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Posts Tagged ‘José Martí’

Mis muy estimadas amigas y amigos:

martienguatemala.jpgEl día de ayer, 19 de mayo de 2011, tuve el honor de disertar acerca del Apóstol latinoamericano José Julian Martí y Pérez, en conmemoración del 116 aniversario de su caída en combate.

La actividad se llevó a cabo en el Teatro de Arte Universitario (TAU) ubicado en el Centro Cultural Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala (2ª. Avenida 12-40, zona 1) a las 17:30 de la tarde.

Les cuento, fue una experiencia enriquecedora y, sobre todo, esperanzadora. Pudimos ser testigos, los otros disertantes y su servidor, del peso profundo que tiene entre nuestra gente el “maestro” y de cómo, a pesar del bombardeo mediático y consumista, la veta de dignidad que el trazó está muy pegada al sentir popular. ¡Esos son los valores que debemos transmitir, afincar y conservar!

Como un sencillo homenaje a su portentosa figura, les envío el texto íntegro de mi intervención.

Saludos cordiales,

Carlos Maldonado

La pervivencia de Martí

¿Qué exclamaría el niño habanero?. Sus ojos, cual fulgores de fuego, quizá resplandecerían en medio de la cerrada noche que hoy envuelve el globo para descubrir por qué el miedo de los poderosos se encuentra pegado a su ira; su pavor, al homicidio. Quizá crean que con la muerte, mejor si es cruel, lograrán frenar la dignidad de los oprimidos.

Se preguntaría el muchachito, por qué se rinde pleitesía a criminales y verdugos en páginas actuales y coloridas y se desprecia e invisibiliza a los briosos combatientes de la humanidad.

Una vida bella que transitó entre el cariño, la tibieza hogareña y la férrea disciplina de su tiempo; entre la congoja de ver colgado a un esclavo, el ser más despreciable de su ciudad, pero a la vez lo más importante por sus brazos necesarios. ¡Qué humana distancia la del muchacho que al ver estrangulado al perro de su era, de sus ojos rodaron dos lágrimas funestas pero altivas! Tanta grandeza que, ante cosa tan común en sus tiempos, su alma se rebeló y esos ojos velados, sin luz de aquél péndulo humano, lo empujaron con más ahínco contra sus opresores, los de aquél que ahora se convirtieron en los de él. Los que arrumaban su presente  y los venideros que enjaezados de falsa superioridad veían a los demás como enanos, esclavos y lacayos.

Anduvo el Apóstol jamás conspirando, sino enseñando humanidad, educando en el arte de amar. Los que lo tacharon de conjurado fueron los esclavistas y los matarifes, los traidores e innobles. Los que no se sentían cómodos con su gloriosa presencia y la verdad de su argumento. Padres de esos que asesinaron próceres, de esos que se arrogaron salvar al mundo de la peste comunista y que hoy trafican y decapitan ideas libertarias. Esos, que han sumido al mundo en tinieblas y ahogado en sangre. Esos, merecen ser sepultados en el olvido y sus huesos quemados en el crisol de la revelación de sus crímenes. ¿Cómo puede alguien mentir que salvó a sus hermanos cuando la guadaña en sus manos con la cual los degolló pende diáfana de sus manos? ¿Cómo atribuirse heroísmos cuando lo que hizo fue matar inocentes, desmembrar familias, violar mujeres, destripar niños y ancianos? Con falsos argumentos en defensa de bienes y tradiciones maniqueas arrasaron campos y aldeas. Se ensañaron contra inocentes a quienes infringieron terror. Personas que iban al campo a sembrar, que recibieron al viajero con calidez, que rezan a sus dioses con la humildad de los que esperan poco. De las que salen a trabajar temprano.

Cobardes sus asesinos tienen en los que escriben sus historias en pasquines justificando sus crímenes a cambio de buena paga, a su defensa vaga. ¡Qué mayor afrenta si provienen de la patria del Maestro! ¡Vergüenza de la humanidad! ¡Lacayos del Imperio fascista!

Muy al contrario el espíritu noble del Apóstol quien amaba, vivificaba y cuando había que imponer la causa de la hermandad, de la igualdad a aquellos que sojuzgaban y esclavizaban a sus semejantes, la imponía a fuerza de combate claro, diáfano, sin odio, porque seguro estaba de que los argumentos a favor de la humanidad jamás los aceptarían los sanguinarios. Incluso, con inferioridad técnica pero con la audacia y la gallardía de saber que la razón lo respaldaba en esas cuitas sangrientas, cuyas necesidades las consideraba faenas inevitables, así se lanzaba convencido el maestro. Era la fuerza de la verdad la que lo impelía a triunfar. La moral revestida de principios.

Era Martí partidario de la paz, del diálogo y el acuerdo, pero, si hubiese diálogo en aquellos opresores hubiese sentado con ellos. ¿Quiénes fuesen los dialogadores? ¿Quiénes acordado desembarazarse de negros y mulatos, cuyos brazos colmaban sus  haciendas de riquezas y buen vivir? Poquísimos en verdad. No obstante, la humanidad se encaminaba a un nuevo pacto. No era dable y correcta la esclavitud. Era, en muchos lugares ya, obsoleta y despreciable. Era propia de ogros y necios.

Pero quienes más lo entendieron por vivirla en carne propia fueron  cimarrones, negros de cuadra y de casa, los que trabajaban en el campo y en las ciudades y en gran número se unieron a su justa causa. Marcharon con el Apóstol, con Gómez y Maceo. Y, todos juntos se hicieron gigantes. Escribieron todos ellos la historia gloriosa de Nuestra América. La guerra por la Independencia en Cuba fue a su vez la guerra de los pueblos desde el Bravo hasta el Arauca. Do iba Martí pregonaba su presencia como el sol su verdad.

Guatemala no fue la excepción. Pasó el gigante por esta tierra, engalanó sus campos y sus calles con sus versos, prendió un corazón, más la causa era su mayor pasión. Con el puño apretado y el pecho dolorido llevóse entre los ojos y en el alma la almohadilla preciada de su amiga preñada en sus venas de amor por él y el dolor de saber que las ideas libertarias no podrían albergarlas tiranos que las pregonaban pero esclavizaban, mataban y expulsaban indios. Hombres que cantaban Reforma pero aplastaban pueblos. Soñó con las cumbres y los mares del país de los pinos entregando sus secretos de amor y desengaño al torbellino de su lucha y como queriendo despejar su frente, enrumbó a organizar.

Murió de frío la chiquilla, dijeron muchos, yo sé que murió de amor. Quedó Guatemala anclada al hierro del nuevo comendador.

Casó con otra y procreó un hijo de quien siempre se ocupó y supo ganar tiempo en medio del ajetreo de su misión. A tal punto que le escribió pensando en sus osadas mejillas al bebé centro de aquellos versos sencillos y los cuentecillos que adornan esa magnífica creación.

Partió luego al frente. El ejemplo había que corroborarlo con presencia y acompañamiento. Joven e impetuoso como era, imposible no quemar hormona en el fragor de la batalla máxime cuando erizada la corneta mambí tocaba a degüello.

¿Que murió Martí? No. Imposible. No murió. Tanto vive que no necesita espacios comprados: fresco aparece en cantos, risas y arengas populares.

Sus ríos de tinta han desbordado mentes, salones, selvas y campiñas. Sus coplas y prédicas han servido de estandartes y espadas. Los del Granma llevaban en el pecho inscritas sus palabras; la solitaria estrella refulgía sus rayos en el rostro de los que la admiraban. Se trastocó en el Che y en Fidel, en Yon Sosa y Turcios; en Farabundo, Roque y Mármol; en Sandino y Fonseca, en millones que hoy blanden la espada bajo sus harapos. Está escondida su mirada en la mirada de los obreros y sembradores, en los maestros y los discípulos, en el rostro moreno de indios y en cofradías negras.

El águila, como lo predijo, se lanzó sobre nosotros. Era su premura liberar a su patria para edificar barricadas y contener su fiereza contra su América, más no logró en su efímera mortalidad semejante hazaña. Tuvieron que hacerla sus prosélitos.

La misión que se propuso en vida está cumplida. La nuestra liberar al continente y con él al mundo de norte a sur y de occidente a oriente.

Desde el alto monte de la eternidad Martí vigila. Con su culto dedo señala al sur. Somos otro pueblo, nos recuerda, ni somos los primeros que habitamos América ni somos los que vinieron a invadirla. Somos su mezcla a la que luego se unió la de los descendientes de los padres de la humanidad. Los del África.

Con esa mixtura hemos compuesto pueblos gentiles y sabios, irredentos y bravos que en cuanto han servido, compartido y bailado también han combatido y arrasado. Cual río que canta feliz y manso dentro de los parajes selváticos, cuando es tiempo de asolar asolamos. Remansos de paz cuando paz se recibe, tormentas y fuegos para calmar los heridos egos.

Martí nos llama en esta hora fraterna a crear, pensar y organizar. La esclavitud moderna igual que la pasada ha quedado rebasada. Su fracaso es más que evidente más algunos conservarla desean pues similar que aquellos hacendados que pretendieron acopiar sus negros e indios, hoy pretenden atar hombres a su capital.

No sabrían que hacer, más el hombre tiene que ser libre, el uno de cadenas el otro de encadenar.

El hábito, la costumbre son engañosos. Hacen pensar que normal es esclavizar, enseñorearse sobre otros y, a otros, hacer pensar que es normal ser esclavo, sumiso y obediente a los designios de los demás.

La dignidad no se aprende de la noche a la mañana; se va construyendo de a poco, pero es necesario luchar y reflexionar. Es urgente saber y comprender que un cuerpo esclavo de otro, no es humano. Ni el primero porque es rebajado a la estatura de cosa y el otro a la estatura de abusador. Ambos deben ser libres para conversar, para cantar, para reír, para crear.  Compartir ideas, sueños, amistad.

No le alcanzó la vida al gigante, murió en plena flor más la flor de su prosa se diseminó como la hiedra en los muros. Adornó con sus rosas la historia de su pueblo y los nuestros. Cambió la pluma por la espada y luego ésta por la pluma. Blandía ambas con destreza original.

Su lengua en vez de expresar perfidias construía maravillas.

Luego de enlazar con su ideario a su pueblo, regó con su sangre su tierra para que de ella germinara para su América la semilla de dignidad y libertad.

Ha querido el destino que cayera en Dos Ríos, mas solo cayó su cuerpo. Su espíritu noble recorre los caminos, las cordilleras, las costas de esta geografía detonante que dando tumbos altivos derroca al bellaco rubio quien creyéndose el amo del mundo ha trocado en llaga. Poderoso magnate, dueño del fuego destructor, de caprichos excelsos y excesivos, no cultiva más que la guerra. No sabe más que de ella por eso en ella sucumbirá.

Desconoce su historia que preñada en la violencia desdeña la de sus vecinos. Miente a cual más, resultando enredado en sus patrañas. La vida es verdad pues sin ella no puede existir la cordialidad y el decoro.

De parte de los pueblos desconfianza y recelo, rabia y rencor. Llegará el momento en que confabulándose semejantes sentimientos corroan sus cimientos como las termitas socavan al árbol majestuoso que en medio de la sabana sucumbe presuroso.

La gloria de las naciones no estriba en destruir sino en edificar, empero, para poder erigir necesario lo viejo demoler. Desmontar la crueldad y la prepotencia, la ignominia y la falsedad es la tarea presente.

Ideas nuevas que vienen pregonándose desde tiempos del Apóstol y que él cual magnífico alfarero juntó experiencias diferentes y diversos matices, los cuales marcaron a sus aprendices. Nada es novísimo, todo está impregnado de los olores de pasado del pueblo y su amalgama. El maestro solo lo mezcló y agregándole su propia esencia lo hizo suyo y como cosa nueva lo lanzó a la fama. Es así la vida: una dialéctica precisa e invisible que ajusta todos nuestros actos y nuestros dichos. Él solo le dio voz y letra; lo adornó con versos y lo cantó en sus rimas.

Loas a Martí quien sabiendo vivir con la plenitud del astro rey supo morir en la consecuencia de sus palabras de lo cual se entienda que su cuerpo repose en su tumba pero su hálito se extienda a los corazones que luchan con esperanza. Que más ejemplo que el de un ser que no teniendo nada supo darlo todo. Que más lección de un héroe que alzándose sobre sus limitaciones pudo ver el futuro y alertarnos sobre los peligros del egoísmo. Que más talante de alguien que a pesar de su gloria supo vivir son sencillez y honradez. Que más desprendimiento de un humano que a pesar de poder hacerse de grandes fortunas optó por los sinsabores y las amarguras de una lucha desigual.

Venció Martí a la muerte. Trascendió su época y hoy su idea cabalga junto a la de los grandes. Aplasta las memorias artificiales cuya constancia la quieren construir los mezquinos a fuerza de propaganda y dinero. Enanos que solo pueden brillar con luz artificial. Cuando se  acaba el oro automáticamente se acaba también la bujía. Quedan en tinieblas. Más los héroes que  resplandecen con luz propia no necesitan neón, viven en la mente de los pueblos, repiten en sus vidas, transmutan  generaciones y siguen vigentes en sus altares sin rasguños ni heridas.

¿Acaso los pobres no recuerdan con tristeza y rencor las afrentas y con amor y tibieza las caricias? ¿Quién recuerda a sus verdugos? ¿Quien no conmemora a sus titanes?  ¿Dónde quedó Judas dónde el profeta? ¿Quién se ocupa de Caifás, quien de Pilatos? Pero, ¿Quién no recuerda a Gaicaipuru, Tupac o Lautaro? ¿Al Ché o a Fidel? ¿A Bolívar, Artigas o San Martín? ¿Qué sería de América sin su Apóstol José Martí?

Muchas gracias.

Carlos Guillermo Maldonado
Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala; Colectivo “La Gotera”

Guatemala, 19 de mayo de 2011

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Solicite el Octavo Borrador del ALMA al email

alternativamartiana@yahoo.es

(Este octavo borrador ha sido elaborado por los autores del anterior, los Licenciados Orlando Licea Díaz y Eulogio Rodríguez Millares, quienes intentaron incorporar los cientos de sugerencias y propuestas recibidas por INTERNET así como por los participantes en los talleres realizados en México (dos talleres), Caracas, la Habana y finalmente en Monterrey y Saltillo, -en las que participaron destacados intelectuales y políticos revolucionarios-. Queda abierto al debate como octavo borrador, para seguir perfeccionando la propuesta.


El 18 de mayo del 2008 en la ciudad de Monterrey Nuevo León México, el Dr. Armando Hart  Dávalos Director  de la Oficina del Programa Martiano de Cuba  y el Lic. Eulogio Rodríguez Millares entonces Cónsul General de Cuba en Monterrey,   refrendaron el compromiso para convocar a la construcción del Nuevo pensamiento del Siglo XXI, sobre la piedra inicial que en el año  2006 el  Presidente Hugo Chávez Frías puso en la Habana, Cuba  al convocar a construir una  Alternativa Martiana (ALMA) ya que la Alternativa Bolivariana (ALBA ), mecanismo gubernamental de integración regional,  camina por nuestra América, pero faltaba el instrumento para la movilización popular y el sustento filosófico que le diera continuidad al sueño Bolivariano y Martiano de la integración de nuestra América: por ello El ALMA del ALBA.

A partir de esos momentos con el trabajo y las ideas de estos dos Arquitectos: el Dr.  Armando Hart Dávalos y el Lic. Eulogio Rodríguez Millares, conformamos el Primer Comité Internacional y el comité organizador local para iniciar los trabajos en esta idea. Con esa estructura base se convoco a “La primera Conferencia Internacional Martí Juárez Lincoln, en el ALMA de Nuestra América”,  en octubre del 2009, en la ciudad de Monterrey, N.L., México.

Nuestra herramienta de pensamiento no puede ser copia de ningún otro modelo, sino expresión genuina de nuestras tradiciones e historia; de nuestras experiencias y culturas, hemos de incorporar el pensar de todos los grandes hombres de nuestra América y del mundo.

Para enfrentar los retos del mundo de nuestros días, es urgente trabajar  en la Alternativa Martiana para nuestra América (ALMA), si queremos propiciar la unidad de todas las fuerzas que luchan por un mundo mejor, y con ello, contribuir a evitar la extinción de la especie humana y la vida en la tierra. Observamos que la transformación del mundo de nuestros días y, en particular, en América Latina, pasa inevitablemente por la conquista de la segunda independencia de nuestros pueblos, lo que  requiere el surgimiento de  una nueva forma de pensar, de una nueva filosofía del siglo XXI, que sea la  guía del accionar para encontrar el camino de la unidad de todos aquellos que luchan por erradicar el actual sistema de injusticia y exclusión social, de discriminación de todo tipo y de dominación imperial en todos los confines de la tierra. Se trata de lograr tanto  la unidad  e integración  Latinoamericana, como  establecer una nueva relación  de respeto con los Estados Unidos y Canadá y con todas las naciones del mundo.

Hemos de articular las acciones de todos los movimientos sociales y políticos, que cada vez con mayor fuerza, surgen y se desarrollan, en aras del bien común de la humanidad. Esta etapa sería la premisa para alcanzar unidos la victoria definitiva frente a la injusticia y la arbitrariedad impuestas por el gran capital, que ponen en peligro la propia existencia de los seres humanos en la tierra. Que la cultura, la economía y la política se vistan de humilde, de indio, de explotado, de mujer, de niño, de pobre, de negro… y luchen denodadamente junto a ellos por la redención definitiva de todos los seres humanos.

Los retos a los que nos enfrentamos, obligan a generar una ofensiva cultural en  nuestros pueblos y naciones, entre naciones y entre generaciones; caracterizada por la necesidad de  lograr la emancipación y libertad de nuestros pueblos, y esta ruta pasa por el rescate critico de la historia de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños. Por supuesto, tomando en consideración el rescate critico de la historia de  la humanidad, en el que encontramos las teorías que hicieron posible la práctica política para el tránsito a sociedades superiores.

La crisis civilizatoria  que hoy enfrentamos puede prolongarse y  con ella el sufrimiento de la población, incluida la posibilidad cada vez más cierta de la extinción de la vida humana en la tierra. Es necesario enfrentar el Poder hegemónico del imperialismo mundial  para revertir esta situación y aminorar los efectos y sufrimientos que ocasiona el transito a una nueva sociedad. Requerimos la unidad de todas fuerzas sociales progresistas que luchan por un mundo mejor, y esto puede ser posible a través de un proceso de lucha de ideas que permita encontrar la ruta a seguir en ese enfrentamiento. El ALMA juega un papel fundamental no solo para los países del ALBA, sino para el mundo.

El Centro de Estudios del Ideal Latinoamericano, S. C., en su carácter de miembro del Comité Internacional de la primera y la segunda Conferencia internacional De La Alternativa Martiana y que nace como entidad asociada al ALMA.

C O N V O C A

A Todas las Comisiones o Comités del ALMA  de México, Cuba, Bolivia, Brasil, Venezuela, Chile, Uruguay, Argentina, Nicaragua, el Salvador, Guatemala, Ecuador, República Dominicana, Puerto Rico y todos los demás países de América Latina y el Caribe y del mundo, en particular de Estados Unidos, Canadá, Italia, que estuvieron vinculados a la primera conferencia internacional, a dar continuidad al  proceso de construcción del nuevo pensamiento filosófico del siglo XXI  o plataforma histórico cultural  mediante :

1.- Llevar adelante la propuesta de generar una ofensiva cultural, de manera inicial ampliando el proceso de discusión y aportación de ideas al  VIII documento borrador de la plataforma histórico cultural que anexamos a la presente convocatoria.

2.- Fortalecer y mejorar la organización de  los comités del ALMA que existen en cada país y el de la Comisión o el Comité Internacional del Alma

3.- Formar nuevos Comités por país, buscando la mayor socialización posible de la propuesta en el seno de los movimientos sociales, de organizaciones sociales y políticas en cada nación.

4.- Trabajar en  función de realizar entre junio y octubre del 2011 un encuentro de los comités del ALMA en cada país para debatir el borrador de la Plataforma Histórico Cultural que se anexa. (VIII al día de hoy) y proponer las sugerencias de modificación que estos talleres consideren. A partir de estos talleres se elaborará la propuesta de documento del ALMA de cada país, tomando como base la Plataforma Histórico Cultural en la forma definitiva que adopte.

 5.- Iniciar al mismo tiempo los trabajos de carácter organizativo para realizar la Segunda Conferencia Internacional del ALMA a fines del año 2011. Se propone  a la ciudad de México, D. F. como sede para su realización. Tomando en primer lugar las propuestas que den los comités del ALMA del país sede y coordinando estas con el comité internacional para lograr el más amplio consenso  Se retoman los propósitos, objetivos y propuestas planteadas en la convocatoria que se hizo para su realización en Caracas Venezuela en el 2010, la cual como es conocido fue suspendida. Debemos concluir una primer  etapa del ALMA durante el presente año con la entrega a los jefes de Estado de los Países del ALBA del la Plataforma Histórico Cultural, documento ampliamente debatido y consensuado en cada país y en la segunda conferencia Internacional.

6.- Se trabaja en la nueva página web: http://www.alternativamartiana.com, en la idea que este represente a todos los comités o comisiones.

Finalmente  solicitamos a todos los destinatarios de esta convocatoria, hacer la mayor promoción posible para de nuevo poner ante la opinión publica este proyecto de tanta trascendencia política.

“A cada cual, según su capacidad y a cada capacidad según sus obras y su educación.  Así no habrá clases privilegiadas ni preferencias injustas” “Socialismo es la tendencia natural a mejorar la condición o el libre desarrollo de las facultades físicas y morales.”
Benito Juárez

“Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna en alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y como se puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible  donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.”
José Martí.

“No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones hechas en otros climas, en algunos puntos no comprendemos ciertas transformaciones, en otros nuestro pensamiento es más avanzado pero seríamos ciegos si negásemos el paso de avance dado por el hombre en el camino de la liberación.”
Julio Antonio Mella.

“No queremos ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al Socialismo Indo-Americano”
José Carlos Mariátegui

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La guerra sin odio

Mientras se incita a  levantamientos, o se piden”noches de cuchillos largos”, jóvenes de hoy, dignos seguidores de nuestros pensadores, nos traen a un Martí que nos enseña: “Estamos para vencer […] hemos sido buenos, hemos amado mucho, no hemos odiado”, porque “Cuba es  un pueblo que ama y cree, y goza en amar y en creer”.

La guerra sin odio
Por Carlos Rodríguez Almaguer.

“Mi verso crecerá, bajo la hierba
yo también creceré”.
José Martí
27701_cuba1.jpgCuando el 25 de marzo de 1895 José Martí escribía con letras de alma y el espíritu de Cuba en el Manifiesto de Montecristi, que firmará junto al general Máximo Gómez, que “La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen, podrá gozar respetado, y aún amado, de la libertad que sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino -Ni del desorden, ajeno a la moderación probada del espíritu de Cuba, será cuna la guerra; ni de la tiranía- Los que la fomentaron, y pueden aún llevar su voz, declaran en nombre de ella ante la patria su limpieza de todo odio, -su indulgencia fraternal para con los cubanos tímidos o equivocados-, su radical respeto al decoro del hombre, nervio del combate y cimiento de la república, -su certidumbre  de la aptitud de la guerra para ordenarse de modo que contenga la redención que la inspira, la relación en que un pueblo debe vivir con los demás, y la realidad que la guerra es-, y su terminante voluntad de respetar, y hacer que se respete, al español neutral y honrado, en la guerra y después de ella, y de ser piadosa con el arrepentimiento, e inflexible solo con el vicio, el crimen y la inhumanidad”, no hacía sino confirmar aquellas tesis primigenias sobre la absoluta incapacidad del odio para servir de cimiento a la felicidad duradera de un pueblo, planteadas ya en 1873 en su escrito El presidio político en Cuba, y resumidas en esta lapidaria afirmación: “Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo”.


Difícil sería comprender la posibilidad de que se convoque a los hombres a matar y a morir sin emplear ese tósigo temible que destruye tanto a quien lo siente como a quien lo padece, al matador y a sus víctimas. Pero estamos hablando de un humanista, un poeta de versos y de obras.

¿Cómo explicar que el mismo que rechazará en frase breve la idea de inspirar el odio de una clase social contra otra, al referirse elogiosamente a Carlos Marx en 1883, porque “espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”, o el que en sus numerosos discursos revolucionarios sembrara entre las emigraciones resentidas y a veces rencorosas, la idea de que otros emplearan “el odio inútil”, porque “el cubano es capaz del amor”; el que señalará como a un villano a quien promueva entre los hijos de la isla el odio de las razas, o, aún más, el odio a España como cultura y al español como individuo, se viera obligado a organizar una guerra en la que, inevitablemente, habrían de morir por igual cubanos y españoles?

La ética martiana es sacudida por dos fuerzas igual de formidables y acaso contradictorias. Por un lado su horror a la violencia y a la sangre, que habría de dejar claro en su artículo Vindicación de Cuba como característica específica del cubano; por el otro, su absoluta incapacidad para permitir impasible la podredumbre moral con que el gobierno colonial de España consumía a Cuba. Entonces la única vía para conciliar y encausar la tempestad inevitable, era “dar respeto y sentido humano y amable, al sacrificio”, preparando a los combatientes de la víspera en una rarísima mezcla de fuerza y ternura que, siguiendo la mejor tradición cristiana, fuera a la vez capaz de compadecer a los propios asesinos, de arremeter con incontenible violencia contra los cuerpos armados del ejército colonial, y de perdonar a los que se declaran vencidos o arrepentidos, por no hablar de aquellos españoles que solo aspiran a vivir en paz en la misma tierra donde le han nacido los hijos, han construido sus casas y afirmado sus vidas.

Varios apellidos le puso a la guerra, terrible en esencia, para amortiguar acaso el impacto de su significación en el ánimo de los libertadores y evitar que excesos de pasión, en la mayoría de los casos justificados por anteriores crímenes cometidos en las familias cubanas por los colonialistas españoles, los convirtieran en asesinos y mancharan con la crueldad la noble causa de la independencia de Cuba. Así, vemos como en diferentes escritos se refiere a la “guerra necesaria”, “necesaria y breve”, habla también de la “justa cólera”, y poco a poco va introduciendo en las conciencias de aquellos cubanos ofendidos, humillados, que habían perdido a seres queridos a manos de la maldad del régimen, la idea de que la guerra había que hacerla sin odio.

Habrá que hurgar más aún en lo hondo de la historia para tener otro ejemplo de repulsión a la idea de una guerra en la que, inevitablemente, habrían de morir muchos hombres y de llorar muchas madres… y a la vez de apasionada entrega a su organización, aprovisionamiento y desenlace. Pero siempre quedará en nuestro ánimo la sensación de la grandeza de aquel noble soldado de la luz que, puesto el pie en el estribo que lo llevará a la muerte, escribe en breve carta a su madre: “Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza”.

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Por José Aurelio Paz Foto: Archivo| Viernes, 28 de Enero de 2011 

 

José MartíHoy me levanté con una flor en el pecho. Flor invisible que se fue, por ese hilillo de mi memoria, a mis manos de niño. Niño con maestra, casi novia, camino de la escuela para depositarla allí, junto a aquel pedazo de hombre hecho de piedra, del cual solo conocía los hombros y su cabeza por el busto, y que le llamaban Apóstol; único guardián que tenía mi Bandera, esa de “tres listas azules y dos listas blancas”, ¡tan listas!, que se hicieron bordar “un triángulo rojo y una estrella de plata….” 

Hoy me levanté y redescubrí la obsesión por recitar de memoria —casi sin memoria ya— aquellos versos donde la sencillez bebe del alma, y el alma del sueño, y el sueño es una patria —geografía invisible para la niñez que se imagina como el patio de la casa—, tierra que se enyerba o florece, donde unos cultivan cardos y otros rosas, según la vocación de cada mano.

Era yo, entonces, un grano de mostaza sin toda la gloria del mundo en mí, que solo la maestra fue guardando, de a poquito en cada clase, cuando sembraba célula a célula, desde su voz emocionada, aquel pie descalzo de adolescente como yo, que sufría el grillete “de mortales engaños,/ y de sublimes dolores.”

Y así crecí, desde mis pequeñeces, por tratar de poner “la mano osada,/ de horror y júbilo yerta,/ sobre la estrella apagada/ que cayó frente a mi puerta” hasta llegar a aquí, a este instante en que la Patria tiembla, porque somos todos Cuba ante una travesía nueva, montados en el mismo yate que trajo una vez, también, a insomnes navegantes para redimirnos del yugo que te hizo caminar, lacerado y glorioso, hacia el Gólgota de Dos Ríos.

¡Ah, Martí de mis amores, no me abandones que esta plegaria no es sólo mía! Es de todos quienes te pedimos, en esta hora, que no duermas.

Enséñanos a subir otra vez la montaña con la misma mirada límpida, fija en la cumbre, de la muchacha manzanillera que te colocó donde debía.

Que la paloma vuelva a posarse en el hombro de aquel barbudo que nos sopló su espíritu para no perecer, otra vez, bajo el yugo de la ignominia.

Que nos acompañe, en esta nueva maniobra, el mismo ahogo de una boina con la Estrella ya encendida y rescatada, que frente a la puerta de este pueblo convirtió el asma en heroísmo y su mirada en permanente lumbre.

Que no nos falte el café, pero tampoco la vergüenza de hacer un país nuevo como aquel soñado desde la Libertad, mientras ella, angustiada, sorbía la sangre de tantos hijos tuyos, por sobrevivir alzando en sus manos la Estrella rediviva, que volvemos, una y otra vez, a rescatar.

Exorciza ese gran necio que habita en nosotros y muchas veces no nos permite ver más allá del meñique, que prefiere morir en el esquema ante el riesgo de ser creativo para reinventarnos en este otro viaje, donde la inteligencia y la virtud nos pongan raíz y ala, como tú pediste, para llegar desde este estrecho arroyito, por donde navegamos, a mar abierto y democrático.

Sálvanos del error innecesario, de toda burocracia inútil, de la vil discriminación por cualquier causa, de todo acomodamiento, de la falta de aliento común, del poder que no lleve implícito el don de la humildad y del servicio.

Ayúdanos a descubrir los matices en cada acto, como esas levedades sonoras que contrastan con los grandes andantes de una sinfonía, para que la música fluya desde dentro, limpiándolo todo, como respeto a los contrastes entre el ojo tan negro del canario y el amarillo vibrante de su pluma.

Chamán de la honradez junto a Bolívar y a San Martín, impide que Nemesia pierda sus zapaticos blancos; que “la niña mala” del romance de Ferrer pueda seguir llevando en sus manitas una flor para la maestra; que el tan controvertido verso del Tengo, de Guillén, vuelva a ser una realidad en nuestras vidas desde una perspectiva más austera; que aprendamos a valorar y a cuidar hasta al gorrión más simple que picotea la mata de savia del patio y moja sus plumas en el regadío del campo.

Úngenos de tu gracia y tu pasión en las cartas a Carmen. Sostennos en brazos como a tus Ismaelillos. Edúcanos una vez más. Cámbianos la cabeza las veces que sea necesario, sin necesidad de dañar el corazón.

Ahora, y en la hora de nuestra vida, “no nos dejes caer en la tentación/ de olvidar o vender este pasado”, como decía Benedetti, y ayúdanos a entender tus profecías, tus conjuros desde las esencias de como cuidar la Estrella heredada, para que no sea pisoteada por la bota; de aprender con Nitza a macerar los versos de Heredia, junto a los Cintio y de Lezama, en una nueva pócima de “huesos alumbrados”, a lo Carilda.

Muévenos el alma al camino con la generosidad que hasta aquí nos ha alcanzado hacia el más débil, al amigo lejano y más pobre, aún, que nosotros; con o sin sandalias, con los pies frescos o llagados, pero caminando siempre.

Concédenos tu gracia, pero, sobre todo, repréndenos si no somos sinceros y rectos como la Palma para que fluya el verso cotidiano; ese endecasílabo rebelde de la décima o esa cuarteta amorosa que, definitivamente, queremos construir desde nosotros mismos sin tantos accidentes poéticos, cuando ahora sí, de verdad, “La era está pariendo un corazón…y hay que quemar el cielo, si es preciso, por vivir.”

No nos desampares, sigue ahí con la pupila insomne de Villena. ¡No nos falles, Martí, no nos falles que no te fallaremos…! ¡Que no te fallamos!

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Por Carlos Rodríguez Almaguer.

“No basta nacer. Es preciso hacerse”.
José Martí

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Los que participábamos en la clausura de la primera Conferencia Internacional José Martí: Por el equilibrio del mundo, aquel 29 de enero de 2003 en el Palacio de las Convenciones de La Habana, recordaremos siempre la pregunta con que Fidel comenzó su discurso: “¿Qué significa Martí para los cubanos?” Y recordaremos aún más la respuesta que, luego de analizar un párrafo del texto martiano El presidio político en Cuba, sobre la existencia de dios en la idea del bien y la lágrima como fuente de sentimiento eterno, dio el Comandante a su propia pregunta: “Para nosotros los cubanos, José Martí es la idea del bien que él describió”.

Conocida es para todos la máxima legada por el Maestro en su artículo Maestros Ambulantes, publicado en Guatemala, donde nos dice que “Ser culto es el único modo de ser libre”, pero no siempre recordamos la oración anterior que constituye otra máxima de vida y en la cual nos revela que “Ser bueno es el único modo de ser dichoso”. Profundizar en el estudio y significación de estas dos verdades esenciales, más allá de una repetición cómoda y superficial que termina por convertir cualquier evangelio en mera consigna, bastaría para contribuir de manera eficaz a la formación de mejores seres humanos. Y en esto es bueno dejar sentado que cuando nos referimos a esa formación no estamos hablando solamente de las nuevas generaciones, sino de todos los hombres y mujeres que vivimos estos tiempos que él mismo llamaría “de reenquiciamiento y remolde”, porque a fuerza de destruir el medioambiente, de fabricar bombas y armas de destrucción cada vez más sofisticados y de ensayar a escala universal la enajenación de los hombres hasta hacerlos besar y bendecir la daga que los degüella, no le va quedando mucho tiempo de rectificación a nuestra desdichada especie.

Que cualquier idea por elevada y noble que sea tendrá en la práctica únicamente el valor que sean capaces de darle, en sentimientos, palabras y hechos, aquellos que dicen defenderla, no hace falta repetirlo; que ninguna doctrina política, filosófica, ideológica o religiosa sobrevive en la práctica social más allá del punto en que sus sacerdotes le deshonran el templo, es una verdad vieja; que a la patria se le honra tanto con la vida pública como con la privada, es algo conocido; que cualquier obra de amor, como lo ha sido la Revolución martiana de 1959, ha tenido siempre muchos enemigos, no es tampoco nuevo; y que los hombres somos el resultado de nosotros mismos, también lo conocemos.

Cuba tiene, en sus poco más de dos siglos de forja de la nación, una cantidad enorme de paradigmas, en proporción, no solo al tiempo histórico, sino también  a su espacio geográfico. Nadie podrá negar que, desde los inicios, fue el seguir a determinados paradigmas universales, continentales o regionales, lo que  inspiró a nuestros padres fundadores en su labor primigenia. Luego, cuando con sus sacrificios en los cadalsos, en las prisiones y en los destierros, los hombres de pluma y de palabra se fueron convirtiendo ellos mismos, acaso sin saberlo ni pretenderlo, en los primeros paradigmas de la incipiente cubanía, entonces comenzamos a nacer como pueblo y como nación, pues ellos se habían puesto de semillas para que germinara el sentimiento que daría “luego a los generales ejércitos para sus batallas”.

El referente histórico se convirtió para José Martí en arma principal de toda su actividad política, ideológica y sociocultural. Poniendo por delante el reflejo de las mejores vidas de aquellos que veían más allá de donde alcanzaba su bolsillo y veían los intereses de la patria; de esos que, puestos de pie sobre el yugo miserable de la ignominia, colocaban en su frente honrada la estrella “que lumina y mata”, Martí se convierte en Apóstol no solo de la independencia de Cuba, sino de aquella a la que él mismo llamó República Moral, donde cada hombre defendiera como cosa sagrada, “como de honor de familia”, la dignidad y el decoro de cada cubano, y donde nadie permitiera nunca que se ultrajara, ni en los demás ni en sí, a la tierra sagrada donde se vino al mundo.

Cada conmemoración del 10 de octubre, cada artículo de prensa, cada carta a compañeros de lucha, a amigos íntimos, a familiares, iría permeada de aquella idea encarnada en él de que la dignidad, el honor y la grandeza de la patria solo podría hacerse visible a través de la actitud cotidiana de sus hijos. Así, en respuesta al menosprecio y la ofensa lanzada contra los cubanos por la prensa yanqui, traza en su artículo Vindicación de Cuba, a partir de unos cuantos nombres de cubanos ilustres, el deber ser de un pueblo que apenas si existía en la diáspora de las emigraciones, donde el ejercicio de la libertad le permitía al cubano el despliegue de sus poderosas facultades, pues la otra parte, era llaga adolorida que padecía bajo la bota colonial de España, y cuyos mejores hijos morían asesinados o tuberculosos en las prisiones africanas.

Martí, como haría Fidel un siglo después, no solo nos enseñó el pueblo que éramos, sino que nos dibujó en el horizonte el pueblo que debíamos y podíamos llegar a ser, aún cuando tanto ellos como nosotros sabemos por la historia que nunca han logrado los pueblos empinarse hasta el punto que les ha sido trazado por sus hombres magnos, pero nadie se atrevería a negar que cuanto han crecido lo deben al empeño colectivo puesto en querer alcanzar esos pináculos. Ese horizonte, en tanto utopía, sirve sobre todo—como dijera  un sabio americano—para  eso, para caminar. Cómo si no, explicaríamos el milagro de que un pequeño país como Cuba, insular, con mínimos recursos naturales, sobre la base material de una economía renqueante por diversos motivos, entre ellos ese odioso monumento a la impotencia imperial que es lo que resultan al cabo el bloqueo y la guerra económica yanqui, pudiera alcanzar en el brevísimo plazo de cincuenta años, con hechos y realizaciones concretas, los beneficios que ha alcanzado la Revolución para los cubanos y para los pobres del mundo con quienes echó su suerte.

Cómo explicar la conducta de nuestros combatientes en África, de nuestros maestros en Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Ecuador; de nuestros médicos en medio mundo, sobre todo en aquellos lugares donde la filantropía de otros demuestra su inferioridad con respecto a la solidaridad promovida desde siempre por la Cuba Martiana, como está ocurriendo ahora mismo en el combate a muerte entre el humanismo más puro y la epidemia más terrible que se libra en las dolorosas tierras haitianas.

A ese Martí Maestro, vivo y vivificador, es al que debemos buscar y enseñar los que queremos a Cuba, a América y a la Humanidad, para que nos sirva de alimento al alma y de sostén al cuerpo en estos tiempos tristes y definitivos donde resalta por contraste terrible aquella verdad tremenda contra la cual cada uno deberá medir sus actos: “En la arena de la vida luchan encarnizadamente el bien y el mal. Hay en el hombre cantidad de bien suficiente para vencer: ¡Vergüenza y baldón para el vencido!”

Enviado por su autor


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Por Armando Cristóbal Pérez

Deseo establecer algunos de los vínculos más profundos entre el pensamiento y la obra de José Martí -el escritor y prócer de la independencia cubana del siglo XIX-, con los orígenes de la revolución que triunfó el primero de enero de 1959 bajo la dirección de  Fidel Castro, para subrayar su contemporaneidad. Fue el propio Comandante en Jefe quien, en su famoso alegato de autodefensa “La Historia me absolverá”, casi desde el inicio lo dijo con toda claridad: “…se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. ¿O será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de julio?”[i] 

Pero, Fidel no sólo reconoció -ya en ese momento-, la autoría intelectual del Héroe Nacional cubano en el inicio de un proceso de renovación social, patriótica, ética y política, que significaba comenzar por la organización y realización del asalto a los cuarteles de la dictadura, Moncada y Céspedes; sino que para ello, aceptó traer en el corazón “las doctrinas del Maestro”.[ii] Y, tras hacer un análisis de los condicionamientos de toda índole que hacían inevitable y urgente el derrocamiento de la tiranía y la apertura de una época nueva para la nación y la república, así cómo describir los sectores del pueblo para los que se convocaba la revolución; luego de exponer un panorama histórico de las ideas sociales y políticas universales que por su vocación popular y democrática precedían la acción de los revolucionarios cubanos; concluyó con una de las más profundas y emotivas evocaciones que se han hecho de José Martí: 

Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico  desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, que sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!”[iii]

¿Cómo explicar este entrañable nexo entre el adalid de la rebelión iniciada en 1953 y aquél que constituye en la memoria histórica de la nación, el mejor de todos los cubanos? No es mi propósito hacer un recuento histórico. Pero es indispensable -para dar respuesta a esa pregunta-, esbozar brevemente algunas características de los contextos en que vivió y murió Martí, para comprender la vigencia en nuestra época y-con respecto a la revolución cubana-, de su ejemplo y sus ideas.

 Martí -nacido en 1853 y muerto en combate en 1895-, ocupa con su presencia la historia nacional desde la segunda mitad del siglo XIX cubano. Un siglo tremendo, que como conocen ustedes por la propia experiencia histórica de sus respectivos países,  ha sido extraordinario para el futuro de la humanidad por diversas razones. En Cuba, fue la etapa durante la cual –maduras la propia identidad y la nación- los “criollos” decidieron defender su derecho a la autodeterminación, y luchar por su independencia de un régimen colonial cuatro veces centenario. Para Martí, hijo de un modesto oficial valenciano y de una sencilla ama de casa, originaria de una de las Islas Canarias, implicó –desde el principio- un doble enfrentamiento: en su casa, cubano hijo de españoles; y en el país, independentista frente al régimen colonial. Así recibió su primera lección.

 Es necesario reconocer la dificultad de identificar como un todo -antes y ahora-, lo español. Como es conocido, la conquista y primera parte de la colonización de América, la realizó sólo la Corona de Castilla, que al propio tiempo hizo la de las Islas Canarias; con posterioridad, se incorporaron a la aventura americana, los canarios de origen europeo, y los miembros de otras nacionalidades y regiones de la monarquía imperial, incluyendo los de la Corona de Aragón, entre ellos los del reino independiente de Valencia, la que durante el siglo XIX fue un foco del liberalismo. Los padres de Martí, aunque integrantes de la sociedad española en Cuba, en mayor o menor medida poseían valores éticos y patrióticos heredados de sus respectivas comunidades originarias, los que contribuyeron a la formación del carácter de su único hijo varón. Mediante tales cruzamientos biológicos y culturales (al decir de Don Fernando Ortiz, “transculturación” ), entre los hispanos -que llegan a ser españoles verdaderamente en América-, y de estos con los esclavos africanos, y con los colonos chinos, y de éstos entre sí, y con otros europeos y americanos) se formó en el continente, primero el “criollo” y después, el nacional.

 Y Martí fue un criollo, desde el momento mismo en que comenzó a pensar, actuar y expresarse en su medio y contexto. Desde que acompañó a su padre al escenario de la brutal realidad de la ciudad opulenta y a la de la exuberante campiña, ambas pervertidas por el despotismo y la esclavitud, lo que constituyó para él una nueva lección. Y desde que la viva inteligencia natural y la aguda sensibilidad emocional y artística de sus espléndidos 12 años –no obstante la humildad de su origen-, recibió también la más exquisita, moderna y patriótica formación en la escuela pública que dirigía su maestro José María de Mendive, poeta e independentista, quien encontró en el hijo de Don Mariano y Doña Leonor,  uno más de los suyos. A través de él, Martí conoció, aprehendió y desarrolló las razones y sentimientos que hicieron de él un joven cubano revolucionario, gracias a la tradición emancipadora del presbítero Félix Varela, la de José de la Luz y Caballero, la del primer poeta nacional José María Heredia y la de los más importantes pensadores de la cultura universal de su época.

 El ambiente de aquella escuela -acosada por las autoridades coloniales -, originó un conflicto entre Martí y un condiscípulo integrista, que lo llevó a la cárcel; y en ella, sufrió en carne y espíritu, el fuego de un infierno que por siempre dejaría huella en él. Pero en 1869 -tras aquel año en el que Carlos Manuel de Céspedes diera el grito de ¡Independencia o Muerte!, al tiempo que liberaba a sus esclavos para luchar juntos por la libertad y la justicia-, escribe su primer poema personal, su primer artículo político, su poema dramático Abdala. En ese año, su maestro es condenado por un Consejo de Guerra. Entonces escribe el soneto ¡10 de octubre!, que muestra la talla del hombre que se fraguaba en aquel crisol:

 No es un sueño, es verdad: grito de guerra

Lanza el cubano pueblo, enfurecido,

El pueblo que tres siglos ha sufrido

Cuanto de negro la opresión encierra.

 

Del ancho Cauto a la escambráica Sierra,

Ruge el cañón, y al bélico estampido,

El bárbaro opresor, estremecido,

Gime, solloza, y tímido se aterra.

 

De su fuerza y heroica valentía

Tumbas los campos son, y su grandeza

Degrada y mancha horrible cobardía.

 

Gracias a Dios que ¡al fin con entereza

Rompe Cuba el dogal que la oprimía

Y altiva y libre yergue su cabeza![iv]

Tiene entonces Martí apenas 15 años y al elegante estilo literario de su primer soneto se unen los principios que ya le animan: el amor por la Patria y la Libertad. En 1870 es deportado a la Isla de Pinos, y su madre logra mediante súplica, se le conceda un permiso para trasladarse a España. “Durante su vida española –dice Roig de Leuchsenring-, no olvida un solo momento el afán de laborar por la independencia de su patria; mantiene íntimo contacto con los patriotas cubanos (…); sostiene polémicas periodísticas con los defensores de la integridad española (…)Al salir de España en diciembre de 1874 visita varias ciudades europeas (…); en febrero de 1875 llega a México…” [v]  

Martí no se detiene. Viaja por Centroamérica, escribe nuevas obras, publica, diserta, polemiza. Regresa a Cuba con su mujer e hijo, aprovechando una Amnistía General, y en 1879 de nuevo es deportado a España (por conspirar contra el régimen colonial). La doble estancia en España, le descubrirá la existencia de dos sociedades en perpetua lucha: la noble y generosa del pueblo, y la autocrática del Estado monárquico. Nunca olvidará esta nueva lección, que será por siempre –a partir de entonces y hasta hoy- parte de la cultura política del pueblo cubano y de sus revolucionarios; lo que entre otras razones, ha permitido alcanzar un sentimiento nacional no chovinista, que se encuentra presente en el pensamiento de Fidel Castro; y en el carácter del enfrentamiento de la revolución cubana, que lucha contra el imperialismo estadounidense, pero no contra el pueblo estadouidense. Es la base del internacionalismo martiano, que diferencia al valorar,  los pueblos y sus gobiernos. Principio que se expresa en el apotegma Patria es Humanidad. 

En enero de 1880 arribó Martí a New York por primera vez, y el día 24 daba lectura al primero de sus discursos sobre asuntos políticos y revolucionarios ofrecidos a los emigrados cubanos. Es aquella conferencia en la que -tras el saludo inicial-, expresa uno de sus más famosos apotegmas: El deber debe cumplirse sencilla y naturalmente.[vi] Las diversas reacciones ante la inesperada y extraordinaria oratoria, originaría la necesidad en el autor de acompañar su publicación con una nota aclaratoria, sobre la relación entre la exaltación y el raciocinio en la expresión de su verbo, “puesto que decir, es un modo de hacer” [vii] 

El 30 de enero de 1895 va en busca de Máximo Gómez, el querido amigo dominicano, el Generalísimo de las guerras independentistas cubanas, el que enseñó a los cubanos a usar el machete como arma de guerra, quien lo espera en la hermana tierra haitiana –donde firman juntos el hermoso Manifiesto que establece sus principios  y decisiones para liberar a Cuba y Puerto Rico-, etapa final de su itinerario vital, antes del regreso a Cuba para reiniciar  la lucha en la isla. Atrás quedaba esa estancia en los Estados Unidos durante casi quince años ininterrumpidos, que había constituido una esencial  experiencia como persona, como artista, y como revolucionario. 

El día 28 de ese mes había cumplido sólo 42 años, pero la plenitud e intensidad de su acontecer parecería corresponder a un tiempo mucho mayor de vida. Especialmente su etapa de madurez en Estados Unidos. Sus cartas, sus crónicas, sus discursos, sus poemas, muestran “…la mirada del inmigrante José Martí (…pero), no fue en modo alguno la visión ingenua del inmigrante por razones solamente económicas (…) A partir de 1892, este inmigrante dedicará todas sus  fuerzas y  recursos, a la preparación de la “guerra necesaria” y al Partido Revolucionario Cubano”.[viii]  A estas actividades “sacrificó vocación, fama , familia y vida (…) ese esfuerzo es liderado por un Martí deslumbrante, ardiente en su propio fuego, demiurgo creador  de un discurso integrado por decenas y decenas de intervenciones públicas,  que constituyen una de las fuentes más valiosas para el conocimiento político americano, de su espléndida oratoria, de un periodismo excepcional, de uno de los monumentos de la lengua (…) Es en esos textos donde aflora la expresión más libre del genio martiano, en sus valores éticos y estéticos”.[ix] 

En el ámbito de la práctica política, durante su estancia estadounidense, la genialidad de José Martí aportara varias experiencias indispensables para consolidar la unidad de acción de los revolucionarios. Será una, la creación de clubes, que a manera de red, organizarán territorialmente la emigración patriótica; será otra, la creación de un periódico, que no sólo enlazará comunicativamente a los emigrados y a éstos con los que en la isla también se preparaban, sino que será el órgano –noticioso, divulgativo, orientador- de un Partido. Será ésta una de sus más importantes iniciativas,  la creación de un Partido para organizar la guerra necesaria: el Partido Revolucionario Cubano. Y ya, en enero de 1892, presenta a los dirigentes de la  Convención Cubana, un esbozo -escrito por él-, de los documentos que regirán la nueva organización, aunque sujetos todavía a su redacción definitiva y su aprobación general.[x].     

Pero sin lugar a dudas, el mayor descubrimiento de Martí durante su estancia en los Estados Unidos -en la época de la máxima expansión y desarrollo del capitalismo pre-monopolista-, fue reconocer la emergencia de un nuevo Imperio. En su última carta (inconclusa) del 18 de mayo de 1895, a su amigo mexicano Manuel Mercado, lo expresa de manera tan clara y precisa, que la cita, aunque parcial, resulta inevitable. 

Tras reconocer el riesgo de vida que entrañaba su presencia en plena manigua insurrecta –puesto que entendía su deber y tenía ánimos con que realizarlo-, daba a conocer  el objetivo principal por el que se arriesgaba: “…impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”; y a continuación subrayaba: “…Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso…”[xi]  

Dichas frases paradigmáticas transforman la misiva al amigo lejano en un testamento político. Se trata de la síntesis de una práctica vital, que habrá de conformar a la larga,  parte de la cultura política del pueblo cubano: “…impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles  (y el subrayado es mío), el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al norte revuelto y brutal que los desprecia…” [xii]

 Aquí se hará manifiesta también la huella de su estancia estadounidense “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas:- y mi honda es la de David.”[xiii]  Quien conoce la revolución cubana en sus textos y en sus actos, sabrá cuánto significan y de qué manera resultan vigentes esas frases, y el profundo significado de esa penúltima lección ofrecida por Martí a todos los pueblos para el futuro: el suyo, los del resto de Nuestra América y el de todos aquellos que se encuentren en situaciones semejantes.

 En el caso de Cuba, no habrá que entender la existencia de un vacío entre la muerte de Martí y la revolución iniciada en 1953, que es la de 1959, que es la de ahora. El proceso histórico, que transcurrió entre ambos momentos estuvo preñado por la continuidad de luchas sociales y políticas, e iluminado por el pensamiento y el ejemplo martianos en todas ellas, a través de numerosas y diferentes generaciones que así lo asumieron. Y de otras maneras de pensar y hacer también, que se unieron al proceso revolucionario para enriquecerlo. Porque la muerte de Martí y la del General Antonio Maceo, habían precedido las acciones intervencionistas del  imperialismo estadounidense en contubernio con el senil Imperio español en la isla irredenta, sometida primero a un Protectorado,  devenida república neocolonial después, finalmente tiranía castrense.

 Entonces, el pensamiento y las lecciones martianas  se difundieron como nunca antes. Y si en algunos casos sirvieron para el enmascaramiento de actividades politiqueras, conservadoras y liberales principalmente; también pasaron a formar parte de los movimientos obreros, campesinos, estudiantiles e intelectuales  y  de las agrupaciones socialistas de la época. En realidad, los primeros vínculos entre la doctrina martiana y el pensamiento socialista se habían producido desde antes de la muerte del Maestro; y en gran medida a través de su amistad con Carlos Baliño, uno de los muchos patriotas que profesaban también las ideas del socialismo. Sería el propio Baliño, quien diría en 1893, en una velada patriótica de la que sólo ha llegado a nuestros días un fragmento publicado en el periódico Patria, lo siguiente:

 “Aunque Martí es una inteligencia privilegiada, no es por esto que se lleva tras de sí el corazón del pueblo. (…) Es que además de ser lumbrera, una inteligencia privilegiada, es algo muy superior a esto, es un carácter, una consciencia augusta, un corazón amante y generoso, cuyas fibras, así como las cuerdas de un arpa eólica (…) responde a todos los gemidos y suspiros de los seres que van por la tierra abrumados bajo el peso de sus cadenas y de sus dolores. [xiv]

 La imposición por el imperialismo estadounidense de un virtual Protecorado a Cuba,  al término forzado de la guerra por su grosera intromisión en la guerra y ocupación militar de la isla, entre otras consecuencias muy graves sumió a las fuerzas revolucionarias y patrióticas cubanas en un estado de frustración, que duró los primeros tres o cuatro lustros del siglo XX. Pero, paulatinamente se produjo una reacción positiva, a partir del renacimiento de la conciencia nacional y la reorganización patriótica de todo el pueblo. Durante ese triste período, sólo el pensamiento y el ejemplo martiano, mantuvieron su capacidad regenerativa. En la década de los años veinte la efervescencia se manifestaba en los sectores estudiantiles universitarios; entre artistas, escritores e intelectuales; entre las organizaciones obreras y campesinas. Hasta los partidos de la burguesía –con respecto a sus propios fines- se reanimaron para las contiendas electorales y pretendían ser continuadores de la doctrina martiana.

 La población -mientras tanto- expresaba el dolor por su ausencia y comprendía la necesidad de recuperar su dirección, mediante el canto de una clave[xv], parte de cuya letra -de autor anónimo-, decía: “Martí no debió de morir,¡Ay!, de morir. Si fuera el maestro y el guía, otro gallo cantaría, la Patria se salvaría y Cuba sería feliz”.

 A finales de la segunda década del siglo XX, se fundaba  el primer Partido Marxista cubano. Su Primer Secretario sería Julio Antonio Mella, también Presidente de la recién electa Federación Estudiantil Universitaria. Y Mella, defensor de las tradiciones nacionales y propulsor de un marxismo creador, ya era entonces un ferviente admirador de José Martí. Hablaba en 1926 sobre su anhelo de escribir un necesario libro sobre él, para enfrentar la utilización espúrea y la manipulación de su pensamiento. Y entre otras razones, para no haberlo hecho, argumentaba:

 “…tengo temores de de no hacer lo que la memoria del Apóstol y la necesidad imponen. Bien lejos de todo patriotismo, cuando hablo de José Martí, siento la misma  emoción, el mismo temor, que se siente ante las cosas sobrenaturales (…) Es imprescindible que una voz de la nueva generación, libre de prejuicios y compenetrada con la clase revolucionaria de hoy, escriba ese libro(…) Hoy, (Martí), igualmente revolucionario, habría sido quizás el intérprete de la necesidad social del momento (…) En su bello trabajo sobre los mártires de Chicago nos habla de “cómo esta República  -los Estados Unidos- por su culto a la riqueza ha ido cayendo en los mismos vicios de los imperios”[xvi] 

 Tras el asesinato de Mella por las fuerzas reaccionarias, la historia de Cuba fue la misma que la del resto de las repúblicas latinoamericanas: corrupción, dictaduras, hambre y muerte para la población más humilde; riquezas y privilegios para los poderosos. Y -como un siniestro recordatorio de la advertencia martiana-, innumerables intromisiones de los Estados Unidos, incluyendo invasiones militares. Mientras, la memoria martiana  crecía a cada momento.

 No pretendo ser exhaustivo. Sería imposible. Sólo he querido introducirlos en una de las esencias de lo cubano: la presencia de José Martí en nuestra revolución. Por eso, cuando tras la década de los años 40 del siglo XX, la república neocolonial parecía encaminarse a un proceso de institucionalización democrática, y casi de inmediato desembocó en la etapa disoluta de los años 50 con participación de la Mafia estadounidense y el imperialismo -en acción farisaica-, apostó de nuevo por la mano dura de la tiranía Batistiana; entonces, la llamada “Generación del Centenario” liderada por Fidel, retomó las lecciones martianas y las aplicó al calor de los nuevos tiempos.

 En 2006, el periodista Ignacio Ramonet realizó una larga entrevista a Fidel Castro, publicada con el título Cien horas con Fidel. El capítulo I del libro (Antecedentes de la revolución), se inicia con la siguiente pregunta:

 -Comandante, en el año 2003 se celebró, no sólo el aniversario 150 del nacimiento de José Martí, sino también el aniversario 50 del asalto al Moncada. ¿Se puede decir que aquel 26 de julio de 1953 empezaba la Revolución Cubana?

 Para darle respuesta a tal pregunta -durante casi 25 páginas-, fue necesario que se sucedieran numerosas indagaciones y contestaciones entre ambos interlocutores. En lo que corresponde a este tema, me gustaría terminar con algunos fragmentos de esas intervenciones esclarecedoras de Fidel.

 -“No sería absolutamente justo, porque la Revolución Cubana comenzó con la primera guerra de independencia en 1868. Se inició por Oriente, el 10 de octubre de ese año; la dirigió un cubano bien preparado, Carlos Manuel de Céspedes (…) El mérito de Martí, su mayor mérito es el siguiente: se acaba la guerra aquella que tuvo lugar entre 1868 y 1878, él es un joven intelectual y patriota, poeta, escritor, con ideas independentista, tiene entonces sólo 25 años de edad al finalizar la contienda y comienza a dar los primeros pasos en el camino que  lo llevaría a la unión y dirección de los veteranos de aquella dura y gloriosa guerra de diez años.(…) Martí logró unirlos. ¡Que talento y capacidad! (…) Elabora una doctrina, desarrolla la filosofía de la independencia y un pensamiento humanista excepcional. (…) Más de una vez habló sobre el odio: “No albergamos odio contra el español”.[xvii]           

 (…) Desarrolla, además, una concepción integradora para América Latina. (…) Antes de partir al combate, Martí está redactando una carta a Manuel Mercado (…) Es extraordinario lo que dice(…) Esa es la herencia increíble  que nos deja aquel hombre  a los revolucionarios cubanos. (…) Yo empiezo a adquirir una cultura política, así, con esas palabras (…) Cuando el ataque al Moncada, en 1953, había leído lo suficiente sobre el socialismo, tenía un pensamiento martiano desarrollado y además, ideas socialistas radicales, un pensamiento que he sostenido después firmemente a lo largo de toda mi vida. Por eso cuando usted dice que la revolución comienza el 26 de julio de 1953, nosotros  decimos que comienza el 10 de octubre de 1868 y se prolonga a lo largo de la historia”[xviii]

 Dr. Armando Cristóbal Pérez

Campamento de Bejucal,

Brigada Internacional “Primero de Mato”

La Habana, 26 de abril de 2010.              

 


[i] Castro, Fidel. La Historia me absolverá. Ed. Anotada. OP-CE. La Habana, 1993. Pag. 34.

[ii] Ibidem.

[iii] CF. Ob. Cit. Pags. 108-109.

[iv] José Martí. Poesía completa. Edición Crítica del Centro de Estudios Martianos. Editorial Letras Cubanas, dos tomos. La Habana, 1993. Tomo II, Pas. 10 y 11.

[v] El pensamiento político de Martí, de Emilio Roig de Leuchsenring, en Colección de Divulgación Martiana, Cuaderno No. 1, La Habana, 1960. Pags. 12 y 13.

[vi] José Martí. Obras Completas, en dos tomos. Edt. Lex, La Habana, 1953, tomo I, pag. 673.

[vii] Idem.

[viii] José Martí. Todo lo olvida Nueva York en un instante. Selección y presentación de Jorge de J. Aguirre y María A. Juliá, Edt. Ciencias Sociales, La Habana, 1997. Pag. 1 a 3

[ix] José Martí. Poesía y Prosa. Selección, Introducción y edición de Armando Cristóbal. Colección Joyas de la Literatura Castellano y Lusoparlante. Vol. VI. Asoc. De Prensa Hispanoamericana en España, Madrid, 2004. Pag. 12.

[x] José Martí. Cronología. De Ibrahim Hidalgo Paz.  Col. Estudios Martianos. Edt. Ciencias Sociales, La Habana, 1992. 

[xi] El pensamiento político de Martí, op. Cit. Pag 289.

[xii] idem

[xiii]  Idem

[xiv] Camino a lo alto. Apoximaciones marxistas a José Martí. Col. Ponencia. Compilación de la revista de teoría internacional  “Marx Ahora”, Edt. Ciencias Socales, La Habana, 2006. 

[xv] Género de canto popular, originariamente de los barrios de La Habana, extendida al resto del país, donde se mezclaban de maners diversas las raíces musicales procedentes de España y de África. Ver el  Diccionario de la Música Cubana del Mtro. Helio Orovio, Edt. Letras Cubanas, La Habana, 1981

[xvi] Camino a lo alto. Op. Cit. Pag. 12 a 14.

 [xvii] Cien horas con Fidel. Ignacio Ramonet. OPCE. La Habana, 2006. Pags. 31-44

[xviii] Idem. Pag. 55

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Frei Betto y Atilio Borón asistirán a Coloquio José Martí

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El Coloquio José Martí por una cultura de la naturaleza se desarrollará del 9 al 11 de junio en La Habana

 El teólogo brasileño Frei Betto y el estudioso argentino Atilio Borón estarán en el Coloquio José Martí por una cultura de la naturaleza* que se llevará a cabo del 9 y hasta el 11 de junio en la Ciudad de La Habana.

 Betto, autor del libro Fidel y la religión, y Borón, un investigador de temas sociales y económicos, se unirán a los más de 300 personalidades extranjeras que asistirán al importante cónclave de la capital de los cubanos.

 El coloquio José Martí por una cultura de la naturaleza está patrocinado por la Oficina del Programa Martiano (OPM) y la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

 http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-05-31/frei-betto-y-atilio-boron-asistiran-a-coloquio-jose-marti-/

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Premio Nobel Rigoberta Menchú confirma asistencia a coloquio martiano
Por Jorge Smith

 La premio Nobel de la Paz de 1992, la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, confirmó que asistirá al Coloquio José Martí por una cultura de la naturaleza que tendrá lugar en la capital cubana del 9 y hasta el 11 de junio.

 La luchadora social maya-quiché formará parte del grupo de 300 personalidades de diversos países que asistirán al Foro, organizado por la Oficina del Programa Martiano (OPM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

 http://www.josemarti.cu/?q=nampliada&nodo=4555

* El II Coloquio Internacional José Martí: POR UNA CULTURA DE LA NATURALEZA, se celebrará en el Palacio de las Convenciones de La Habana, entre los días 9 al 11 de junio del 2010 y tiene como propósito reiterar de manera urgente la necesidad de profundizar en temáticas imprescindibles para la supervivencia del Planeta, favoreciendo el bienestar de la humanidad, preservando el medio ambiente y contribuyendo a la paz, el progreso y el desarrollo sostenibles.

 Es propósito de los organizadores lograr una participación plural y abarcadora, sin distinción ni exclusiones, como forma de multiplicar la amplitud e influencia del coloquio en América Latina, el Caribe y otras regiones del mundo, dándole así un sentido y contenido universales.

El ser humano -principal modificador de la naturaleza- será el centro de los análisis. Los aspectos económicos y sociales relacionados con el desarrollo sostenible tendrán necesariamente un lugar destacado en el Coloquio, así como lo referido a toda la inmensa riqueza y el legado cultural de la Humanidad.
             
Constituirán también objetivos de este encuentro el impulso para instrumentar y favorecer una cultura universal que interprete la relación dialéctica hombre-naturaleza mediante un análisis y el conocimiento de las experiencias más diversas del trabajo comunitario, los programas docentes de educación ambiental, el papel de los medios de difusión masiva, la creación de redes electrónicas a nivel regional e internacional y el estrechamiento de vínculos de cooperación entre organizaciones e instituciones.

De igual modo, el II Coloquio Internacional José Martí: POR UNA CULTURA DE LA NATURALEZA, aspira a hacer una contribución a la necesaria conexión entre las diferentes disciplinas del conocimiento, en particular entre las llamadas ciencias sociales y humanísticas y las ciencias naturales y exactas, contrastando la inseparable unión de los problemas y concepciones que aportan las relaciones entre los seres humanos y de éstos con el entorno natural, fuente de la vida.

http://www.martiylanaturaleza.com/

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