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Posts Tagged ‘historia de Cuba’

Por Néstor García Iturbe.

 

“…. la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el     imperialismo dondequiera que esté….”

 

 

Recientemente un compañero me obsequió un ejemplar del libro “Crónicas de la República de Cuba 1902-1958” escrito por la señora Uva de Aragón, publicado por Ediciones Universal, en Miami, en los primeros meses de este año.

 

Según el compañero, conociendo mi “afición” por todo lo que publica esta señora, no pudo resistir la tentación de gastar una parte del dinero de la dieta alimenticia que había recibido para su viaje a ONU con tal de que yo pudiera “degustar” esta pieza literaria, lo cual estaba seguro yo disfrutaría.

 

No se equivocó el compañero. Cuando terminé de leer el mencionado libro consideré mi deber el hacer unos comentarios sobre el mismo y compartirlos con ustedes. No pretendo convertirme en un crítico literario, pero si en un crítico de lo que se escribe sobre la historia de nuestra patria, sobre todo si se trata de tergiversar esta.

 

El libro en cuestión está formado por cuarenta y cuatro artículos publicados en El Diario de las Américas bajo la firma de esta señora, más un artículo que va dirigido a los intelectuales. En mi análisis tocaré de forma explicita algunos párrafos de dichos artículos y además haré comentarios generales sobre otros, para no aburrir al lector.

 

El libro cuenta con 172 páginas de texto (excluyendo índices, referencias bibliográficas y otras) para reflejar eventos de 56 años de nuestra historia, un poco más de tres páginas por año, lo que en mi modesta opinión considero pobre y obliga a eliminar aspectos importantes de la misma.  En esas 172 páginas se hace referencia 37 veces a la familia Márquez Sterling, Manuel y Carlos, una referencia cada 5 páginas. Me parece que ahí se le fue la mano tratando de darles un papel mayor en los anales de nuestra patria que el que desempeñaron.

 

Existen referencias bibliográficas a personas que ocuparon la presidencia de la nación en ese período, otras que tuvieron un papel en nuestra historia en períodos anteriores a los que trata el libro, otras totalmente irrelevantes y algunas en que considero  también se le fue la mano, como con las referencias a Tongolele,

Pedrito Rico, Lucho Gatica y el trío de excéntricos musicales Gabi, Fofó y Miliki, que realmente es un lujo mencionarlos en un trabajo tan sucinto, o una muestra de ligereza por parte de la autora.

 

Para terminar con las referencias bibiográficas (recuerden que el período es de 1902 a 1958) y haciendo una selección, solamente para dar una idea de la importancia que se le atribuye a otras figuras, se cita a : Fidel Castro (5 veces), Raúl Castro (1), Camilo Cienfuegos (1), Eduardo Chibás (7), José Antonio Echeverría (2), Rafael García Bárcena (5), Antonio Guiteras (3), Juan Marinello (7), Rubén Martínez Villena (4), Julio Antonio Mella(4), Raúl Roa (3), Blas Roca (1), Carlos Rafael Rodríguez(2), Fructuoso Rodríguez (1), Pablo de la Torriente Brau (5).

 

Ni un solo líder obrero, ni un solo líder campesino. Estas “crónicas” ignoran totalmente la lucha de la clase trabajadora contra la opresión y la miseria.

 

Para entrar en materia, me gustaría iniciar el análisis por una idea que la señora de Aragón trata de promover en distintas  páginas del libro y que finalmente muestra claramente en la página 159. “La palabra República rara vez ha aparecido así, por si sola, en la Cuba revolucionaria. Siempre se le acompaña del clásico cliché de república mediatizada, pseudo república o, peor aún se le llama neocolonia”.

 

Según esta señora las distintas denominaciones que se le ha dado a ese período de nuestra historia, que nadie puede cambiar, es solamente un “cliche”. No están determinadas por las condiciones objetivas en que vivía nuestro pueblo, la dominación yanqui, que nos convertía en una neocolonia. Una pseudo república donde los intereses del pueblo ni se respetaban, ni se satisfacían y donde las masas no tenían posibilidad de elegir a un gobierno que realmente lo representara. La república mediatizada había creado todos los mecanismos necesarios para que la clase dominante, aliada del imperialismo, se mantuviera en el poder.  Señora, lo que usted plantea no es más que otra muestra de ligereza al analizar la historia de nuestro país, o de total identificación con los intereses que en aquella época explotaron a nuestro pueblo, más bien lo último.

 

Algunos enfoques que se hacen en el libro tratan de tergiversar totalmente nuestra historia, resaltando hechos sin relevancia y dejando de mencionar otros que marcaron la realidad en la que vivió nuestra isla en aquellos años. La apología a Tomás Estrada Palma trata de mostrarlo como defensor de las ideas independentistas y como un continuador de la obra de Martí, nada más alejado de la realidad; el candidato de Estados Unidos, con el apoyo de los grandes capitales cubanos y del conservadurismo, terminó de abrir las puertas al capital norteamericano para asegurar los intereses de estos en la neocolonia.

 

Este mismo enfoque parcial y totalmente falso de nuestra historia se pone de manifiesto en los distintos artículos (¿o capítulos?) del libro que tratan de describir lo sucedido en la etapa anterior al triunfo de la revolución.  Como ya dije que no quería aburrir al lector, voy a pasar a las últimas hojas del libro para analizar hechos que pueden considerarse más cercanos al triunfo revolucionario.

 

En la página 134, se hace referencia al golpe de estado del 10 de marzo de 1952, ejecutado por Batista y organizado por la Embajada de Estados Unidos en la Habana. El gobierno estadounidense trató de hacer ver que el golpe de estado era una consecuencia de pugnas políticas internas, cuando en realidad era una acción para que las riendas de la nación no cayeran en manos que consideraban poco dóciles y hasta peligrosas para sus intereses y los de sus aliados cubanos.

 

Como ejemplo de que el pueblo no apoyó el citado golpe de estado, señala la señora de Aragón que “Un mes después del coup, Rubén Darío Rumbaut -uno de los dirigentes de la Juventud de Acción Católica- expresaba a la prensa habanera que su primera reacción había sido de indignación incontenible.” Una indignación incontenible que le llevó un mes en reaccionar.

 

Uva no señala, sin embargo, que un joven abogado, miembro del partido ortodoxo, llamado Fidel Castro, de inmediato presentó en el tribunal competente un recurso de inconstitucionalidad contra el golpe de estado que nunca fue atendido y que de ahí en lo adelante inició la lucha contra la tiranía y sus seguidores.

 

Cuando menciona los hechos del 26 de julio hace mención a las torturas y asesinatos que se cometieron contra los asaltantes y sus simpatizantes, sobre esto plantea en la página 138. “Pero la reacción violenta del ejército- con el conocimiento de Batista o sin el- es un hecho cierto”.  Aquí la autora insinúa que aquellos hechos de sangre en que se torturó y asesinó a mansalva pudieran haberse efectuado sin el conocimiento de Batista. Otro esfuerzo como los que ha realizado en distintas oportunidades por mostrar un Batista que nada tiene que ver con el que sufrió nuestra nación. Otra tergiversación histórica.

 

Interesante que en la pagina 140 señala como en febrero de 1955,

“..un grupo de la Juventud de Acción Católica funda el Movimiento de Liberación Radical, con Amalio Fiallo a la cabeza”.  Esta referencia a la Juventud Católica y a jóvenes católicos se repite en distintas partes del libro. ¿Qué nos trata de decir Uva?  Sin negar la participación de creyentes católicos en el proceso revolucionario, al igual que de creyentes de religiones africanas, protestantes y no creyentes, el solo mencionar a los católicos nos permite imaginar que se les trata de dar una preponderancia en la lucha, que no tuvieron.

 

Algunas contradicciones se ponen de manifiesto en el propio texto,  cuando se habla de la mediación, donde muchos aspiraban a retornar a la politiquería haciéndole el juego a Batista ( entre ellos Carlos Márquez Sterling ) participando en las elecciones parciales que se convocaron. Se describe un mitin político en el Muelle de Luz donde según el libro,  “Prácticamente toda la oposición, menos los miembros de la FEU, los comunistas y los castristas, dice presente”. El acto terminó como la famosa fiesta del Guatao, pues se plantea que ,  “..el acto es interrumpido por pedradas, silletazos y gritos de ¡Revolución! ¡Revolución! ¡Mueran los americanos! ¡Abajo el imperialismo yanqui!”

 

Todo parece indicar que en aquella multitud a la que hace referencia la señora Uva en su libro, estaban presentes los miembros de la FEU, los militantes del Partido Socialista Popular, (denominados en el libro como comunistas) y los miembros del Movimiento 26 de Julio (a los que Uva denomina castristas al igual que siempre lo ha hecho lo peor del exilio).  Esas fuerzas, que se oponían a la componenda electora y hacerle el juego a Batista, evidentemente fueron las que se encargaron de finalizar aquel bochornoso espectáculo.

 

En la página 145, donde se hace referencia al ataque a la guarida de Batista, el 13 de marzo, la señora de Argón asegura que,

  1.  “A Carlos Márquez Sterling lo fueron a buscar a su casa, pero se negó a que la policía se lo llevara sin una orden de arresto, y no lo forzaron.”  

 

¡Que respetuosa la policía de Batista!  En momentos posteriores a que Batista podía haber sido ajusticiado, en una situación donde estaban asesinando a cualquiera que sospechara había estado en la acción o se opusiera al régimen, el simple hecho de no contar con una orden de arresto le salva la vida a Carlos Márquez Sterling. El que se crea esto, se puede creer cualquier cosa.

 

Sin hacer referencia a otras aseveraciones que se hacen en el mencionado libro, donde en varias oportunidades se califica de castristas a los Miembros del Movimiento 26 de Julio y se trata de negar la participación de estos en acciones de importancia como el alzamiento del 5 de septiembre, podemos decir que solamente reconoce esto cuando no tiene otra salida.

 

Para cerrar con broche de oro la etapa de la lucha insurreccional y el porqué de la fuga del tirano Fulgencio Batista, en la página 150 nuevamente se tergiversa la historia al plantear,  “Las versiones sobre los tumultuosos eventos del mes de diciembre y los papeles que jugaron el General Eulogio Santillo y el embajador Earl T. Smith difieren, pero quedan pocas dudas de que el último le pidió a Batista que se fuera del país. Y así, en la madrugada del 31 de diciembre de 1958 al 1ro. de enero de 1959, Batista y sus seguidores más íntimos, se dirigieron al aeropuerto del campamento de Columbia.”

 

La derrota de las fuerzas del ejército de la tiranía en las montañas orientales, la lucha exitosa en el llano por parte de las fuerzas rebeldes, la toma de Santa Clara y de casi todos los pueblos de la antigua provincia de Las Villas, la situación insostenible por parte de las fuerzas de la tiranía en prácticamente todas las ciudades del país, principalmente en Santiago de Cuba y en la propia Habana fueron los factores objetivos que determinaron el triunfo de la revolución y la fuga del tirano.  Según Uva “quedan pocas dudas” de que fue la petición del embajador estadounidense la que originó todo esto.  Este es otro cuento como el de la salvación de Carlos Márquez Sterlin el 13 de marzo. El que se crea esto, se puede creer cualquier cosa.

 

¿Consideran ustedes que ahí terminaron los cuentos de Uva? Aún nos queda uno.  En este la señora de Aragón nos muestra su verdadera imagen, nos da todos los elementos necesarios para poder analizar objetivamente su forma de actuar y los verdaderos propósitos de su libro. En la página 152 nos ofrece todos esos elementos cuando nos dice:

 

“A menudo se escucha que en 1958 Cuba disfrutaba de uno de los mayores ingresos per capita de la América Latina. Éramos los primeros en muchos renglones, con más televisores (uno por cada 25 habitantes), más teléfonos, (uno por cada 38), más automóviles (uno por cada 40) y más líneas de ferrocarril (una milla por cada cuatro millas cuadradas) que ningún país latinoamericano. Y sin duda, nuestra capital era la ciudad con más Colas de Pato (Cadillacs).  En 1953, la tasa de analfabetismo -23,6%- era la cuarta más baja de Nuestra América. Teníamos razón, por igual, para estar orgullosos de que la taza de mortalidad infantil era la más baja de la región. Sin embargo, nada de esto quiere decir que no hubieran serios problemas económicos y sociales.”

 

¡Señora Uva, por favor, un poco más de respeto! ¿Quiénes eran los que tenían ingresos desmedidos cuando la mayoría de la población casi no ganaba para vivir? ¿Cuántos desempleados y campesinos sin tierra había en nuestro país cuyos ingresos eran prácticamente nulos? ¿Quiénes eran los propietarios de los televisores, los teléfonos, los automóviles? ¿Quiénes eran los propietarios de los Colas de Pato?  Algún cubano trabajador o campesino podría ponerse en la lista de los propietarios de estos medios. 

 

 

Se dice, al parecer con orgullo, que la tasa de analfabetismo era el 23,6%. ¿Usted sabe lo que quiere decir esto? Una cuarta parte de la población analfabeta y si sumamos aquellos que a penas sabían firmar o que leían con dificultad, estoy seguro que llegaríamos cerca del 50 %. ¿Qué clase de futuro podía tener un pueblo que estaba sumido en la incultura? El cuarto más bajo en América Latina con el 23,6%, no es precisamente un éxito para Cuba, lo que nos muestra es el terrible atraso en que se encontraba Nuestra América.

 

Cuando usted dice que la mortalidad infantil era la más baja de la región, se cuida de dar los datos que sustentan esto.

¡Señora Uva, ese truco es viejo! Sigue siendo un consuelo de pobres el pensar que estábamos muy bien porque los otros estaban peor. No se le ocurrió que cualquiera podría buscar los datos. En 1958 la mortalidad infantil en Cuba alcanzó el 37,6 por ciento, realmente era mucho mayor de acuerdo al estimado del Ministerio de Salud Pública de Cuba, más del 50 por ciento, pero voy a utilizar el 37,6 por ser un dato publicado en El Nuevo Herald el 13 de noviembre del 2001, fuente que considero usted no impugnará. En el año 2008 la mortalidad infantil en Cuba fue del 4,7 por ciento.

 

En la propia página usted expresa.  “Abundan cifras que indican que Cuba en la década de los cincuenta era un país en desarrollo y que gozaba de uno de sus mejores momentos económicos. Es fácil comprobar el auge de construcción de que disfrutó La Habana en esas fechas, y el no menos asombroso desarrollo de la cultura….”

 

Cuando pasamos a la página siguiente usted continúa la avalancha sobre la década del cincuenta y cita, además de la violencia política, imposible de ocultar,  “ Pensemos por un momento en las noches estrelladas de Tropicana, los buenos restaurantes, la inauguración de nuevos hoteles –el Hilton, el Riviera, el Capri-, de nuevos edificios como el Focsa y nuevos repartos, como La Habana del Este y Mulgoba entre otros. Recordemos los apasionantes juegos de La Habana y Almendares; los geniales sketches del Gallego y el Negrito; los magníficos programas de televisión y radio –entre ellos la Universidad del Aire-; las temporadas de ópera con interpretes de la talla de Renata Tebaldi; los conciertos de la Sinfónica; las mercancías que llenaban tiendas como El Encanto y Fin de Siglo; las meriendas en el Carmelo o en el Ten Cent; los juegos de dominó en clubes y casas privadas; las regatas de remo; los bailes de quince y de debutantes; los Carnavales por el Paseo del Prado; los estrenos de películas americanas en el Payret, Rodi, Trianon, el Cine Miramar; las conferencias en el Lyceum; las salitas de teatro; la amplia gama de periódicos; los movimientos literarios del alcance del grupo Orígenes; la chispa irónica de Zigzag.

 

Revivamos los paseos por el Malecón, los pregones de los vendedores ambulantes; el tintineo de la campanilla del heladero; el auge del cha cha cha, los triunfos de artistas extranjeros – Pepe Biondi; Gabi, Fofó y Miliki; Pedrito Rico; Sarita Montiel; Pedro Vargas; Lucho Gatica- y propios, de Alicia Alonso a Olga Guillot. La Habana de los 50 era la de El Túnel y la Engañadora… La Habana sonriente, iluminada de sol de trópico, borracha de brisa, campechana y bailadora, sin prisas, con la frase cariñosa a flor de labio, el abrazo fraterno, el Aquí no hay problemas. Todo se arregla entre cubanos como tema de vida.”

 

¿Y que nos sucedió? ¿Cuál fue la desgracia que nos cayó encima que trajo como consecuencia que ese maravilloso país que usted describe dejó de serlo? ¿Serían los miembros de la FEU, los comunistas y los castristas de que usted habla los causantes de esto? ¿Eso es lo que usted quiere decir en este capítulo, pero que no lo dice, deja que el lector lo infiera? Otro viejo truco, señora de Aragón.

 

Revisando lo que se ha escrito sobre la situación social en Cuba antes del triunfo de la Revolución, encontré unos párrafos que describen perfectamente aquellos años.  Estos se refieren a toda la isla, pues las referencias dadas por usted solamente se circunscriben a La Habana, como si el resto de la isla no existiera.

 

Este autor señala, “ Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballerías de tierra productiva.”

 

Más adelante continúa expresando, “Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda.  Hay en Cuba doscientos mil bohíos y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud; dos millones doscientas mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos, y dos millones ochocientas mil de nuestra población rural y suburbana, carece de luz eléctrica….. A las escuelitas públicas del campo asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los niños de edad escolar y muchas veces es el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario. ¿Es así como puede hacerse

 una patria grande?

 

De tanta miseria sólo es posible librarse con la muerte; y a eso sí los ayuda el Estado; a morir.  El 90 por ciento de los niños del campo está devorado por parásitos que se les filtran desde la tierra por las uñas de los pies descalzos…. El acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, sólo es posible mediante la recomendación de un magnate político que le exigirá al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siendo igual o peor.”

 

Al analizar los problemas de la República y la forma de resolverlos, plantea. “ Y no es con estadistas al estilo de Carlos Saladrigas, cuyo estadismo consiste en dejarlo todo tal cual está y pasarse la vida farfullando sandeces sobre la libertad absoluta de empresa, garantías al capital de inversión y la ley de la oferta y la demanda”. Señora Uva, este es el mismo Carlos Saladrigas que usted califica en la página 120 de su libro como una de las personalidades de gran talento que colaboraron con Batista en 1940.

 

Los párrafos que he seleccionado, en los que se describe de forma fehaciente la realidad de aquellos años, corresponden al alegato denominado “La Historia me Absolverá” confeccionado por el Comandante en Jefe Fidel Castro para llevar a cabo su propia defensa en el juicio del ataque al Cuartel Moncada.

 

La Crónica de la señora de Aragón, corresponde a un mal crónico que padecen muchos en Miami. En ella, además de tratar de tergiversar la historia de nuestra patria, se pone de manifiesto la melancolía que invade a todos aquellos que se marcharon de Cuba con la esperanza de que los marines estadounidenses invadieran el país y volvieran a situar las cosas en el lugar que a ellos les convenía. La añoranza por la vuelta al pasado, a la libre empresa, a los clubes privados, a los repartos exclusivos, a la politiquería y al enriquecimiento para unos pocos a costa del hambre de muchos.

 

Señora, su mal no tiene cura. A usted no la salva ni el médico chino.

 

 

 

Boletín informativo El Heraldo, Editor: Néstor García Tuero

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Desclasifican documentos relacionados con Cuba.

La organización independiente National Security Archive, hizo público hace unas horas en Washington varios documentos relacionados con algunos contactos ejecutados por varias administraciones norteamericanas, explorando la posibilidad de normalizar las relaciones de Estados Unidos con Cuba.

Los textos hasta ahora inéditos, recogen detalles de algunas acciones en esa dirección ejecutadas bajo la presidencia de John F. Kennedy, Gerald Ford, Jimmy Carter y Bill Clinton.

Entre los textos puestos a disposición pública están notas del Secretario de Estado Henry Kissinger, así como de otros funcionarios norteamericanos.

Basado en estos documentos, la revista Cigar Aficionado inserta en su edición del mes de febrero un artículo de Peter Kornbluh y William LeoGrande bajo el título de “Hablando con Castro” donde se ofrecen detalles de esos manejos secretos.

Hoy se conoce que en 1975, el Secretario de Estado H. Kissinger elaboró un informe secreto sobre la posibilidad de rebajar las tensiones con La Habana. En el documento titulado “Normalizando relaciones con Cuba”, el jefe de la diplomacia norteamericana afirmaba que “nuestro interés es lograr poner el asunto de Cuba detrás, y no prolongarlo de manera indefinida”.

Según los documentos ahora desclasificados fue Jimmy Carter quien más lejos llegó en esa dirección, al emitir en marzo de 1977 una directiva secreta para buscar una normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Ese texto marca la primera y única vez en que un presidente ordenó la normalización de las relaciones con el gobierno cubano: “He concluido que deberíamos lograr la normalización de nuestras relaciones con Cuba”, afirma la directiva presidencial NSC-6. En todos los casos la pretensión norteamericana de mediatizar la independencia y soberanía de la isla laceró cualquier avance serio.

Durante el gobierno de Carter fueron establecidas Oficinas de Intereses en ambos países, no obstante exigencias norteamericanas con carácter injerencista hacia La Habana referentes a la amistad de Cuba con la Unión Soviética y la ayuda internacionalista de la isla a Angola impidió otras acciones en la búsqueda de una normalización en las relaciones entre ambas naciones.

Ahora cuando el mundo rechaza de manera enérgica la existencia del bloqueo económico norteamericano contra Cuba y la isla fortalece y acrecienta su prestigio internacional, muchas voces reclaman poner fin a la hostil política de Estados Unidos contra el pueblo cubano.

En más de una ocasión las autoridades cubanas han ratificado su disposición de discutir sobre esos temas con Estados Unidos, siempre que las pláticas se realicen sobre la base de respeto mutuo, igualdad de condiciones y sin exigencias que laceren la independencia y soberanía de Cuba.

Los documentos ahora desclasificados evidencian la pretensión norteamericana en las acciones pasadas de imponer determinadas condiciones para lastrar la soberanía de la isla, algo que Cuba jamás aceptará.

Consultar documentos desclasificados … AQUÍ

Tomado de http://rreloj.wordpress.com/2009/01/28/desclasificando-la-historia/


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Cuba: De la resistencia ideológica y cultural a una contraofensiva por la transición al socialismo y el comunismo

Claudio Ottone, de Nuestra Propuesta, Buenos Aires, entrevista a Felipe Pérez Cruz

Para Felipe de J. Pérez Cruz, la Revolución se abrió con el desfile de los barbudos, por la esquina de las calles Infanta y Carlos III, en el popular barrio capitalino de Centro Habana, a lo que siguieron los interminables y ruidosos combates infantiles, donde todos querían ser Camilo, Che Guevara, Raúl, cuando el conflicto más grande era el ponerse de acuerdo sobre quien sería Fidel. El hoy profesor e historiador cubano, cumple en estos días un programa de trabajo en Buenos Aires, invitado por la Cátedra Libre de Estudios Americanistas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y en tal oportunidad visitó la redacción de Nuestra Propuesta. El imprescindible 50 Aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, de inmediato ocupó nuestra atención, y no nos abandonó, pues la charla, una y otra vez, nos condujo a ese universo extraordinario que es la Cuba socialista.

-¿Cómo empieza a funcionar en la Cuba revolucionaria la construcción de un relato histórico que se diferencie y, por lo tanto, sea capaz de construir un imaginario colectivo liberador capaz de actuar en contraposición al hasta entonces vigente, vinculado al colonialismo cultural y al imperialismo político que, en líneas generales, se presenta como matriz en Latinoamérica?

La de Cuba es en primer lugar una gran Revolución de carácter cultural. Después del extraordinario hecho desenajenador que fue la propia guerra de liberación, tras el triunfo del 1º de enero de 1959, se extiende de inmediato la propia obra educacional y cultural de la Revolución, cuyo hecho mayor se concretó en 1961 con la alfabetización de 900.000 persona

s, y el alza general a nueve grados de instrucción entre 1962 y 1971 de todos los trabajadores cubanos. Hoy toda la población posee un promedio de 11 grados, y tenemos casi un millón de graduados universitarios, en una población de 11,2 millones de habitantes.

El tema de la hegemonía ideológico cultural es para nosotros muy importante. Un poder sobre la sociedad, no sólo se sustenta por la fuerza del aparato estatal. El capitalismo en particular ha desarrollado además de la coerción económica y política, mecanismos de dominación de caracteres ideológicos, culturales y psicológicos.

En Cuba la Revolución encuentra un sustrato relevante, ya que si bien existía una cultura oligárquica-imperialista impuesta desde los mecanismos de dominación neocolonial, también persistió y resistió una cultura popular, nacional y progresista, que arrancó desde el nacimiento de nuestra nacionalidad.

El primero que hace el rescate histórico de la lucha de emancipación es José Martí cuando realiza su lectura de la Guerra de los Diez Años iniciada en 1868, de sus poetas y su cultura, de qué errores políticos existieron, pero además formula una plataforma ideológica para esa guerra. Martí rompe con el liberalismo, funda en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, el primer partido internacionalista y antiimperialista del hoy llamado Tercer Mundo, porque se creó para evitar con la independencia de Cuba y Puerto Rico, que los Estados Unidos continuaran sus planes de dominación y se extendieran por el Caribe y América Latina, la región que Martí asumía como Nuestra América.

Martí fija un paradigma de Revolución, un concepto de soberanía, justicia social y dignificación humana, que por mucho que se trató de ocultar, de borrar, permaneció en las entrañas del pueblo. Antinjerencismo, antimperialismo, solidaridad e internacionalismo, más que en conceptos muy elaborados, se incorporan al imaginario popular y fueron banderas que se levantan una y otra vez durante cincuenta años de neocolonial. En esos años de notable trabajo y resistencia, entre los sectores más lúcidos y comprometidos con los intereses nacional populares, puede advertirse un crecer de pensamiento y acción: De este caudal se nutren quienes ya desde la segunda década del Siglo XX, rescataban a Martí y en su búsqueda de vías de acción en las nuevas circunstancias, encuentran en el en el movimiento obrero, en el socialismo, en marxismo y el leninismo, su más certera guía, para fundar el primer partido comunista en 1925.

Quien más coadyuva a la fundación de este partido es Carlos Baliño, que precisamente, estuvo con Martí, ya siendo marxista, en la fundación del Partido Revolucionario Cubano. Precisamente en Baliño y en quien sería su discípulo superador, Julio Antonio Mella, están las bases de lo que pudiéramos considerar el socialismo –el marxismo- cubano, dado por la articulación de esa tradición avanzada del pensamiento martiano, con el marxismo y el leninismo.

Desde su fundación, el primer partido comunista realizó una labor extraordinaria en la cultura. Hasta en la más férrea clandestinidad el partido no dejó de publicar boletines y periódicos, y atender el frente ideológico cultural entre los obreros y campesinos. . Su presencia en el sector intelectual, en el mundo de la producción artística y literaria fue muy fuerte. En sus filas militaron destacados intelectuales.

En vísperas de la Revolución, en las décadas del 40 y 50, el partido de los comunistas, entonces con el nombre de Partido Socialista Popular, poseía además del periódico y la revista teórica, una emisora de radio, con la mejor programación cultura e informativa de la época. También una editorial. La Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, alentada por el partido agrupó a un amplio espectro de artistas, el hoy laureado cine cubano, nació con las iniciativas de cine club populares organizadas por el Partido.

Tanto en el primer partido comunista, como en otras fuerzas de carácter nacional-revolucionario, se desarrolló sistemáticamente una sólida tradición de trabajo cultural, donde se destaca el compromiso social y patriótico de los principales exponentes de la intelectualidad cubana.

Mención especial merece la escuela cubana y el magisterio nacional. Los maestros y maestras cubanos, fueron bastión de la tradición patriótica, aunque la escuela oficial intentara imponer un discurso reaccionario y proyanqui. En el alegato de autodefensa de Fidel Castro en el juicio que le hace la dictadura por haber dirigido los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, que luego bajo el título de La Historia me Absolverá, se convierte en el programa de liberación nacional de esa etapa de luchas, el joven líder revolucionario afirma: Vivimos orgullosos de nuestra historia. La prendimos en la escuela y hemos crecido oyendo hablar de libertad, de justicia de derechos…

-¿Cómo aportan estas tradiciones en la hora de la Revolución?

Estas tradiciones se fundieron en el crisol de la Revolución y en ella eclosionaron. La Revolución es una explosión de toda esta tradición acumulada, y a su vez fuente de creación de nuevas tradiciones. Desde las primeras semanas y meses, se funda todo un sistema de instituciones culturales y educacionales revolucionarias. Se rescatan instituciones que la dictadura de Fulgencio Batista intentó destruir como el Ballet Nacional de Alicia Alonso, hoy una de las joyas culturales de América Latina. Nace la Imprenta Nacional y la Casa de las Américas, comienzan las escuelas de arte, las de instrucción revolucionaria, el debate fuerte en los claustros sobre las perspectivas de una reforma universitaria con un contenido revolucionario, surge la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba… Es todo un despegue de instituciones que son instrumentos de desenajenación, de construcción de la hegemonía ideológico cultural revolucionaria.

Una batalla importante se ganó contra el anticomunismo. En todos los años de dominación neocolonial, el imperialismo había logrado sembrar ideas negativas y sobre todo prejuicios, contra el ideal comunista.

-¿Todo esto aportó a la unidad necesaria para llevar adelante la construcción de la Revolución y el socialismo?

La propia marcha de la Revolución impone la unidad. En 1958, la dirección del primer partido comunista se percata de lo erróneo de las tesis prevalecientes en el movimiento comunista internacional -ya parte de su militancia y base de simpatizantes participaba de la insurrección -, organizan un frente guerrillero, integran el Ejército Rebelde bajo la jefatura de Fidel, y conforman el multipartidismo revolucionario con que se arriba al triunfo de la Revolución.

Me detengo en el tema del multipartidismo revolucionario con el que triunfa la Revolución, porque resulta un tema fundamental para entender el sistema político que los cubanos y cubanas hemos elegido. Tres fuerzas políticas pelearon en la guerra de liberación: El Movimiento Revolucionario “26 de Julio”, la organización que fundó Fidel, y que rememoraba, junto al día, el programa de La Historia me Absolverá; el Directorio Revolucionario que fue una organización nacida del movimiento estudiantil, con gran tradición de lucha antidictatorial, y el Partido Socialista Popular conformado por los compañeros del primer partido comunista.

Nuestros enemigos y los críticos que se sitúan en las izquierdas liberales, socialistas y socialdemócratas, afirman como negativo el hecho de que en Cuba exista un partido único: No quieren atender a la historia. Unos no saben, otros ocultan interesadamente el proceso de unidad y fusión que realmente se dio en los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución.

La Revolución solo ilegaliza el Partido del dictador Fulgencio Batista, partido de connotados criminales de guerra, malversadores y hampones. No hay un solo decreto en la Revolución que disuelva el sistema de los partidos burgueses existentes en el momento del triunfo revolucionario. Estos partidos, por su trayectoria de corrupción y entreguismo, por la inacción y cobardía frente a la ruptura del orden constitucional por parte de la dictadura primero, y luego con desvergonzadas componendas con esta, sin apoyo de masas, completamente desprestigiados, se extinguieron solos. Súmese que sus principales dirigentes pasaron rápidamente a la contrarrevolución, y se refugiaron en Miami a la espera de que los amos yanquis le resolvieran el “problema”, y como había pasada en otras ocasiones, intervinieran y pusieran fin a la Revolución. Por supuesto que hasta hoy, se quedaron esperando que esto ocurriera

En las grandes batallas de masas, tanto por abajo, como a nivel directivo, este multipartidismo revolucionario evolucionó hacia un partido único de la revolución. Las pasadas rencillas y desacuerdos entre los revolucionarios, los personalismos, los sectarismos, las desconfianzas y prejuicios, no se resolvieron en un día, pero cedieron y muchas se pospusieron, ante la inmensidad de las tareas y los retos que se enfrentaban, ante el Amazonas -así lo describió el propio Fidel- desbordado de pueblo, que exigía más entrega, más compromiso.

El gran artífice de este proceso de unidad fue Fidel Castro. El tejió voluntades, educó, cohesionó, persuadió. Siempre con fiel apego a la defensa de los principios. Junto a él los más queridos líderes de la insurrección, Camilo Cienfuegos –hasta su desaparición-, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro, Juan Almeida, Ramiro Valdés, Faure Chomón… Y un lugar muy importante lo ocupó Blas Roca, el dirigente histórico de los comunistas cubanos, que supo aquilatar la magnitud del nuevo liderazgo revolucionario –martiano, marxista y leninista- que Fidel representaba.

Blas puso el Partido bajo la dirección del joven Fidel, y en contra de lo que aconsejaban otros dirigentes de partidos comunistas latinoamericanos y sus amigos de Moscú, propuso y convenció a la mayoría de la militancia del primer partido, para auto extinguir la organización, en aras de fundar el nuevo Partido unido de todos los revolucionarios cubanos. Así nace el actual partido Comunista de Cuba (PCC). No conozco que acontecimiento semejante se haya producido en la historia del Movimiento Comunista Internacional.

De hecho, los cubanos y cubanas en el tema partidista adelantamos la historia. Y en tal acontecimiento histórico más que Marx y Lenin, estuvo presente la tradición de unidad que latía en el legado de José Martí.

Mientras en muchos de nuestros compañeros de ideales, en el Caribe, América Latina y el mundo, andan aún divididos en varios, diría que en bastantes partidos, los cubanos dimos un paso adelante y forjamos un solo partido, crisol de voluntades, vanguardia martiana, marxista, leninista y fidelista de la Revolución Cubana. No fue fácil esta conquista, incluso se puso en peligro por una minoría que no logró crecer junto a la historia, y que tuvo que ser política e ideológicamente derrotada. Entonces…por qué dar un paso, dos pasos…muchos pasos atrás para dividirnos en varios partidos? No, de lo que se trata es de hacer del que tenemos, cada día, un mejor Partido, más vinculado a las masas, más democrático, más disciplinado, mejor preparado para su labor de dirección. Con una militancia cada día más ejemplar, más preparada para liderar junto a la emancipación socialista de todos y todas, su propia emancipación como sujetos en la Revolución.

-Se trata de la lucha por la hegemonía….

Si, el socialismo siempre debe ser una voluntad sobre las circunstancias y el propio hombre. Cambiar, revolucionar al hombre -y a las mujeres- y sus circunstancias, fue la indicación central de Marx y Engels.

Hay quien entendió el marxismo al revés, y de ahí salieron buena parte de los dogmatismos y economicismos vulgares. Olvidaron la certera alerta de Engels sobre la existencia de múltiples “instancias” de determinación, donde la económica era solo la última, entendida como base de la materialidad de las relaciones humanas, y no como corolario mecanicista de toda la múltiple complejidad de la sociedad humana, de sus diversos grupos, culturas e individuos.

No olvidemos que la economía la construimos los propios hombres y mujeres, a través de las decisiones económicas que tomamos. Que las políticas económicas responden a los intereses de determinados grupos y clases sociales. La política económica de un gobierno la hacen los que la pueden decidir y la cambian los que pueden presionarlos o arrebatarles a los que lo poseen, el poder de decidir; por lo tanto, estamos hablando de ideas materializadas en acciones de clase, en acciones de lucha.

En Cuba no hemos estado libres de errores, de mimetismos acríticos, pero siempre privilegiamos el factor ideológico. Los soviéticos afirmaron que iban a crear conciencia con riqueza. Fidel y el Che Guevara fueron muy tajantes en este debate desde los mismos años sesenta: Nosotros crearíamos primero conciencia y desde ella riqueza. Nunca nos apartamos de esta línea. Y cuando los mecanismos económicos que habíamos importado de la URSS, nos colocaron en la disyuntiva de una crisis más que económica, ideológica, hicimos nuestra propia Rectificación -“Perestroika”- a principios de los años ochenta, antes que de ello se hablara en la dirección y sociedad soviética. Precisamente el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas que se inició a partir del III Congreso del Partido en 1985, más que la imprescindible rectificación del modelo de gestión y desarrollo económico, fue una profunda y dinámica revolución ideológica.

El tema ideológico y el tema político interpenetran toda la idealidad y socialidad de los seres humanos. Desde la cosmovisión hasta la vida privada de las personas. Además, hay que precisar que no lo hace de manera uniforme. Cada persona está en diferentes niveles de desarrollo. Hay quien avanza mucho en una dimensión, y se atrasa en otras. En el fondo tiene que ver con temas tan complejos como la problemática existencial de cada hombre y mujer, cuánto está comprometido y realmente entiende el sentido de la revolución, cuanto quiere y honestamente puede avanzar: En esta dirección sugiero uno solo entre muchos otros ejemplos: ¿Cuántos comunistas dispuestos a dar la vida por la Revolución, son señores feudales en sus casas, “dictadores “unipersonales”? ¿Cuántas de nuestras compañeras lo asumen y permiten por tradición, por mala tradición claro está? Cuantos de nuestros compañeros y compañeras son machistas, sexistas, homofóbicos. Estos sin dudas son problemas ideológicos, problemas de la emancipación tanto del intelecto, como de la práctica social.

-Sería algo así como pensar a la revolución sin olvidar que quienes la construyen son mujeres y hombres….

Definitivamente, sí: Es que el marxismo como filosofía, como ideología, y como metodología para la transformación revolucionaria, se realiza en la vida, en la sociedad, en los seres humanos realmente existentes… La naturaleza humana es la más compleja y dinámica que existe. Cada hombre y mujer, sus sociedades, tienen intereses y necesidades casi siempre contradictorios, pasiones, asombros y casualidades.

Por eso el campo de combate revolucionario más difícil, es el de la lucha ideológica. Hay que partir del hecho irrefutable de que todos, somos objeto de la enajenación, y no pocos funcionamos como sujetos de la enajenación en una u otra dimensión. Lo normal es que seamos seres con los prejuicios propios de la sociedad capitalista en que vivimos –algo de lo que en Cuba no estamos libres después de que nos vimos obligados en las circunstancias adversas del período espacial, a incorporar las relaciones de mercado en una escala social significativa-, porque de las relaciones materiales objetivas de esta sociedad desigual y opresora nacen los valores de las personas.

Lo anormal -y a eso apuntamos los revolucionarios- es transformar esa situación. Martí decía que para ser digno hay que ser próspero, al hombre indigente los explotadores y vende patrias, le negaron la posibilidad de ser digno. Lo raro es que con esos indigentes hagamos revolución y los elevemos a su tiempo, lo raro es que de los profesionales a los que el sistema lleva a amoldarse, a quienes tiene colocados en las claves del consumismo y la anomia social, hagamos intelectuales revolucionarios.

Lo interesante es que el obrero acostumbrado al patrón, que vive bajo la coerción económica, el embrutecimiento cultural y la extorsión psicológica, tome la fábrica como ha pasado en Argentina: Esa
es una respuesta anormal al sistema, y los revolucionarios apuntamos a dar respuestas anormales al sistema, porque trabajamos por destruirlo.

Lo que hacemos es presionar la historia, porque partimos de una socialidad e idealidad, que está construida para que la gente sea dócil y no sea digna, para que incluso –como alertaba Paulo Freire- la lógica del opresor se introproyecte hasta en los oprimidos. Cada vez que se rompe esa lógica es lo anormal, pero eso es lo que da el ritmo del avance de la Revolución, en primer lugar de “ruptura” de la normalidad burguesa, de revolución de las conciencias y los modos de actuación.

Ya en una obra fundadora del marxismo, como lo fue el ensayo de Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1848), se sitúa como la tarea más difícil el hecho de que el socialismo –entendido como ideología y teoría revolucionaria- debía penetrar en el movimiento obrero. Es que hay que hacer de las ideas revolucionarias carne de pueblos hambreados y bombardeados ideológicamente: Esta es la tarea inmensa de los revolucionarios.

Aquí además se encierra el hecho más hermoso de la realización humana. Continuamente debemos pedirles más entrega a las personas, incluso a veces actuaciones y realizaciones que están más allá de sus propias posibilidades: ¿Y acaso esta forja de lo imposible-posible no es el acto más sublime del humanismo? Es sin dudas una obra mayor de amor en la que se expresa toda la belleza de los seres humanos.

-¿Una de las claves sería no caer en ningún dogma?

Claro. Precisamente si asumimos que el ser humano es el centro de la transformación socialista, nunca podrá someterse su movimiento a viejas y nuevas escolásticas…

El ser humano es centro, como individuo y como sociedad, las dos dimensiones deben ir juntas. A veces en el socialismo que existió y en los proyectos que hasta hoy se mantienen en lucha, hemos colectivizado demasiado la vida. El capitalismo nos lleva a un proceso de individualismo, el socialismo nos tiene que llevar a uno de enriquecimiento e individuación, porque los hombres y las mujeres somos iguales en género y derechos, pero somos muy distintos en las aptitudes, en inteligencias, en voluntades, gustos y amores. El desarrollo de las individualidades tiene que ser un proyecto socialista, porque en la medida en que más se desarrollen las personas, mientras más realizadas y felices sean, más se multiplicarán los horizontes de emancipación de la sociedad en su conjunto.

El socialismo debe propender a la solución de las necesidades crecientes de los hombres y, esas necesidades, no sólo son colectivas, también son individuales. Cada ser humano tiene su individualidad, cada uno va construyendo su propia biografía con relativa independencia del medio en que esté. Eso lo lleva a la expresión de las fuerzas propias que posee, de su voluntad de cambio. El socialismo debe darle a cada quien esa posibilidad de desplegar positivamente y en función del bien social, todas las potencialidades, de manera que haya una interacción entre los intereses personales y los intereses colectivos ¿Y qué mejor interacción que favorecer el desarrollo del individuo de forma que eso ayude a la sociedad? Y ello incluye por supuesto el estímulo moral y material para los que más se destaquen.

El igualitarismo indebido es un serio error. En Cuba nos hemos dado cuenta de que en tal dirección, nos equivocamos. Son errores de idealismo, donde ha primado la mejor de las voluntades de servicio al ser humano, pero ello no excluye que sea un error. Por algo se precisa desde los clásicos del marxismo que la fórmula socialista aún debe ser desigual: De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo!! Sin dudas comprendemos hoy mucho mejor esta fórmula.

Es cierto que la capacidad de cada cual puede estar realmente limitada o potencialmente creada, por el entorno y la dotación biosicosocial de cada individuo, pero la experiencia acumulada dice que es el hombre, su constancia y trabajo, el factor determinante. Lo veo a diario en mi país donde todas y todos, disfrutamos de extraordinarias posibilidades de desarrollo, gratuidades y alientos sociales sin precedentes en ningún país del mundo.

-Estamos en un momento particular de Latinoamérica en el que este tipo de ideas comienza a encontrar su camino de desarrollo ¿Cómo juega la articulación a la que usted alude en este escenario donde empieza a primar un multilateralismo y un sentimiento antimperialista?

Vivimos un momento de recuperación de las tendencias progresivas y revolucionarias en América Latina, algo muy distinto a lo que ocurre en la Norteamérica imperialista o Europa. Es un momento complejo, pero también rico para las alternativas emancipadoras.

Tenemos un escenario producto de la debacle del neoliberalismo en nuestra región, y en más de un país se han producido lo que Lenin denominaba “situaciones revolucionarias”. La gente ya no quiere ni puede aguantar más la situación, y los grupos de poder no pueden seguir dominando como antes. Las salidas a tales situaciones han sido diversas, pero predomina un avance emancipador, el abandono de la situación de unilateral y cínico entreguismo a la política imperialista, a los intereses de oligárquicos.

En todos los escenarios los sujetos nacional-populares, los movimientos sociales, las organizaciones y fuerzas de izquierda, han retomado las plazas de la política pública, y en no pocos espacios territoriales y nacionales, alcanzaron una presencia sustantiva. A pesar de las diferencias, incluso de las concesiones y las inconsistencias de algunas de las izquierdas que han arribado al gobierno, todos estos nuevos liderazgos en curso, de una u otra manera le dicen no al Imperio estadounidense y le ponen objeciones a los monopolios estadounidenses, de la Unión Europea y Japón, algo que hasta hace solo unos años no pasaba.

Hay debates profundos, no pocas veces estériles, sobre la categorización de unos y otros procesos. Desde mi perspectiva, considero que hoy por hoy en Latinoamérica y el Caribe, junto a la Revolución Cubana, hay una revolución en curso que es la de la Venezuela Bolivariana, y también se destacan otros procesos donde se percibe junto a una mayor fractura del sistema de dominación, la existencia mucho más nítida, de una voluntad de radicalidad y compromiso nacional popular.

Hay un cambio sustantivo de la correlación de fuerzas en Suramérica. El triunfo electoral del ex obispo Ricardo Lugo en Paraguay ratifica esta tendencia, más que por la concentración de poder real para la transformación, por el acontecimiento histórico de romper la hegemonía oligárquica, y crear nuevas e inéditas posibilidad de avances para las demandas y luchas de ese heroico pueblo.

Las alternativas contrarrevolucionarias e imperialistas, como es el caso del Plan Colombia, no han logrado involucrar a los países de la región. La propuesta de un área colonialista de libre comercio no avanzó como era el interés de la fascista administración de Bush. Y gobiernos lacayos como el de Alain García se hunden en el más profundo descrédito.

También se están recuperando espacios perdidos, como es el caso de la vuelta de los sandinistas al gobierno en Nicaragua, y estamos ante la perspectiva real de que el Frente de Liberación Nacional triunfe en El Salvador. Para asombro de las élites más conservadoras –y también de no pocos en la izquierda-, el gobierno de Honduras se incorporó a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Entonces en una Centroamérica donde el imperio logró a fuerza de extorsión y con muy estrecho margen, imponer la aprobación de los tratados de libre comercio, Honduras y Nicaragua, dos de estos países, se le desgajan y asumen con su entrada en el ALBA un paralelismo, que les puede resultar liberador.

El escenario que refiero da una nueva perspectiva muy propositiva, en primer lugar para la integración y la unidad desde el propio Sur de Nuestra América.

-¿Es viable esta perspectiva?

Sí, sin dudas. La recién concluida Cumbre de América Latina y el Caribe, así lo confirma. Como afirmó el presidente Lula por primera vez en doscientos años conversan los pueblos de nuestra región sin interlocutores foráneos. La incorporación de Cuba al Grupo de Río resulta en este acontecer de fin de año, un acontecimiento trascendental. Es el golpe final a la política de exclusión alentada por los imperialistas estadounidenses. Honrar honra afirmaba José Martí, y si dudas este hecho dignifica también a todos sus protagonistas, a los actuales gobiernos de la región en primer lugar. Es un reconocer de estos gobernantes –un merecido y muy peleado regalo- a la solidaridad y la amistad que nunca pudo ser fracturada entre nuestros pueblos.

Yo parto del criterio de que todo proyecto de integración de América Latina, donde no estén los Estados Unidos y los poderes consolidados de los países del Norte capitalista, es positivo. Todo lo que se haga por la integración desde nosotros mismos, es positivo, y debe ser alentado. Ahora bien, este criterio que sostengo, considera también la necesidad de no ser ingenuos y atender bien a la naturaleza del proyecto de integración que se proponen unos y otros sujetos históricos, sus acuerdos y principales instrumentos. Se hace evidente que, tras algunas de las iniciativas en curso, lo que se busca es la recomposición de las zonas de influencia, el aumento de las ganancias de las trasnacionales con casa matriz en América Latina, un sueño de sustituir a la élite transnacional extranjera, por los sectores transnacionalizados, las burguesías y los proyectos de capitalismo de Estado en la región.

En mi criterio hay una sola alternativa para alcanzar la verdadera integración emancipadora, realmente solidaria y económicamente viable. Esta es la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que más que un convenio de libre comercio, propone un macroprograma de carácter geoestratégico para el desarrollo humano y autosustentable, con programas donde se promueve la solidaridad y la equidad, compensan las diferencias macroestructurales, y se multiplican los vínculos económico, sociales, educacionales y culturales entre los pueblos, que incorporan al movimiento social. En mi opinión el ALBA es el futuro de la unidad latinoamericana, y rescata los ideales integracionistas más puros de Bolívar y San Martín, de Morazán y Martí, y los plantea de cara a los retos actuales.

EL ALBA es el camino más idóneo para Nuestra América, sin que eso signifique insisto, negar o renunciar a los avances de otras alternativas de integración que se desarrollan sin los yanquis y los europeos. Soy partidario de ir construyendo convergencias, respetando lo hasta aquí alcanzado, cohesionando el bloque de gobiernos y pueblos hacia el fortalecimiento de la independencia económica de nuestras naciones, frente a una globalización eminentemente excluyente, expoliadora y recolonizadora.

En tal camino hay que dar solución a reivindicaciones y temas no resueltos. Exigir el fin del colonialismo e incorporar al seno de los pueblos latinoamericanos y caribeños a Puerto Rico, y a otros catorce territorios aún en poder de las potencias imperialistas –Las Malvinas ¡por supuesto!-, resolver la salida al mar de Bolivia, devolver a Paraguay los recursos que realmente le pertenecen en Utaipu…

-¿En este marco, cómo piensa el marxismo en el siglo 21?

El hispano-mexicano Wenceslao Roces decía que el marxismo tiene que abrirse a todo lo humano, y otro gran filósofo cubano, militante desde los tiempos del primer partido comunista, Gaspar Jorge García Galló, afirmaba que donde no estemos los marxistas “se nos cuela” el enemigo. La dialéctica de estos dos pensadores contemporáneos de la reciente segunda mitad del Siglo XX es clara. Entender esta realidad resulta algo decisivo. En el tema que refieres se constata esa amplitud

Se ha publicitado bastante el término Socialismo del Siglo XXI. Nuestro criterio es hablar del marxismo y el socialismo en el Siglo XXI. Y no se trata de una disquisición semántica, sino de un elemento que indica que el socialismo en este siglo que ya tenemos el privilegio de vivir, es continuidad –negación dialéctica-y no ruptura, con las tradiciones y experiencias pasadas.

La concepción de ruptura con el pasado, es insostenible, producto de la incultura histórica, o de aviesos intereses casi siempre diversionistas y divisionistas. El socialismo, desde antes de Marx y Engels, es una idea de humanismo, dignificación y emancipación humana, que busca lograr una sociedad de felicidad, y prosperidad para el conjunto de la sociedad. Ese es el ideal del socialismo, una sociedad donde no haya explotación del hombre por el hombre, donde no haya egoísmo.

En el logro de estos propósitos la humanidad acumula siglos de experiencias, y tuvo la oportunidad de adelantar como nunca antes este propósito, cuando los obreros y campesinos de Rusia derrocaron al zarismo y triunfaron en la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917. Hay quienes intentan votar junto con el agua, a la criatura. Y junto con los errores e insuficiencias, negar el enorme paso que dieron con el nacimiento de la URSS, los pueblos de aquel multinacional Estado, y con el toda la humanidad.

No caben dudas de que se quiso tergiversar el discurso del Presidente Hugo Chávez –de hecho se manipuló la buena voluntad del líder bolivariano-, donde se refería al Socialismo en el Siglo XXI. Se puso en acción una operación mediática –no casualmente monitoreada y multiplicada por los aparatos mediáticos del imperio-, que afirmaba el llamado Socialismo del Siglo XXI, como necesaria negación al socialismo que fracasó en la centuria anterior. Tal afirmación sazonada con extemporáneos discursos antiestalinistas y antisoviéticos, pronto dieron paso a los discursos anticomunistas, divisionista e irresponsables.

Ver el marxismo como receta es un dogma. Y desafortunadamente hoy, alrededor del socialismo en el siglo XXI, aparecen nuevas recetas. Están los que desde Europa y Norteamérica nos quieren “iluminar” e imponer sus posiciones. Convencernos, por ejemplo, de que el socialismo se puede construir desde las computadoras. No faltan lo que están tan a la izquierda de la izquierda, que definitivamente aparecen cual gurús superrevolucionarios, infalibles en sus juicios críticos de todo y de todos. Las elucubraciones de unos y otros no pasan de sus cuartos de soñar.

No se trata de que quienes sustentan la izquierda desde Europa o la Norteamérica imperialista, estén incapacitados para pensar la revolución en América Latina y el Caribe. Hay compañeros que en esta dirección realizan un loable trabajo. De ellos apreciamos sus aportes, incluidas sus críticas nacidas de la más solidaria militancia, de una sincera amistad.

Me refiero a los que se publicitan como nuevos Carlos Marx modernos, y presionan para ajustar la realidad a sus elucubraciones, para obligar a los compañeros a que asuman sus tesis, desechando cualquier otra lectura teórica, y toda construcción colectiva, desde la experiencia y la sapiencia de nuestros pueblos. En definitiva estos autoprotogenios carecen de objetividad y juicio histórico. Las posturas petulantes y egocéntricas que una y otra vez asumen, cuando se les contradice o critica, demuestran la subvaloración colonialista de que son portadores. No nos reconocen posibilidad de interlocución, ni capacidad de pensar y realizar lecturas propias.

El Presidente Chávez nunca ha colegiado con tales posturas. Parte el líder bolivariano de un profundo estudio y respeto por la historia latinoamericana, y en particular por la historia de las ideas emancipadoras, de los movimientos revolucionarios que le han antecedido. Su lógica que nace entonces de esa reflexión histórica y de su propia praxis, es la de una revolución con las masas populares. Es la seguridad de que el socialismo –como afirmara el Amauta José Carlos Mariátegui- se pelea todos los días, y no puede ser copia ni calco, sino creación heroica.

Volver al marxismo de Mariátegui, como al marxismo del cubano Julio Antonio Mella, nos coloca en un momento fundacional de riqueza extraordinaria. Cuando aún no se habían generalizado las exclusiones y los sectarismo que en unos y otros partidos y fuerzas revolucionarias de la región se multiplicaron, para debilitarnos y dividirnos, mientras el imperio y la oligarquía si se unían y cohesionaba en sus ofensivas contrarrevolucionarias. Tenemos que acabar de darnos cuenta de que tanto, en los movimientos revolucionarios de los años treinta-cuarenta, como en los sesenta-setenta del pasado siglo, la desunión, las disputas y los desencuentros entre los revolucionarios, constituyeron el factor principal, en las derrotas que sufrimos.

Este volver a los temas fundacionales del marxismo y el socialismo sin dudas nos lleva también a una lectura contemporánea de Marx, Engels, Lenin y sus más preclaros seguidores: ¿Dónde está en estos forjadores la receta del socialismo? ¿Dónde sus tesis? ¿Dónde la confrontación de esa tesis con la realidad, las circunstancias y los sujetos concretos? ¿Acaso Marx construyó la Internacional tal como pensó la necesidad y viabilidad de la organización? ¿Y Lenin llevó a cabo en la Rusia zarista que había heredado la Revolución, un proyecto socialista aséptico, previamente diseñado en su maravilloso cerebro? Ni ellos, ni Mao Zedong, Ho Chi Min, ni Fidel, el Che o Amílcar Cabral dirigieron proyectos lineales, químicamente puros.

La teoría se fertiliza con la práctica, y la política no es la realización de lo que se piensa, sino paso a paso, de lo posible. La teoría por demás no siempre precede a la práctica, la vorágine de la revolución supera toda posibilidad de intelección previa, impone nuevas circunstancias y retos. La teoría entonces es la sistematización del conocimiento aplicado, sobre todo de la praxis sostenida y exitosa.

Más que modelos, los más certeros precursores del presente combate por la emancipación económica y social, fijaron principios, métodos y certezas. ¿Por qué medir hoy el socialismo por los modelos preexistentes, si los que acometieron esas primeras y gigantescas audacias sociales y políticas no tenían modelos? Socialismo ayer y hoy es convencimiento y lucha intransigente por la liberación social, contra el imperialismo y el capitalismo. Es eticidad revolucionaria, confianza en el pueblo, organización y unidad, construcción de poder popular, combate emancipatorio, rescate y desarrollo cultural, dominio del conocimiento, solución de viejas y nuevas exclusiones, igualdad y fraternidad, solidaridad e internacionalismo.

Por el socialismo se combate todos los días, en el espacio íntimo de nuestras personalidades y familias, en los colectivos, en los movimientos, en los gobiernos, con el poder y en la lucha por el poder. Socialismo es en definitiva un combate continuo y permanente por desenajenar al hombre y sus circunstancias, y en ese camino vencer, en concreto, personalmente, las miserias, prejuicios y fantasmas que todos y todas tenemos.

Entonces el marxismo tal como lo comprendemos, mantiene hoy sus esencias revolucionarias. Porque nos proporciona en cada momento histórico, la articulación con lo mejor y más progresivo del pensamiento y la realización social. Y esto es lo que siempre dijeron los clásicos. Ellos nos legaron con sus obras magistrales, un método para investigar y pensar este mundo contradictorio y además nos dotaron de un sólido instrumental para transformar revolucionariamente a la sociedad y a cada uno de nosotros en sí mismo.

Y si hablamos de socialismo en el Siglo XXI Latinoamericano y Caribeño, lo primero que debemos situar es que ese socialismo ya existe en Cuba. En la Revolución Cubana que arriba precisamente en estos días, a su primer cincuentenario de realizaciones y heroísmo cotidiano.

¿Es casualidad que los mismos personajes que proponen la ruptura ahistórica con el socialismo del siglo XX, se estén dedicando últimamente a tomar distancia y a reprochar a Cuba? ¿A coincidir con los voceros del imperio en satanizarnos por estalinistas, ortodoxos, conservadores…? ¿En sus alertas sobre una cubanización de Venezuela o de Bolivia?

De lo que se trata es de que Cuba les descoloca su propuesta, con una realidad muy concreta: Existimos, peleamos todos los días por nuestro socialismo. Hemos logrado vencer el más colosal bloqueo, la agresión económica y política más larga y criminal de que se tenga cuenta en la historia contemporánea. Somos una sociedad organizada, con logros que resultan colosales e inobjetables.

Nuestro socialismo no es, ni puede ser perfecto. Es perfectible y esta posibilidad y voluntad ha resultado hasta hoy, el elemento más dinámico y decisivo del proceso revolucionario cubano. En Cuba no hay espacio para fabricar una disidencia contrarrevolucionaria, porque el disentir, discrepar, y debatir son ejercicios cotidianos en la construcción de la unidad de los revolucionarios. Y cada día nos percatamos de que solo así, fortaleceremos más la cohesión de las y los patriotas, solo así multiplicamos en certezas y sólidas realizaciones, la cultura superior, la inteligencia colectiva y los valores socialistas, que la propia Revolución ha creado.

Estamos produciendo cambios decisivos para nuestra nación desde hace cincuenta años, y hoy en el Siglo XXI, seguimos en esta dirección. Con voluntad, coraje y confianza. Con el genio de Fidel Castro y el Partido de toda la nación. Con Raúl Castro, que no por genes, sino por audacia, valor y resultados concretos, obtuvo el aprecio de un pueblo que no puede ser engañado, que es profundamente crítico, que no regala méritos. Así arribamos al medio siglo de la Revolución. Tiempo infinitamente corto en la historia humana, y a su vez decisivo, trascendental, en tanto coincide exactamente con mi propia vida, la de mis hijos y amigos, su futuro.

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Por Orlando Cruz Capote

Las raíces de su futura proyección internacional. 1953-1958

  • Las relaciones exteriores de la tiranía.

La política interna y externa practicada por el dictador fue muy congruente con el Departamento de Estado norteamericano, cuyo embajador en La Habana, Arthur Gardner, tenía una amistad personal y relaciones de negocios con el tirano que eran del conocimiento público. El contubernio y apoyo de EE.UU. a la dictadura desde el propio golpe de estado y en el ejercicio de su gobierno con respecto a sus intereses en Cuba, el hemisferio occidental y en la arena internacional se pueden demostrar con un breve glosario de las acciones que se llevaron a cabo durante sus siete años de tiránico mandato.

Primero, los Estados Unidos, bajo la anuencia del gobierno de facto, ampliaron su presencia militar en Cuba con una misión de las tres armas no solo en La Habana, sino que tuvo filiales en otras provincias, con más de 31 asesores militares, algunos de alto rango, apoyando al ejército y otras instituciones represivas. Las autoridades de Washington enviaron numerosos pertrechos bélicos para el ejército batistiano. Incluso, cuando en 1958 las autoridades de Washington anunciaron públicamente el embargo de armas contra el régimen, tal maniobra fue descubierta inmediatamente, pues a través de la Base Naval Norteamericana de Guantánamo, los gobiernos de Rafael Leónidas Trujillo y Anastasio Somoza, de Santo Domingo y Nicaragua, respectivamente, lo realizaron de forma indirecta, tal como lo denunciara el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Segundo, se elevaron las inversiones directas norteamericanas en la Isla, de 657 millones en 1950, a 1,001 millones en 1958, destacándose el aumento en los sectores de la minería, el petróleo y la industria manufacturera. (1) También resultaron beneficiados los monopolios yanquis que llegaron a controlar el 25 % de las mejores tierras del país. Igualmente, los grupos mafiosos norteños lograron algunas componendas con Batista y sus más cercanos funcionarios acerca de ampliar y dominar el sector turístico en la Isla. El clímax de ese sometimiento fue el intento de construir un canal marítimo insular (como el de Panamá) de 80 Km. de longitud desde Cárdenas hasta la Bahía de Cochinos. Tal proyecto, conocido como “Canal Vía Cuba”, fue aprobado el 12 de agosto de 1954, por el Decreto-Ley No. 1618. Según esta norma jurídica, la explotación del canal y demás instalaciones, cedida a una compañía operada, fundamentalmente, por capitales norteamericanos, durarían por un espacio de 99 años. La soberanía nacional de Cuba hubiera quedado seria y fatalmente dañada de haber sido llevada a cabo la ejecución de dicho canal, porque el control iba a quedar en manos extranjeras y la Isla se dividiría en dos regiones o partes, con toda su trascendental implicación para la independencia nacional. En rechazo a este proyecto se manifestaron el PSP, quien auspició la Asociación Latinoamericana Libre y promovió un Comité Gestor en Defensa de la Soberanía Nacional y contra el Canal Vía Cuba; también estuvieron en contra de este plan la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la Asociación Nacional de Campesinos, la Federación Democrática de Mujeres Cubanas, las logias masónicas, las organizaciones juveniles de todos los partidos de oposición y otras personalidades antibatistianas. Ante la mayoritaria desaprobación del pueblo el proyecto anexionista fue modificado varias veces y, finalmente, abandonado.

Tercero, hubo una sumisión absoluta en cuanto al mercado azucarero cubano hacia los EE.UU., favoreciendo los intereses de la oligarquía cubana y los círculos económicos yanquis en detrimento de los hacendados y otros grupos y sectores burgueses.

Cuarto, en cuanto a la política económica a lo interno de la nación, Batista optó por darle solución a estas problemáticas a través de un plan compensatorio (política de gasto compensatorio) que tuvo como principales acciones, la transformación del Fondo de Desarrollo Económico y Social en entidad bancaria (BANDES) que llevó a cabo una inversión de capital, originalmente de 350 millones de pesos, en proyectos de obras públicas y de fomento que, a su vez, implicó un financiamiento con préstamos exteriores y créditos internacionales que totalizaron 74 600 000 dólares en 1954 y 54 400 000 en 1955. (2) Paralelamente, esa institución en conjunto con el Banco de Fomento Agrícola e Industrial Cubano (BANFAIC) y la Financiera Nacional dispusieron de numerosos fondos públicos para ejecutar las inversiones dirigidas, en la mayoría de los casos, a la construcción de centros de servicios, carreteras, urbanismo y, excepcionalmente, a la creación de industrias.(3) Todo ello lo realizó el gobierno con el fin de satisfacer las necesidades de obras infraestructurales para los inversionistas extranjeros quienes necesitaban que el Estado cubano corriera con los gastos de las mismas. El robo fue una constante en la ejecución de tales obras, por ejemplo, el túnel de la Bahía de la Habana se construyó al escandaloso precio de 35 millones de dólares.

Quinto, el gobierno de Batista intentó alcanzar un clima interno de seguridad muy afín a los intereses de EE.UU., en cuanto a la política que siguió contra el movimiento popular y revolucionario, democrático y progresista. A tales efectos se instrumentó una brutal represión, la supresión casi permanente de las garantías constitucionales, la censura a la prensa, la radio y la televisión, el terror institucionalizado y generalizado por diferentes órganos como el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC-1952), el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Buró de Investigaciones (BI), el Servicio de Inteligencia Regional (SIR), la Policía Nacional, la Policía Secreta y la Policía Judicial, además, de los “famosos” Tribunales de Urgencia y las bandas paramilitares que pretendieron aplastar todo signo de rebelión. Los órganos represivos cubanos tuvieron un asesoramiento permanente del Buró Federal de Investigación (FBI) y de la CIA, coordinando sus misiones y tareas mancomunadamente. Según cálculos no confirmados, alrededor de 20 mil cubanos perdieron la vida entre el 10 de marzo de 1952 y el 31 de diciembre de 1958.

Aunque este dato, de por sí escalofriante, no fuera ratificado por las rigurosas investigaciones históricas en curso, una cifra menor no podría ser una excusa para determinar que la dictadura batistiana sí desató un verdadero baño de sangre entre los revolucionarios y la población civil cubana. Un régimen dictatorial-tiránico, totalitario o autoritario, no puede medirse solamente por las cifras de muertos y asesinados, sino también deben incluirse los miles de torturados, los desaparecidos y el miedo-terror impuesto de manera brutal y absoluta hacia toda la población. La comparación de las muertes en Cuba durante la tiranía, con las ocasionadas por otras dictaduras latinoamericanas, como las de Somoza (Nicaragua), Strossner (Paraguay), Duvalier (Haití), Trujillo (Republica Dominicana), Pérez Jiménez (Venezuela), y las más recientes de Pinochet (Chile), de Videla (Argentina) y en la propia Centroamérica, no minimizan el comportamiento fascistoide y sanguinario de ninguna de ellas. No se trata, entonces, de cotejar los más de 5 mil muertos de Augusto Pinochet, con los 35 mil desaparecidos por la dictadura argentina, por cierto las más mencionadas, porque si eso brindara un coeficiente mayor de macabra y cínica efectividad para la tiranía rioplatense, nos preguntamos qué quedaría para el verdadero genocidio-etnocidio cometido en Guatemala, donde se calculan en más de 300 mil los indígenas asesinados y desaparecidos en alrededor de 15 años.

Tampoco puede realizarse un paralelo con las vidas perdidas en el transcurso de los 50 años de la Revolución Cubana. Una Revolución vale por la forma en que sabe defenderse. Una pretendida equiparación con los fusilados por la justicia revolucionaria en los años iniciales del triunfo (que fueron los asesinos, los torturadores, los delatores, los que robaron descaradamente el erario público, etc.), con los muertos en combate, ya sea en la invasión mercenaria por Playa Girón, la Lucha Contra Bandidos -1960-1966-67-, las constantes infiltraciones y ataques piratas, aéreos y navales, como aquellos contrarrevolucionarios ajusticiados por un meridiano Estado de Derecho revolucionario y socialista, no puede ser ni medianamente justificada y mucho menos igualada con las victimas de la tiranía. Porque estos mercenarios y terroristas actuaron contra la patria, la nación y su pueblo en contubernio con una potencia extranjera hostil, a solo 90 millas de sus costas, que se atribuye la facultad ilegítima de agredirla y bloquearla. A una violencia contrarrevolucionaria, impuesta por los 10 gobernantes de turno estadounidenses, sus acólitos internacionales y los parias internos, no hubo y no habrá más respuesta que la justicia rigurosa aunque no extrema de los revolucionarios y patriotas cubanos. Además en este casi medio siglo de proceso socialista cubano jamás se han mostrado pruebas de asesinatos, torturas y desapariciones.

Sexto, Fulgencio Batista, inmediatamente luego del golpe, se apresuró a declarar que respetaría todos los pactos y acuerdos internacionales de que Cuba era signataria, corroborando su participación en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la Organización de Estados Americanos y en los convenios bilaterales acordados con los EE.UU. El batistato no solo apoyó la intervención de la Agencia Central de Inteligencia y de la OEA, en contra del gobierno progresista y nacionalista de Jacobo Arbenz, en la Guatemala de 1954, sino que su representante fue uno de los que solicitaron la reunión extraordinaria del “Ministerio de Colonias yanqui”, en Caracas, y participó activamente en la elaboración, promoción y aprobación de la tristemente célebre Resolución 93.

Séptimo, provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y la URSS, en 1952, y participó en todas las campañas internacionales y regionales contra el campo socialista este-europeo y la China Popular. Estableció, como era de esperarse, nexos muy estrechos con las gobiernos autoritarios y dictatoriales latinoamericanos y caribeños, constituyendo un pivote seguro en la represión anticomunista continental. En esos siete años, se sumó incondicionalmente a la política de Guerra Fría e hizo extensivo a lo interno la política anticomunista iniciada por los EE.UU. (4) Un estudio realizado, en coautoría con una jurista, permitió ratificar que alrededor de 90 leyes, decretos y otros instrumentos jurídicos fueron aprobados en la Isla (5) con el fin de “justificar” la multiplicación de las campañas contra los comunistas y, con ello, desatar la persecución de todas las ideas y acciones revolucionarias, patrióticas, democráticas y progresistas. Ese clima de terror antisoviético y antisocialista fue ampliamente divulgado por los medios de comunicación en la Isla, permeando de forma insidiosa las mentes y conciencias de muchos de sus ciudadanos.

Un resumen de la política exterior batistiana arroja como resultado el incremento de la dependencia de Cuba con respecto a los EE.UU., comprometiendo aún más la actividad internacional de la Isla con el Imperio del Potomac, violando además los principios y los derechos de autodeterminación de los pueblos, de no injerencia en los asuntos internos de los Estados y persiguiendo a los exiliados políticos y revolucionarios, principalmente, de la región.

Por otra la parte estadounidense, desde finales de 1958, hubo cierto consenso en el Departamento de Estado de que Batista debía renunciar y salir de la Isla antes que se produjera el triunfo rebelde. Las acciones en ese sentido fueron varias: desde presionar al dictador -pretendieron prohibirle la venta de armas- para hacerle entender la necesidad de su abandono presidencial; contactar, a través de los embajadores norteamericanos, Arthur Gardner y Earl T. Smith, con las fuerzas reformistas opositoras al régimen dictatorial para que sustituyeran al mismo con el fin de brindar una imagen democrática del gobierno cubano; organizar y apoyar un golpe de Estado -civil o militar-; probar la penetración de espías y, de esa forma, profundizar en los conocimientos acerca de los fines del MR 26 de Julio y, especialmente, del Ejército Rebelde y de sus líderes; hasta la intención de que se cometiera el asesinato de sus principales dirigentes. Y aunque hubo una opción manejada de intervenir militarmente a favor del tirano, la idea esgrimida por los círculos más derechistas del Pentágono no predominó, felizmente, en la balanza de las alternativas estudiadas. Sin embargo, comenzaron a ser activados algunos de los espías “con fachada profunda” que la CIA tenía introducidos en Cuba. (6)

  • Otros accionares latinoamericanistas y antiimperialistas.

Una vez culminada la contienda bélica mundial (1939-1945), otros espacios de solidaridad se abrieron para las nuevas generaciones de patriotas e internacionalistas cubanos. El líder estudiantil de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana, Fidel Castro, junto a otros jóvenes patriotas y revolucionarios, se enrolaron en una expedición armada de Cayo Confites, en octubre de 1947, para derrocar al dictador Trujillo en República Dominicana, que fue frustrada por el propio gobierno de Grau, el ejército, los aventureros y oportunistas de variado espectro que se habían unido a la misma. En 1948, el propio Fidel y otros compañeros viajan a Colombia para asistir a una reunión de coordinación de los estudiantes y jóvenes latinoamericanos, organizada y dirigida, en parte, contra la constitución de la OEA, entre otros objetivos. Y allí toman parte en las acciones combativas del pueblo colombiano por el asesinato del candidato popular Jorge Eliécer Gaytán. De igual forma, el líder revolucionario es integrante del Comité Universitario Pro-Independencia de Puerto Rico, luego del resurgimiento del movimiento independentista de ese país (1950) y, más tarde, del Comité Pro-Guatemala, cuando se produce la agresión de la CIA y la OEA contra ese pueblo en 1954.

El Comité Pro Guatemala inició un reclutamiento popular de jóvenes cubanos dispuestos a combatir en defensa de ese hermano pueblo. Se conformaron entonces las Brigadas “Antonio Maceo” y “Rubén Batista” (nombre del primer mártir estudiantil de la dictadura batistiana) y aunque no fue posible la materialización de esta decisión latinoamericanista, algunos de sus representantes, por otras vías, tuvieron la oportunidad de llegar a esa tierra centroamericana. En ese país se encontraron Jorge Risquet, entonces dirigente de la Juventud Socialista (organización juvenil del PSP) además de representante de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), y el joven médico argentino Ernesto Che Guevara, quien coincidió en ese momento y espacio histórico en su recorrido por América Latina y se sumó de inmediato a la lucha. En aquel momento el Che comentó que, “(…) Cada mercenario tenía dos ametralladoras, muchas municiones y granadas de mano. Nosotros éramos apenas 50 personas y teníamos sólo revólveres y viejas escopetas, que ni siquiera alcanzaban para todos”. (Noel Vázquez -seudónimo de Jorge Risquet- “Cinco meses en Guatemala”, artículo publicado primeramente en alemán, revista Juventud del Mundo, Órgano de la Federación Mundial Democrática de Juventudes; y también en la Revista Verde Olivo, No. 28, La Habana, 1984, p. 12).

Paralelamente, José Antonio Echevarría y otros dirigentes estudiantiles universitarios estuvieron presentes en tierras costarricenses en 1954, ante la agresión del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, en un gesto de convicción y sentimiento solidario, latinoamericanista y humano de gran dimensión.

En cuanto a la participación cubana en la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), fundada en 1945 en Londres, podemos considerarla amplia, así como la historia de la presencia posterior de la juventud cubana en los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes. Una representación de la Isla estuvo presente en su constitución, entre ellos, Flavio Bravo, Jaime Gravalosa, Arquímedes Poveda, entre otros. (7) Y en 1949, en el II Festival efectuado en Budapest, Hungría, asistieron 4 representantes de la FEU y la Juventud Socialista.

Tres años más tarde, en 1953, en el III Festival estuvo, en sus sesiones y actividades, una delegación cubana de 21 miembros, entre los cuales se encontraban, Antonio Núñez Jiménez, José Felipe Carneado, Alfredo Guevara, Raúl Valdés Vivó y José Massip. A la Conferencia Internacional de Viena, en marzo de 1953, asistió el joven de 22 años, Raúl Castro, como miembro del Comité Permanente del Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud, surgido en el cónclave celebrado en La Habana, los días del 26 al 28 de enero de 1953. (8) A su regreso a Cuba, Raúl fue apresado, golpeado y amenazado por el Buró de Investigaciones del régimen batistiano. Y en una entrevista concedida al periódico Hoy, luego de ser puesto en libertad expresó: “Momentos emocionantes fueron los de la clausura de la Conferencia (…) ¡Se acababa de proclamar el derecho de la joven generación a la felicidad!”. (En periódico Hoy, La Habana, 21 de julio de 1953, p. 4). Posteriormente, Jorge Risquet asistió, junto con otros 15 jóvenes cubanos, al IV Festival Mundial en Bucarest, Rumania, entre el 2 y el 16 de agosto de 1953.

Finalmente significaremos que, en la última etapa por la liberación nacional y social de nuestra patria, participaron otra vez, como en las guerras de liberación nacional y social del siglo XIX y del propio XX, varios combatientes internacionalistas, como el argentino Ernesto Che Guevara, los dominicanos Ramón Mejías del Castillo y Enrique Jiménez Moya, el mexicano Guillén Alfonso Zelaya Alger, el español Alberto Bayo Giroud y el italiano Gino Donne Paro. También es necesario mencionar el apoyo de compañeros y personalidades mexicanas como Maria Antonia, Antonio del Conde -el amigo que compró el Yate Granma-, y del propio ex-presidente de México, Lázaro Cárdenas, entre otros.

Quizás, el caso menos conocido sea el de Enrique Jiménez Moya, quien arribó a la Sierra Maestra en un avión desde Venezuela, en el mes de diciembre de 1958, con la encomienda de brindar ayuda en hombres y armas al Ejército Rebelde, en especial, por parte de los patriotas y revolucionarios dominicanos, pero que no llegó a materializarse por la rápida victoria del Primero de Enero. No obstante, Jiménez Moya logró el acuerdo solidario tácito de que, una vez triunfante la Revolución en Cuba, ésta daría su apoyo solidario a los hermanos quisqueyanos en su lucha contra el dictador Trujillo, compromiso político y militar que el proceso revolucionario cubano cumplió al final del primer semestre de 1959.

Las concepciones y acciones de franco espíritu independentista, latinoamericanista y antiimperialista, solidario e internacionalista de estos duros años conforman, a nuestro entender, las raíces básicas de la proyección internacional de la Revolución Cubana. Se puede afirmar sin dudas que con ese arsenal teórico y práctico, con las enseñanzas y experiencias de los luchadores cubanos de todas las épocas y con la creatividad innata de los nuevos dirigentes de la Revolución, el proceso revolucionario iniciado el primero de enero de 1959 tenía las condiciones objetivas y subjetivas para definir una proyección internacional acorde a las nuevas situaciones históricas.

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Sección de Estadística. Departamento de Comercio de los Estados Unidos, tomo 1, p. 147.

(2) Revista Cuba Económica y Financiera, No. 393, diciembre de 1958, La Habana, Cuba, p. 7; CEPAL, Naciones Unidas, Estudio Económico de América Latina, E/CN. 12/498/Rev. 1, 1958, p. 129.

(3) En estos escandalosos desfalcos al tesoro nacional se vieron envueltos, el propio Batista y numerosos personeros del régimen, así como los accionistas extranjeros. Lógicamente, se beneficiaron además la cúpula del ejército, la camarilla amarilla sindicalista mujalista -Eusebio Mujal, era el Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Cuba- y algunos personeros de la jerarquía católica. El Gobierno cubano sobrepagó las obras en un 39, 01 %.

(4) Desde 1951, el macartismo en los EE.UU. (Senador Joseph McCarthy) se fue imponiendo en América Latina. Esa política anticomunista, verdadera “caza de brujas” contra las fuerzas democráticas y progresistas, se amplió en el batistato con los Tribunales de Urgencia, las torturas, asesinatos y desaparecidos que fueron una constante.

(5) Eulalia Viamonte Guilbeaux y Orlando Cruz Capote “La legislación anticomunista cubana durante el período de 1952 a 1958”, Premio Concurso “Ignacio Agramonte”, Unión Nacional de Juristas de Cuba, 1981, Inédito.

(6) Earl T. Smith The Fourth Floor (El Cuarto Piso), New York, 1962; Thomas G. Patterson Contesting Castro, Oxford University Press, USA, 1994; Jorge Ibarra Guitart El Fracaso de los Moderados, Editora Política, La Habana, 2000; y, Tomas Diez Acosta Confrontación Estados Unidos-Cuba, Editora Política, La Habana, 2003.

(7) La delegación cubana estuvo integrada por 8 miembros efectivos y dos suplentes, en representación de la FEU, la Juventud Socialista, la Comisión Juvenil de la CTC y la Juventud Auténtica. En, María C. Pacheco, Orlando Cruz y Humberto Fabián Apuntes para la Historia del Movimiento Juvenil Cubano, Editora Abril, La Habana, 1987.

(8) El Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud fue un empeño de varias organizaciones juveniles de la oposición batistiana que impulsaron, en su lucha por restituir la Constitución de 1940, los derechos democráticos, la celebración de elecciones generales y otras demandas radicales como la constitución de un gobierno realmente democrático, la realización de una reforma agraria, la eliminación de la discriminación racial, etc. Este evento nacional, en el año del Centenario del nacimiento de José Martí, formó parte de un amplio movimiento internacional en defensa de los derechos de la joven generación que culminaría en Viena, ese mismo año, en una conferencia mundial de las juventudes.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

(1era. parte): http://cubacoraje.blogspot.com/2008/10/adentrmonos-con-seriedad-en-la-historia_15.html

(2da. parte)
http://cubacoraje.blogspot.com/2008/10/adentrmonos-con-seriedad-en-la-historia_16.html

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Hace solo unos días, una persona amiga me envió el texto de una declaración de la empresa Gallup, famosa firma encuestadora de Estados Unidos. Me puse a hojear el material con la natural desconfianza por la información mentirosa e hipócrita que usualmente se emplea contra nuestra patria.

Era una encuesta sobre educación en la que se incluía a Cuba, que suele ser ignorada. Se analizaba la situación en cuatro zonas del mundo: Asia, Europa, África y América Latina. En algunos aspectos se incluían varios países del Caribe.

Primera pregunta: ¿Los niños de tu país son tratados con dignidad y respeto? Respuesta positiva: Asia 73%; Europa 67%, África 60%, Latinoamérica 41%. Si se incluyen los países caribeños, Gallup expresa que en Haití solo el 13% de las personas respondió afirmativamente a esta pregunta.

Segunda pregunta: ¿Los niños de tu país tienen la oportunidad de aprender y crecer cada día? En Asia 75% respondió que sí; en Europa, 74%; en África, 60%; en Latinoamérica, 56%. Muchos de los países de la región quedaron por debajo del 50%.

Tercera pregunta: ¿Es la educación de este país accesible para cualquier persona que quiera estudiar independientemente de su situación económica? Las respuestas muestran en muchas naciones de América Latina una situación dolorosa, y mejores respuestas en el Caribe de habla inglesa.

No deseo ofender a ninguno de los países que menciono, pero carecería de sentido escribir estas líneas sin señalar el lugar que ocupó Cuba —a la que tanto se calumnia— en la encuesta. Quedó en primer lugar entre todos los países del mundo. A la primera pregunta, el 93% de los encuestados por Gallup respondió que sí; a la segunda, el 96%, y a la tercera el 98%. Como se conoce, el cubano tiene el hábito de responder cualquier pregunta con toda franqueza.

Otro punto especialmente llamativo es que en Venezuela, a la primera y segunda preguntas respondió que sí el 70% y el 80%, respectivamente. Se trata de un país que desarrolla un gran programa de educación erradicando el analfabetismo y promoviendo el estudio en todos los niveles, cuyo proceso comenzó hace muy pocos años. Por ello, ocupó el segundo lugar en la región.

A la tercera pregunta respondió que sí el 82%, por lo que le correspondió el tercer lugar en América Latina y el Caribe, superada por Trinidad y Tobago, que ocupó el segundo con el 86%.

En importantes países de América Latina, como Argentina, México, Brasil y Chile, respondieron que sí a la pregunta el 57%, 56%, 52% y 43%, respectivamente, de los encuestados. Con mejores resultados que estos quedaron República Dominicana, Panamá, Uruguay, Belice y Bolivia, con 76%, 73%, 70%, 66 y 65%. Paraguay y Haití se encuentran entre los peor ubicados, con el 17%.

Cuba coopera gratuitamente con estos dos y otros muchos países hermanos del hemisferio, tanto en educación como en salud, poniendo especial énfasis en la formación de personal médico. Así Cuba cumple modestamente su deber martiano: “¡Patria es humanidad! “, como afirmó nuestro Héroe Nacional.

El 19 de mayo se cumplió el 113 aniversario de su muerte, que tuvo lugar en Dos Ríos el año 1895. Como todo el mundo conoce, la intervención militar de Estados Unidos frustró la independencia de nuestra patria. Incontables patriotas habían muerto en la lucha a lo largo de casi 30 años.

La poderosa potencia del norte fue siempre hostil a nuestra lucha, pues desde hacía mucho tiempo le había asignado el destino manifiesto de formar parte de su territorio en plena expansión.

Llegado el momento, la decadencia del imperio español, donde nunca se ponía el Sol, le facilitó el zarpazo a la nueva potencia imperial para arrebatarle Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Buscó los pretextos, utilizó el engaño y la mentira, reconoció que de hecho y de derecho el pueblo cubano era libre e independiente, con lo cual buscaba el apoyo de sus aguerridos combatientes para apoyar la guerra de los interventores.

En aquella lucha final los españoles hicieron gala de la habitual valentía de sus soldados y de la estupidez de su gobierno. La escuadra de Cervera fue aniquilada barco a barco, a la salida de la Bahía de Santiago de Cuba, por los acorazados norteamericanos, como hemos explicado otras veces, casi sin poder disparar un cañonazo. El gran fraude vino después cuando ya, desarmado el pueblo, impusieron a Cuba la Enmienda Platt y acuerdos económicos leoninos; el país, destruido y desangrado, pasó a ser inexorablemente una propiedad de Estados Unidos.

Esa es la historia real.

¿Qué viene ocurriendo en los últimos tiempos? Enloquecen ante la indoblegable resistencia de nuestro pueblo y su avance modesto hacia un mundo más justo, pese a la desaparición del campo socialista y de la URSS.

Radio Martí, Televisión Martí y otras formas sofisticadas de agresión mediática son insultos al nombre del Apóstol de la Independencia, con lo que tratan de humillar al pueblo cubano y destruir su resistencia.

Un diluvio de discursos y mentiras se enfilan contra Cuba. Habla McCain, candidato de Bush a la Presidencia del imperio; habla el propio Bush. ¿Contra quién? Contra Martí. ¿En nombre de quién? De Martí.

Se refieren a torturas atroces, algo que jamás ha ocurrido en nuestro país, y hasta el menos informado de los cubanos lo sabe. ¿Y quiénes hablan de torturas? McCain, el candidato, y George W. Bush, el Presidente.

¿Qué declara el candidato?

“Me gustaría darles las gracias a mis dos amigos queridos del Congreso, Lincoln y Mario Díaz-Balart, que son grandes defensores de la libertad del pueblo de Cuba. Son hombres de honor y de integridad. Yo los respeto y admiro muchísimo. Son los mejores miembros del Congreso con los que he podido trabajar y que he conocido… ”

“Amigos míos, hoy en el día de la independencia de Cuba tenemos la oportunidad de celebrar el legado cultural y las raíces más arraigadas del pueblo cubano… ”

“Los luchadores de libertad que consiguieron la independencia de Cuba hace más de cien años no se podían imaginar que sus descendientes estarán en una lucha por la libertad y la democracia un siglo más tarde… ”

“Un día Cuba será un aliado importante para conseguir la democracia en nuestro hemisferio… ”

“La tiranía no se mantendrá hasta el fin de los tiempos y como Presidente no esperaré pasivamente el día que el pueblo cubano pueda disfrutar de la alegría de la libertad y de la democracia. No esperaré… ”

“Mi administración obligará al régimen de Cuba a soltar a todos los presos políticos sin condiciones y planear unas elecciones bajo supervisión internacional… ”

“El embargo debe mantenerse hasta que esos elementos cruciales de la democracia y la socialdemocracia surjan”.

“Hay que impedir que Venezuela y Bolivia sigan el ejemplo de Cuba”.

McCain, en su libro La fe de mis padres, confesó que estaba entre los cinco últimos alumnos de su curso en West Point. Lo está demostrando. Al final de su prisión fue débil, y también lo reconoce. Lanzó incontables bombas contra el pueblo vietnamita. ¿Cuántas vidas y cuánto dinero costó aquella aventura? El oro valía entonces 35 dólares y derrocharon en esa guerra 500 mil millones. Las consecuencias se están pagando todavía. La onza troy vale hoy mil dólares y de nuevo se derrochan en guerras cientos de miles de millones cada año. Nuevos y complejos problemas se suman. ¿Dónde están las soluciones?

¿Qué dijo el presidente George W. Bush?

“Hace 113 años Cuba perdió a José Martí, su gran poeta y patriota, y hace 106 años Cuba consiguió su independencia, por la cual Martí entregó su vida… Martí y sus palabras probaron ser más ciertas de lo que nos podíamos haber imaginado… ”

“El régimen no ha realizado ni siquiera cambios cosméticos. Los disidentes continúan siendo perseguidos, golpeados, encarcelados… ”

“El mundo tiene los ojos puestos en el régimen cubano. Si realmente abre o implementa aperturas sobre la información, respeta las libertades políticas, los derechos humanos, entonces podrá decir que realmente ha comenzado un cambio en ese país… No vamos a dejar que nos decepcionen y que nos mientan, y tampoco lo permitirá el pueblo cubano. Mientras el régimen se aísla, el pueblo cubano continuará actuando con dignidad, con honor, con valor… ”

“Este es el primer día de solidaridad con el pueblo cubano, y Estados Unidos debe recordar estos días, celebrarlos, hasta que le llegue la libertad a Cuba.

“Debemos apoyar a Cuba hasta que se convierta en una nación democrática, pacífica.

“Nosotros hemos aumentado los esfuerzos para promover la libertad y la democracia en Cuba, incluyendo la apertura de la información, el acceso a la información a través de la Radio “Martí”.

“También queremos licenciar a organizaciones no gubernamentales y otras instituciones caritativas para que el pueblo cubano tenga acceso a los celulares y a Internet… ”

“A través de estas medidas Estados Unidos le extiende la mano al pueblo cubano. Sabemos, sin embargo, que la vida no cambiará radicalmente para los cubanos hasta que cambie su forma de gobierno. Para aquellos que han sufrido durante décadas, quizás estos cambios parezcan imposibles, pero la verdad es que son inevitables… ”

“El día llegará cuando todos los prisioneros políticos serán liberados, y esto nos llevará a otro gran día: cuando Cuba pueda elegir a sus propios líderes al votar en elecciones libres y justas.

“Ciento trece años después de la muerte de José Martí, un nuevo poeta y patriota expresa la esperanza del pueblo cubano. Willy Chirino va a cantar una canción que está en los corazones y en los labios del pueblo cubano: Nuestro día viene llegando”.

Del cerco de hambre y bloqueo que dura decenios, ni se habla.

Martí era un pensador profundo y antiimperialista vertical. Nadie como él en su época conocía con tanta precisión las funestas consecuencias de los acuerdos monetarios que Estados Unidos trataba de imponer a los países latinoamericanos, que fueron la matriz de los de libre comercio, que hoy, en condiciones más desiguales que nunca, han resucitado.

“Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad… El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios”. Son principios que proclamó Martí.

En aquella época, se pagaba en plata u oro. Hoy se paga con papeles.

En carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado la víspera de su muerte, señaló:

“… Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.

No importa las veces que se repitan estas íntimas y reveladoras palabras maravillosamente expuestas.

Con esas frases lapidarias en la mente se lanzó al ataque, horas después, por su propia cuenta contra la columna española. Nadie lo habría podido retener. Cabalgando en la primera línea, recibió tres balazos mortales en su impetuoso avance.

El 26 de julio de 2004, cuando ya Bush llevaba casi 3 años bombardeando, torturando y matando en su absurda guerra antiterrorista, iniciada ya la invasión de Iraq, analicé su extraña personalidad partiendo del estudio del interesante libro Bush en el diván, del Dr. Justin A. Frank, que contiene uno de los más reveladores y fundamentados estudios de la personalidad de George W. Bush:

“La confabulación es un fenómeno común entre los consumidores de alcohol, como lo es la perseverancia que se evidencia en la tendencia de Bush a repetir palabras y frases claves, como si la repetición lo ayudara a permanecer calmado y mantener la atención”.

“… Si, además, asumimos que los días de alcoholismo de George W. Bush quedaron atrás, aún queda la interrogante del daño permanente que pudo haber causado antes de que dejara de consumirlo, más allá del considerable impacto en su personalidad que podemos rastrear hasta su abstinencia sin tratamiento. Todo estudio psicológico o psicoanalítico integral del presidente Bush tendrá que explorar cuánto han cambiado el cerebro y sus funciones en más de 20 años de alcoholismo”.

Ninguno de los dos oradores del 20 y 21 de mayo menciona siquiera a los Cinco Héroes antiterroristas cubanos, cuya información permitió descubrir los planes de Posada Carriles e impedir la voladura de aviones en pleno vuelo, con visitantes extranjeros, incluidos norteamericanos, para golpear el turismo. Presionaron y sobornaron a la Presidenta de Panamá y ayudaron a ponerlo en libertad. Santiago Álvarez lo trasladó a Florida. Lo denuncié públicamente casi de inmediato. Todo se ha comprobado. Después se le ocupó al propio Santiago Álvarez un enorme arsenal.

Desean la impunidad de los terroristas y de los mercenarios. ¡Qué lejos están de conocer a Cuba y a su pueblo!

Las groseras mentiras de McCain y de Bush constituyen el único camino para no obtener absolutamente nada del pueblo heroico que ha sabido resistir el poder del imperio durante casi medio siglo.

Deseamos consignarlo ante la historia: ¡las ideas inmortales que Martí irrigó con su sangre no serán jamás traicionadas!

22 de mayo de 2008

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Alguien escribió una vez que las mentiras burdas son más fáciles de descubrir, pero que las medias mentiras (aquellas disfrazadas) son más difíciles de desentrañar. Y la Historia, con mayúscula, siempre ha sido un campo de batalla científico-académico-ideopolíti

co y educativo. Con sus otras funciones heurísticas, gnoseológicas, teóricas, metodológicas, morales-cívicas, éticas, etc., la historia es un arma de la política. Pero lo cierto es que ningún pueblo puede sobrevivir sin su historia, o de las múltiples historias que lo nutren, porque sería como una nación con ciudadanos sin memoria alguna. La historia es pasado, presente y se relanza hacia el futuro, de ahí su función pronosticadora. Por eso no sólo se trata simplemente -que ya es bastante- de precisar una visión de quiénes somos, de dónde venimos, cómo somos, por qué somos y hacia adónde vamos. La historia ya es pasado, cuando transcurren sólo segundos. Esa historia, la más reciente, tiene grandes riesgos porque las apreciaciones y percepciones -con sus diversas formas de interpretación- transitan por una visión menos madura y concienzuda, acaso también porque están presentes los protagonistas y el objeto y/o sujeto de estudio no tiene el distanciamiento prudente y necesario para que el historiador pueda describirla, elucidarla y demostrarla con mayor objetividad y rigor científico. Pero toda historia actual tiene sus raíces en el pasado, que no se repite nunca como un círculo, sino que se manifiesta como una espiral.

Y quien realiza y analiza esa historia tiene definido, consciente e inconscientemente, su posición teórica, metodológica y clasista, así como el carácter ideológico y político de sus valoraciones, su cosmovisión y conoce, por lo tanto, de qué lado se posiciona: de parte de los vencidos o de los vencedores. Las posiciones ideológicas y políticas de los historiadores, o de los que tratan de hacer la historia, pues en ella participan casi todos los miembros de una sociedad sociohistóricamente determinada, a veces como protagonistas activos y otras como entes pasivos, siempre salen a relucir a través de sus escritos e indagaciones.

Nadie puede escapar a la época en que vive y se desarrolla, de su marco epocal nacional e internacional. Como tampoco existe la “famosa” neutralidad académica, la asepsia ideológica, el nihilismo y el apoliticismo desde la ciencia histórica y otras ciencias sociales o humanísticas. El partidismo y la objetividad coexisten y las ciencias no están divorciadas ni subordinadas a la política y la ideología. Hablando con propiedad, muchas veces se complementan y aunque, en algunos momentos, se contradicen de forma antagónica o no con la política ejercida, constituyen tensiones y dinámicas que coadyuvan al esfuerzo de interpretar y reflejar la realidad.

La Historia, como cualquier otra disciplina o saber científico se nutre de las leyendas, los mitos, las narraciones escritas y orales, de la documentación material y de otras fuentes, a veces intangibles, que han sobrevivido a los espacios-tiempos históricos de corta, mediana y larga duración, así como también se sustenta en las crónicas, los discursos, la cultura, la idiosincrasia, la psicología social, las costumbres, el folclor, los hitos históricos – hechos y procesos -, etc. También la familia, la escuela, la comunidad, el centro de trabajo, los lugares de reunión y esparcimiento son lugares donde se habla y se comenta la historia de un país, de una nación, de una región o la historia universal humana.

Pero siempre hay algunos que trafican -mercantilmente, que significa obtener dinero fácil- con las ideas extraídas por el conocimiento histórico, por las indagaciones e investigaciones que otros acometen o ellos mismos asumen. Son aquellos que pregonan acerca de que la “historia oficial” es dogmática e ideologizante y que, la que ellos elaboran, que sería acaso la oficialista que siempre es panfletaria, se convierte en la única variante para lograr un posicionamiento real y legítimo ante el pasado y devenir de la sociedad. Haciendo malabares -repletos de subjetivismos malintencionados- con los datos auténticos, se dan a la tarea de mostrar las múltiples “interpretaciones” de los acontecimientos y procesos históricos, olvidando que sólo la verdad es revolucionaria y que a esa verdad histórica se debe arribar con humildes aproximaciones objetivas que no siempre son conclusorias.

En la actualidad, para algunos, las re-lecturas históricas constituyen una moda light. Esos se pasan la vida revisando la papelería y los testimonios, los más viejos y nuevos escritos para hallar, a toda ultranza, nuevas variantes de definiciones “objetivas” de las historias. Desde teorías y metodologías contemporáneas -siempre con la visión light y con posicionamientos clasistas desde los poseedores de las riquezas- estos abordan los acontecimientos y procesos históricos con una banalidad e intencionalidad que ponen en duda sus propósitos y la ética profesional de sí mismos. Las virtudes de quienes las realizan son pocas o ninguna. Tratan de apoyarse en fuentes y hechos históricos y “darles una vuelta” a la interpretación de los mismos, que incluyen tergiversaciones de la actuación de las personalidades histórico-políticas en la tradición de una nación.

Y no es malo que existan varias historias, pero lo que parece poco serio es que la historia se manipule, sea falaz, se dogmatice desde el ángulo de la proclamación de lo antidogmático, se convierta en descarado diversionismo para tratar de confundir, hacer vacilar y producir un desencanto entre los heterogéneos lectores, que muchas veces son pueblos enteros.

De la historia más reciente.

Ahora que el gobierno cubano ha demostrado fehacientemente, con pruebas irrefutables de la Seguridad del Estado, que la contrarrevolución mercenaria interna, enemiga del proceso revolucionario y socialista, ha estado recibiendo dinero y apoyo de todo tipo por parte del gobierno de los Estados Unidos de América, de sus agencias especiales y, en el colmo de los colmos, de los grupos terroristas de origen cubano que viven en ese país -radicados allí luego de su estampida a partir del primero de enero de 1959, y sostenidos gracias a la Ley de Ajuste Cubano de 1966- se pretende realizar una comparación de estos traidores menguados y sietemesinos, con aquellos héroes y mártires, muchas veces anónimos, que apoyaron la causa martiana en la preparación y la ejecución de la Segunda Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898).

Si no fuera un problema que alcanza una connotación demasiado seria, movería a risa tal pretensión. Pero en este mundo tan adoctrinado por la burguesía transnacionalizada del imperialismo-capitalista neoliberal, elaboradora del pensamiento único, así como por la acción de sus fundaciones de Thinks Tanks (“tanques pensantes”) y por sus poderosos medios de comunicación masiva, aquellos que practican día a día el terrorismo mediático, la Revolución Cubana no puede darse el lujo de dejar de ofrecer una repuesta científica válida a los actuales justificadores de un acto tan canalla como cínico.

El Apóstol y Héroe Nacional José Martí y Pérez, uno de los iniciadores, además, de la era del modernismo en las letras hispanoamericanas, organizó, preparó y financió esa guerra con la ayuda fundamental de los obreros tabaqueros de Tampa, Cayo Hueso y otras ciudades de los EE.UU., los cuales conformaron los pilares básicos del Partido Revolucionario Cubano (PRC) creado por él, en 1892. Esa organización única, de frente clasista y popular amplio, estaba constituida por clubes-delegaciones y sus objetivos inmediatos eran liberar a Cuba y Puerto Rico del colonialismo español. Sus miembros eran partidarios de la independencia de su patria, como alternativa viable para suprimir la opresión nacional del yugo ibérico y evitar, también, las ansias expansionistas y depredadoras del naciente imperialismo norteamericano.

Nadie como Martí en aquel siglo decimonónico para tener una visión unitaria y coherente del momento histórico que vivía y de mirar futuristamente a una Cuba libre e independiente. Se trataba de no aislar ni excluir del proceso libertario y de justicia social a todos aquellos que quisieran colaborar. Por eso, entre los que apoyaron la causa independentista aparecen nombres y apellidos de personas de alta y mediana posición clasista, aunque tampoco fueron mayoritarios. El alma de la nación cubana estaba en aquellos trabajadores manuales e intelectuales de menores ingresos económicos que, incluso, entregaban sin vacilación sus salarios o parte de estos a las arcas de la empresa mayor. Pero nunca se aceptó dinero mal habido, ni manchado de sangre, ni aquel que comprometiera la liberación nacional y social de la Isla, como tampoco a la futura República con todos y por el bien de todos, donde la primera ley debía de ser la dignidad plena del hombre.

Nadie como Martí para poseer una mirada profunda de la sociedad española y la norteamericana. Nunca confundió a los pueblos con los gobiernos de esas naciones y supo delimitar con agudeza a los posibles aliados de los independentistas cubanos. Tampoco subestimó a los potenciales compañeros de alianzas y compromisos internos, de corto, mediano y largo alcance. Su estrategia no estuvo divorciada de la táctica, con sus métodos incluidos, pero no mezcló unos con otros. Tampoco titubeó en responder con argumentos rotundos y profundos, y con plena convicción y pasión revolucionaria, a las propuestas de los anexionistas, los reformistas y los autonomistas, verdaderos enemigos y escollos para la causa nacional liberadora cubana. A los traidores los llamó por su nombre. Hombre humanista y universal fue implacable con los que, haciéndose pasar por patriotas, desertaron de las filas y se pusieron, oportunistamente, al servicio del enemigo externo e interno. En la República martiana, con todos y para bien de todos, no tenían espacio los que vendían sus ideas al mejor postor y, mucho menos, los que eran sus adversarios en el empeño independentista y en la lucha por alcanzar una justicia social superior, más igualitaria y equitativa.

¿Qué se pretende entonces con una comparación tan tosca entre los independentistas de 1895 -o de cualquier otra época revolucionaria cubana- y los denominados eufemísticamente “disidentes” y “perseguidos políticos” en la Cuba actual? ¿A quién se trata de engañar? ¿Por qué se recurre a la historia pasada, heroica y trascendental, ante los abominables hechos actuales de los mercenarios pagados por el imperialismo norteamericano?

Se trata, ante todo, de una campaña de propaganda difamatoria de la Historia de la Nación Cubana, de buscar legitimidad histórica y política, a cualquier precio, ante los bochornosos acaeceres de los neoplattistas de nuestros días. De mentir para timar a los ignorantes o desconocedores de la historia revolucionaria de la Mayor de las Antillas. En un episodio en que vale todo, vuelven a mostrar muy pocos escrúpulos y muchas irreverencias, irrespetos y carencias de ética, aquellos que lanzan tales infamias y comparaciones falaces. No es justo que los que escriben esos libelos y panfletos, tratando de justificar a los traidores actuales, que han sido los Judas y Caínes de todos los tiempos, merezcan ser llamados periodistas, historiadores e intelectuales, incluso gente común con una opinión “acertada” acerca de la cotidianidad nacional. Esas personas están tratando de engañar a la opinión pública internacional y, ¿por qué no?, a algunos dentro de la propia sociedad cubana.

Hace bastante tiempo se conoce que Cuba no debió su independencia a los Estados Unidos de América, y que sí sufrió el escarnio de ser campo de batalla de la primera guerra imperialista de la historia para ser convertida en protectorado y neocolonia de ese Estado-nación imperialista luego de una lucha tenaz contra el colonialismo español; que vivimos más de medio siglo encadenados al poderoso vecino del Norte, a solo 90 millas de sus costas, por una Enmienda Platt, una base militar impuesta en nuestro propio territorio, por los Tratados de “Reciprocidad” Comercial, tan leoninos y dañosos para la independencia del país, y los dictados de una democracia representativa burguesa dirigida y tutelada por los embajadores norteños, reales pro-cónsules, que no vacilaron en imponer dictaduras civiles y militares para frenar las luchas populares y revolucionarias.

Tampoco debe desconocerse que, en nuestro esfuerzo patriótico-nacional y antiimperialista, nos construimos, a base de conciencia política y práctica martiana y marxista fundamentalmente, un re-despertar de la conciencia nacional en la segunda y tercera décadas de la pasada centuria, ante el proceso de frustración que sobrevino a la intervención yanqui en la guerra cubano-española; que hicimos la Revolución del 33 para derrocar al tirano Machado; que pudimos re-nacionalizar la República en 1940, con la aprobación popular de una Constitución progresista. Y que, posteriormente, contra el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 y la imposición de la dictadura de Fulgencio Batista, sanguinario personaje que por estos días es recordado antipatrióticamente por los mismos que ahora brindan dinero a los mercenarios, tuvimos un asalto al Cuartel Moncada, un 26 de julio de 1953, una Historia me Absolverá, un exilio preparatorio muy similar al martiano, un Granma y una guerra de guerrillas en las montañas y los llanos que derrocó al títere y hombre fuerte de turno del imperialismo norteamericano, y que culminó en la victoria de la Revolución el primero de enero de 1959, proclamada socialista dos años más tarde.

Nadie puede, entonces, distorsionar los hechos y procesos históricos como por arte magia. Los alquimistas de la contrarrevolución externa e interna y de la mafia cubano-americana, que son los representantes de la presidencia más neoconservadora e impopular de la historia contemporánea de los EE. UU., no tienen derecho alguno a pensar que pueden entrometerse en los asuntos internos cubanos. Ya no son los tiempos de las intervenciones y ocupaciones yanquis (1898-1902, 1906-1909 y de otras presencias indeseables de los marines yanquis en nuestro territorio nacional) que, aunque tuvieron una respuesta digna y a la altura de la conciencia política de aquella época, ahora tendrían una resistencia popular-militar indetenible en su contra, una verdadera Guerra de Todo el Pueblo que lograría a la larga el desgaste y la derrota del invasor. Un Girón multiplicado.

Asimismo, las comparaciones históricas no pueden manipularse al antojo de unos cuantos “pensadores” al servicio de la mayor potencia imperialista de la historia de la humanidad, acérrima enemiga de la Revolución. Ya no estamos en los años de la década del 90, en que apostaron a la caída de la ficha cubana bajo el efecto dominó del derrumbe del muro de Berlín y la desaparición del campo socialista este-europeo y la Unión Soviética. No hubo “hora final de Castro” ni la habrá. Ya las teorías acerca del fin de la historia, de las ideologías, las utopías y el choque de las civilizaciones no obnubilan a los ingenuos ni a los decepcionados, porque han sido superadas por la propia historia rebelde y subversiva de los explotados y marginados, los discriminados y los olvidados. Estos volvieron al escenario político -acaso no estaban tan lejos de allí- y hoy son los protagonistas activos de una nueva historia. La Revolución Bolviariana en Venezuela, la Revolución en Bolivia, los procesos de izquierda en Brasil, Ecuador, Uruguay y Nicaragua, incluso el espíritu integracionista del Sur geopolítico latinoamericano, que incluye a Argentina, Chile, Paraguay y a algunos pueblos y países centroamericanos y caribeños están anunciando nuevos tiempos para la historia presente y futura de Nuestra América.

Son muy ricas y profundas las tradiciones histórico-patrióticas, solidarias e internacionalistas de la historia cubana, es muy poderosa su cultura nacional, que no excluye lo mejor de la universal, y es muy alto el nivel educacional del ciudadano de la calle en la Cuba de hoy para que se piense que la mentira pueda abrirse paso. En esta batalla política, lo mejor de la historiografía cubana es un baluarte que no debe subestimarse. Los mejores historiadores de Cuba, como el resto de la intelectualidad nacional, fueron y son partes integrantes del proceso revolucionario cubano, protagonistas y trabajadores incansables para conformar una Conciencia y una Identidad Nacional en constante construcción. Algunos de ellos, desde Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Calixto García, entre otros del siglo XIX, compendiaron, en parte, lo mejor de esa época que les tocó vivir y fueron los fundadores de la Nación y la Nacionalidad Cubana. En el siglo XX, Enrique José Varona, Manuel Sanguily, Juan Gualberto Gómez, Carlos Baliño, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Pablo de la Torriente Brau, Blas Roca, Jesús Menéndez, Abel Santamaría, Frank País, Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara, y muchos otros, fueron los artífices de la nueva era histórica, consolidando esa fragua redentora de la historia de una nación: la cubana. Y como síntesis de ese decursar histórico revolucionario están las figuras de José Martí y Fidel Castro, sus máximos exponentes.

No se puede desmontar la historia de la nación cubana con mentiras y deformaciones perversas. Está mucho en juego: la independencia, la nación, la patria, el socialismo, junto a las conquistas sociales, económicas y políticas alcanzadas por todo un pueblo en Revolución. Esa es una verdad irrefutable y una realidad contundente a tener en cuenta por los mercenarios y traidores y sus mecenas políticos: los gobernantes y las elites de poder norteamericanas y sus aliados europeos.

Esta es una Revolución que llegó para quedarse. Una eterna herejía revolucionaria y comunista que continúa encaminándose hacia un Socialismo en el Siglo XXI, renovado y superior, como única alternativa ante el sistema de dominación múltiple del capital y su barbarie destructiva global. Y su perfeccionamiento crítico y autocrítico es tarea de los cubanos que vivimos en este VERDE CAIMAN.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

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Ayer escribí tres cuartillas sobre el candidato presidencial McCain. Hoy me disponía a escribir algo sobre el actual presidente de Estados Unidos de América, W. Bush y sus intenciones para con la Revolución cubana. Pero ya él está muy gastado y, además, ya todos los de aquí y de por allá, en todos los continentes, conocen en abundancia al más bruto, grosero, torpe, obtuso e incapaz presidente que haya mandado en la Casa Blanca.

Pero cuando acudí a la prensa para conocer cómo había amanecido el mundo, encontré un cable de EFE que informa sobre la creación del Instituto para la Transición Democrática (ICDT) en Budapest, para transmitir experiencias y ayudar a la transición política a otras naciones del mundo. Y el atrevimiento de los húngaros va más allá. Se dirigen, en particular, a Cuba, tratándola de “reserva curiosa que se quedó sola como una creación del siglo XX” y la disposición a compartir sus experiencias.

A Iván Vitányi [ver foto], director del ICDT, quien pronunció esas palabras, le decimos, muy particularmente, que de Hungría nadie habla ni se hablará, porque ni historia propia, creo, tiene. De Cuba se hablará y recordará toda la vida por los pueblos oprimidos del mundo.

¡Válgame Dios!, repito, Hungría. Ni ahora ni antes ni nunca podrá dar consejos de nada. Sí, de entrega al gobierno de Estados Unidos. De hacerle el juego a W. Bush para poder sobrevivir. ¿Qué puede aportar el gobierno de Hungría a los pueblos? ¿Cuáles son sus éxitos, dónde están? Expóngales. Cuba sí los tiene.

Claro, que la actividad del ICDT forma parte de todo el andamiaje contrarrevolucionario y fascista que inspira, organiza, dirige y paga (y bien pagados con el dinero del pueblo norteamericano) el gobierno de Estados Unidos para qué Cuba regrese a 50 años atrás. Incluso, hay quien se dedica a tergiversar, adulterar, falsear, falsificar, suplantar (la reiteración es consciente) la historia de Cuba. La Revolución cubana está en vísperas de sus 50 años y no pueden permitir que en el traspatio de Estados Unidos, exista una Revolución como la cubana. No pueden permitir el ejemplo de la obra. Sí, existen dificultades económicas que han limitado y limitan la calidad de vida del pueblo, pero la obra es innegable y la quieren borrar.

Y la historia de Cuba ni es una invención ni es la mitad ni es un misterio como la quiere presentar otro que bien baila: el renegado cubano Rafael Rojas, que ahora se ha dedicado a cuestionar la historia de Cuba y escribe, además, que la historia más reciente de Cuba ha sido, en buena medida, un tabú sublimizado por una epopeya imaginaria. Parece que para él las agresiones de todo tipo del gobierno de Estados Unidos contra Cuba son también virtuales, porque de ellas no habla. Que se lo pregunte a los familiares de los fallecidos por causa de esas agresiones…

En uno de sus artículos, publicado -por supuesto- en el Nuevo Herald, con creencia de que él tiene la verdad en la mano, escribió: “De hecho, el propio papel en la revolución del ex presidente Carlos Prío Socarrás, quien en un encuentro con Fidel Castro, en McAllen, Texas, contribuyó al financiamiento del Granma, ha sido borrado del relato socialista” (las negritas son mías). Parece que Rafael Rojas no conoce las publicaciones históricas de Cuba, pues en el libro, en dos tomos, La palabra empeñada, del investigador cubano Heberto Norman Acosta, y editado por la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, en el 2005, puede leerse con transparencia que en ese encuentro Fidel invita a Prío a incorporarse a la expedición, pero este se disculpa, aduciendo que organiza otra, y se habla de su aporte económico.Luego de asegurar Prío que coordinará sus acciones con el desembarco, Fidel se compromete finalmente a notificarle la fecha de la partida de la expedición. El ex presidente se compromete a su vez entregar a Fidel los 50 mil dólares pedidos como préstamo para la expedición. Sin embargo, la entrega de dicha suma no se efectuará en ese momento, sino posteriormente. La entrevista concluye ya de noche”. (t. 2, p. 281).

Más adelante, en la página 316 se lee: “Fidel orienta al armero mexicano viajar de inmediato a Miami y allí hacer contacto con Juan Manuel Márquez, para recibir cierta suma de dinero del ex presidente Carlos Prío Socarrás. Juan Manuel entonces pidió al Cuate que se hospedara en un hotel […] (los puntos suspensivos son míos para ahorrar espacio) y lo lleva a la casa de Prío, quien después de las preguntas de rigor, le entrega 10 mil dólares”.

En la página 368, además se lee: “También por esta fecha, arriban a la capital mexicana Juan Manuel Márquez e Inés Amor, luego de permanecer varios días en la ciudad de Miami […] (ídem al anterior) con la intención de encontrarse con el ex presidente Carlos Prío, para pedirle algún dinero más. Luego de dos días tratando infructuosamente de localizarlo, Prío intrigado le mandó a buscar, pero no le dio un centavo pues acababa de entregar cinco mil pesos a José Antonio Echeverría”.

Luego, al final del tomo, en la página 431 y 432, podemos leer: “También Fidel visita esa tarde la casa del exilado cubano Carlos Maristany y le comunica la inminente salida de la expedición, para que este a su vez, según lo acordado, se lo trasmita al ex presidente Carlos Prío Socarrás. Poco después, Maristany viaja a la ciudad de Miami para informar a Prío y solicitar además 5 mil dólares para pagar algunos gastos del Movimiento en México”.

Saque usted sus propias conclusiones de cómo se borra en Cuba la historia.

Miren, ahí tienen otra que “baila del mismo pie”: Zoé Valdés la que han hecho escritora “a la fuerza”. Escribo “coprofagiando” de la Revolución cubana y me hacen escritor, periodista y hasta cosmonauta si es necesario. Pues bien a esta “famosa” escritora la han demandado por plagio -para más información acuda al cable de EFE de 21 de mayo- Esa es la vida de todos esos seres: mentir, plagiar, copiar, imitar, simular, hurtar (la reiteración es también consciente).

Y hay más, y mucho más. El 16 de mayo, el Nuevo Herald (¡qué casualidad!, ¡otra vez el Nuevo Herald!) publicó un artículo de Casto Ocando sobre la existencia de campamentos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia para entrenar milicianos, a cargo de militares cubanos. Estas palabras no vale un comino desmentirlas. Es una acusación más de los escatófagos a sueldos. Y nada más y nada menos que la información la obtuvieron de la ya desmentida, por personas serias, de la computadora colombiana. Y muchas acusaciones y mentiras vendrán, recuerden que tiene un valor: YO PAGO Y TÚ MIENTES o TÚ MIENTES Y YO PAGO.

Así va el mundo de los que odian, así va el mundo de los que actúan como el cuento del chino cuando dijo “papelito habla lengua” pero para ellos, para Iván Vitányi, Rafael Rojas, Zoé Valdés, Casto Ocando y muchos y muchos otros “money habla lengua”.

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