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Por Salvador E. Morales Pérez

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La batalla de Girón I: precedentes históricos

En la historia militar del mundo se recogen numerosos acontecimientos bélicos de renombre. Episodios sangrientos famosos, no por la sangre derramada y las vidas tronchadas y los recursos consumidos, sino por lo que significaron: por las artes de la guerra desplegadas, por su impacto en el curso de los acontecimientos, por los mitos que engendró.

Ha poco teníamos en las pantallas un engendro jolivudesco sobre la batalla de las Termópilas, con el título de Los trescientos: Indigerible para los paladares exigentes. Un bodrio de antología. Puro pretexto para los malabarismos de trucaje, los celebrados efectos especiales y la expansión de la truculencia en boga mundial. A los espectadores – que no han conocido de cerca el horror de las guerras – siempre han llamado la atención estos hechos de armas difíciles de llevar a la pantalla por sus elevados costos. Imposible olvidar el espectacular y costosísimo filme de Serguéi Bondarchuk, La guerra y la paz, con la memorable escena de la Batalla de Borodino, conformada por 120.000 soldados, los Récord Guinness la consideran la batalla más grande jamás filmada. De semejante impacto fue para mí otro filme soviético de 1969, Osvobozhdenie, recreando la batalla de Kursk donde los nuevos tanques soviéticos T 34 se enfrentaban al tú por tú con los panzers germanos que aterraron a Bélgica y Francia al estallar la Segunda Guerra Mundial. Panorama inolvidable de violencia – calzada por un fondo musical impresionante – desde las alturas, en donde la vista de la sangre y el olor de la pólvora, de la carne chamuscada y los gritos de los heridos no dañan la sensibilidad. La guerra es algo feo y los grandes generales la aborrecieron, tanto, como la amaron quienes se beneficiaban de ellas.

Nuestros pueblos de América no se han estado involucrados en bestialidades violentas como las ocurridas en Europa y Asia, pero también se han visto forzados a tomar las armas, principalmente para obtener la independencia y los cambios que no tuvieron otra opción. América también tiene sus hitos bélicos de significación. Hay hechos memorables que hoy en día tratan de rebajar algunos “revisionistas” del pasado. La legendaria batalla de Ayacucho, que puso el colofón a la dominación colonial española, batalla librada en la pampa de Quinua, ha sido minimizada con detallitos por aquí y por acá, con tal de rebajar su contundencia. Qué difícil para las grandes potencias – desbordadas de soberbia – admitir una derrota. La batalla de Girón, escenificada al sur de la Isla de Cuba a mediados de abril de 1961 no escapa a ciertas elucubraciones maliciosas. A pesar de los peros que se le ponen ha significado mucho, no solo en el plano político militar, como en el aspecto moral. Por eso, no solo por su 50 aniversario, la evocamos aquí.

Es bien conocido el apotegma de Karl von Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Muy cierto. Por medios letales, por la superioridad de las armas, mediante la ocupación y el régimen de vencedores. En la historia de Cuba, la guerra ha tenido peculiaridades dignas de comentar. Y momentos de significación. Pero, ¿qué es lo que impulsa a una política a convertirse en acción violenta? Apliquemos al caso de Cuba que hoy conmemora medio siglo.

Hay una explicación histórica muy extensa que nace desde la injerencia estadounidense en la guerra cubana de liberación, la ocupación de la isla y la imposición de un apéndice constitucional que les autorizaba a intervenir en el momento que lo estimaran conveniente a sus intereses: la Enmienda Platt, vigente hasta su abolición parcial en 1934. Cuba fue desde 1902 un semi protectorado, un país dependiente de Estados Unidos y de sus intereses corporativos y geoestratégicos. En esta página podemos cerrar esta etapa previa de sometimientos con cinco palabras: Cuba se salió del huacal. Desde enero de 1959 el proceso revolucionario puesto en marcha empezó a dibujar una raya: se acabó la injerencia; se empezó a ejercitar la autodeterminación y la soberanía del modo más estricto; empezó a explorarse una vía alternativa a la de un país subdesarrollado, mono productor y mono exportador de azúcar, dependiente de un solo mercado, atrasado tecnológica y culturalmente. Se le puso un límite a la geofagia latifundista y se aplicaron las disposiciones de la Constitución de 1940 que proscribían el latifundio: Reforma agraria. Punto de partida evidente e importante que marcó un parte-aguas en las relaciones bilaterales entre Washington y La Habana. Ya no se pudo dictar o influir en las decisiones cubanas desde un acorazado, ni desde la sede estadounidense en La Habana, ni valieron presiones o amenazas desde la orilla del Potomac. Un lenguaje nuevo, recio, altisonante, retador, redignificado, configuró el duelo diplomático. La revolución en ciernes se proponía un modelo de desarrollo y de ejercicio político interno y externo con el cual discrepaba Estados Unidos.

Desde enero de 1959 con el desdén a las solicitudes de extradición a criminales de guerra como Rolando Masferrer, Julio Laurent, y otros encausados por torturas y asesinatos y saqueo al erario público por la justicia cubana el gobierno de Estados Unidos mostró su inconformidad con el flamante gobierno revolucionario presidido por Manuel Urrutia. Menos gusto produjo la solicitud de salida, de los miembros de las misión militar que asesoraba al ejército de la dictadura. La hospitalidad que brindaron a los prófugos de la justicia fue interpretada como actos de agravio a la soberanía cubana e interpretación unilateral del acuerdo de extradición. La tensión diplomática que produjo fue agravada por las incursiones consentidas para sacar por vía aérea y marítima otros criminales que se habían ocultado. Pruebas no faltaron: el 2 de febrero de 1959 fue capturado el piloto Allen Robert Nye quien confesó que llegó con la misión de ejecutar a Fidel Castro. En marzo fue capturado otro aeronauta procedente de Estados Unidos, Austin F. Young, a quien se consignó como agente de la CIA, que intentó cambiar pesos cubanos extraídos por los prófugos batistianos y rescatar a varios ocultos en territorio isleño. La actividad de las diferentes agencias estadounidenses se multiplicó al calor de desarrollo del programa revolucionario. Naturalmente, extendieron la red operacional hacia la creciente resistencia y oposición criolla. La fomentaron con todos los medios a su alcance. Numerosos documentos desclasificados han ido demostrando los pasos que dieron en esa dirección. Pasos que iban más allá de las actividades que habían desarrollado en el país desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Dato muy significativo fueron las obstrucciones desplegadas para adquirir aviones, incluso ya contratados y pagados por el gobierno derrocado. Se estaba articulando una política especial contra el proceso revolucionario cubano. Una política que involucraba lineamientos oficiales amparados en una presunta secrecía.

El conflicto latente, desde antes del triunfo de la insurrección contra la dictadura batistiana, se agudizó al extremo de implementar pasos para “corregir” el rumbo del proceso de cambios en Cuba. La preocupación y el disgusto de los poderes fácticos con sede en Washington, ante el desmontaje del aparato de poder que facilitaba su hegemonía local fue dando paso a la elaboración e implementación de una política especial de contención y aplastamiento del movimiento político social desencadenado en la isla. Las medidas de beneficio social tomadas por el equipo dirigente, habían ensanchado la base revolucionaria a tal extremo que su despliegue constituía ya un revulsivo ejemplo que afectaba a todo el continente. Los partidos democráticos liberales vieron la radicalización de sus bases y se dividieron. Las dictaduras sobrevivientes pusieron sus barbas en remojo y duplicaron los medios represivos. El problema de las hegemonías tradicionales, la doméstica, oligárquica y la externa, imperialista, fue puesto en tela de juicio, de modo que se sintieron amenazadas simultáneamente. Convergieron en frenar a toda costa el contagio revolucionario aplastando el epicentro de la alternativa.

Se puso en juego, el enfriamiento de las relaciones económicas, diplomáticas, culturales.

a) en el primer rubro se evidenció en la negativa de cooperación para la estabilización monetaria; no conceder préstamos ni públicos ni privados; desaliento a las inversiones; entorpecimiento de las transacciones mercantiles tradicionales; disminución de las cuantías de las cuotas azucareras establecidas.

b) las relaciones diplomáticas se tensaron con el intercambio de notas reclamatorias en un lenguaje cada vez menos discreto, incluyendo amenazas veladas.

c) el intercambio de carácter cultural decreció súbitamente y los viajes turísticos sufrieron los rigores del diferendo.

Diplomáticos y agentes secretos comenzaron a trabajar en el diseño de un plan de oposición interna, que ya existía por la propia naturaleza de los intereses afectados, pero que podía ser alentado y multiplicado mediante el apoyo de Estados Unidos. Estímulo que trajera a la postre el empoderamiento de un gobierno acoplado a los intereses económicos, políticos y geopolíticos de Washington. Entretanto se daban pasos apresurados en una labor diplomática que juntara a todos los gobiernos del área –por identificación, temor, chantaje– a secundar el aislamiento de Cuba y su posterior capitulación.

La estrategia política sometida aceleradamente a la metamorfosis señalada por Clausewitz tenía previsto, desde el segundo semestre de 1959, cuatro desarrollos tácticos, para los cuales se poseían recursos, experiencias, mecanismos y complicidades. Especialistas en el tema, en uso de las fuentes desclasificadas, han podido establecer cómo, lo que en principio fue una inconformidad política, se transformó en un núcleo operativo de guerra encubierta. El presidente Eisenhower aprobó y encomendó a la CIA a principios de 1960 el plan de agresión presentado por la Agencia:

1.-Impulsar la unificación de los opositores dentro y fuera de Cuba para darle un cariz cubano a la empresa guerrera que se estaba articulando; 2.- Sufragar y dotar de medios eficientes para llevar a cabo la guerra propagandística que mermara el consenso popular: apelando a medios impresos y radiales; 3.- Apoyar la constitución de grupos subversivos al interior de la isla y la creación y abastecimiento de guerrillas para derrocar a Fidel castro con los medios que tumbó a la dictadura; 4.- Organizar, entrenar e infiltrar una fuerza paramilitar al mando de oficiales del antiguo ejército de la dictadura, bajo la jefatura de oficiales e instructores de Estados Unidos para realizar un operativo militar en Cuba.

Todos los ingredientes para hacer efectivo el planteamiento de que la “guerra es la continuación de la política por otros medios”. Lo cual no la excusa ni la hace justa. Solo la explica.

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La batalla de Girón II: hacia la Operación Pluto

Los lineamientos destinados a frenar y revertir el curso de la Revolución cubana aprobados secretamente por el presidente de Estados Unidos, D. Eisenhower, fueron encomendados a un grupo en el cual no figuraba un solo cubano. Fue constituida una Fuerza de Tarea, denominada WH/4 (Sección 4 de la División WH de la CIA). Esta tuvo la más completa exclusividad para organizar, dirigir y poner en ejecución – hasta ahí nada más – las operaciones armadas y propagandísticas contra la revolución cubana. Empezaron con 40 oficiales -8 en el Centro de Dirección, 20 en la Estación CIA de La Habana y 2 en la de Santiago de Cuba. En solo un año los encargados de llevar a cabo los operativos ascendieron a 588. Bajo el mando de quien había conducido semejante operativo contra el presidente Jacobo Arbenz en 1954. Un oficial de éxito y experiencia, Jacobo (Jack) Esterline, y éste bajo la supervisión del segundo al mando de la CIA: el Director de Planes, Richard M. Bissell.

Dinero no faltó. Con el documento aprobatorio de marzo 17 de 1960 se abrió una espita de recursos públicos que no se ha cerrado aun. El presupuesto inicial fue de 4 400 000 dólares, de los dólares de aquella época. Para actividades políticas, $950 000; para la propaganda, $1 700 000; la organización primaria de los grupos paramilitares, $1 500 000; y para las operaciones de inteligencia, $250 000. Los recursos de los contribuyentes estadounidenses llegaron a la cifra de 46 millones, cuando se llevó a cabo la batalla de Girón en abril de 1961. Añádase, de acuerdo a testimonios de varios reclutados, el aporte dinerario de consorcios que habían tenido negocios en Cuba.

La primera misión emprendida por la Fuerza de Tarea WH/4 CIA fue la de buscar la gente cubana que llevaría a cabo el plan diseñado y adoptado por los altos mandos estadounidenses. Algo se había adelantado. Desplegaron más recursos para traer a los núcleos de concentración a los antiguos oficiales de Batista sin delitos, (se coló un grupito de soldados y policías con crímenes sobre sus espaldas) que andaban desperdigados por República Dominicana, Panamá, México, Venezuela y Estados Unidos. Intentaron con éxito sacar a varios de ellos que aun estaban en Cuba. Desde luego, eso no bastaba ni debía ser predominante, porque creyeron que debía guardarse cierta distancia con los comprometidos con la dictadura. De modo que reclutaron a un buen número de jóvenes de la burguesía y de la clase media afectados por las reformas económico-sociales y a gentes asustadas y transidas de fobia anticomunista. Y para la fachada política opositora urdieron la creación del Frente Democrático Revolucionario (FRD), compuesto por veteranos políticos distantes de la dictadura derrocada: Antonio (Tony) Varona, Justo Carrillo, Aureliano Sánchez Arango y caras más novedosas como las Ignacio Rasco y Manuel Artime. El presidente Eisenhower, insistió en aplicar la política de la “negación plausible”, debía ocultarse lo obvio. Hacer creer que eso era cosa exclusiva del exilio cubano. Trasladaron a la Ciudad de México, como sede, a la “jefatura” del FRD. El 22 de junio, proclamaron y radicaron en esa urbe la constitución de dicha organización.

Tarea de importancia fue la de ubicar el centro de entrenamiento principal. Unos grupos comenzaron en Useppa Island en el estado de Florida. Pero eso era contrario a los deseos manifiestos del presidente de esconder la mano estadounidense. En República Dominicana no podía ser ya, porque Trujillo estaba muy quemado y ya la CIA estaba estimulando su derrocamiento por un medio magnicida. No podía ser muy lejos de Cuba. Las regiones centroamericanas parecían idóneas por los regímenes adictos con los cuales contaban. Guatemala y Nicaragua fueron los asientos apropiados. Era territorio de aliados incondicionales: el general Miguel Ydígoras Fuentes en Guatemala y el clan de los Somoza en Nicaragua, se sumaron integraron a la alianza de guerra encubierta contra Cuba.

El principal campamento de entrenamiento fue ubicado en la finca La Helvetia, propiedad del hacendad Roberto Alejos Arzú, localizada en el municipio El Palmar, Departamento de Quetzaltenango. En Retalhuleu, ingenieros estadounidenses con capital de la United Fruit y la CIA, construyeron una pista aérea, a un costo de un millón de dólares. Pronto la Base Trax, la principal y otros campamentos complementarios se inundaron de barracas, hombres y armas. El gobierno cubano obtuvo noticia por los más variados y disímiles conductos de lo que se estaba fraguando en La Florida, Guatemala y Nicaragua. Entre ellas, las argucias de desinformación.

Cuando se habla del renglón de la propaganda confiado aun orgulloso experto David Atlee Phillips, con un amplio currículo en tareas clandestinas en Europa y en Cuba, suele destacarse a Radio Swan. Potente emisora establecida, en la islita de ese nombre en las cercanías de Honduras, el 17 de mayo de 1960. Famosa por la cantidad de fantasiosas noticias que asustaron, estimularon y apoyaron a la contra: supuestas leyes, defecciones, combates, sabotajes. No era cosa de mentes calenturientas, sino desinformación, confusión bien calculada. Pero la CIA trabajó mucho más allá de esas locas trasmisiones y de los millones de volantes que arrojaron sus aviones sobre la isla. Su antigua y bien aceitada red de medios produjo una cantidad impresionante de informaciones, artículos, editoriales, reportajes que se ramificaron a todo el mundo, en las más diversas latitudes y lenguas.

La evidente disposición agresiva de Estados Unidos fue un catalizador del descontento anidado en varios sectores criollos desde que se fueron implementando medidas de justicia, beneficio social, de empoderamiento y apoyo popular. No sólo surgieron organizaciones en el exterior bajo el signo de la contrarrevolución –en La Florida hubo como cien– también en la isla fueron muy variadas y no todas pequeñas como en Miami. La tarea de las estaciones de la CIA era la de unir ese abanico. En Cuba la embajada disponía de 300 funcionarios. Gente experimentada. Se esforzaron por crear dos bases importantes para llevar a cabo la subversión. Esta debía sincronizar las actividades urbanas y el refuerzo de grupos de alzados que ya existían en diversos lugares de Cuba, pero especialmente en la zona montañosa central, el Escambray. Hacia allí se dirigieron los envíos de armas y equipos, la infiltración de los primeros teams preparados en la Florida, Panamá y Guatemala. Algunas de estas operaciones tuvieron éxito, mucho menos de lo esperado. Puntualicemos: el plan inicial consistía en fomentar a gran escala la guerra de guerrillas. Pero de 68 envíos de materiales bélicos y de comunicación, 61 cayeron en manos revolucionarias, Quienes ya habían reducido los focos de alzados en el Escambray y otras regiones. Los tropiezos aconsejaron variar el plan original.

Dificultades económicas cayeron sobre Cuba: suspensión de la cuota azucarera importada por Estados Unidos, obtención y refinamiento del petróleo, desabasto de productos de primera necesidad Fueron paliadas relativamente mediante los convenios celebrados con la Unión Soviética a comienzos de 1960. Compra de azúcar y abastecimiento de petróleo y medios defensivos. Washington ordenó a las refinerías no procesar el “petróleo ruso”. A partir de la nacionalización de dichas empresas y las reacciones estadounidenses se emprendió una relación de contragolpes económicos y políticos que culminó en la ruptura de relaciones a principios de 1961.

Mientras la jefatura de la CIA desarrollaba las tareas encargadas una serie de acontecimientos se agolpaban influyendo en el curso de los escenarios concebidos. El gobierno cubano consciente de la gravedad de la situación y con las experiencias precedentes como aviso se enfrascaba en la defensa necesaria. Estos preparativos acelerados desde mediados de 1959, reforzaron los mecanismos de seguridad, mediante la depuración y fortalecimiento de las nuevas fuerzas armadas. La fundación y expansión de las milicias populares. La creación de los Comités de Defensa de la Revolución a todo lo largo del país. El empleo a fondo de agentes de inteligencia y contrainteligencia. Desde luego eso no era posible si no se dotaba de las armas suficientes y eficientes. Estados unidos interponía todas sus influencias diplomáticas para impedirlo. No obstante, se consiguieron buenos cargamentos de fabricación belga. En el último envío se preparó un sabotaje – que han intentado desvirtuar con la excusa de mala manipulación de la carga, como si eso ocurriera frecuentemente – que ocasionó dos explosiones, numerosas muertes de cubanos. El vapor francés La Coubre, estalló en el puerto de La Habana el 4 de marzo de 1960. La Unión Soviética fue urgida a suministrar todo el material necesario para enfrentar la guerra en puertas. Guerra urdida finalmente bajo el nombre de Operación Pluto.

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La batalla de Girón III: el campo de las decisiones

El grandioso plan de la CIA estuvo a un tilín de frustrarse antes de ponerse en práctica. El 13 de Noviembre de 1960, en dos bases militares y la ciudad de Puerto Barrios se produjo un levantamiento militar contra Ydígoras Fuentes. Se calcula entre 45 y 120 oficiales, que tenía bajo su mando unos 3,000 efectivos, estaban implicados. Organizados en la titulada “Logia del Niño Jesús”. Se pronunciaron contra la corrupción y desorganización del régimen pero también por la complacencia con las actividades emprendidas contra Cuba por Estados Unidos. Este sentir nacionalista fue expresado como una vergüenza a la soberanía guatemalteca. El gobierno de Ydígoras se comportaba como una marioneta. En los cuarteles de la CIA cundió el temor que la operación armada fracasase. Dieron órdenes a los campamentos de cooperar en el aplastamiento de la rebelión. Podría extenderse y adiós al plan Pluto. Pilotos cubanos y estadounidenses participaron en el ametrallamiento aéreo y bombardeo de los cuarteles y del aeropuerto de Puerto Barrios. Después de algunos combates en los departamentos de Zacapa e Izabal, el movimiento fue aplastado. No obstante, Eisenhower ordenó que unidades aéreas y navales estadounidenses patrullaran intensamente el Caribe para “prevenir” una “invasión cubana” contra Guatemala y Nicaragua. Irónicamente, quienes estaban metidos de lleno preparando una agresión armada contra Cuba, presentaban a ésta como inductora del movimiento de oficiales nacionalistas. Paradójicamente, los acontecimientos ocurridos en Guatemala, que no trascendieron a los medios, sirvió para que algunos de estos oficiales pronunciados como Luis Augusto Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa, radicalizaran sus posiciones y fundaran el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre, con reivindicaciones más avanzadas y a favor del campesinado.

A estas alturas –fines de 1960- se iban acentuando sendos preparativos ante la inminencia de confrontaciones cada vez más graves. Una vez que estuvieron listos los primeros grupos entrenados, se procedió a infiltrarlos en Cuba. Por medio de estas infiltraciones fueron introducidos numerosos alijos en las playas de la isla. Los grupos dispuestos a la actividad contrarrevolucionaria violenta fueron abastecidos generosamente. Dinamita, rollos de mechas, detonantes, latas de fósforo vivo, granadas incendiarias, granadas de fragmentación, petacas incendiarias como cajetillas de cigarro, pistolas calibre 45, carabinas M-1, ametralladoras M-3, bazookas, ametralladoras calibre 30, relojes bomba, equipos de radio. Materiales que fueron extensamente utilizados en una campaña de acciones terroristas que dejaron significativos saldos sangrientos.

Desde luego, estos éxitos envalentonaron dentro y fuera de la Isla. Pero también tuvieron su efecto contraproducente. La actividad para aplastar la ola de atentados se hizo más recia. No sólo porque los órganos de la seguridad del Estado, el famoso G-2, penetró y desarticuló organizaciones, apresó agentes – declaró persona non grata, a funcionarios de la embajada estadounidense sorprendidos in fraganti en labores subversivas – y confiscó recursos bélicos y propagandísticos. En ello intervino de modo eficaz el sistema de vigilancia y control popular organizado por los Comités de Defensa de la Revolución. Igual debilitamiento de las actividades de apoyo con las cuales contó el plan final de invasión, el plan Pluto, tuvo lugar en los reductos de alzados. Particularmente, con el localizado en la región montañosa del Escambray que tenía este plan en miras.

Los enfrentamientos ocuparon todos los renglones entre Cuba y Estados Unidos. Se agudizó la batalla diplomática en todos los foros: la OEA y la ONU. El aislamiento progresaba lentamente y Washington tuvo que utilizar todos los resortes: presiones, promesas, cambios de régimen. Con la ruptura de las relaciones bilaterales y el cambio de presidentes en enero de 1961 se sospechó la acción inminente. Tardaría, un poco. El presidente entrante aprobó lo antecedido bajo ciertas condiciones. No habría intervención directa. Fue prudente. Demasiado riesgo. Podría ser sumamente contraproducente. La propaganda contra Cuba no había amenguado su prestigio internacional.

El duelo de inteligencia estratégica entró en su fase final. ¿Por dónde desembarcaría la brigada de la CIA? La sorpresa adelanta una victoria, la previsión también. La invasión por Casilda en las cercanías de Trinidad, en el centro sur de Cuba fue desechada cuando John F. Kennedy ya había entrado en posesión de la presidencia. Los altos mandos de la CIA le aseguraban el más completo éxito. Se decidió hacerlo en Bahía de Cochinos. No fue una mala elección si tenemos en cuenta lo fortificado que se hallaba el punto anterior y lo poco propicio de la zona pantanosa adjunta a la Ciénaga de Zapata. No obstante, era el lugar idóneo por su difícil acceso para afincar una cabeza de playa que permitiera asentar un gobierno ficticio – el Consejo Revolucionario Cubano que ya tenía a resguardo y había sustituido al Frente corroído por disputas internas – que solicitara de inmediato la intervención. Para facilitar la operación se pusieron en juego otros amagos de desembarco en el oriente. Los barcos con la brigada CIA, partieron bajo el amparo del gobierno de Nicaragua. INCENDIARIAS COMO CAJETILLAS DE CIGARROS, PISTOLAS DE DIVERSO CALIBRE,INCENDIARIAS, MMUn contingente integrado por unos 1200 efectivos.

La fase más violenta empezó el 15 de abril. Ocho aviones con falsas insignias cubanas bombardearon los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y el Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Cinco aviones fueron destruidos: un Sea Fury, dos B-26 y dos aviones de transporte. Se pusieron a salvo un T-33 y varios cazas Sea Fury. Varios cadáveres dejó la acción. La señal quedó clara: empezaba la operación. Esta fue la ocasión aprovechada para proclamar al día siguiente la orientación socialista optada por la Revolución Cubana. De modo, que no había duda de la causa por la que se salía a luchar. El respaldo popular mayoritario estuvo fuera de duda. Se procedió a neutralizar drásticamente el potencial apoyo de los grupos contrarios, un millar de detectados fueron arrestados, pero la acción fue mucho más allá y se detuvieron unos 20,000 desafectos, lo cual fue muy efectivo. Otros se dieron a la fuga descabezando las estructuras.

El 17 de abril se produjo la invasión por Bahía de Cochinos, Playa Girón y Playa Larga. Fuerzas paracaidistas aterrizaron más adentro para controlar los tres caminos de acceso al lugar del desembarco. La comandancia cubana reaccionó con rapidez y fuerza. Estaban conscientes que no podían permitir el asentamiento. Los pocos aviones que eludieron el bombardeo del día 15, atacaron y derribaron a los B-26 que apoyaban a la brigada CIA y de paso seriamente averiados los buques Houston y Río Escondido con toda la carga. La infantería tuvo que lidiar con los pantanos que bordeaban los accesos. Contraofensiva que alcanzó su mayor despliegue e intensidad el día 18, protegidos por el fuego artillero de los recién estrenados cañones soviéticos., los cuales eliminaron las privilegiadas posiciones de la brigada que causara fuertes bajas milicianas. Tuvieron que retroceder hacia Playa Larga primero y hacia Playa Girón después ante el impetuoso avance cubano.

Al amanecer del día 19 la brigada 2506 quedó acorralada en Playa Girón, sin apoyo aéreo, casi sin parque. Unos empiezan a rendirse, otros se internan en la Ciénaga por el momento. El hálito de la derrota los envuelve. Las milicias revolucionarias no se les habían unido como les habían pronosticado, por el contrario les habían combatido con ardor. Habían sufrido 114 bajas mortales. En 66 horas han sido neutralizados. Esta etapa de la guerra encubierta tocaba a su fin. En la Organización de las Naciones Unidas se libraban las últimas escaramuzas en el terreno diplomático. Estados Unidos no logró ocultar su responsabilidad. A los ojos del mundo había sido derrotado.

La máxima del estratega chino Sun Tzu, “La guerra es el mayor conflicto de Estado, la base de la vida y la muerte, el Tao de la supervivencia y la extinción”, fue la pauta decisiva para la joven revolución caribeña. Se jugó la muerte de un proyecto, de un destino alternativo. Y a muerte fue el enfrentamiento entre las fuerzas lanzadas por la potencia – con el uso de cubanos enemigos del proceso – y los cubanos que apostaron por defenderlo a sangre y fuego. Con un saldo siniestro de las partes en pugna se preservó la soberanía recuperada, la autodeterminación rescatada.

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La batalla de Girón IV: consecuencias temporales

Cuando se examina la acción librada en aquellos días aciagos, días de tensión, confrontación, euforia y depresión, tiende uno más a valorar la significación de la victoria contra una fuerza militar muy bien entrenada y armada que no pudo cumplir con los objetivos que le habían encomendado los máximos jefes de la Operación.

Como es sabido, el número de bajas sufrido por los invasores fue de más de un centenar; ya esos no pudieron compartir el impacto moral de los capturados, que fueron 1 189. Mientras los partidarios del proceso revolucionario festejaban la victoria, a pesar del mayor número de bajas, dadas las condiciones y urgencias para desplegar la ofensiva, los derrotados sobrevivientes estaban moralmente aniquilados como pudo observarse en las pantallas de la televisión cubana, frente a la cual fueron interrogados. Muy pocos conservaron cierto nivel de entereza y coherencia: les había pronosticado que si los capturaban serían fusilados en el acto, pero allí estaban testimoniando su fracaso. Esos fueron los instantes en que Fidel Castro proclamó a voz en cuello que en Girón había tenido lugar la primera derrota del imperialismo en la historia americana. Una nueva leyenda emergía en los anales de las luchas antiimperialistas del continente.

Y le asistía toda la razón. No era solamente la derrota de la Brigada 2506, la evidencia del fiasco del proyecto de una cabeza de playa para que un gobierno ficticio reclamara la intervención estadounidense. Era la derrota de la más importante batalla en la guerra secreta que Estados Unidos había emprendido para revertir el proceso revolucionario. La antítesis de los ocurrido en Guatemala en 1954. Eso tuvo una repercusión fenomenal en toda la América Latina. Desde luego, no engendró un síndrome como el de Viet Nam, pero sin lugar a dudas tuvo un efecto desmoralizador. En lugar de aceptarlo sagazmente, la reacción del gobierno de Estados Unidos fue como es sabido, emprender una nueva aventura, con más sabor de revancha que de prudencia estratégica. La soberbia es mala consejera. Y la soberbia imperial es totalmente sorda y ciega. Hay numerosos ejemplos en la historia. No mucho tiempo después cavilaron y emprendieron la llamada Operación Mangosta, la cual concluiría durante la llamada crisis de Octubre o Crisis de los Misiles.

Una explicación de esa terquedad y miopía política sería la de la reacción entre vastos sectores del acrecido exilio de Miami. Con mucha ligereza se habló de traición porque no se había enviado la aviación de apoyo, cuando la realidad es que el presidente Kennedy había mantenido la línea de Eisenhower: no implicar directamente a Estados Unidos. Y no sólo por esa razón hizo bien en no complicar más la situación negativa. Diría, en primer lugar, porque la CIA le había mentido, pronosticando una reacción de apoyo que ni se asomó. Los grupos subversivos urbanos estaban apresados y desmantelados. Los alzados del Escambray reducidos y ocultos. El pueblo y las milicias revolucionarias cubanas habían respondido fieramente a la agresión. Por otra parte, se temió –y eso se puede observar en las actas de las reuniones que tuvo Eisenhower para tratar el asunto– la reacción mundial y específicamente latinoamericana de tomar parte directa y descubierta.

Ese mito de “traición” de Kennedy a la Brigada de la CIA, porque no olvidemos que en todo momento tuvo esa total subordinación, le ha costado una leyenda negra, reforzada por el partidarismo Republicano de los exiliados más retardatarios de Miami. Identificados mucho más con esa derecha extrema que con los Demócratas acusados de liberales, como si ese fuera un pecado que los acercara al comunismo. Disparates del reaccionarismo.

Para la Revolución Cubana la invasión tuvo otra lectura nada halagadora. Estados Unidos estaba dispuesto a las más arriesgadas aventuras militares con tal de eliminar del mapa a un cambio que amenazaba no solamente con romper con el esquema hegemónico prevaleciente en la región, sino estimular transformaciones que además de herir intereses privilegiados de consorcios estadounidenses pudiera trastornar irremediablemente las estructuras complementarias de la dependencia hemisférica que contribuía a engrasar el funcionamiento del capitalismo estadounidense. Esa lectura era la lectura de la priorización extrema de la seguridad, de la defensa, que sería la prioridad de salvaguardar la autodeterminación. La voluntad de cambio, la elección de una alternativa era nada si no se ponía salvaguarda la voluntad de realizarlo.

De manera que la tarea esencial de este pequeño país, monoproductor y monoexportador de azúcar, subdesarrollado, de pocos recursos energéticos, falto de tecnología y de capitales para la acumulación indispensable para el desarrollo, fue la estar listos para la defensa. El tiempo dio la razón a esta previsión en el corto y en largo plazo. No sólo por la contumacia demostrada una y otra vez para torcer el rumbo revolucionario. Los planes agresivos y otras manifestaciones intervencionistas en otras regiones: Nicaragua, Granada, Panamá, Kosovo, Afganistán, Irak, son pruebas palmarias que no se puede descartar peligros de esa naturaleza.

La invasión de Girón fue una ominosa advertencia a la dirigencia revolucionaria cubana. En cualquier momento se podía producir otra aventura bélica contrarrevolucionaria. Esa legítima preocupación ha impedido constituir las precondiciones indispensables para la construcción del socialismo nacional. En alianza con la pertinaz oposición que apadrinó desde 1959 el imperialismo ha sostenido la contrarrevolución permanente como la estrategia principal con el propósito de resquebrajar o entorpecer la alternativa cubana. Si hacemos el recuento de los enfrentamientos de todo tipo que se han librado durante cincuenta años, podremos apreciar que la batalla de Girón fue un episodio. Un connotado episodio de una guerra silenciosa, encubierta, a veces sutil, en el terreno de la diplomacia, a veces abierta como la guerra económica que se ha implantado para conseguir por esos medios lo que no han podido por los otros. ¿Por qué esas expresiones guerreras se han mantenido? Sencillamente, porque la política – recordemos lo dicho por Clausewitz, que la guerra es la continuación de la política por otros medios – se ha mantenido: la política de impedir la plena realización de los objetivos de la revolución cubana.

La priorización de la seguridad generó una grave deformación en las prioridades de la construcción de la alternativa económico social. La urgente acumulación socialista, la indispensable revolución tecnológica, el desarrollo económico diversificado de larga data soñado, cedió el peso principal a la inversión militar. La supervivencia ocupó y ocupa el primer requisito. Hombres y mujeres, tiempo y técnica, preparación y energías, fueron forzadas en esa dirección. Eso ha tenido alto costo.

El papel del contraproyecto política terminó de orientarse a frustrar la visión de futuro que es el elemento movilizador, el fermento que nutre las esperanzas. Las prácticas de congelamiento y erosión diseñadas y puestas en práctica hoy buscan afectar la perspectiva positiva del cambio y fincar la percepción en un empantanamiento sin salida. La revolución cubana desde Girón para acá ha debido enfrentar retos que le ha impedido llevar a conclusión las bases cualitativas de un modo socialista de vida en todas sus manifestaciones.

Frustrada no, inconclusa, la Revolución cubana es un proceso abierto… en la medida que las potencialidades endógenas sean atrabancadas por el contínuo hostil que la erosiona sin vencerla. La revolución no ha podido concluir su experimento social primigenio. Los ideales fueron distorsionados parcialmente por una práctica de supervivencia que no ha dejado de estar vigente. El modelo tuvo que subordinarse bastante a una práctica posibilista. A pesar de tan adversa situación y de la desaparición de una buena parte de la generación que libró las primeras grandes batallas por defender la elección soberana de un mundo alternativo, los componentes activos de esta voluntad reivindican su inconformidad con el actual estado de cosas y se niega arriar las banderas enarboladas.

Y se mantendrán mientras el ímpetu patriótico de Girón haya sobrevivido.

Salvador E. Morales Pérez Intelectual cubano nacido en La Habana, Cuba, en 1939. Graduado de la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana en 1968, tiene doctorado de la misma universidad en 1999. Actualmente labora como Profesor Investigador en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia. Ha publicado numerosos artículos periodísticos en Cuba, Venezuela, México, España, República Dominicana, Puerto Rico y de otros países. Entre sus libros podemos citar “Máximo Gómez, el Libertador de Cuba”, de 1989; “José Martí: vida, tiempos e ideas”, de 2004 y “Encuentro en la historia: Cuba y Venezuela” del 2005 y “Almoina, un gallego contra la dictadura trujillista”, de 2009.

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“La importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar; la gran trascendencia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió gracias a Girón”.
Fidel Castro Ruz

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Aprovecho como introducción esta compilación de textos sobre Girón que nos ha entregado la UPEC a través de su Enl@ce, para acercarles dos textos de dos argentinos, grandes amigos de Cuba

Medio siglo de epopeya trascendente

Victoria de Girón: Primera derrota del imperialismo en América. Vea aquí fragmento de discurso de Fidel el 16 de abril

Girón: 50 años

Preludio de la invasión

Operación Pluto, una aventura imperialista

Operación 40

Breve cronología – Antecedentes- 1961

Cronología de la derrota

La fuerza aérea cubana

Los Comunicados de Fidel

Galería

Fuentes consultadas

1

Playa Girón y el carácter socialista de la Revolución cubana
Por Atilio A. Boron

En la madrugada del 15 de Abril de 1961 aviones de combate camuflados como si fueran cubanos bombardearon los principales aeropuertos militares de Cuba. Las agencias noticiosas del imperio informaban que se había producido una sublevación de la fuerza aérea “de Castro” y el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson -expresión del ala más “progresista” del partido Demócrata, ¡menos mal!- trató que el Consejo de Seguridad de ese organismo emitiera una resolución autorizando la intervención de Estados Unidos para “normalizar” la situación en la isla. No tuvo respaldo, pero el plan ya estaba en marcha.

Aquel bombardeo fue la voz de orden para que una brigada mercenaria que con absoluto descaro la CIA y el Pentágono habían venido preparando durante más de un año desembarcara en Bahía de Cochinos, con el declarado propósito de precipitar lo que en nuestros días los melifluos voceros de los intereses imperiales denominarían eufemísticamente como “cambio de régimen.” En Marzo de 1960 –apenas transcurrido poco más de un año del triunfo de la Revolución Cubana- el presidente Eisenhower había firmado una orden ejecutiva dando vía libre para desencadenar una campaña terrorista en contra de Cuba y su revolución. Bajo el amparo oficial de este programa se organizó el reclutamiento de unos mil quinientos hombres (un buen número de los cuales no eran otra cosa que aventureros, bandidos o lúmpenes que la CIA utilizaba, y utiliza, para sus acciones desestabilizadoras) dispuestos a participar de la inminente invasión, se colocó a las organizaciones contrarrevolucionarias bajo el mando de la CIA (es decir, la Casa Blanca) y se crearon varias “unidades operativas”, eufemismo para no llamar por su nombre a bandas de terroristas, escuadrones de la muerte y paramilitares expertos en atentados, demoliciones y sabotajes de todo tipo. Más de tres mil personas murieron en Cuba, desde los inicios de la Revolución, a causa del accionar de estos delincuentes apañados por la el gobierno de un país cuyos presidentes, invariablemente, nos dicen que Dios los puso sobre esta tierra para llevar por todo el mundo la antorcha de la libertad (de mercados), la justicia (racista, clasista y sexista y la democracia (en realidad, la plutocracia). Lo creían antes, y lo creen todavía hoy. Lo creía el católico John Kennedy y el metodista George W. Bush. La única excepción conocida de alguien no infectado por el virus mesiánico es la de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, hombre práctico si los hay, quien dijo, en memorable frase, que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes,” algo que los gobiernos “pitiyankees” de nuestros países deberían memorizar. (Recordar que este Adams, hijo del segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, fue también Secretario de Estado del presidente James Monroe, y colaboró activamente en la formulación de la doctrina que lleva su nombre).

Delincuentes, retomando el hilo de nuestra argumentación, como Luis Posada Carriles -uno de los más conspicuos criminales al servicio del imperio, terrorista probado y confeso, autor intelectual, entre muchos otros crímenes, de la voladura del avión de Cubana en 1976, con 73 personas a bordo- quien hace apenas unos días fue absuelto de todos sus cargos y disfruta de la más completa libertad en los Estados Unidos. Como si eso fuera poco Washington tampoco lo extradita para que pueda ser juzgado en Venezuela, país cuya nacionalidad había adoptado durante el transcurso de sus fechorías. Barack Obama, indigno Premio Nóbel de la Paz, protege a los verdugos de nuestros pueblos hasta el final de sus vidas mientras mantiene en prisión, en condiciones que ni siquiera se aplican a un asesino serial, a los cinco luchadores antiterroristas cubanos. Gesto ignominioso el de Obama, pero que tiene un lejano antecedente: en 1962, luego de la derrota sufrida por el ejército invasor reclutado, organizado, entrenado, armado y financiado por los Estados Unidos los prisioneros que habían sido capturados por las milicias revolucionarias cubanas fueron devueltos a los Estados Unidos ¡para ser recibidos y homenajeados –sí, homenajeados- por otro “progresista”, el presidente John F. Kennedy! El fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy, para no ser menos que su hermano mayor, invitó a esa verdadera “Armada Brancaleone” de matones y bandidos a integrarse al ejército norteamericano, cosa que fue aceptada por gran parte de ellos. No sorprende, por lo tanto, que periódicamente aparezcan tenebrosas historias de atrocidades y vejaciones perpetradas por soldados estadounidenses en diversas latitudes, las últimas conocidas hace apenas un par de días en Afganistán y antes en Abu Ghraib; o que durante la Administración Reagan-uno de los peores criminales de guerra de los Estados Unidos, según Noam Chomsky- un coronel del Marine Corps y asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver North, hubiera organizado una red de narcotraficantes y vendedores de armas desde su despacho situado a pocos metros de la Oficina Oval de la Casa Blanca para financiar a la “contra” nicaragüense. No le fue tan mal a North después de estallado el escándalo: libró de ir a la cárcel y en la actualidad se desempeña en varios programas de la ultraconservadora cadena Fox News Channel. Estos episodios revelan con elocuencia el clima moral que prevalece en las legiones imperiales.

La derrota de la invasión mercenaria lejos de aplacar al imperio exacerbó aún más sus instintos asesinos: la respuesta fue la preparación de un nuevo plan, Operación Mangosta, que contemplaba la realización de numerosos atentados y sabotajes tendientes a desarticular la producción, destruir cosechas, incendiar cañaverales, obstaculizar el transporte marítimo y el abastecimiento de la isla y amedrentar a los eventuales compradores de productos cubanos, especialmente el níquel. En pocas palabras: preparar lo que luego sería el infame bloqueo integral que sufre Cuba desde los comienzos mismos de la Revolución. Huelga decirlo pero el pueblo cubano -patriótico, consciente y organizado, fiel heredero de las enseñanzas de José Martí- frustró una vez más los miserables designios de la Operación Mangosta. Al día siguiente del bombardeo aéreo del 15 de Abril, en el homenaje que el pueblo de Cuba rendía a sus víctimas, Fidel proclamaría el carácter socialista de la Revolución Cubana con las siguientes palabras: “Compañeros obreros y campesinos: esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”. Y el 19 de Abril, en Playa Girón, se libraría el combate decisivo que culminaría con la primera derrota militar del imperialismo en tierras americanas. Latinoamérica, su respiración contenida ante esta reedición del clásico enfrentamiento entre David y Goliat, recibió con inmensa alegría la noticia de la derrota de las fuerzas del imperio, y nuestros pueblos terminaron por convencerse que el socialismo no era una ilusión sino una alternativa real. Otra historia empezaba a escribirse en esta parte del mundo. Durante aquellas históricas jornadas la camarilla contrarrevolucionaria estaba a la espera en Miami, presta para trasladarse a Cuba una vez que los invasores controlasen por 72 horas una “zona liberada” que les permitiera constituirse como “gobierno provisional” y, desde allí, solicitar el reconocimiento de la Casa Blanca y la OEA, y la ayuda militar de Estados Unidos para derrotar a la Revolución. Pero Fidel también lo sabía, y por eso su voz de mando fue la de aplastar a la invasión sin perder un minuto, cosa que efectivamente ocurrió. Parece que en Miami todavía siguen esperando.

(www.atilioboron.com)

2

Ayer fue Playa Girón y hoy podría ser Girón Playa
Por Emilio Marín

En abril de 1961 la revolución cubana pasó una prueba de vida, al derrotar la invasión mercenaria en Playa Girón. Conducía Fidel Castro. Hoy se inicia el VI Congreso del Partido Comunista. Conduce Raúl Castro.

Los aniversarios en números redondos “tienen ese no sé qué” de las calles de Buenos Aires cantado por Amelita Baltar. Y los 50 años de Playa Girón caen dentro de esa categoría de cosas recordables.

A veces se recuerdan hechos que han pasado de moda o perdido su sentido político. No es el caso de la gesta cubana, de rigurosa actualidad, al punto que hoy la población se vuelca a las calles para honrar aquella batalla pero también para dar marco al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Se considera fecha de fundación de esa agrupación el 16 de abril de 1961, cuando Fidel Castro despidió a las víctimas de los aviones mandados por la CIA y proclamó a los cuatro vientos el carácter socialista de la revolución.

Entonces no se trata de un aniversario marcado por el almanaque sobre un hecho afectado por la desmemoria o el paso del tiempo. Es un festejo del ayer y un compromiso contemporáneo. Se podría decir que lo de 1961 fue Playa Girón, conducido por Fidel. Y lo de hoy es Girón Playa, con Raúl Castro.

El 15 de abril de 1961, a hora muy temprana, aviones que tenían pintadas falsas insignias cubanas -fletados por la CIA desde la Nicaragua de los Somoza-, bombardearon tres aeropuertos de Cuba.

Querían suprimir la modesta flota cubana, que tendría a lo sumo diez aviones, y facilitar la invasión de dos días más tarde. Las agencias AP y UPI cablearon al mundo que se había insurreccionado la Fuerza Aérea de Cuba.

Aparte de esa falsedad, el operativo fue un fracaso. El comandante en jefe cubano había prevenido a sus aviadores a desparramar sus pocos y antiguos aviones para impedir un golpe devastador que consideraba cercano. Y así ocurrió. En marzo de 1960 la CIA había saboteado el barco La Coubre, que venía de Bélgica con armas compradas legalmente por la isla para su defensa. Murieron 100 cubanos, lo que hizo brotar a Fidel Castro la que sería su marca registrada de “Patria o muerte”, al finalizar su discurso de despedida a esos mártires (en esa tribuna Alberto Korda registró la luego mundialmente famosa foto del Che Guevara).

Después vino, irremediablemente, el bombardeo del 15 de abril de 1961.

Además de ametrallar aeropuertos, los canallas mataron a 7 personas.

Otra despedida a muertos del pueblo y nuevo discurso de Fidel Castro proclamando que esa revolución hasta el momento democrática y antiimperialista se convertía en socialista. “Lo que no pueden perdonarnos, es que hayamos hecho una Revolución socialista en las narices de EE UU, ¡y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles!”, arengó el líder. Era la noche del 16 de abril y alguien le avisó al orador que en la Ciénaga de Zapata, en Playa Girón y Playa Larga, Provincia de Matanzas, había aprestos de invasión. En La Habana cantaron el himno nacional y cada quien se fue a los puntos convenidos para defender la Patria. La letra del himno dice “¡al combate corred Bayameses! … ¡A las armas, valientes, corred!”. Y corrieron por ellas.
Fracaso yanqui.

El presidente Dwight Eisenhower concibió el plan de agresión contra la joven revolución cubana y dio las directivas pertinentes a la CIA. Así prepararon la Brigada 2506 en Guatemala y Nicaragua, dos de los países con gobiernos más anticubanos en las reuniones de la OEA, que culminaron con la expulsión de la Patria de José Martí.

Los norteamericanos se cuidaron de no involucrarse directamente, con sus propias tropas, desembarcando en aquellas playas. Formalmente decían, ahora por medio de John F. Kennedy en la Casa Blanca, que no tenían planes de agresión. Eran patrañas de los comunistas.

La plata con la que se financió esa Brigada, las armas, los aviones con que operaron y los barcos que transportaron a los mercenarios, eran todos de matriz estadounidense. Varios pilotos alcanzados por el fuego defensor y cuyos restos fueron recuperados por Cuba, también eran estadounidenses (un cadáver estuvo 18 años en la Morgue habanera, hasta que la CIA blanqueó esa muerte y los familiares pudieron retirarlo).

Pese a todo ese despliegue militar y logístico, en 66 horas los invasores fueron derrotados y tuvieron 1.200 prisioneros. En vez de ser fusilados, como podrían haberlo sido, el gobierno vencedor consideró más humanista canjearlos por alimentos y medicinas que se necesitaban.

Del lado cubano hubo 176 muertos, la mayoría jóvenes, que cayeron defendiendo las posiciones primero y luego tratando de entrar en Playa Girón tomada por los enemigos.

Varios aviones agresores fueron abatidos por las defensas antiaéreas y los aviones cubanos, que hicieron allí su debut exitoso. La propaganda yanqui decía que Castro contaba con modernos Migs soviéticos; si hubiera tenido esas máquinas todo se hubiera terminado en 24 horas y no en 66.

La defensa también utilizó tanques y cañones, lanza obuses y otras armas de artillería, que junto con los aviones averiaron y hundieron a varios barcos que llevaban tropas hacia tierra firme. La sabia orden de Fidel Castro, según recuerdan los militares cubanos, fue: primero hundir los barcos, después bajarles los aviones y finalmente tirarles a las tropas. “Vamos a tumbar aviones, pero hoy vamos a hundir barcos.

¡Hundan barcos! ¡Hunde barcos, coño, tienes que hundir muchos barcos!

¡Para el carajo, fuego con ellos!”, le ordenaba a Raúl Curbelo, uno de los jefes de los aviadores.

Con esa lógica se consumó la gran victoria de Girón, considerada la primera derrota militar de los norteamericanos en el siglo XX en la región. Así lo vivieron Kennedy, el secretario de Estado Dean Rusk y el jefe de la CIA Allen Dulles, en la madrugada del 18 de abril, cuando les avisaron que todo había terminado en desastre.

La batalla tuvo tres consecuencias muy importantes. Una: la revolución cubana se transformó en socialista. Dos: el Ejército Rebelde de Sierra Maestra parió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR, un verdadero ejército con todas las ramas. Tres: el líder que era Fidel se recibió de comandante en jefe. La invasión venía a asesinarlo, pero lo potenció como estratega en la primera fila de la resistencia. En el juicio del Moncada dijo que la historia lo absolvería. No podía saber que se había quedado corto. La historia le reservaba un papel mayor.
Girón Playa, con Raúl.

La rápida movilización para aplastar la columna invasora logró frustrar la maniobra concebida en Washington, de ubicar su cabeza de playa e inmediatamente traer a un gobierno fantoche, con Miró Cardona.

Así solicitaría a la OEA el reconocimiento internacional.

Ese plan fue admitido por el jefe militar de los invasores, José Pérez San Román, en un libro posterior. Ese autor escribió: “este reconocimiento con su consecuente apoyo político-económico-militar había sido previamente preparado por el gobierno de Estados Unidos con varios países de Latinoamérica”.

Esos eran otros tiempos en la región, donde -salvo el digno México- el resto de los gobernantes rompió relaciones diplomáticas con La Habana.

Hoy en cambio, el marco internacional es bien diferente. No es que no existan gobiernos alineados con el imperio, como el de Felipe Calderón o Juan Manuel Santos, pero la tendencia fundamental está marcado por los socios del ALBA, el Mercosur y la Unasur.

Esa política de alianzas y mayor comprensión regional es una de las condiciones con que cuenta a su favor esta nueva etapa revolucionaria que abren los cubanos con su VI Congreso partidario y las reformas económicas y sociales que encaran para salvar su socialismo.

Playa Girón fue una batalla militar. Girón Playa es una batalla política. En 1961 había que barrer a enemigos que invadían desde afuera. En 2011 habrá que modificar la economía en el frente interno, rectificando todos los errores que acumularon allí en el marco del bloqueo norteamericano. En Playa Girón había que tener buena puntería para hundir al Houston y otros barcos y abatir aviones B-26. En Girón Playa habrá que tener paciencia y buenos argumentos para convencer a los cubanos de que la salud y la educación seguirán siendo gratuitas, pero otros subsidios indebidos serán eliminados.

En suma, en Playa Girón la mira de las armas se ponía sobre los invasores pagados por el imperio. Ahora, el esfuerzo e inteligencia de los cubanos tendrán que ganar la lucha política y cultural, para que haya mayor productividad del trabajo, menos vagancia e indisciplina laboral, más eficiencia y mejores resultados.

Aquel 17 de abril los cubanos debieron levantarse a las 3.30 horas, cuando empezó la invasión. Ahora tendrán que levantarse también al alba, para arrancarle a la tierra, las máquinas, la tecnología, el laboratorio, el central azucarero, la construcción, etc., la mejor de las producciones. Aquellas madrugadas estaban pariendo el socialismo; el estilo de trabajo duro -que van a aprobar en estos días los mil delegados congresales- se propone mejorarlo. Entonces y ahora, a sólo 90 millas, hay un imperio que apuesta a la derrota.

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Por Franklin Ledezma Candanedo

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Décadas cincuenta-sesenta….

“En una sociedad marcada por el consumismo, que ha convivido con el terror al holocausto nuclear,  germina un nuevo espíritu de rebeldía. No han pasado  muchos años desde que las y los jóvenes comenzaran a recuperar sus espacios perdidos dentro de una sociedad conservadora”.

El párrafo inicial corresponde a interesante documento publicado en Internet, de autor desconocido, que constituye radiografía exacta  de la situación mundial en la década del 50 del siglo pasado, época en que, se decía, se daba un aparente conformismo entre la juventud. Pero, su innata rebeldía, sumada a la de millones de ciudadanos, estalló al principio de los sesenta y, conjuntamente, escribieron páginas épicas, que no podemos olvidar en este tiempo de crisis fabricadas.

La guerra de Vietnam y la frontal oposición interna y foránea a la misma, una de las tantas promovidas por el minotauro bélico (la cual le significó su primera gran derrota), el pacifismo inconformista del movimiento hippie y la experiencia del triunfo de la Revolución Cubana, digna, vertical, solidaria e innovadora para muchos, funesta para los tarados de siempre, son hitos concretos en los anales históricos mundiales.

Se empezaban a escuchar fogosas consignas revolucionarias, entre otras: “Adelante, adelante, adelante que camina, el anti imperialismo por América Latina” y muchas otras,  que hicieron arder los corazones de las juventudes y pueblos irredentos e inconformes de Indo América.

Otros frutos excelentes de esa época, fueron las transformaciones de la Iglesia, concretadas en el Concilio Vaticano II, adaptadas a la Patria Meridional Bolivariana, a través de la 2ª Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizada en Medellín, Colombia, en 1968 y la fecunda experiencia de la “VÍA CHILENA AL SOCIALISMO”, de Salvador Allende, malograda, una vez más, por el imperio depredador, cuyo asesinato, además de posibilitar la instauración de la dictadura genocida pinochetista,  aceleró la muerte del inmortal Bardo laureado, Pablo Neruda.

Desde los primeros años de esa década pletórica de acciones en el camino de las justas reivindicaciones populares, se crearon modelos jóvenes, entre otros, en la moda, la música, literatura y lugares de encuentro. Además, se dan acciones verdaderamente revolucionarias: El movimiento estudiantil crece y se fortalece,  actúa el “Poder Negro” y se llevan a cabo memorables  gestas en favor de las minorías étnicas y los países del Tercer Mundo.

Recordamos con respeto y admiración el Movimiento Hippie y su consigna: “HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA” y  su Festival de Música Golden Gate  en Woodstock 1967 y el de 1969, que rebasó todas las expectativas, puesto que unificó, en la pequeña granja de Max Yasgur, Nueva York, a casi medio millón de personas.

En el terreno de la política del imperio que hoy insufla en todos, tal como ocurrió en la década del 50, según planteamos en el párrafo inicial, el terror al holocausto nuclear, observamos que seis de las once elecciones presidenciales celebradas desde la Segunda Guerra Mundial, dieron como resultado un cambio de partido en la Casa Blanca. Por ello, tres veces los republicanos sustituyeron a los demócratas (1952, 1968 y 1980) y otras tres, los demócratas desplazaron a los republicanos (1960, 1976 y 1992).
Cabe destacar que John F. Kennedy, triunfador en 1960, en sus primeros 21 meses de gobierno, se enfrentó a Rusia y combatió los movimientos revolucionarios, con más vigor y energía que lo había hecho Eisenhower (1959 y 1960), quien inició, y después continuó su sucesor, los demoníacos planes de invasión (Playa Girón, 15/4/1961)), para cercar por hambre a ese noble pueblo hermano y destruir  a la dirigencia y realizaciones de la irreversible Revolución Cubana.

La consigna que sirve título a nuestra crónica periodística de hoy: “ADELANTE, ADELANTE, ADELANTE QUE CAMINA, EL ANTI IMPERIALISMO POR AMÉRICA LATINA”, es rescatada y actualizada; la encontramos en el documento titulado “Cuadernillos de Formación preparado para la Escuela de Formación Continental Manuel Marulanda, de la Coordinadora Continental Bolivariana hacia el Movimiento Continental Bolivariano (CCB). La formidable iniciativa cuenta con el apoyo de la Coordinación Nacional del PFG, Estudios Políticos y Gobierno de la Universidad Bolivariana de Venezuela (Caracas, marzo 2009).

Sumamos algunas palabras, que reflejan el pensamiento y la acción de los pueblos verticales del planeta (vascos, saharawies, palestinos, libios, hondureños, colombianos, mejicanos, la lista es extensa, como extensa es la lista horrores promovidos e incentivados por el monstruo imperialista), al fogoso y realista lema rescatado por los hermanos venezolanos:

“ALERTA, ALERTA, ALERTA QUE CAMINA, LA ESPADA DE BOLÍVAR POR AMÉRICA LATINA Y POR LA PATRIA UNIVERSAL, QUE NO SE RINDE, NI DESANIMA, Y AVANZA HACIA LA META DE OTRO POSIBLE, SIN LAS GARRAS MORTALES DEL IMPERIO GENOCIDA”

¡ A LA CARGA ¡

EL TRIUNFO ES Y SERÁ DE TODOS LOS SOCIALMENTE COMPROMETIDOS.

Fraternal abrazo solidario y adelante, siempre adelante desde la Patria Grande Meridional Bolivariana.
Panamá, 24 de marzo de 2011.
El autor es miembro de  http://www.aapebcap.es.tl /, PUI, REDPA y Periodista Turístico.

 

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Por Carlos Maldonado*

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La guerra que se está llevando a cabo en México se está trasladando a Guatemala. Eso está claro. Sin embargo, como en todas las guerras que el capitalismo y sus adláteres han levantado desde siempre, el pueblo pobre y marginado es el que pone la mayoría de muertos y la pérdida de su pequeña propiedad.

Pudiendo señalar, sin temor a equivocarnos, que el capitalismo -en su desesperación por mantenerse a flote ante el fracaso de su planta productiva-hace pactos hasta con el mismo demonio, ha mutado hacia un narcocapitalismo, pues encontrando mercados tan grandes y cautivos como Estados Unidos y Europa, los mayores consumidores de droga (la que extraen de países como Colombia y Perú, los mayores productores en América y Afganistán, en el Asia) cuyos gobiernos títeres están al servicio de los narcoemperadores sentados en el Departamento de Estado y el Congreso yanqui, ha basado su esperanza de permanencia en la producción, transporte y comercialización de la droga.

Un negocio tan rentable que, según datos que nos proporciona el sociólogo guatemalteco Carlos Figueroa Ibarra -en artículo escrito en Diario La Hora de Guatemala, del 20 de enero de este año, en la sección de Opinión- sólo en 35 años, de 1976 al presente, el comercio de droga en Estados Unidos creció de un promedio de 17 a 400 toneladas. ¡Un 2,353%! Ni la empresa más exitosa dentro de los parámetros normales podría haber conseguido semejante nivel de crecimiento en tan poco tiempo. Un 67% de crecimiento cada año. ¡Imposible! Y esto, analizando sólo el volumen de trasiego, no la ganancia en dólares.

Razón suficiente para que el Imperio, fincado ahora en los estupefacientes, evite a toda costa seguir perdiendo terreno. Al contrario, no sólo necesita mantener su hegemonía sobre zonas de histórica influencia como México, Centroamérica, Colombia y Perú, si no recuperar eslabones de su cadena productiva como son los hidrocarburos fósiles y gasíferos, sin contar las principales fuentes de agua, que casualmente están ubicados en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, Nicaragua y Brasil. Por supuesto, en todo el continente, pero nombro estos países por la oposición directa a los designios de Washington que han levantado sus gobiernos con democracias populares pero con claras tendencias, unos más que otros, hacia la construcción del socialismo.

Para volver a lo específico de nuestro país, muchos funcionarios de Estado del Narcoimperio e incluso funcionarios y periodistas de allá como acullá, han proferido en varios espacios públicos que México y Guatemala son estados fallidos. Pero eso no es más que el discurso perfecto para que la opinión pública, ante esa realidad virtual construida por el poderío mediático del imperio, comiencen a introducir a través de opiniones de “expertos” y de “voces especializadas”, la necesidad de intervención directa de las tropas yanquis en nuestros territorios para desplazar a sus rivales y tener un mejor control sobre el teatro de operaciones. Como dice el viejo refrán: “al ojo del amo engorda el ganado”. La nota difundida por la misma Fox News, de que en suelo guatemalteco, a 150 kilómetros al norte de la ciudad de Guatemala -no especifica dónde- Boinas Verdes del ejército norteamericano entrenan a fuerzas del ejército guatemalteco con el argumento de combatir al narcotráfico, lo corrobora. (Reziztek 30/12/10)

¿Cómo una nación que no ha podido controlar el trasiego de estupefacientes en su propio territorio y que ha dejado que el mercado se incremente de 17 a 400 toneladas puede dar asesoría para detener el trasiego de estupefacientes a nuestra fuerzas de seguridad? ¡Pamplinas! La lógica nos lleva a señalar que están preparando a los ejércitos para incrementar la represión hacia nuestros pueblos que se han dado cuenta ya del juego sucio que trata de imponernos el Narcoimperio: producir droga para ellos para luego, estos mismos, vender el fruto de esa producción a sus poblaciones en Estados Unidos y Europa, narcotizados por la misma, el consumismo y la degradación humana. Por supuesto, con el contubernio y sociedad con las oligarquías rancias de nuestra región. ¿Desde cuando acá los señoritos se han preocupado por los pueblos? ¡Jamás!

A este fabuloso negocio de la droga hay que sumarle el de la industria armamentista que proporciona las armas al ejército mexicano diz que para combatir a los carteles de la droga en un claro contubernio con el gobierno títere, ilegítimo y corrupto de Felipe Calderón. Esos son otros cálculos que tendremos que realizar en un futuro cercano.

Para asegurarse esa futura intervención armada se ha echado a andar la tesis de que Guatemala es un “estado fallido”, “fracasado” o “perdido”, señal de que la guerra contra el narcotráfico va aparejada con la ocupación por parte de tropas extranjeras pagando así el pueblo guatemalteco y de la región, nos atrevemos a decir, la disputa por el control de la droga entre carteles históricos contra el más poderoso cartel que la historia haya visto, el del Narcoimperio que desea controlar todos sus procesos para sobrevivir ante su paulatina bancarrota.

¿Qué haremos entonces los ciudadanos de Guatemala y Centroamérica en conjunto para evitar los planes expansionistas del Narcoimperio gringo? Importante debatir sobre la legalización de la droga, levantar la voz de alarma sobre las verdaderas razones de la guerra contra el narcotráfico y la postura blandengue de los gobiernos anteriores y éste, así como presionar al que vendrá una postura firme y soberana. Del peligro que corren nuestras generaciones futuras al enfrascarse en una guerra que será larga, sin visos de solución, y que solo traerá como es obvio más miseria, dolor y lágrimas a nuestras familias. No podemos permitir que acabados de firmar los Acuerdos de Paz otro conflicto se levante en nuestro suelo. ¡Eso es inadmisible!

Esta guerra nos la quiere imponer el Narcoimperio y es hora de unirnos contra ella todos, mestizos e indígenas, creyentes y no creyentes, mujeres, hombres, niños y ancianos. Todos los que quieran ver la patria liberada. Tendremos que enfrentar directamente al Imperialismo y sus lacayos locales y derrocarlos de una vez por todas para poder construir la paz, el desarrollo y una nueva vida de armonía, igualdad, solidaridad y fraternidad.

* Economista y profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Foto: Fuerzas Especiales, Michoacán (Internet)

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Por Ricardo Salgado


Es ampliamente conocido por todos los latinoamericanos el hecho de que los golpes de Estado en la región siempre son impulsados por los Estados Unidos de América y su inmenso aparato de desestabilización en aquellos países que buscan desmarcarse de las líneas de su política hegemónica. En el caso de Honduras la situación no es diferente, el imperio sigue activo tratando de “blanquear” el criminal Golpe contra la democracia en junio de 2009.

La estructura montada para la asonada militar que derrocó el gobierno constitucional de José Manuel Zelaya no  es producto de la casualidad, si no un aparato bien organizado, operativo permanentemente y que se activa de manera cuasi automática ante signos de “desviación” ideológica, aun si no existen pruebas concretas de que esto suceda. Este mecanismo demoniaco cuenta con actores internos y externos que manipulan el país desde hace décadas.

Entender esta realidad en su justa dimensión es esencial para poder comprender la envergadura del colosal adversario que debemos enfrentar para ser libres. Aprender a encontrar los medios de multiplicar la consciencia del pueblo sobre la sustancia de los hechos, resulta una misión de importancia vital para poder determinar el camino a seguir, y presentar una resistencia coherente ante la agresión permanente de una clase dominante que controla toda la institucionalidad del Estado;  que instrumentaliza con mucha eficiencia los guiones que les imponen la CIA, el Pentágono, la NSA y otros órganos de inteligencia del gobierno gringo y sus patrocinadores.

Muchas veces, caemos en las “tentaciones” que nos tira como anzuelo el imperio a través de sus “obreros” locales, y nos animamos a considerar ofertas de diálogos o a aceptar Comisiones de la Verdad que ni nos incluyen como víctimas de la dictadura, ni cumple con los requisitos mínimos aceptables por el mundo civilizado; también nos muerde constantemente el famoso “gusanito” electorero que siempre está disponible para alejarnos de los problemas centrales; cada vez que nos acercamos a estas trampas le hacemos un favor a quienes fraguaron todo este desastre que ya cuesta tantas vidas y seguramente planea cobrar muchas más.

Incluso en el caso de que le prestáramos el beneficio de la duda al régimen sobre sus intenciones, estaríamos fracasando lamentablemente si obviamos las relaciones de poder en el país, en las que el ejecutivo es apenas un apéndice de un sistema mucho más complejo y elaborado que produce y reproduce las condiciones de dominación que someten a nuestro pueblo al más terrible orden de cosas. En consecuencia, la ansiedad por llegar a cualquier arreglo, a cualquier costo, constituye un gravísimo error, que puede traer serias consecuencias para varias generaciones de hondureños y hondureñas.

Cada vez que trabajamos en la construcción de ideas, estrategias, y planes debemos tener como elemento “by default” la presencia constante de los intereses imperiales, tanto a nivel local como regional: nunca las acciones en Honduras han sido ejecutadas por la clase dominante sin el conocimiento previo del imperio, y, generalmente, han sido estructuradas con la activa participación e influencia de este.

Pensar que el Golpe de Estado es una cosa juzgada y que debe quedar archivado es una estupidez mayúscula, pues esta acción criminal de traición a la patria debe, contario sensu, permanecer para siempre en la memoria colectiva de nuestro pueblo, tanto para entender cada vez más los hechos, como para construir una nación que garantice que el bochorno no se repita nunca más, y nuestros hijos y nietos vivan conscientes de que es lo que la sociedad debe combatir a toda costa.

Indudablemente las bondades aparentes del mundo del dinero y el dudoso “prestigio” de poseer una visa gringa motivan intensamente a muchas personas; sin embargo, condicionar nuestra nacionalidad y nuestra identidad a estas dadivas resulta inmoral e indigno. Desde el momento en que fallamos deliberadamente en señalar al Estado yanqui como responsable directo de todas las calamidades que nos trae la actuación servil de esta oligarquía que hace el papel de carcelero con el pueblo, y de perro faldero con sus amos del norte, entramos en una profunda distorsión de la realidad, y legitimamos estúpidamente la interminable cadena de mentiras que utilizan para manipularnos.

Todo el esquema montado para generar crisis, ejecutar el golpe y posteriormente gratificarlo mientras se le condena, tiene su etiqueta “made in USA”, por lo que todas las acciones del régimen tienen el mismo autor intelectual y patrocinador; esto implica que ni el dialogo es sincero, ni la Comisión de la Verdad busca cumplir con lo que el pueblo espera, y sus resultados estarán destinados en todo momento a justificar lo injustificable. Bajo las condiciones actuales, no deberíamos albergar ningún tipo de expectativa alrededor de este trabajo que el mismo Porfirio Lobo dijo “…buscará establecer la verdad alrededor de la crisis…”, con lo que se trata de justificar el crimen en lugar de condenarlo, evitar las reparaciones del caso y dejar intactas las estructuras que lo ejecutaron, y, por lo tanto, condenar al pueblo una vez más a la impunidad sin límites.

Peor es el intento implícito de perdonar a los criminales; no existe ninguna opción de movernos hacia adelante si todos los crímenes que se han perpetrado desde el golpe contra el pueblo de Honduras se echan en un saco para provocar la amnesia colectiva. No solo es inmoral e ilegal, sino que condena a las generaciones más jóvenes a vivir durante décadas en incertidumbre y conflicto permanentes.

Todo esto se genera desde el plan de “normalización” diseñado cuidadosamente por laboratorios o “think tanks” del imperio que ven el “caso Honduras” como una movida de importancia crítica para su estrategia de contra ataque para recuperar la hegemonía en el continente.

Muchas veces los gringos evaden su responsabilidad diciendo que es “cómodo culpar de todo a los Estados Unidos”, como si pudiéramos cerrar los ojos o hacernos los ciegos a la larga historia de sangre que llevan en sus anales, con más de 100 golpes de estado a lo largo del continente en un periodo de 100 años. Ninguna sociedad hegemónica de la historia, ha hecho tanto daño a los pueblos que le rodean, y nunca antes la humanidad sufrió tanto por culpa de los intereses de un solo despropósito.

Es pues muy importante señalar con firmeza la participación imperial en la tragedia hondureña; no hacerlo, distorsionará irremediablemente la verdad, y, por lo tanto, el futuro de nuestro pueblo. Esto no debe de ninguna manera significar que renunciemos a nuestra condición de protagonista fundamental de nuestra historia, o simplemente a “inmovilizarnos movilizándonos”. Sin embargo, es imperativo organizarnos y llevar, trasladar luces a todos los rincones del país para entender que detrás de la dictadura funciona un aparato inmensamente más tenebroso y mortífero que los sirvientes que simplemente cumplen órdenes a cambio de llevar vidas onerosas.

Las acciones de los lideres deben ir orientadas a organizar, pero también a establecer esquemáticamente el proceso que nos ha traído hasta este punto, y que es necesario para seguir y conquistar mejores estadios para el pueblo hondureño, que es concretamente el protagonista de esta gesta, que ya posee connotaciones de heroísmo; nuestros líderes no deben quedarse cortos; por eso es tan importante trabajar duro desenmascarando permanentemente a los conspiradores y las alimañas que los apoyan en el país al tiempo que gestamos incansablemente la unidad necesaria para conquistar nuestros anhelos.

Sin verdad no hay paz, ni arreglo posible, pero la verdad no se encuentra pidiéndole a los criminales que la busquen.

15/Octubre/2010

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Por Eliades I. Acosta Matos 

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 Un reciente artículo en la revista electrónica conservadora “The American Spectator”, correspondiente al verano del 2010, vuelve sobre el sempiterno miedo de la burguesía ante las revoluciones. Angelo G. Codevilla, su autor, se encarga de bucear en el alma atribulada de una clase tránsfuga, que debutó ante la Historia como revolucionaria, y que se ha convertido en un freno conservador que limita el propio desarrollo de la Humanidad.

 Si un día lográsemos llevar a la burguesía al diván de un psicoanalista nos espantaríamos por lo atribulado de su alma, sus indefiniciones y vacilaciones, y por su absoluta desorientación en cuanto a identidad. No es para menos: una clase que encarnó en un cierto momento histórico las ansias de libertad, igualdad y fraternidad entre los hombres, ha abjurado flagrantemente de sus ideales primigenias, por el amor enloquecido y febril a las ganancias, y se ha constituido en la clase social más denodadamente retardataria de la Historia. Hoy no queda nada de aquellos sueños liberales, más que la versión degenerada del neoliberalismo, esa estafa monumental de nuestro tiempo que hace mucho fue enterrada por los pueblos como su mortal enemiga.

Es interesante el razonamiento de Codevilla: desde el mes de septiembre del 2008, cuando tanto el presidente Bush, como los candidatos McCain y Obama coincidieron en que para salvar al país de la bancarrota total no había otro medio que erogar miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes, sin antes consultarlos, para bombear oxígeno a los mismos grandes bancos y especuladores de Wall Street causantes de la crisis, regresó al argot de la política norteamericana el término ” la clase dominante”, o sea, ese grupo de poder, alejado del control de las instituciones y de la nación, por encima de la propia Constitución, que manda, sin reparar en los matices tenues que separan a republicanos de demócratas.

Y es interesante ese razonamiento de Codevilla porque nos devuelve, en una revista conservadora, el enfoque de que la clase burguesa, por encima de los disfraces aparentes con que disimula su dominio, siempre se unirá en un solo partido, el de la burguesía, cuando vea sus intereses estratégicos amenazados. Y eso, precisamente es lo que ha ocurrido en medio de la crisis reciente.

“Nunca antes hubo menos diversidad entre la clase dominantes de los Estados Unidos, como en nuestros días” -afirma Codevilla- Hoy, esa misma clase, desde Boston a San Diego, está formada por el mismo sistema educacional, y está expuesta a las mismas ideas, todo lo cual la hace muy uniforme en su actuación, y también en sus gustos y hábitos”.

Se trata de un grupo social que “ya no reza al mismo Dios” que rezaban norteños y sureños enfrentados en la Guerra de Secesión, al decir de Lincoln, en tanto Creador Supremo y sustancia de todas las cosas, sino que se considera a si misma “salvadora del planeta y motor impulsor del desarrollo de la Humanidad”.

Según el autor, citando a Edward Goldberg, hoy domina los Estados Unidos una especie de “nueva aristocracia”, la verdadera beneficiaria de la globalización, formada por “los  empresarios multinacionales, los tecnólogos y los aspirantes a la meritocracia gubernamental”. De hecho, se afirma, su crecimiento no hubiese sido posible sin el crecimiento desmesurado que ha experimentado al aparato estatal. En resumen, lo que caracteriza a esta nueva clase dominante es que su fortuna y poder depende del gobierno

La pertenencia a esta “nueva aristocracia” no depende meramente del cargo gubernamental que se ostente, ni siquiera del dinero que se posea, sino de “relacionarse con la gente adecuada, emitir las señales requeridas de que uno está del lado correcto, y unirse en el desprecio al Otro”.  Este exclusivismo se concreta en lo que Codevilla considera la Primera Regla de esta nueva clase social: “Nosotros somos los mejores y más brillantes, mientras el resto de los norteamericanos son retrógrados, racistas y disfuncionales…”

 El único punto que figura en la agenda de esta aristocracia de nuevo tipo es el poder en si mismo. Codevilla señala que  una de las formas más socorridas para mantener ese poder es hacer económicamente dependientes a los ciudadanos norteamericanos. Por otro lado, una de las herramientas más eficaces para mantener su dominio ha sido la de “fragmentar y desesperanzar al pueblo norteamericano”. “Esta constante subestimación de la sustancia intelectual, moral y espiritual que conforma al pueblo norteamericano está el centro de lo que significa esta nueva clase dirigente. De ahí se deriva su creencia de  que puede tomar decisiones por  los demás, sin necesidad de consultar”.

 En cuanto a  su proyección internacional, según Codevilla, esta nueva clase de “los mejores y más brillantes se cree en el derecho de dirigir la vida no solo de sus conciudadanos, sino del resto del mundo”.

 Pero donde Codevilla vislumbra serios obstáculos y crecientes problemas es en la relación entre estos “elegidos”, y el resto de la nación, porque mientras los primeros dan muestra de una creciente sed de ser diferentes y ostentar su poder, los  segundos evidencian un creciente sentimiento de desafío e irrespeto a sus dirigentes, en tanto los considera “corruptos, ineptos e ineficientes”. En conclusión, “el choque es inevitable e impredecible”. Codevilla concluye que el futuro nos depara un choque entre lo que denomina “la clase dominante”(o sea, los políticos tradicionales” y el “Partido de la Nación”, el cual deberá, por fuerza, surgir de las ruinas del ya decrépito bipartidismo.

 La profecía final de Codevilla es, sin dudas, interesante: “la clase dominante tendrá que enfrentar el hecho de los Estados Unidos sí pueden ser afectados por una revolución, y  “el Partido de la Nación” deberá acometer tal revolución, sin imposiciones”.

 Un galimatías digno de Grau San Martín. Puede que se entienda a medias. Pero si preguntamos al hipotético psicoanalista que examinó la mente de la nación más poderosa de la Tierra sobre su significado, la respuesta más segura es que ese paciente se muere de miedo a las revoluciones, por considerarlas en la actual coyuntura, inevitables.

 Sólo restaría agregar que el paciente tiene toda la razón: lo son. Y es más, ya se les vislumbra y no necesariamente de las formas tradicionales.

Si lo que Codevilla llama, justamente, “clase dominante” en los Estados Unidos tiembla de miedo, tiene toda la razón del mundo para ello. “Quien siembra vientos, dice un viejo refrán, recoge tempestades”.

http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/08/04/miedo-a-las-revoluciones/

 Comp. fotgr. RCBaez: Miedo justo, asco justificado

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Por Eliades Acosta Matos

constitutionwithflag.jpgTodas las guerras imperialistas, sin excepción, han apelado a pretextos elevados, a principios caballerescos y espirituales, a argumentaciones patrióticas y humanistas para ocultar sus verdaderas motivaciones, por supuesto, groseramente terrenales: búsqueda de mercados, eliminación de la competencia, acceso a recursos naturales estratégicos, sed de botín y pillaje.

Así fue la primera de ellas en la edad moderna. La Guerra Hispano-cubano-americana de 1898, llamada por uno de sus atizadores “pequeña guerrita espléndida”, otorgó a los Estados Unidos, no solo el dominio absoluto del Hemisferio occidental, sino también de los mares y las islas desde Cuba y Puerto Rico, hasta Filipinas y Guam, donde se ubicaron bases navales y carboneras para abrirse paso al enorme mercado de la China. Ese, y no otro, fue el verdadero motivo de una conflagración que, de creer en los documentos oficiales del gobierno Mc Kinley, se desataba para poner fin a la barbarie del decadente Imperio español en su lucha contra los patriotas cubanos y filipinos en armas.

En aquella época, un belicoso senador imperialista, como lo fue Albert Beveridge, pronunció un discurso conocido como “La marcha de la bandera”, donde exponía, sin vergüenza alguna, las razones cínicas del capitalismo expansivo y sus nexos con las guerras y el comercio. [1]

Las noticias de la última semana clarifican mucho las verdaderas razones de una guerra, como la de Afganistán, y la ubican, exactamente, entre las que caracterizó aquel vocero de la expansión imperial. El anunciado descubrimiento de enormes yacimientos minerales en aquel país, especialmente de litio, han despojado a esa supuesta guerra de los ropajes que la presentaban como de  la civilización, la libertad y el progreso contra la barbarie, el oscurantismo y la opresión de los talibanes y Al Quaeda. Lo que ha quedado, tras el anuncio realizado por geólogos y funcionarios del Pentágono, ha sido como la imagen desnuda de una  criatura  repelente y ensangrentada, con enormes garras de rapiña y mirada codiciosa: no la guerra santa, hermosa, poética, sino la verdadera guerra, la guerra del capitalismo por asegurarse sus ganancias.

Pero, ya los sabemos: es muy difícil que la narrativa imperial pueda romper la inercia mental que la caracteriza y deseche,  por lógica o sentido común, todo lo que la mantiene cautiva como sierva del ser imperial. No debíamos esperar una rectificación, ni la honesta asunción de responsabilidades al descubrirse lo que no es más que un enorme saqueo encubierto. Y claro está, nada semejante ha ocurrido, más bien todo lo contrario.

Para “The New York Times”, el yacimiento hallado en la meridional provincia afgana de Ghazni está valorado en un billón de dólares, y contiene  hierro, oro, cobre y minerales estratégicos, especialmente el litio, utilizado en la fabricación de baterías para las computadoras y los celulares. Este diario liberal no desaprovecha la ocasión para proclamar que ese empobrecido y devastado país podría convertirse en la “Arabia Saudita del litio”, y que si se pudiese explotar debidamente el yacimiento  eso significaría “un salto gigantesco para la economía nacional”. Sin dudas, un astuto guiño al Talibán, casi una promesa de armisticio con la promesa  de enriquecerse con una industria legal (no como la del opio que actualmente dirige), que de paso, enriquecerá, aunque no se menciona, a las trasnacionales norteamericanas. Y para garantizar que no haya competencia extranjera en el festín, ¡oh, qué casualidad! las tropas yanquis ya habían ocupado esa tierra de promisión, claro está, que para que las mujeres afganas puedan salir a la calle sin burkhas y los niños puedan empinar sus papalotes.

Sin embargo, otro sector de la misma narrativa, esta vez representado por la revista “Newsweek”, tradicionalmente relacionada con la comunidad de inteligencia norteamericana, y activa participante en sus operaciones de guerra cultural, se ha permitido arrojar la sombra de una duda sobre la noticia, quizás por  sentido común, o por representar a otras industrias diferentes a la del litio, o a lo mejor, para hacer más creíble la noticia, en sí misma.

“Can Buried Treasure Save Afganistan?”, se titula el escéptico comentario de “Newsweek”, y para fundamentar sus dudas nos remite a febrero de 1975, cuando la Mobil Oil Corp y Hoang Dua Nho, entonces vocero presidencial del régimen títere de Viet-Nam del Sur, convocaron en Saigón una conferencia de prensa para anunciar, plenos de emoción, el hallazgo de una enorme veta de petróleo en la bahía de Bach Ho, pronosticando, como se hace hoy en Afganistán, que la noticia provocaría un punto de inflexión en la guerra. Se recuerda incluso, que el vocero fantoche bromeó con la posibilidad de dejarse crecer el bigote para parecerse al Jeque Ahmed Zaki Yamani, entonces Ministro saudita del petróleo. “La euforia duró poco:-concluye “Newsweek”-pocas semanas después los tanques de fabricación soviética de Hanoi derribaban las verjas del Palacio Presidencial de Saigón y concluía la guerra”.

En realidad, no es en “The New York Times”, ni en “Newsweek” donde ha saltado la liebre, sino en un anuncio comercial publicado el 15 de junio por la compañía “Amerilithium”(AMEL) en  “Townhall.com”, ese vocero, también fantoche, de Heritage Foundation. Estos órganos de los neoconservadores, émulos postmodernos de Albert Beveridge y atizadores  de las guerras de Iraq y Afganistán con el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, cada día se muestran  más ocupados en continuar, por el comercio rapaz y las inversiones expoliadoras, aquella “Marcha  de la Bandera” que rompía con los primeros cañonazos disparados.

“El derrame de petróleo en el Golfo -se grita con júbilo en el anuncio de AMEL- lo cambiará todo. Es por eso que Usted necesita variar sus estrategias de inversiones… Ese derrame significa ya un enorme retroceso para la industria petrolera y un gran paso de avance hacia formas “ecológicas” de energía. La tragedia del Golfo ofrece una tremenda oportunidad a un movimiento que avanza velozmente, basado en la urgencia de desarrollar fuentes energéticas alternativas… El litio es el combustible del futuro y AMEL la nueva EXXON… Compre acciones de AMEL hoy, a $ 1,75 USD y en los próximos seis a doce meses valdrán $7,65 USD. La gasolina está ya fuera del juego; el litio la está reemplazando”.

No hay que ser muy mal pensado para analizar con otra perspectiva la tragedia del derrame de petróleo en el Golfo, a partir del anuncio del hallazgo de lo que se supone sean las mayores reservas mundiales de litio en Afganistán, precisamente en estos momentos, y teniendo a  vista la la oportunista campaña comercial de AMEL.

¿Golpe de mano comercial? ¿Cambio de guardia, relevo generacional en los tiburones trasnacionales del capitalismo global? ¿Ajuste de cuentas entre clanes que dominan la economía, la política y las marchas de las guerras imperiales?

Todo eso y mucho más. Por lo pronto, como siempre dijo Marx, la economía capitalista ordenando a presidentes y generales la línea a seguir. Porque el gran capital imperialista es, desde hace mucho, el Estado Mayor de los legiones imperiales. No en vano marca los blancos a bombardear y  las tierras a ocupar.

Ante esta jugada geoestratégica, ante la  perspectiva de un saqueo multimillonario y el control mundial de la energía cuando se agotan los combustibles fósiles, ¿importan acaso los corales contaminados, los delfines envenenados, los pelícanos moribundos o  las bajas colaterales?

http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/06/16/el-festin-de-los-chacales/
[1] [N. del E.: Creo importante compartir extracto del documento mencionado:

“La marcha de la bandera: Beveridge pronunció este discurso durante su campaña para ser Senador del estado de Indiana. El discurso le ayudó a ganar la elección y lo convirtió en uno de los más importantes abogados por la expansión americana”.

“Compatriotas, …es un noble país que Dios nos ha dado; una tierra que puede dar de comer y vestir a todo el mundo; …Es un pueblo poderoso que Él ha sembrado en esta tierra…Es una historia gloriosa que Dios nos ha dado a su pueblo escogido; … una historia de soldados que cargaron la bandera tras desiertos resplandecientes y por filas de montañas hostiles hasta la puerta de la puesta del sol; una historia de un pueblo que se multiplicó e inundó un continente en la mitad de un siglo… William McKinley está continuando la misma política que Jefferson inició…

La oposición nos dice que no debemos gobernar a un pueblo sin su consentimiento. Yo respondo que la ley de la libertad que dice que todo gobierno justo base su autoridad en el consentimiento de los gobernados se aplica solamente a los que son capaces de gobernarse a sí mismos. Yo respondo que gobernamos a los indígenas sin su consentimiento, gobernamos nuestros territorios sin su consentimiento, gobernamos a nuestros hijos sin su consentimiento…

Nos preguntan cómo gobernaremos las nuevas posesiones. Yo respondo… si Inglaterra puede gobernar otras tierras, América también puede. Si Alemania puede gobernar otras tierras, América también puede. Si ésos pueden supervisar protectorados, América también puede…

¿Qué quiere decir todo esto para cada uno de nosotros? Indica una oportunidad para toda la gloriosa virilidad joven de la república -la virilidad más masculina, ambiciosa, impaciente, y militante que el mundo jamás haya visto. Quiere decir que todos los recursos y el comercio de estos dominios inmensamente ricos se aumentarán…

Sólo en Cuba hay 15 millones de acres de bosques que nunca han conocido ninguna hacha. Hay minas inexhaustibles de fierro… Hay millones de acres que no se han explorado.

Quiere decir nuevo trabajo y mejores salarios para cada hombre trabajador en la Unión.

Ah! mientras nuestro comercio se extiende, la bandera de la libertad envolverá el globo…Y mientras sus truenos saludan la bandera, los pueblos ignorantes sabrán que la voz de la Libertad habla, por fin, por ellos, que la civilización amanece, por fin, para ellos—la Libertad y la Civilización, esos hijos de la palabra de Cristo…

Compatriotas americanos, somos el pueblo elegido por Dios…”

Fuente: Extracto de un discurso de la campaña senatorial de Albert J. Beveridge. 16 de septiembre 1898.

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Imagen agregada: Constitución y bandera de los Estados Unidos

ISTORICAL THIN KINGMATTERS.ORG — SPANISH-AMERICAN WAR
http://historicalthinkingmatters.org/pdf/SpAm-Spanish-docset.pdf  ]

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