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Mis muy estimadas amigas y amigos:

martienguatemala.jpgEl día de ayer, 19 de mayo de 2011, tuve el honor de disertar acerca del Apóstol latinoamericano José Julian Martí y Pérez, en conmemoración del 116 aniversario de su caída en combate.

La actividad se llevó a cabo en el Teatro de Arte Universitario (TAU) ubicado en el Centro Cultural Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala (2ª. Avenida 12-40, zona 1) a las 17:30 de la tarde.

Les cuento, fue una experiencia enriquecedora y, sobre todo, esperanzadora. Pudimos ser testigos, los otros disertantes y su servidor, del peso profundo que tiene entre nuestra gente el “maestro” y de cómo, a pesar del bombardeo mediático y consumista, la veta de dignidad que el trazó está muy pegada al sentir popular. ¡Esos son los valores que debemos transmitir, afincar y conservar!

Como un sencillo homenaje a su portentosa figura, les envío el texto íntegro de mi intervención.

Saludos cordiales,

Carlos Maldonado

La pervivencia de Martí

¿Qué exclamaría el niño habanero?. Sus ojos, cual fulgores de fuego, quizá resplandecerían en medio de la cerrada noche que hoy envuelve el globo para descubrir por qué el miedo de los poderosos se encuentra pegado a su ira; su pavor, al homicidio. Quizá crean que con la muerte, mejor si es cruel, lograrán frenar la dignidad de los oprimidos.

Se preguntaría el muchachito, por qué se rinde pleitesía a criminales y verdugos en páginas actuales y coloridas y se desprecia e invisibiliza a los briosos combatientes de la humanidad.

Una vida bella que transitó entre el cariño, la tibieza hogareña y la férrea disciplina de su tiempo; entre la congoja de ver colgado a un esclavo, el ser más despreciable de su ciudad, pero a la vez lo más importante por sus brazos necesarios. ¡Qué humana distancia la del muchacho que al ver estrangulado al perro de su era, de sus ojos rodaron dos lágrimas funestas pero altivas! Tanta grandeza que, ante cosa tan común en sus tiempos, su alma se rebeló y esos ojos velados, sin luz de aquél péndulo humano, lo empujaron con más ahínco contra sus opresores, los de aquél que ahora se convirtieron en los de él. Los que arrumaban su presente  y los venideros que enjaezados de falsa superioridad veían a los demás como enanos, esclavos y lacayos.

Anduvo el Apóstol jamás conspirando, sino enseñando humanidad, educando en el arte de amar. Los que lo tacharon de conjurado fueron los esclavistas y los matarifes, los traidores e innobles. Los que no se sentían cómodos con su gloriosa presencia y la verdad de su argumento. Padres de esos que asesinaron próceres, de esos que se arrogaron salvar al mundo de la peste comunista y que hoy trafican y decapitan ideas libertarias. Esos, que han sumido al mundo en tinieblas y ahogado en sangre. Esos, merecen ser sepultados en el olvido y sus huesos quemados en el crisol de la revelación de sus crímenes. ¿Cómo puede alguien mentir que salvó a sus hermanos cuando la guadaña en sus manos con la cual los degolló pende diáfana de sus manos? ¿Cómo atribuirse heroísmos cuando lo que hizo fue matar inocentes, desmembrar familias, violar mujeres, destripar niños y ancianos? Con falsos argumentos en defensa de bienes y tradiciones maniqueas arrasaron campos y aldeas. Se ensañaron contra inocentes a quienes infringieron terror. Personas que iban al campo a sembrar, que recibieron al viajero con calidez, que rezan a sus dioses con la humildad de los que esperan poco. De las que salen a trabajar temprano.

Cobardes sus asesinos tienen en los que escriben sus historias en pasquines justificando sus crímenes a cambio de buena paga, a su defensa vaga. ¡Qué mayor afrenta si provienen de la patria del Maestro! ¡Vergüenza de la humanidad! ¡Lacayos del Imperio fascista!

Muy al contrario el espíritu noble del Apóstol quien amaba, vivificaba y cuando había que imponer la causa de la hermandad, de la igualdad a aquellos que sojuzgaban y esclavizaban a sus semejantes, la imponía a fuerza de combate claro, diáfano, sin odio, porque seguro estaba de que los argumentos a favor de la humanidad jamás los aceptarían los sanguinarios. Incluso, con inferioridad técnica pero con la audacia y la gallardía de saber que la razón lo respaldaba en esas cuitas sangrientas, cuyas necesidades las consideraba faenas inevitables, así se lanzaba convencido el maestro. Era la fuerza de la verdad la que lo impelía a triunfar. La moral revestida de principios.

Era Martí partidario de la paz, del diálogo y el acuerdo, pero, si hubiese diálogo en aquellos opresores hubiese sentado con ellos. ¿Quiénes fuesen los dialogadores? ¿Quiénes acordado desembarazarse de negros y mulatos, cuyos brazos colmaban sus  haciendas de riquezas y buen vivir? Poquísimos en verdad. No obstante, la humanidad se encaminaba a un nuevo pacto. No era dable y correcta la esclavitud. Era, en muchos lugares ya, obsoleta y despreciable. Era propia de ogros y necios.

Pero quienes más lo entendieron por vivirla en carne propia fueron  cimarrones, negros de cuadra y de casa, los que trabajaban en el campo y en las ciudades y en gran número se unieron a su justa causa. Marcharon con el Apóstol, con Gómez y Maceo. Y, todos juntos se hicieron gigantes. Escribieron todos ellos la historia gloriosa de Nuestra América. La guerra por la Independencia en Cuba fue a su vez la guerra de los pueblos desde el Bravo hasta el Arauca. Do iba Martí pregonaba su presencia como el sol su verdad.

Guatemala no fue la excepción. Pasó el gigante por esta tierra, engalanó sus campos y sus calles con sus versos, prendió un corazón, más la causa era su mayor pasión. Con el puño apretado y el pecho dolorido llevóse entre los ojos y en el alma la almohadilla preciada de su amiga preñada en sus venas de amor por él y el dolor de saber que las ideas libertarias no podrían albergarlas tiranos que las pregonaban pero esclavizaban, mataban y expulsaban indios. Hombres que cantaban Reforma pero aplastaban pueblos. Soñó con las cumbres y los mares del país de los pinos entregando sus secretos de amor y desengaño al torbellino de su lucha y como queriendo despejar su frente, enrumbó a organizar.

Murió de frío la chiquilla, dijeron muchos, yo sé que murió de amor. Quedó Guatemala anclada al hierro del nuevo comendador.

Casó con otra y procreó un hijo de quien siempre se ocupó y supo ganar tiempo en medio del ajetreo de su misión. A tal punto que le escribió pensando en sus osadas mejillas al bebé centro de aquellos versos sencillos y los cuentecillos que adornan esa magnífica creación.

Partió luego al frente. El ejemplo había que corroborarlo con presencia y acompañamiento. Joven e impetuoso como era, imposible no quemar hormona en el fragor de la batalla máxime cuando erizada la corneta mambí tocaba a degüello.

¿Que murió Martí? No. Imposible. No murió. Tanto vive que no necesita espacios comprados: fresco aparece en cantos, risas y arengas populares.

Sus ríos de tinta han desbordado mentes, salones, selvas y campiñas. Sus coplas y prédicas han servido de estandartes y espadas. Los del Granma llevaban en el pecho inscritas sus palabras; la solitaria estrella refulgía sus rayos en el rostro de los que la admiraban. Se trastocó en el Che y en Fidel, en Yon Sosa y Turcios; en Farabundo, Roque y Mármol; en Sandino y Fonseca, en millones que hoy blanden la espada bajo sus harapos. Está escondida su mirada en la mirada de los obreros y sembradores, en los maestros y los discípulos, en el rostro moreno de indios y en cofradías negras.

El águila, como lo predijo, se lanzó sobre nosotros. Era su premura liberar a su patria para edificar barricadas y contener su fiereza contra su América, más no logró en su efímera mortalidad semejante hazaña. Tuvieron que hacerla sus prosélitos.

La misión que se propuso en vida está cumplida. La nuestra liberar al continente y con él al mundo de norte a sur y de occidente a oriente.

Desde el alto monte de la eternidad Martí vigila. Con su culto dedo señala al sur. Somos otro pueblo, nos recuerda, ni somos los primeros que habitamos América ni somos los que vinieron a invadirla. Somos su mezcla a la que luego se unió la de los descendientes de los padres de la humanidad. Los del África.

Con esa mixtura hemos compuesto pueblos gentiles y sabios, irredentos y bravos que en cuanto han servido, compartido y bailado también han combatido y arrasado. Cual río que canta feliz y manso dentro de los parajes selváticos, cuando es tiempo de asolar asolamos. Remansos de paz cuando paz se recibe, tormentas y fuegos para calmar los heridos egos.

Martí nos llama en esta hora fraterna a crear, pensar y organizar. La esclavitud moderna igual que la pasada ha quedado rebasada. Su fracaso es más que evidente más algunos conservarla desean pues similar que aquellos hacendados que pretendieron acopiar sus negros e indios, hoy pretenden atar hombres a su capital.

No sabrían que hacer, más el hombre tiene que ser libre, el uno de cadenas el otro de encadenar.

El hábito, la costumbre son engañosos. Hacen pensar que normal es esclavizar, enseñorearse sobre otros y, a otros, hacer pensar que es normal ser esclavo, sumiso y obediente a los designios de los demás.

La dignidad no se aprende de la noche a la mañana; se va construyendo de a poco, pero es necesario luchar y reflexionar. Es urgente saber y comprender que un cuerpo esclavo de otro, no es humano. Ni el primero porque es rebajado a la estatura de cosa y el otro a la estatura de abusador. Ambos deben ser libres para conversar, para cantar, para reír, para crear.  Compartir ideas, sueños, amistad.

No le alcanzó la vida al gigante, murió en plena flor más la flor de su prosa se diseminó como la hiedra en los muros. Adornó con sus rosas la historia de su pueblo y los nuestros. Cambió la pluma por la espada y luego ésta por la pluma. Blandía ambas con destreza original.

Su lengua en vez de expresar perfidias construía maravillas.

Luego de enlazar con su ideario a su pueblo, regó con su sangre su tierra para que de ella germinara para su América la semilla de dignidad y libertad.

Ha querido el destino que cayera en Dos Ríos, mas solo cayó su cuerpo. Su espíritu noble recorre los caminos, las cordilleras, las costas de esta geografía detonante que dando tumbos altivos derroca al bellaco rubio quien creyéndose el amo del mundo ha trocado en llaga. Poderoso magnate, dueño del fuego destructor, de caprichos excelsos y excesivos, no cultiva más que la guerra. No sabe más que de ella por eso en ella sucumbirá.

Desconoce su historia que preñada en la violencia desdeña la de sus vecinos. Miente a cual más, resultando enredado en sus patrañas. La vida es verdad pues sin ella no puede existir la cordialidad y el decoro.

De parte de los pueblos desconfianza y recelo, rabia y rencor. Llegará el momento en que confabulándose semejantes sentimientos corroan sus cimientos como las termitas socavan al árbol majestuoso que en medio de la sabana sucumbe presuroso.

La gloria de las naciones no estriba en destruir sino en edificar, empero, para poder erigir necesario lo viejo demoler. Desmontar la crueldad y la prepotencia, la ignominia y la falsedad es la tarea presente.

Ideas nuevas que vienen pregonándose desde tiempos del Apóstol y que él cual magnífico alfarero juntó experiencias diferentes y diversos matices, los cuales marcaron a sus aprendices. Nada es novísimo, todo está impregnado de los olores de pasado del pueblo y su amalgama. El maestro solo lo mezcló y agregándole su propia esencia lo hizo suyo y como cosa nueva lo lanzó a la fama. Es así la vida: una dialéctica precisa e invisible que ajusta todos nuestros actos y nuestros dichos. Él solo le dio voz y letra; lo adornó con versos y lo cantó en sus rimas.

Loas a Martí quien sabiendo vivir con la plenitud del astro rey supo morir en la consecuencia de sus palabras de lo cual se entienda que su cuerpo repose en su tumba pero su hálito se extienda a los corazones que luchan con esperanza. Que más ejemplo que el de un ser que no teniendo nada supo darlo todo. Que más lección de un héroe que alzándose sobre sus limitaciones pudo ver el futuro y alertarnos sobre los peligros del egoísmo. Que más talante de alguien que a pesar de su gloria supo vivir son sencillez y honradez. Que más desprendimiento de un humano que a pesar de poder hacerse de grandes fortunas optó por los sinsabores y las amarguras de una lucha desigual.

Venció Martí a la muerte. Trascendió su época y hoy su idea cabalga junto a la de los grandes. Aplasta las memorias artificiales cuya constancia la quieren construir los mezquinos a fuerza de propaganda y dinero. Enanos que solo pueden brillar con luz artificial. Cuando se  acaba el oro automáticamente se acaba también la bujía. Quedan en tinieblas. Más los héroes que  resplandecen con luz propia no necesitan neón, viven en la mente de los pueblos, repiten en sus vidas, transmutan  generaciones y siguen vigentes en sus altares sin rasguños ni heridas.

¿Acaso los pobres no recuerdan con tristeza y rencor las afrentas y con amor y tibieza las caricias? ¿Quién recuerda a sus verdugos? ¿Quien no conmemora a sus titanes?  ¿Dónde quedó Judas dónde el profeta? ¿Quién se ocupa de Caifás, quien de Pilatos? Pero, ¿Quién no recuerda a Gaicaipuru, Tupac o Lautaro? ¿Al Ché o a Fidel? ¿A Bolívar, Artigas o San Martín? ¿Qué sería de América sin su Apóstol José Martí?

Muchas gracias.

Carlos Guillermo Maldonado
Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala; Colectivo “La Gotera”

Guatemala, 19 de mayo de 2011

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Por Carlos Maldonado*

fuerzas_especiales_michoacan.jpg

La guerra que se está llevando a cabo en México se está trasladando a Guatemala. Eso está claro. Sin embargo, como en todas las guerras que el capitalismo y sus adláteres han levantado desde siempre, el pueblo pobre y marginado es el que pone la mayoría de muertos y la pérdida de su pequeña propiedad.

Pudiendo señalar, sin temor a equivocarnos, que el capitalismo -en su desesperación por mantenerse a flote ante el fracaso de su planta productiva-hace pactos hasta con el mismo demonio, ha mutado hacia un narcocapitalismo, pues encontrando mercados tan grandes y cautivos como Estados Unidos y Europa, los mayores consumidores de droga (la que extraen de países como Colombia y Perú, los mayores productores en América y Afganistán, en el Asia) cuyos gobiernos títeres están al servicio de los narcoemperadores sentados en el Departamento de Estado y el Congreso yanqui, ha basado su esperanza de permanencia en la producción, transporte y comercialización de la droga.

Un negocio tan rentable que, según datos que nos proporciona el sociólogo guatemalteco Carlos Figueroa Ibarra -en artículo escrito en Diario La Hora de Guatemala, del 20 de enero de este año, en la sección de Opinión- sólo en 35 años, de 1976 al presente, el comercio de droga en Estados Unidos creció de un promedio de 17 a 400 toneladas. ¡Un 2,353%! Ni la empresa más exitosa dentro de los parámetros normales podría haber conseguido semejante nivel de crecimiento en tan poco tiempo. Un 67% de crecimiento cada año. ¡Imposible! Y esto, analizando sólo el volumen de trasiego, no la ganancia en dólares.

Razón suficiente para que el Imperio, fincado ahora en los estupefacientes, evite a toda costa seguir perdiendo terreno. Al contrario, no sólo necesita mantener su hegemonía sobre zonas de histórica influencia como México, Centroamérica, Colombia y Perú, si no recuperar eslabones de su cadena productiva como son los hidrocarburos fósiles y gasíferos, sin contar las principales fuentes de agua, que casualmente están ubicados en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, Nicaragua y Brasil. Por supuesto, en todo el continente, pero nombro estos países por la oposición directa a los designios de Washington que han levantado sus gobiernos con democracias populares pero con claras tendencias, unos más que otros, hacia la construcción del socialismo.

Para volver a lo específico de nuestro país, muchos funcionarios de Estado del Narcoimperio e incluso funcionarios y periodistas de allá como acullá, han proferido en varios espacios públicos que México y Guatemala son estados fallidos. Pero eso no es más que el discurso perfecto para que la opinión pública, ante esa realidad virtual construida por el poderío mediático del imperio, comiencen a introducir a través de opiniones de “expertos” y de “voces especializadas”, la necesidad de intervención directa de las tropas yanquis en nuestros territorios para desplazar a sus rivales y tener un mejor control sobre el teatro de operaciones. Como dice el viejo refrán: “al ojo del amo engorda el ganado”. La nota difundida por la misma Fox News, de que en suelo guatemalteco, a 150 kilómetros al norte de la ciudad de Guatemala -no especifica dónde- Boinas Verdes del ejército norteamericano entrenan a fuerzas del ejército guatemalteco con el argumento de combatir al narcotráfico, lo corrobora. (Reziztek 30/12/10)

¿Cómo una nación que no ha podido controlar el trasiego de estupefacientes en su propio territorio y que ha dejado que el mercado se incremente de 17 a 400 toneladas puede dar asesoría para detener el trasiego de estupefacientes a nuestra fuerzas de seguridad? ¡Pamplinas! La lógica nos lleva a señalar que están preparando a los ejércitos para incrementar la represión hacia nuestros pueblos que se han dado cuenta ya del juego sucio que trata de imponernos el Narcoimperio: producir droga para ellos para luego, estos mismos, vender el fruto de esa producción a sus poblaciones en Estados Unidos y Europa, narcotizados por la misma, el consumismo y la degradación humana. Por supuesto, con el contubernio y sociedad con las oligarquías rancias de nuestra región. ¿Desde cuando acá los señoritos se han preocupado por los pueblos? ¡Jamás!

A este fabuloso negocio de la droga hay que sumarle el de la industria armamentista que proporciona las armas al ejército mexicano diz que para combatir a los carteles de la droga en un claro contubernio con el gobierno títere, ilegítimo y corrupto de Felipe Calderón. Esos son otros cálculos que tendremos que realizar en un futuro cercano.

Para asegurarse esa futura intervención armada se ha echado a andar la tesis de que Guatemala es un “estado fallido”, “fracasado” o “perdido”, señal de que la guerra contra el narcotráfico va aparejada con la ocupación por parte de tropas extranjeras pagando así el pueblo guatemalteco y de la región, nos atrevemos a decir, la disputa por el control de la droga entre carteles históricos contra el más poderoso cartel que la historia haya visto, el del Narcoimperio que desea controlar todos sus procesos para sobrevivir ante su paulatina bancarrota.

¿Qué haremos entonces los ciudadanos de Guatemala y Centroamérica en conjunto para evitar los planes expansionistas del Narcoimperio gringo? Importante debatir sobre la legalización de la droga, levantar la voz de alarma sobre las verdaderas razones de la guerra contra el narcotráfico y la postura blandengue de los gobiernos anteriores y éste, así como presionar al que vendrá una postura firme y soberana. Del peligro que corren nuestras generaciones futuras al enfrascarse en una guerra que será larga, sin visos de solución, y que solo traerá como es obvio más miseria, dolor y lágrimas a nuestras familias. No podemos permitir que acabados de firmar los Acuerdos de Paz otro conflicto se levante en nuestro suelo. ¡Eso es inadmisible!

Esta guerra nos la quiere imponer el Narcoimperio y es hora de unirnos contra ella todos, mestizos e indígenas, creyentes y no creyentes, mujeres, hombres, niños y ancianos. Todos los que quieran ver la patria liberada. Tendremos que enfrentar directamente al Imperialismo y sus lacayos locales y derrocarlos de una vez por todas para poder construir la paz, el desarrollo y una nueva vida de armonía, igualdad, solidaridad y fraternidad.

* Economista y profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Foto: Fuerzas Especiales, Michoacán (Internet)

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Bueno, ya sabemos que nuestros bisnietos o tataranietos o tataratataranietos recibirán disculpas por el dengue hemorrágico o la fiebre porcina que ellos ayudaron a introducir en Cuba…

A veces me pregunto… ¿ser cínico es condición sine qua nom para ser parte del gobierno norteamericano, o es pura casualidad?

Secretaria de Salud y Servicios Sociales, Kathleen SebeliusSecretaria de Salud y Servicios Sociales, Kathleen Sebelius

Estados Unidos ofreció disculpas el viernes a Guatemala por haber financiado un estudio médico hace 64, en el que se inocularon enfermedades de transmisión sexual a prisioneros y enfermedades mentales en el país centroamericanos.

“Lamentamos profundamente que esto haya sucedido y ofrecemos nuestras disculpas a todas las personas que resultaron afectadas por esas abominables prácticas de investigación”, dijeron en declaración conjunta las secretarias de Estado, Hillary Clinton, y de Salud y Servicios Sociales, Kathleen Sebelius.

“Estamos iniciando una minuciosa investigación con respecto a los detalles de este caso de 1946. Además, mediante la Comisión Presidencial para el Estudio de Asuntos de Bioética, convocaremos también a un cuerpo de especialistas internacionales para que revise e informe sobre los métodos más eficaces para asegurar que toda investigación médica en seres humanos que se realice en el mundo en la actualidad cumpla con rigurosas normas éticas”, agregaron las funcionarias del gobierno estadounidense en una declaración.

Clinton llamó el jueves por la noche al mandatario guatemalteco Alvaro Colom para expresarle su arrepentimiento de que tal estudio haya ocurrido, dijo el viernes a periodistas el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela.

El director de Institutos Nacionales de Salud, Francis Collins, explicó que el estudio no fue ético porque involucró a grupos vulnerables de la población, quienes no autorizaron su participación porque se les engañó y además desconocían que eran infectados intencionalmente con agentes patógenos. “Este caso representa un ejemplo asombroso del capiítulo oscuro de la historia de la medicina”, agregó.

(Con información de AP)

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