contra Cuba por Playa Girón o Bahía de Cochinos. Las élites de poder norteamericanas decidieron derrotar al Gobierno Revolucionario a través de la vía militar. El nuevo Presidente de los EE.UU. John F. Kennedy que heredaba el plan de invasión de Eisenhower no tuvo la valentía y responsabilidad de voltear la maquinaria bélica enfilada contra Cuba. Aunque dicho proyecto de ataque estaba muy avanzado a finales de 1960, en la propia campaña electoral Kennedy se pronunció por realizar variaciones en su política con respecto a La Habana pero, en realidad, en los últimos días de su labor política para alcanzar el poder, habló de que estaba dando una alta prioridad al asunto de Cuba y de la “exportación de su Revolución” hacia toda América Latina. Así, posterior e inmediatamente a su triunfo John F. Kennedy decidió apostar por la invasión armada mercenaria.

Sin embargo, antes del rompimiento de las relaciones, el Comandante en Jefe Fidel Castro había pronunciado un discurso el 2 de enero de 1961, en la Plaza Cívica de La Habana, ante un millón de mujeres y hombres en el cual, junto a la decisión cubana de luchar ante una agresión norteamericana, daba “un margen de duda” acerca de la política del nuevo mandatario estadounidense J. F. Kennedy al expresar que “[…] El peligro que se cierne sobre la patria no acobarda, sino que enardece al pueblo; esperemos confiados cualquier eventualidad; por cruel y traicionero que pueda ser el zarpazo, no nos intimida. Viviremos días de peligro, de verdadero peligro, y la responsabilidad no será solo de esta administración (Eisenhower), sino que será también del Presidente electo de los Estados Unidos, porque si cree que va a descargar la responsabilidad sobre la Administración actual, nosotros denunciamos que cualquier agresión no se llevaría a cabo sin la complicidad de los nuevos gobernantes […] Nosotros esperamos de la nueva Administración algunas rectificaciones; nosotros sabemos que las circunstancias políticas y del mundo y las circunstancias del cambio que va a tener en los Estados Unidos, obliga a la nueva Administración a una política más sensata y más serena, si no quiere llevar al mundo a una verdadera hecatombe y a un holocausto apocalíptico. El mundo tiene derecho a esperar que haya un mínimo de sensatez en esos hombres, y el mundo tiene derecho a esperar que estos 18 días transcurran sin que la podrida dirigencia de la actual Administración lleve a los Estados Unidos al más criminal, al más vergonzoso, al más cobarde y al más repugnante de sus actos”. (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en la Plaza Cívica de La Habana, el 2 de enero de 1961, Periódico Revolución, 3 de septiembre de 1961, pp. 1-4).

Por su parte la cancillería cubana, después del rompimiento de relaciones, retomó de nuevo la iniciativa en las Naciones Unidas y denunció en el Consejo de Seguridad, en reiteradas ocasiones, las intenciones agresivas e intervensionistas de los EE.UU. El ministro cubano Raúl Roa lo realizó el día 4 de enero de 1961, aclarando que “[…] Nadie se llame a engaño al respecto. Cuba puede ser invadida por la Infantería de Marina norteamericana y los criminales de guerra cubanos y mercenarios alquilados por la Agencia Central de Inteligencia; pero sépase, también, que su gobierno y su pueblo están decididos a repelerla con todos los recursos a su alcance. Cuba no está sola. Y, si su suelo es hollado, el Gobierno Revolucionario y el pueblo cubano tendrán la ayuda, el apoyo y el respaldo de quienes se han comprometido, espontáneamente, a defender su independencia, autodeterminación, soberanía e integridad territorial […]”. (Raúl Roa García Fundamentos, cargos y pruebas de la denuncia de Cuba, Consejo de Seguridad de la ONU, enero 4 de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit., pp. 183-187).

En otro momento de su intervención el canciller cubano ponía al desnudo las falacias y las presiones de Washington para obligar a tomar parte en la cruzada anticubana a gobiernos del continente al declarar que “[…] La diplomacia norteamericana, empeñosamente dedicada a torcer el camino de la liberación de Cuba, ha logrado ya que gobiernos títeres le hagan el juego, abiertamente, a sus turbios planes. La Guatemala de Idígoras, el Paraguay de Stroessner, la Nicaragua de los hermanos Somoza, la República Dominicana de Trujillo y el Perú de Prado y Beltrán, han obedecido sumisamente, las órdenes bruscas emanadas de la ciudad del Potomac […]” Y refiriéndose al porqué Cuba resistía aclaró que “[…] debe su sobrevivencia, en esta coyuntura trascendental de su historia, en primer término a la determinación inquebrantable del Gobierno Revolucionario y al coraje prodigioso de su pueblo, y en segundo término, a los países y pueblos que acudieron en su ayuda sin imponerle sometimiento ni compromisos políticos. Cuba pudo salvarse de la catástrofe económica a que la condenó el Gobierno de los Estados Unidos y la Revolución proseguir su marcha, debido, en apreciable medida a la cooperación económica, comercial y técnica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la República Popular China, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, la República Árabe Unida, Japón y Canadá, y como estímulo, contó y cuenta con la solidaridad y el apoyo de todos los pueblos de América Latina, África y Asia. Repito: Cuba no está sola. Y, asimismo, repito: Cuba peleará hasta vencer o morir, y peleará acompañada. No quisiéramos provocar el suicidio de la humanidad; pero, de estallar una conflagración atómica como consecuencia de su intervención militar en Cuba, la responsabilidad caerá, por entero, en el Gobierno imperialista y reaccionario del general Eisenhower”.

El propio presidente norteamericano J. F. Kennedy, en su primera intervención oficial como mandatario, expuso que se hacía necesario comenzar de nuevo, recordando a ambas partes que la civilidad no es un signo de debilidad y la sinceridad tiene que estar sujeta siempre a prueba, y que la negociación no se debía realizar por temor pero que no había que temer negociar. Aunque advirtió, en ese mismo discurso del 20 de enero, que “[…] todos nuestros vecinos sepan que estaremos con ellos para oponernos a la agresión y a la subversión en cualquier parte de América y que todas las potencias sepan que este Hemisferio tiene toda intención de seguir siendo el amo en su propia casa.” (The Kennedy Presidential Press Conferences, Library of Congress Cataloguing Publication Data, Earl M. Coleman Enterprises, Inc, Publishers, New York, 1978, p. VI). Pero en su Informe ante el Congreso de los EE.UU., retomó la idea de no resolver las diferencias con Cuba mediante negociaciones bilaterales ya que era imposible y afirmó que no negociaría “la dominación comunista” en el Hemisferio, comprometiéndose a trabajar con los demás gobiernos para librar a América de esa expansión extranjera que había establecido una base en Cuba. Del discurso retórico, Kennedy regresó al lenguaje más agresivo.

Los acontecimientos que propiciarían la invasión a Cuba se precipitaron. En los sondeos realizados en la OEA, el Gobierno de los EE.UU. pudo comprobar que no reunía aún los tres cuartos de gobiernos-votos para separar a Cuba de ese organismo. Por otra parte, como ya explicamos, la contrarrevolución interna recibió duros golpes en los tres primeros meses de 1961 por parte del pueblo uniformado. Y un tercer elemento fue que los preparativos estaban tan avanzados y tan escandalosamente conocidos, que la propia prensa norteamericana y de Centroamérica se encargaron de divulgarlo sin ningún recato. El 3 de abril se publicó, por el Departamento de Estado, el llamado “Libro Blanco” en el cual se repitieron las ya viejas tesis que Cuba planteaba un reto muy serio al Hemisferio Occidental y que la Revolución Cubana había sido traicionada. (4) El 11 de ese propio mes Cuba era acusada por Guatemala de preparar un complot para derrocar al gobierno de ese país y que por ese motivo se preparaban en los campamentos militares fuerzas del ejército -los mercenarios cubanos con asesoría yanqui- para repeler la invasión cubana. Finalmente, el día 12 de abril, el Presidente John F. Kennedy, en conferencia de prensa, aseguró que bajo ninguna circunstancia habría una intervención en Cuba por fuerzas de los Estados Unidos y que ningún norteamericano estaría involucrado en acciones dentro de la Isla. La campaña de desinformación parecía llegar a su fin.

El colofón de las mentiras del gobierno norteamericano sucedió, finalmente, el día 15 de abril de 1961, cuando aviones B-26, de fabricación norteamericana, provenientes de ese país y de naciones centroamericanas, bombardearon simultáneamente las bases aéreas de San Antonio de los Baños, de Ciudad Libertad en La Habana y la de Santiago de Cuba, en Oriente y el embajador estadounidense en la ONU aseveró que eran aeronaves de la propia Fuerza Aérea Revolucionaria. Fue el preludio de la invasión militar mercenaria apoyada por buques de la armada estadounidense.

La batalla política-diplomática de Girón.

El propio 15 de abril el jefe de la diplomacia cubana solicitó la palabra en la Asamblea General de la ONU, no por ser de orden formal, sino de orden vital para ese organismo encargado de conocer todas las cuestiones que afectan a la paz y la seguridad internacionales y acusó, “[…] ante el más alto foro de las Naciones Unidas y la opinión pública mundial, al Gobierno imperialista de los Estados Unidos de ser el máximo responsable de ese brutal atentado a la integridad territorial, independencia y soberanía de Cuba, que pone en gravísimo riesgo la paz y la seguridad internacionales […]” (Raúl Roa Cuba acusa, Asamblea General, abril 15 de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit. P. 205).

Horas más tarde, el Canciller cubano lanzaba un inolvidable discurso en la Sesión de Emergencia de la Comisión Política y de Seguridad de la ONU, en el que iniciaba su acusación formulando lo violado por los EE.UU., en la Carta de la organización mundial, y que este país continuaba una Guerra No Declarada que hacía más de un año le estaba haciendo a Cuba, añadiendo a continuación que “[…] Este es, sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, urdida, organizada, avituallada, armada y financiada por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, con la complicidad de las dictaduras satélites del hemisferio occidental y el concurso de cubanos traidores y mercenarios de toda laya, entrenados en territorio norteamericano y en Guatemala por técnicos del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia.” Y culminó su intervención con la rotunda afirmación de que “[…] El Gobierno Revolucionario de Cuba acusa solemnemente al Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica […] de haber recurrido al uso de la fuerza para dirimir sus diferencias con un Estado Miembro de la Organización.”

En una controversia política y diplomática con el representante de EE.UU. en las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, Roa le refutó las mentiras de que los aviones eran de la “Fuerza Aérea Cubana” piloteados por miembros disidentes de la misma, señalando que en anteriores sesiones de la ONU, Cuba había advertido que en los aeropuertos militares de Guatemala, los aviones B-26 tenían los emblemas de las FAR e incluso la bandera cubana en el fuselaje, por lo que todo era un trucaje para engañar a los combatientes cubanos, a las Naciones Unidas y a la opinión pública internacional. Y al replicarle acerca de las declaraciones de John F. Kennedy de que los EE.UU. no intervendrían en Cuba expresó que “[…] de más está decir que no ofrece garantías de ninguna clase. Esas declaraciones la formulan usualmente los altos dirigentes de las potencias imperialistas y colonialistas, y en este caso sólo constituyen una cortina de humo tendida sobre la operación intervencionista que el Gobierno norteamericano está efectuando, en estos momentos, en la República de Cuba”. Tiempo después se conoció que el embajador norteamericano no conocía realmente el grado de involucramiento directo de su gobierno en los planes de invasión militar contra Cuba, elemento político que afectó su carrera hacia la presidencia de los EE.UU.

En otra parte de su intervención el canciller cubano arremetió contra las palabras afirmativas del representante de los EE.UU. acerca de que en la Isla existía una dictadura y un régimen autoritario: “[…] El señor Stevenson se ha permitido calificar de “tiránico” al Gobierno de Cuba, a sabiendas de que falsea los hechos. Permítaseme que yo, ajustándome a los hechos, califique al Gobierno de los Estados Unidos de régimen totalitario, angélicamente disfrazado de “democracia representativa”.

Mientras en la Isla, la respuesta de la Revolución Cubana no pudo ser más digna y viril. Los aviones agresores fueron inmediatamente repelidos por los jóvenes artilleros antiaéreos que se llenaron de gloria en su bautismo de fuego. Siete cubanos habían caído producto de la cobarde y traicionera acción enemiga, y el 16 de abril en el sepelio de los mártires, el Comandante en Jefe Fidel Castro, proclamó ante una manifestación de habaneros armados, representativos de todos los patriotas de la nación, la decisión cubana de defender la patria, porque “[…] lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba […] Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos! […] ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con esos fusiles! ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores! […] Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria, ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes? (Gritos de, Sí)”. (Fidel Castro Ruz Discurso en el sepelio de las víctimas del bombardeo del 15 de abril de 1961, 16 de abril de 1961. En, Discursos. Fidel Castro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976, pp. 32-33).

Y entonces el pueblo cubano, involucrado en la vorágine subversiva de dos años y medio de duras y dinámicas transformaciones revolucionarias y en la que fue el principal protagonista de esa hechura revolucionaria, se percata de su alta conciencia política y asimila el socialismo como un hecho normal que, sin embargo, había rechazado anteriormente por viejos prejuicios, pero que lo ha ido construyendo en la práctica cotidiana y trascendente. Es el momento de las definiciones y el héroe indiscutible es ese pueblo que trascendió lo común y se alzó con la suficiente estatura política para preparase a derrotar la invasión mercenaria y extranjera.

La batalla político-diplomática en la ONU se convertiría, ahora con una Cuba socialista, en un punto crucial de apoyo y definiciones desde el ángulo regional y mundial. Aunque tuvieron que transcurrir dos días para que se demostraran las acusaciones y las verdades de Cuba, el mundo ya estaba avisado de lo que sucedía en el Caribe. Otra vez la diplomacia revolucionaria y popular cubana tomó la iniciativa y acusó al imperialismo yanqui no solo de desarrollar planes agresivos contra la Isla sino de llevar a vías de hecho una invasión militar real contra la misma. El 17 de abril se produjo la invasión mercenaria por Playa Girón (en realidad se desembarcó por ese lugar, aunque además por Playa Larga y se produjo un lanzamiento de paracaidistas en la zona de San Blas y Tapaste). Mientras que en Cuba se combatía en sus arenas, en New York, sede de la ONU, la batalla se reanudó por la diplomacia cubana con el mismo ímpetu con que los milicianos se enfrentaban a los mercenarios. Dos escenarios, pero la misma lucha.

Ese mismo día, el Canciller cubano puso al descubierto la invasión mercenaria y presentó un largo y sustancioso alegato de defensa y al mismo tiempo acusatorio, con pruebas tangibles de las agresiones norteamericanas contra la Isla que corroboraba lo necesario y real de las peticiones cubanas en la ONU y en la OEA para evitar que el poderoso “vecino del norte” se envalentonara aún más en sus acciones hostiles e incrementara su agresividad, que ya era un hecho evidente. El canciller de la dignidad, Raúl Roa expresó indignado que “[…] En ningún caso, huelga decirlo, Cuba obtuvo garantía ni justicia de los organismos internacionales en su heroica batalla contra el imperialismo norteamericano […] Pero, en todos los casos, […] la diminuta y erguida patria de Martí […] obtuvo el respaldo de la opinión pública mundial, la solidaridad de los pueblos subdesarrollados de América Latina, África y Asia, el voto de los gobiernos amantes de la paz y el apoyo de los países que luchan contra todas las formas imperialistas y coloniales de dominio económico, político, racial y cultural”. (Raúl Roa David y Goliat, Intervención en la Comisión Política y de Seguridad de la ONU, 17 de abril de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit. 209-232.

Paralelamente expuso todo un arsenal de pruebas acerca de la participación norteamericana en la invasión, explicando que “[…] el Presidente Kennedy dijo que evitaría la presencia de ciudadanos norteamericanos en cualquier acción; pero no negó que ayudaría, como es notorio que lo ha estado haciendo, a los contrarrevolucionarios. Ni tampoco negó que ayudaría a las invasiones indirectas o desde territorio extranjero”. Y ante una nota recién entregada en las Naciones Unidas en la cual el Secretario de Estado Dean Rusk, admitía que los Estados Unidos no ha tenido participación alguna en la invasión mercenaria de Cuba; pero que el pueblo norteamericano estaba con los contrarrevolucionarios, afirmó irónicamente que “[…] Si el pueblo de los Estados Unidos está con los contrarrevolucionarios, habrá que enterrar, por segunda vez, a Jefferson, a Hamilton y a Lincoln”.

En la defensa de la Revolución Cubana, el Ministro de Relaciones Exteriores acusó al Gobierno de Estados Unidos de haber desatado contra Cuba una guerra de invasión para apoderarse de sus recursos, tierras, fábricas y transportes y retrotraerla a su oprobiosa condición de satélite del imperialismo norteamericano, de delito internacional de agresión, y demandó de las Naciones Unidas la adopción de rápidas, eficaces y enérgicas medidas para evitar que se consumen los planes de agresión y actos de intervención que denuncia. Y culminaba con gran emoción su alocución con la confirmación de que “[…] Un clamor unánime estremece hoy a toda Cuba, resuena en nuestra América y repercute en Asia, África y Europa. Mi pequeña y heroica patria está reiterando la clásica pugna entre David y Goliat. Soldado de esa noble causa en el frente de las relaciones internacionales, permitidme que yo difunda ese clamor en el severo areópago de las Naciones Unidas: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”.

El terreno de las discusiones entre las delegaciones de Cuba y los EE.UU. tomó el camino de la confrontación ideológica al intervenir Adlai Stevenson y repetir una y otra vez las acusaciones de que “la Revolución Cubana había sido traicionada”, al permitir que el comunismo internacional la convirtiera en una base contra los países del hemisferio. Incluso, llegó al extremo de plantear que Roa no había reconocido el papel de Estados Unidos en la independencia de Cuba en su lucha contra España, a fines del siglo XIX. Los debates se trasladaron también al campo histórico y político. El canciller cubano, intelectualmente muy superior al embajador norteamericano, y políticamente mucho más, lo atacó con vehemencia y sin compasión al decir que “[…] el representante de los Estados Unidos opina y dictamina sobre los sentimientos y las aspiraciones del pueblo de Cuba con la suficiencia y seguridad de quien no sólo conoce a fondo sus problemas, sino de quien hubiese penetrado en la intimidad de su conciencia; pero el señor Stevenson opina y dictamina sobre lo que ignora”. (Raúl Roa Réplica al delegado yanqui, Comisión Política y de Seguridad, abril 17 de 1961, Idem., p. 237). Y añadió que la Revolución cometió el crimen de “cubanizar” a Cuba y que el conflicto no era entre el pueblo y gobierno cubano con el pueblo norteamericano, y tampoco un conflicto con el hemisferio, sino una confrontación del pueblo de Cuba con los intereses norteamericanos, aclarando que “[…] En Cuba la palabra miedo no existe. Y sepa también, de una vez por todas, que la delegación de Cuba no ha venido a pedir protección ni ayuda de las Naciones Unidas para repeler a los agresores, que están siendo ya batidos por aire, tierra y mar […] el señor Stevenson se ha ido cínicamente por peteneras y no ha respondido a uno solo de los cargos”.

Al tercer día de invasión, la representación cubana en la ONU presentó pruebas contundentes de la participación de pilotos norteamericanos en la zona de combate, gracias a que algunos de los aviones B-26 habían sido derribados por las defensas antiaéreas cubanas. El nombre del piloto que no hacía dudar sobre la presencia de ciudadanos norteamericanos en la agresión fue el de Leo Francis Berliss. Era el tripulante de uno de los cuatro aviones derribados en la mañana del 19 de abril, que ya alcanzaba la cifra de nueve aparatos abatidos desde que empezó la invasión. Y Roa culminaba su exposición con una de sus grandes humoradas y sátiras “[…] Naturalmente -y es el único comentario que voy a hacer al respecto- estos aviones vinieron de la Luna.” (Raúl Roa Comunicado oficial, Intervención en la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas,19 de abril de 1961, Idem., p. 246).

No podía descansarse en la denuncia. La idea del gobierno norteamericano era la de crear una “cabeza de playa” en territorio nacional, en caso de no triunfar rápidamente la invasión, y desde ese momento comenzar una guerra de desgaste contra la Revolución para propiciar el respaldo regional y mundial de los gobiernos al fantoche “gobierno provisional” que intentaban enviar a Cuba, de consolidarse los mercenarios en ese pedazo de tierra cubana ocupado. No podía legitimarse internacionalmente una agresión extranjera (arropada con cubanos traidores) y una “representación gubernamental” de la contrarrevolución en la Isla, por lo que la lucha por la victoria, dirigida personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro, tenía que ser relampagueante.

El día 20 de abril, la situación política-militar en Cuba cambió radicalmente y ello significó un enorme acicate para la representación diplomática cubana. De la defensa por una patria que había sido hollada por fuerzas invasoras ésta tuvo la gran oportunidad de pasar a mostrar una victoria total en el plano diplomático gracias a la derrota militar de la invasión. En un repaso de las largas listas de intervenciones orales extranjeras, la mayoría mostrando la inquietud por lo que pasaba en Cuba, Roa hace alusión a otras peroratas pronunciadas por los distintos representantes de algunos países que, a su decir “son nubes de palabras tras nube de palabra (sic), campana neumática vacía de conceptos”. Y llamó la atención sobre el proyecto presentado por Venezuela y respaldado sospechosamente por un grupo numeroso de gobiernos latinoamericanos (Argentina, Guatemala, El Salvador, entre otros) y los propios Estados Unidos -se refiere al Proyecto de Resolución contenido en el documento A/C.1/L. 267, al cual se sumaron los aliados de la OTAN, la CENTO y la SEATO. Documentos del Consejo de Seguridad de la ONU, 1961, New York, ONU-, en que se regresó a la idea de que el conflicto entre EE.UU. y Cuba debía discutirse y dirimirse en el marco hemisférico, o sea en la OEA. Tal proyecto era incongruente tras el discurso de J. F. Kennedy, ese propio día en que señalaba que si las naciones latinoamericanas no tomaban una acción obligatoria contra la agresión comunista del exterior, su país no vacilaría en adoptar resoluciones unilaterales en “defensa de la seguridad de la nación”. Y frente a estas y las viejas acusaciones de que el conflicto era entre cubanos, Roa recordó cómo se barrió con más de 1 400 mercenarios por parte de la mayoría aplastante del pueblo uniformado y que tanto la OEA como la ONU, eran los escenarios legítimos para que Cuba expusiera su posición firme e independiente. Y que, al contrario de ese proyecto, Cuba aprobaría el presentado por México en el que se llamaba al respeto de la autodeterminación de los pueblos y a la no injerencia e intervención en los asuntos internos de otros estados.

Raúl Roa leyó entonces emocionado el comunicado final de la victoria de Girón en el seno de la ONU. Y como hijo de su pueblo expresó que “[…] yo, como cubano y como representante en las Naciones Unidas del Gobierno Revolucionario y del pueblo de Cuba, quiero rendirles fervoroso tributo a los hombres y mujeres de mi patria que, a pie firme y unidos en compacto haz, han destrozado la fuerza mercenaria de invasión, organizada, financiada y equipada por el Gobierno de los Estados Unidos”. (Raúl Roa Derrota Aplastante, Comisión Política y de Seguridad, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit., p. 251).

La voz exterior de la Revolución Cubana, con infinita modestia y sinceridad, agradecía a los que en el principal escenario militar y político, habían decidido la victoria. Era el apotegma de una política internacional que siempre respondió, y responde, en consonancia y armonía con el discurso y sentir, razones y emociones combinadas del pueblo y que no ocultaba su misión de representarla dignamente en cualquier tribuna regional y mundial.

La tragedia de los gobernantes de los EE.UU. era total, como absoluto fue el descalabro de la intervención bélica y grande era la desesperación y la frustración de Adlai Stevenson que se vio inmerso en un rotundo ridículo internacional. Si los mercenarios hechos prisioneros en Cuba declararon que habían sido “embarcados”, el embajador norteamericano pudo muy bien repetir lo mismo. Los Estados Unidos habían sido derrotados y desenmascarados. La llegada en tiempo, desde marzo y todo el segundo semestre de 1960, del armamento soviético, chino y del resto del campo socialista (checoslovacos entre otros) y su rápida asimilación por los miembros de las FAR -muchos de ellos estudiantes universitarios que entraron en el ejército de forma voluntaria-, los milicianos, los policías y otras fuerzas revolucionarias corroboró que la ayuda militar solidaria de las naciones socialistas eran suficientes para un pueblo patriótico y aguerrido en su afán de derrotar una invasión militar mercenaria entrenada, asesorada y armada por una potencia extranjera poderosa. No hubo tiempo para que desembarcaran y se establecieran los famosos integrantes del gabinete del exilio (5) que luego recibirían el apoyo de los EE.UU. y los gobiernos lacayos latinoamericanos de la OEA. Para los invasores no hubo un momento de respiro. Desde su primer intento de poner pie en tierras cubanas se les respondió con un enorme caudal de fuego y coraje. La pequeña guarnición de milicianos ubicada en Playa Girón ante la andanada de morteros y cañonazos fue invitada a rendirse, y ante el asombro de la Brigada 2506, esta menuda tropa respondió bravamente con un Patria o Muerte definitorio. Los batallones de milicianos, la Escuela de Matanzas y las unidades de las FAR, el MININT, la Policía Nacional Revolucionaria, los pilotos cubanos con pocos y maltrechos aviones, habían realizado una gran proeza: en menos de 72 horas (se calcula que fue en 64) habían destrozado los planes norteamericanos y mojaban sus botas y las esteras de los tanques en las costas de Girón y Playa Larga.

En la arena internacional, los gobernantes de Washington no pudieron ni siquiera pasar por verdad lo que era una burda mentira y no recibieron apoyo alguno de sus aliados. Fue tal el desastre que las querellas al interior del gobierno estadounidense fueron en aumento en los días siguientes, hasta que el propio Presidente J. F. Kennedy, el 24 de abril, se hizo responsable de la invasión y sus consecuencias. Surgió entonces la famosa frase kennedyana de que “la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana”.

La hazaña que el pueblo cubano había desarrollado en menos de tres años de enfrentamientos diversos contra el imperialismo y la contrarrevolución, se convirtió en una nueva experiencia y leyenda internacional para los pueblos del Tercer Mundo. Cuba, Primer Territorio Libre de América -recordar que el 22 de diciembre de ese año se culminó la Campaña de Alfabetización- fue también, el 19 de abril de 1961, el lugar o país donde se produjo La Primera Gran Derrota Militar-Política del Imperialismo Yanqui en América. El paradigma revolucionario cubano creció con la batalla exitosa de Girón. Para decirlo en el argot popular del momento: “Norteamérica (EE.UU.) llegó a Cuba… y quedó” y a partir de entonces, el proceso revolucionario se consolidó y los pueblos de América Latina fueron más libres. (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girón y de la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución, en Revista Cuba Socialista, No. 6, Segunda Etapa, septiembre- octubre de 1986, p. 12).

La repercusión regional e internacional de la batalla y la victoria de Playa Girón.

Inmediatamente que se conoció del ataque a Cuba, la voz solidaria e internacionalista de los pueblos de América Latina hacia el proceso revolucionario se hizo patente. Numerosos políticos, intelectuales y diversos sectores populares iniciaron fuertes movimientos de protesta y, en la medida que los días pasaron, comenzaron a estructurarse brigadas de voluntarios para venir a la Isla a combatir junto al pueblo cubano.

Un lugar destacado que siempre habrá que mencionar y recordar será el del ex -presidente mexicano, General Lázaro Cárdenas, (6) quien en un acto sin paralelo solicitó incorporarse a las milicias cubanas, hecho que solo le fue imposibilitado por el gobierno de su país que le negó la visa al conocer su deseo. Por otra parte el Presidente de México, Adolfo Pérez Mateos, ratificó la política de su gobierno de no intervención y el derecho de autodeterminación de los pueblos. En ese hermano país, el día 18 de abril, más de mil voluntarios se inscribieron formalmente para combatir la agresión y alrededor de medio millón de ciudadanos, estuvieron presentes en las numerosas manifestaciones de apoyo a Cuba en las distintas ciudades y pueblos.

Otro tanto sucedió en Brasil, donde el Presidente de ese país Janio Quadros, expresó su “[…] preocupación por los sucesos que se desarrollaban en la Isla con motivo de la invasión mercenaria salida de Guatemala y Estados Unidos” y demandó respeto a la soberanía y el derecho de autodeterminación de las nacionales y los pueblos. Las consignas de “Cuba sí, Yanquis no”, “No sólo es Cuba la que está en juego, sino toda América Latina” y “Vamos a la calle a defender a Cuba y a su bravo pueblo” recorrieron las calles de Río de Janeiro, Sao Paulo, Porto Alegre y otras importantes ciudades y municipalidades. Dirigentes de la talla de Luis Carlos Prestes (Secretario General del Partido Comunista del Brasil) pronunciaron encendidos discursos condenando la agresión y afirmando que la lucha del pueblo cubano es invencible.

En Chile, la Central Única de Trabajadores Chilenos decretó el día 19 de abril una huelga general nacional en apoyo a la Revolución Cubana. Fuertes choques entre la policía y los manifestantes se sucedieron en Santiago de Chile y otras ciudades ante atentados dinamiteros y apedreamiento de empresas y algunos almacenes de propiedad norteamericana. Quinientos mineros de una localidad cercana a la capital de la república se inscribieron como voluntarios para defender a la Revolución Cubana con las armas en la mano. Salvador Allende, senador y Presidente del Frente de Acción Popular (FRAP), declaró que “[…] Cuba es el símbolo de la lucha de nuestros pueblos a lo largo de toda nuestra historia […]”, y más tarde al conocer la victoria revolucionaria cubana expresó también que “[…] El caso de Cuba no es el de Guatemala y los agresores han tenido que reconocer su total derrota ante la respuesta del pueblo cubano. Seguiremos en pie de lucha, y en pie de guerra golpearemos al imperialismo en todos los países latinoamericanos”.

El movimiento general de los pueblos (7) fue de tal envergadura, gracias a la rápida victoria cubana, que a los gobiernos latinoamericanos les fue imposible tomar medidas de apoyo logístico a la invasión. La celeridad de los acontecimientos y el apoyo popular a la causa cubana y de rechazo a los EE.UU. fueron tan fuertes que solamente esos regímenes pudieron proponer tres documentos en el ámbito regional; el primero, preocupándose por la detención de un corresponsal de la United Press International, que ya había sido liberado cuando surge esa proposición; el segundo, el ya mencionado proyecto en la ONU que reiteraba que el diferendo entre Cuba y EE.UU. debía discutirse en la OEA y no en las Naciones Unidas; y el tercero, el mensaje del Secretario General y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la propia OEA, en que se llamaba a Cuba a respetar los derechos humanos de los mercenarios detenidos.

En otras latitudes la respuesta popular -acorde a la información que tuvieran los pueblos- fue también de respaldo irrestricto al pueblo cubano, incluso en los propios EE.UU. Los países socialistas y la Unión Soviética hicieron llegar un mensaje a través de la agencia de prensa TASS, el 18 de abril, que expresó “[…] La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y otras naciones socialistas, es decir, todas las naciones amantes de la paz, que son sus más decididos amigos están listas a dar al pueblo cubano su ayuda y apoyo” y terminaba diciendo: “No toquen a Cuba -esta es la exigencia de toda la gente honrada”. La propia URSS emitía un comunicado oficial ese propio día exponiendo que “[…] El Gobierno Soviético se reserva el derecho, si no cesa la injerencia armada en los asuntos del pueblo cubano, de tomar en unión de otros países, todas las medidas necesarias para prestar la indispensable ayuda a la República de Cuba”. (Comunicado Oficial del Gobierno Soviético, 18 de abril de 1961, en Historia de una Agresión. El juicio a los mercenarios de Playa Girón, Ediciones Venceremos, La Habana, 1962. p. 486). Y el Primer Ministro Nikita Jruschov, en carta al presidente J. F. Kennedy le advirtió que “[…] En cuanto se refiere a la Unión Soviética, no debe haber confusión respecto a nuestra posición: prestaremos al pueblo cubano y a su Gobierno toda la ayuda necesaria para rechazar la agresión armada a Cuba. Estamos sinceramente interesados en el debilitamiento de la tensión internacional, pero si otros van a empeorarla, les responderemos en plena medida”. (Mensaje enviado por el Primer Ministro de la Unión Soviética Nikita Jruschov, al Presidente John F. Kennedy, el 18 de abril de 1961, Idem., p. 488).

Luego de la victoria revolucionaria cubana los gestos de amistad y solidaridad para con Cuba se multiplicaron, así como el prestigio y la fuerza internacional de la Revolución. La Isla de la Libertad (así la habían denominado los soviéticos) había demostrado no solamente que podía construir una nueva sociedad socialista a 90 millas del imperialismo norteamericano, sino que era capaz de derrotar una agresión mercenaria armada, organizada y financiada, además de ser apoyada directamente, por el gobierno estadounidense. El mito del fatalismo geográfico recibió otra gran conmoción.

La opción del ataque militar con mercenarios, versión modernizada del caso guatemalteco (1954), no había surtido efecto en la Cuba de 1961. Las enseñanzas podían extraerse sin necesidad de una gran información. No pudieron existir equívocos al respecto. A pesar de que los propios gobernantes de Washington se dedicaron a propagar las ideas de que el lugar escogido (la Ciénaga de Zapata) no fue el adecuado; que la CIA había ofrecido falsas informaciones sobre la realidad interna en la Isla; que no se apoyó a la fuerza mercenaria con la intervención directa del Ejército de EE.UU.; que los invasores no estaban debidamente preparados (desde el punto del armamento y el entrenamiento) y otros tantos y variados análisis “justificativos”, la verdad era una e irrefutable: el pueblo cubano unido, organizado y armado, con una gran moral política-combativa, bien dirigido y consciente de la justeza y fortaleza de la Revolución, que él mismo estaba desarrollando, fue el artífice real de la victoria. (8)

En el plano interamericano e internacional, la doble moral del gobierno de los EE.UU. quedó al desnudo. La diplomacia cubana logró un debate mundial, de alrededor de diez días, sobre esta agresión y la denunció demostrando con la verdad a toda prueba, la realidad de lo que aconteció: el imperialismo norteamericano en contubernio con los gobiernos más reaccionarios del hemisferio occidental la agredió impunemente en flagrante violación del derecho interamericano e internacional. El gesto “honesto y valiente” del presidente J. F. Kennedy al responsabilizarse totalmente con la invasión y sus resultados fueron una consecuencia del desenmascaramiento de los planes y acciones de su país en la arena internacional y del aplastamiento de la agresión militar en suelo cubano.

El lacayismo pronorteamericano de la mayoría de las autoridades gubernamentales y de los representantes de la derecha en América Latina y el Caribe fue evidente. Las aisladas y escasas denuncias al acto de agresión, injerencia e intromisión de los EE.UU. en los asuntos internos de un Estado americano fueron la “última señal” de que la OEA no era el foro adecuado para Cuba y cualquier otro país del subcontinente para ventilar adecuadamente la confrontación, diferendo y conflicto con los EE.UU. La potencia norteña desempeñó otra vez el maltrecho papel de juez y parte y además, representó el mayor peligro para la seguridad y la paz hemisférica. Como contraparte, el antiimperialismo cobró un nuevo impulso en todas las fuerzas de izquierda, de diferente signo, en la región y en el Tercer Mundo. Simultáneamente, la contrarrevolución continental había unido, otra vez, sus fuerzas.

Para Cuba, a pesar de la victoria, se visualizaban nuevas amenazas y peligros. De las lecciones de Girón podía el gobierno estadounidense extraer dos enseñanzas contradictorias: primero, cesar en sus intentos de agredir a la Revolución Cubana a través de la vía militar; y segundo, ampliar sus esfuerzos por derrotarla con la invasión militar directa de sus fueras armadas. La soberbia y prepotencia de los EE.UU. escogerían la segunda opción y a la Revolución Cubana no le quedó más alternativa que la continuación e intensificación de su preparación, en todos los terrenos, para enfrentarla y derrotarla. La futura crisis de los mísiles de octubre de 1962, se avizoraba en el horizonte. (9)

En el ámbito de la proyección internacional serían los momentos de fortalecer sus vínculos con la URSS, el campo socialista este-europeo, la China Popular, de ampliar sus relaciones con todos los países del Tercer Mundo y consolidar y profundizar sus relaciones con las tradicionales y nuevas izquierdas del subcontinente.

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Para profundizar en el tema de Girón y la lucha contra bandidos debe consultarse el Tomo V de Historia de la Revolución Cubana, elaborado por un colectivo de autores bajo la coordinación del Instituto de Historia de Cuba. Inédito.

(2) La zona montañosa del Escambray, en el centro de Cuba, fue el escenario predilecto para que el imperialismo norteamericano organizara, preparara, financiara y brindara apoyo logístico de todo tipo a las bandas contrarrevolucionarias que también se expandieron a casi todo el país, incluida en la provincia Habana. El Escambray fue el lugar donde operó el Segundo Frente Nacional del Escambray quienes cometieron fechorías e injusticias entre los campesinos y otros pobladores que allí habitaban, además algunos de los representantes de la Revolución aplicación con insuficiencias la primera Reforma Agraria y fueron erráticos en llevar adelante las transformaciones revolucionarias de una forma casuística; todo ello unido al mal trabajo político e ideológico entre las masas del territorio y a las condiciones geográficas de aislamiento y difícil acceso hizo que la CIA seleccionara esta región como su zona de operaciones más adecuada para llevar a cabo una especie de guerra irregular sucia contra la Revolución Cubana. Esta guerra civil contra la contrarrevolución interna persistió hasta 1966, aunque después de ese año reaparecieron brotes esporádicos de bandas de alzados.

(3) Un buen grupo de los sacerdotes en la Isla era de nacionalidad española y además con concepciones muy reaccionarias en el propio seno de la iglesia. Muchos de ellos eran propietarios de bienes raíces, escuelas y otras propiedades, aunque también eran depositarios de beneficios de los círculos burgueses cubanos.

(4) Lo redactó el asesor presidencial e historiador Arthur M. Schlesinger. En el Libro Blanco se podía leer: “Los Estados Unidos y las naciones del hemisferio expresan una profunda determinación de asegurar futuros gobiernos democráticos en Cuba y total y positivo respaldo en sus esfuerzos de ayudar al pueblo cubano a lograr la libertad, la democracia y la justicia social […] Pedimos nuevamente al régimen de Castro que rompa sus vínculos con el comunismo internacional”. En, Libro Blanco, Departamento de Estado, EE.UU., Centro de Documentación del MINREX, p. 34.

(5) Este triste y famoso gobierno tenía el eufemístico nombre de “Consejo Revolucionario Cubano” y a su cabeza estaba el traidor José Miró Cardona.

(6) Lázaro Cárdenas declaró al conocerse la agresión el propio día 17 de abril: ” […] todos los países exigirán rendición de cuentas a los responsables de este gran crimen: una agresión contra un país pequeño por otro de poderosos y fuertes recursos.” En, Historia de una agresión, Ediciones Venceremos, La Habana, 1962, p. 438.

(7) Hubo también múltiples manifestaciones en Argentina, Uruguay, Bolivia (300 voluntarios para ir hacía Cuba), Colombia (centenares de jóvenes estuvieron dispuestos a combatir junto a los cubanos), Venezuela, Perú, Ecuador, Uruguay (10 mil uruguayos dispuestos a marchar hacia Cuba), Guatemala, Costa Rica, Panamá, etc.

(8) No pueden ni deben obviarse que la supuesta sorpresa no pudo destruir la aviación de combate cubana debido a la dispersión de los aparatos y tampoco que las primeras armas recibidas de la URSS, China, Checoslovaquia y otros países socialistas fueron asimiladas rápidamente por los jóvenes combatientes cubanos que la usaron eficientemente contra los invasores.

(9) Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado el 19 de abril de 1962, en el primer aniversario de la victoria del pueblo de Cuba en Playa Girón, aplastando la invasión mercenaria lanzada por los imperialistas yanquis, en Historia de una Agresión, Op. Cit., pp. 9-39.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

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