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Mis muy estimadas amigas y amigos:

martienguatemala.jpgEl día de ayer, 19 de mayo de 2011, tuve el honor de disertar acerca del Apóstol latinoamericano José Julian Martí y Pérez, en conmemoración del 116 aniversario de su caída en combate.

La actividad se llevó a cabo en el Teatro de Arte Universitario (TAU) ubicado en el Centro Cultural Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala (2ª. Avenida 12-40, zona 1) a las 17:30 de la tarde.

Les cuento, fue una experiencia enriquecedora y, sobre todo, esperanzadora. Pudimos ser testigos, los otros disertantes y su servidor, del peso profundo que tiene entre nuestra gente el “maestro” y de cómo, a pesar del bombardeo mediático y consumista, la veta de dignidad que el trazó está muy pegada al sentir popular. ¡Esos son los valores que debemos transmitir, afincar y conservar!

Como un sencillo homenaje a su portentosa figura, les envío el texto íntegro de mi intervención.

Saludos cordiales,

Carlos Maldonado

La pervivencia de Martí

¿Qué exclamaría el niño habanero?. Sus ojos, cual fulgores de fuego, quizá resplandecerían en medio de la cerrada noche que hoy envuelve el globo para descubrir por qué el miedo de los poderosos se encuentra pegado a su ira; su pavor, al homicidio. Quizá crean que con la muerte, mejor si es cruel, lograrán frenar la dignidad de los oprimidos.

Se preguntaría el muchachito, por qué se rinde pleitesía a criminales y verdugos en páginas actuales y coloridas y se desprecia e invisibiliza a los briosos combatientes de la humanidad.

Una vida bella que transitó entre el cariño, la tibieza hogareña y la férrea disciplina de su tiempo; entre la congoja de ver colgado a un esclavo, el ser más despreciable de su ciudad, pero a la vez lo más importante por sus brazos necesarios. ¡Qué humana distancia la del muchacho que al ver estrangulado al perro de su era, de sus ojos rodaron dos lágrimas funestas pero altivas! Tanta grandeza que, ante cosa tan común en sus tiempos, su alma se rebeló y esos ojos velados, sin luz de aquél péndulo humano, lo empujaron con más ahínco contra sus opresores, los de aquél que ahora se convirtieron en los de él. Los que arrumaban su presente  y los venideros que enjaezados de falsa superioridad veían a los demás como enanos, esclavos y lacayos.

Anduvo el Apóstol jamás conspirando, sino enseñando humanidad, educando en el arte de amar. Los que lo tacharon de conjurado fueron los esclavistas y los matarifes, los traidores e innobles. Los que no se sentían cómodos con su gloriosa presencia y la verdad de su argumento. Padres de esos que asesinaron próceres, de esos que se arrogaron salvar al mundo de la peste comunista y que hoy trafican y decapitan ideas libertarias. Esos, que han sumido al mundo en tinieblas y ahogado en sangre. Esos, merecen ser sepultados en el olvido y sus huesos quemados en el crisol de la revelación de sus crímenes. ¿Cómo puede alguien mentir que salvó a sus hermanos cuando la guadaña en sus manos con la cual los degolló pende diáfana de sus manos? ¿Cómo atribuirse heroísmos cuando lo que hizo fue matar inocentes, desmembrar familias, violar mujeres, destripar niños y ancianos? Con falsos argumentos en defensa de bienes y tradiciones maniqueas arrasaron campos y aldeas. Se ensañaron contra inocentes a quienes infringieron terror. Personas que iban al campo a sembrar, que recibieron al viajero con calidez, que rezan a sus dioses con la humildad de los que esperan poco. De las que salen a trabajar temprano.

Cobardes sus asesinos tienen en los que escriben sus historias en pasquines justificando sus crímenes a cambio de buena paga, a su defensa vaga. ¡Qué mayor afrenta si provienen de la patria del Maestro! ¡Vergüenza de la humanidad! ¡Lacayos del Imperio fascista!

Muy al contrario el espíritu noble del Apóstol quien amaba, vivificaba y cuando había que imponer la causa de la hermandad, de la igualdad a aquellos que sojuzgaban y esclavizaban a sus semejantes, la imponía a fuerza de combate claro, diáfano, sin odio, porque seguro estaba de que los argumentos a favor de la humanidad jamás los aceptarían los sanguinarios. Incluso, con inferioridad técnica pero con la audacia y la gallardía de saber que la razón lo respaldaba en esas cuitas sangrientas, cuyas necesidades las consideraba faenas inevitables, así se lanzaba convencido el maestro. Era la fuerza de la verdad la que lo impelía a triunfar. La moral revestida de principios.

Era Martí partidario de la paz, del diálogo y el acuerdo, pero, si hubiese diálogo en aquellos opresores hubiese sentado con ellos. ¿Quiénes fuesen los dialogadores? ¿Quiénes acordado desembarazarse de negros y mulatos, cuyos brazos colmaban sus  haciendas de riquezas y buen vivir? Poquísimos en verdad. No obstante, la humanidad se encaminaba a un nuevo pacto. No era dable y correcta la esclavitud. Era, en muchos lugares ya, obsoleta y despreciable. Era propia de ogros y necios.

Pero quienes más lo entendieron por vivirla en carne propia fueron  cimarrones, negros de cuadra y de casa, los que trabajaban en el campo y en las ciudades y en gran número se unieron a su justa causa. Marcharon con el Apóstol, con Gómez y Maceo. Y, todos juntos se hicieron gigantes. Escribieron todos ellos la historia gloriosa de Nuestra América. La guerra por la Independencia en Cuba fue a su vez la guerra de los pueblos desde el Bravo hasta el Arauca. Do iba Martí pregonaba su presencia como el sol su verdad.

Guatemala no fue la excepción. Pasó el gigante por esta tierra, engalanó sus campos y sus calles con sus versos, prendió un corazón, más la causa era su mayor pasión. Con el puño apretado y el pecho dolorido llevóse entre los ojos y en el alma la almohadilla preciada de su amiga preñada en sus venas de amor por él y el dolor de saber que las ideas libertarias no podrían albergarlas tiranos que las pregonaban pero esclavizaban, mataban y expulsaban indios. Hombres que cantaban Reforma pero aplastaban pueblos. Soñó con las cumbres y los mares del país de los pinos entregando sus secretos de amor y desengaño al torbellino de su lucha y como queriendo despejar su frente, enrumbó a organizar.

Murió de frío la chiquilla, dijeron muchos, yo sé que murió de amor. Quedó Guatemala anclada al hierro del nuevo comendador.

Casó con otra y procreó un hijo de quien siempre se ocupó y supo ganar tiempo en medio del ajetreo de su misión. A tal punto que le escribió pensando en sus osadas mejillas al bebé centro de aquellos versos sencillos y los cuentecillos que adornan esa magnífica creación.

Partió luego al frente. El ejemplo había que corroborarlo con presencia y acompañamiento. Joven e impetuoso como era, imposible no quemar hormona en el fragor de la batalla máxime cuando erizada la corneta mambí tocaba a degüello.

¿Que murió Martí? No. Imposible. No murió. Tanto vive que no necesita espacios comprados: fresco aparece en cantos, risas y arengas populares.

Sus ríos de tinta han desbordado mentes, salones, selvas y campiñas. Sus coplas y prédicas han servido de estandartes y espadas. Los del Granma llevaban en el pecho inscritas sus palabras; la solitaria estrella refulgía sus rayos en el rostro de los que la admiraban. Se trastocó en el Che y en Fidel, en Yon Sosa y Turcios; en Farabundo, Roque y Mármol; en Sandino y Fonseca, en millones que hoy blanden la espada bajo sus harapos. Está escondida su mirada en la mirada de los obreros y sembradores, en los maestros y los discípulos, en el rostro moreno de indios y en cofradías negras.

El águila, como lo predijo, se lanzó sobre nosotros. Era su premura liberar a su patria para edificar barricadas y contener su fiereza contra su América, más no logró en su efímera mortalidad semejante hazaña. Tuvieron que hacerla sus prosélitos.

La misión que se propuso en vida está cumplida. La nuestra liberar al continente y con él al mundo de norte a sur y de occidente a oriente.

Desde el alto monte de la eternidad Martí vigila. Con su culto dedo señala al sur. Somos otro pueblo, nos recuerda, ni somos los primeros que habitamos América ni somos los que vinieron a invadirla. Somos su mezcla a la que luego se unió la de los descendientes de los padres de la humanidad. Los del África.

Con esa mixtura hemos compuesto pueblos gentiles y sabios, irredentos y bravos que en cuanto han servido, compartido y bailado también han combatido y arrasado. Cual río que canta feliz y manso dentro de los parajes selváticos, cuando es tiempo de asolar asolamos. Remansos de paz cuando paz se recibe, tormentas y fuegos para calmar los heridos egos.

Martí nos llama en esta hora fraterna a crear, pensar y organizar. La esclavitud moderna igual que la pasada ha quedado rebasada. Su fracaso es más que evidente más algunos conservarla desean pues similar que aquellos hacendados que pretendieron acopiar sus negros e indios, hoy pretenden atar hombres a su capital.

No sabrían que hacer, más el hombre tiene que ser libre, el uno de cadenas el otro de encadenar.

El hábito, la costumbre son engañosos. Hacen pensar que normal es esclavizar, enseñorearse sobre otros y, a otros, hacer pensar que es normal ser esclavo, sumiso y obediente a los designios de los demás.

La dignidad no se aprende de la noche a la mañana; se va construyendo de a poco, pero es necesario luchar y reflexionar. Es urgente saber y comprender que un cuerpo esclavo de otro, no es humano. Ni el primero porque es rebajado a la estatura de cosa y el otro a la estatura de abusador. Ambos deben ser libres para conversar, para cantar, para reír, para crear.  Compartir ideas, sueños, amistad.

No le alcanzó la vida al gigante, murió en plena flor más la flor de su prosa se diseminó como la hiedra en los muros. Adornó con sus rosas la historia de su pueblo y los nuestros. Cambió la pluma por la espada y luego ésta por la pluma. Blandía ambas con destreza original.

Su lengua en vez de expresar perfidias construía maravillas.

Luego de enlazar con su ideario a su pueblo, regó con su sangre su tierra para que de ella germinara para su América la semilla de dignidad y libertad.

Ha querido el destino que cayera en Dos Ríos, mas solo cayó su cuerpo. Su espíritu noble recorre los caminos, las cordilleras, las costas de esta geografía detonante que dando tumbos altivos derroca al bellaco rubio quien creyéndose el amo del mundo ha trocado en llaga. Poderoso magnate, dueño del fuego destructor, de caprichos excelsos y excesivos, no cultiva más que la guerra. No sabe más que de ella por eso en ella sucumbirá.

Desconoce su historia que preñada en la violencia desdeña la de sus vecinos. Miente a cual más, resultando enredado en sus patrañas. La vida es verdad pues sin ella no puede existir la cordialidad y el decoro.

De parte de los pueblos desconfianza y recelo, rabia y rencor. Llegará el momento en que confabulándose semejantes sentimientos corroan sus cimientos como las termitas socavan al árbol majestuoso que en medio de la sabana sucumbe presuroso.

La gloria de las naciones no estriba en destruir sino en edificar, empero, para poder erigir necesario lo viejo demoler. Desmontar la crueldad y la prepotencia, la ignominia y la falsedad es la tarea presente.

Ideas nuevas que vienen pregonándose desde tiempos del Apóstol y que él cual magnífico alfarero juntó experiencias diferentes y diversos matices, los cuales marcaron a sus aprendices. Nada es novísimo, todo está impregnado de los olores de pasado del pueblo y su amalgama. El maestro solo lo mezcló y agregándole su propia esencia lo hizo suyo y como cosa nueva lo lanzó a la fama. Es así la vida: una dialéctica precisa e invisible que ajusta todos nuestros actos y nuestros dichos. Él solo le dio voz y letra; lo adornó con versos y lo cantó en sus rimas.

Loas a Martí quien sabiendo vivir con la plenitud del astro rey supo morir en la consecuencia de sus palabras de lo cual se entienda que su cuerpo repose en su tumba pero su hálito se extienda a los corazones que luchan con esperanza. Que más ejemplo que el de un ser que no teniendo nada supo darlo todo. Que más lección de un héroe que alzándose sobre sus limitaciones pudo ver el futuro y alertarnos sobre los peligros del egoísmo. Que más talante de alguien que a pesar de su gloria supo vivir son sencillez y honradez. Que más desprendimiento de un humano que a pesar de poder hacerse de grandes fortunas optó por los sinsabores y las amarguras de una lucha desigual.

Venció Martí a la muerte. Trascendió su época y hoy su idea cabalga junto a la de los grandes. Aplasta las memorias artificiales cuya constancia la quieren construir los mezquinos a fuerza de propaganda y dinero. Enanos que solo pueden brillar con luz artificial. Cuando se  acaba el oro automáticamente se acaba también la bujía. Quedan en tinieblas. Más los héroes que  resplandecen con luz propia no necesitan neón, viven en la mente de los pueblos, repiten en sus vidas, transmutan  generaciones y siguen vigentes en sus altares sin rasguños ni heridas.

¿Acaso los pobres no recuerdan con tristeza y rencor las afrentas y con amor y tibieza las caricias? ¿Quién recuerda a sus verdugos? ¿Quien no conmemora a sus titanes?  ¿Dónde quedó Judas dónde el profeta? ¿Quién se ocupa de Caifás, quien de Pilatos? Pero, ¿Quién no recuerda a Gaicaipuru, Tupac o Lautaro? ¿Al Ché o a Fidel? ¿A Bolívar, Artigas o San Martín? ¿Qué sería de América sin su Apóstol José Martí?

Muchas gracias.

Carlos Guillermo Maldonado
Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala; Colectivo “La Gotera”

Guatemala, 19 de mayo de 2011

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El legado de Martí *

Por Carlos Guillermo Maldonado **

rcbaez_marti-ynuestramerica.JPGEn estas horas aciagas donde a los humanos, por igual, pareciera anheláramos la contienda antes que la paz, no quede duda que evitamos la primera y hacemos nuestras las palabras del insigne Apóstol cuando sentencia que “estos tiempos nos son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.

El buen juicio y la filosa espada de la verdad que no debe descansar hasta alcanzar toda la justicia, justicia que nos han negado los enanos opresores que regodeándose al amparo de su amo, son las que deben desvelarnos pues los violentos se relamen de gusto cuando nos aniquilamos. Cuando se abren abismos entre pueblos. Cuando logran que los hijos de carpintero se avergüencen de su padre carpintero.

A pesar de ello, no dudamos que la justicia -igual que sigiloso tigre- se aproxima furtiva, vendrá con garras de terciopelo, porque desde el Orinoco a los Andes, desde el Arauca hasta las Segovias, los árboles han comenzado a hacer fila para cerrarle el paso al gigante de las siete leguas. Lo que catapultó a Guaicaipuro es lo mismo que impulsó a Bolivar, a Tupac Amaru y a Sandino; lo que siguió insuflando las almas del Che y Fidel, Otto René y Obregón, Tot, Robin, Bámaca, Choc y millones que han escuchado la hora del recuento, y de la marcha unida, para seguir el viejo consejo del héroe de Dos Ríos: “andemos en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. La misma trompeta nos llama desde el Aconcagua, el Chimborazo, Izalco, Tajumulco pasando por el Tacaná hasta el Popocateptl.

¿Quién sabe más que nuestros huesos de las heridas, y las llagas conspicuas en nuestras almas, que nos han dejado “los desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios y va de más a menos”?. Esas infames pústulas en la piel de nuestros pueblos que lo mismo esgrimen traiciones en nombre de la democracia burguesa en los parlamentos criollos como se comprometen en complots y adosan bombas para sembrar terror entre sus iguales. Virulentos que han matado miles y se comportan como “aldeanos vanidosos pensando que el mundo entero es su aldea, entregando la tierra a los gigantes que les ponen la bota encima y a los cometas que van engullendo mundos”.

“Sietemesinos que se avergüenzan porque llevan delantal indio, de la madre que los crió”. ¿Cómo habremos de confiar en ellos? Cómo compartir esperanzas, si ellos no ven con nuestros ojos, ni sienten lo que sienten nuestros corazones. Estrechan nuestras manos con sonrisa frívola pero no más están a solas se conjuran para nuestra ruina. Hombres sin patria, la patria es fruto colectivo, entre hermanos. La suya es vacía y mezquina, patria de lujos, fortuna y vanidad. Por eso van de aquí allá, amasando tesoros y orines, entregando y vendiendo, robando y saqueando.

No hablo de los creadores, de esos que se quedan para compartir sus sudores, invenciones y labores. Que añoran felicidad para sí y su vecindad, que son maestros en sus oficios para que su obra prosiga y engrandezca su entorno y el espíritu de su comunidad, sino de los otros, los avaros y siniestros que tras el despojo y el latrocinio sumaron riquezas con el sudor y la sangre de hombres, mujeres, niños y ancianos erigiendo palacios a cuyo derredor, para alimento de su egoísmo, sucumben los pobres, en sus tristes y lastimeras chozas.

Esos nimios jamás podrán “hermanar la vincha y la toga; ajustar la libertad al cuerpo” porque ésta es su enemiga. Nunca podrán alzarse a la cabeza, porque ellos mismos no son libres. ¿Cómo puede un esclavo liberar a otros sin tener soberana testa?  Solo espíritus libres pueden detonar grilletes. “¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos!”.

Tiempos nuevos nos esperan, pero comprender que el camino de la independencia es sórdido y cruel, plagado de cardos y filosas piedras, es preciso. No por gusto la muerte ronda las esquinas, la bufonada colma los resquicios plegados a rubios designios y entregando la patria hacen causa común con los rucios que nos imponen miseria y traición a cambio de frenar de los miserables su revolución. ¡Anexión!, gritan antes que vientos soberanos barran su visión. Dominación antes que emancipación. Contra anhelos tan espurios nos enfrentamos resistiendo cualquier “decreto de Hamilton que pretenda parar la pechada al potro del llanero. Con los oprimidos hacer causa común para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”.

Necesario reconocer que la desunión ha facilitado esa propuesta artera; el indio, mandado a callar, ocultado tras paternidades, “sigue dando vueltas alrededor y sigue yendo al monte, a la cumbre del monte a bautizar sus hijos; el negro sigue cantando en la noche la música de su corazón, solo y desconocido”. Sus hijos corriendo descalzos a la vera de los ríos, malnutridos entre palos y tierra siguen ninguneados y fríos, despreciados en una patria que no parece de ellos; los ancianos abandonados como si no hubiesen forjado la gloria del pasado; jóvenes y maduros no encuentran cabida en ella y se alzan tras un sueño ajeno, una lengua extraña y una moneda que compra sus recuerdos para borrarlos de sus entrañas.

No es sólo por esfuerzo de entreguistas, sino más por tibieza de corazón, la sin razón de los que viendo como cuelgan de las horcas los cuerpos esquivamos los cadalsos entretenidos en historias escritas de otras tierras donde nuestras lenguas son proscritas. ¿Qué patria es esta que tirando sus hijos al río se pregunta dónde se han metido? Madre desnaturalizada en la que la hemos convertido, los que la hemos abandonado para que muera postrada, enloqueciéndola para que no reconozca sus brotes y los que reconociéndola la dejamos a expensas de estos azotes.

Hay que rescatarla de esas garras asesinas y nuestra parricida indolencia; la colonia sigue viviendo en la república pero la luz resplandece pequeña en el horizonte de la mar, la profundidad del llano y en la latente pleamar.

La patria no es tal sino es de todos. De tal cuenta fue en esta parcela donde el maestro se hizo creador, se bañó en sagrados textos mayas, prendió un corazón en llamas, sembró semillas de dignidad y unidad latinoamericana. Donde se ilusionó con revoluciones de apellido libertarias pero do comprendió que si no estaban al frente los mozos de las cuadras, los indios, los negros, era mejor su suerte no arriesgar. Partió así de esta tierra que ya era de él por haber dejado en ella su engendro libertario para en la suya imprimir su noble ideario: frenar al águila calva que arrogante desde el risco se aprestaba a lanzarse sobre la inerme púber inocente para luego volver y liberar su Madre América, no importando su vida ceder. Pero tuvo la parca a mal abrazarlo antes de cumplir su visión, no obstante otros titanes han enarbolado su caído blasón.

Portentos que por su estatura serán efigie en desiertos como en vergeles abiertos, en ciudades como en yermos fríos; en las cúspides montañosas como en playas y ríos. En corazón de seguidores y detractores está sentado Martí. Ufano en los primeros, en los segundos como un bisturí.

De Martí hemos aprendido todo y nada. Sabemos que hemos de unir lanzas pero fragmentamos sus enseñanzas; sabemos que debemos condensar el amasijo de los pueblos pero adosamos fronteras, recalentando las razas de librería y de retablos. Sabemos de nuestra identidad universal y latinoamericana pero corremos tras el bermejo, anhelando su actuar, su lengua y su reflejo.

Apretemos lazos con los nuestros, hablemos nuestros colores y sabores, nuestras vivencias, historias y virtudes, gastemos la brecha al sur que de tanto andar hacia allá, juntaremos multitudes. Al mediodía siempre habrá quien nos entienda, quien sienta la misma nostalgia, quien coma mandioca o yuca, fríjoles o chícharos, cure sus llagas y las nuestras con salvia santa o romero, entone coplas, sones y chacareras, monte a pelo en calzones o con chaparreras.

Dejemos cual palomillas, de chocarnos en las luces boreales cuyo fuego fatuo engañoso como tal es farol de muerto. Candileja vampiresca que atrae para extraer fluidos de quienes osan posarse sobre su vientre.

Nada tiene que decir el gringo de nuestra historia, nada sabe y lo que no se sabe se desprecia. ¿Cuántas veces se ha paseado por nuestros pueblos, por nuestras villas enjaezados de fusiles y bayonetas, amenazando, enseñando los dientes de rabioso perro, orinándose en nuestros altares y santos? Escupiendo nuestros alegres cantos.

Bien decía el iluminado: “el desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América”. Y, ocurrió lo que muchas veces temió, que relamiéndose de gula se lanzó sobre nuestros tesoros y esclavizó a nuestra gente con la ayuda de los sin patria. Juntos forjaron cadenas en cuellos y manos de negros e indios, juntos escupieron a la cara de los que sembrando prodigan alimento; juntos expulsaron, juntos enterraron vivos a miles en tumbas de oro, plata y cobre; juntos abofetearon rostros y bocas que gritaban libertad, juntos, en sangrienta bacanal, royeron las osamentas de millares de víctimas que en total indefensión cayeron en sus garras trayendo la negra noche para pueblos enteros.

Sus vanidades y ostentaciones son diversas, su designio uno solo: sentarse sobre el monte de las naciones, hartarse de sus esfuerzos; sojuzgar para vivir displicente masticando sus huesos.

Sus vicios y aberraciones hablan de su carácter, cayendo sobre sus semejantes no proclaman más beneficio que embrutecerse en abundancias y fantasías, trastocando lo real por oropel creen traspasar el tiempo y la historia. Desean alargar su vida acortando otras, cabeza de oro, pies de barro.

Por eso, en esta hora, urge escuchar al maestro que firme nos sigue exhortando: “conocer es resolver”.

Qué enseñanzas más pródigas nos da el pasado donde potencias cayeron por excesiva confianza en su viveza. Qué mejor visión aquella que la que simplemente dicta que sucumbe quien gasta más de lo que logra recibir en sus arcas. Pero eso también lo han captado ellos. Ahora no es de arcas de poderosos que huye la riqueza sino de las de la colectividad que convirtiéndose en misérrimos sólo les queda la dignidad y en lógica reacción resisten, pues no es justo que mientras unos sudan otros descansan, mientras unos se agotan otros se apropian de su cansancio. Bajo esos términos, bajo el juego de los reyes, imposible construir patria, solo la de los bueyes.

El Apóstol que no vivió estas épocas pero las intuyó, supo por sus propias heridas, por sus ojos y los de los oprimidos, que existía el peligro real de que el gigante de las siete leguas cayera sobre nuestras tierras y tal como lo temía sucedió. Pero corto, por obvias razones, de tiempo y espacio, jamás imaginó que el eslabón de la cadena con que amenazaba se convertiría en mazmorra para millones; que los sables se trocarían en misiles, los caballos en tanques y aviones, el valor y el honor en perfidia y trampa. Mucho menos sospechó que, al monstruo del que conoció sus entrañas, le crecerían muchas cabezas y se impondría no sólo en nuestra América si no en el mundo entero. Que en poco más de un siglo un Imperio más grandioso y terrible que el romano se levantaría y sus procónsules echarían grillos sobre mares y naciones.

No obstante, tampoco llegó a ver la fuerza poderosa que emergió de las estepas, barrió para siempre con su torbellino de razones al sempiterno zar y sus cosacos. Un ímpetu tan atroz que terminó con el primer sueño fascista del capital, impulsó oleadas en el África y Asia. Bajo su influjo huyó despavorido Johnson de las tierras del arroz y su ejemplo iluminó luchas de avasallados que avanzando a paso lento y sangriento siguen conquistando el futuro. Tampoco pudo ver el insigne cómo se desmoronó de súbito esa esperanza y como triunfal se levantó de nuevo el monstruo regenerado para maldición de todos. Empero luego de minúsculo y petulante nado no duró su gloria y hoy arrinconado está. Bocanadas de niebla lanza y entinta los mares, sin embargo, el cardumen compacto ante la infame rastra transige y avanza tenaz a vencer o morir. Esa es la consigna que arrastra.

Tampoco, y hay que decirlo, imposible acallar la verdad, imposible seguir mintiendo. La barbarie se ha impuesto, los coletazos del cetáceo herido abren enormes lesiones. Por todos lados sangra y desangra, serán los pueblos los que impidan el camino al abismo. Acá, serán “los hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y que van de menos a más”, porque el país que “se ganó con lanzón no puede echar el lanzón atrás, ni al machete le va vaina de seda”. Son tiempos de veda y de toque de queda.
Se regocijaría el maestro de ver los caminos pletóricos de flores, donde hubo guerra ahora buena tierra; donde sangre y violencia, cantos de labriegos y obreros que libres construyen la decencia.

Él, que tanta ofrenda trajo a los pies de Libertad y Soberanía y regó con su vida las palmas floridas ve a través de los dignos, la verdad de su triunfo y la marcha cobriza que mezclada con la negra, la blanca, la mestiza dibuja un nuevo mundo. Y, con pecho tremebundo asombrado contemplaría como los pueblos al otro lado derriban muros, abren sus campos pisoteando alambrados y neutralizan conjuros.

“¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semillas de la América nueva!”

Saludos Gran Semí: en esta hora te pareces y vas adquiriendo el rostro de Martí.

Gracias.


* Discurso pronunciado en la sede de la Embajada de Cuba el jueves 27 de enero de 2011, en el marco de la Conmemoración del 158 aniversario del nacimiento del Apóstol de América, el insigne prócer cubano José Martí Pérez.

** Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala.  Catedrático de la Escuela de Historia de la misma Universidad. Miembro del Secretariado del Sindicato de Trabajadores de las Artes Plásticas de Guatemala –STAP- adscrito al Frente Popular. Miembro fundador del Colectivo de Acción y Reflexión Política “La Gotera”.

Enviado por su autor para Cuba coraje

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Sirvan estas palabras de uno de los “martianos mayores”, para rendir tributo a nuestro José Martí -nuestro, de la Gran Patria Nuestroamericana; nuestro, de la Humanidad toda- en el 114 aniversario de su caida en combate, de cara al sol, como pidió y merecía. y como homenaje mayor, cumplamos con el compromiso que nos dejan sus palabras:
 
“Haga cada uno su parte de deber, y nadie puede vencernos”

La vigencia de José Martí
Por Armando Hart Dávalos

honrar-honra_marti.jpgRendimos emocionado tributo de recordación al Apóstol en el aniversario 114 de su caída en combate en Dos Ríos y de su ascenso a la inmortalidad. Es una ocasión propicia para exaltar su pensamiento y sobre todo su vigencia en estos tiempos que vivimos, sin duda los más complejos y dramáticos de la historia de la especie humana.

Se suelen comparar estos instantes con la crisis del capitalismo en 1929; sin embargo, la situación es muchísimo más grave y solo comparable con la caída del imperio romano a mediados del primer milenio. Pero aún más, porque lo que está en peligro es la vida sobre la Tierra.

Hace más de un siglo, Rosa Luxemburgo sentenció: socialismo o barbarie. Hoy podríamos decir: barbarie si tenemos suerte. Ante este desafío universal, los cubanos tenemos el deber insoslayable de mostrar al mundo quién fue José Martí, el más profundo y universal pensador de lo que se llamó Nuevo Mundo, es decir, desde Alaska a la Patagonia, en la historia del hombre.

En fin, cada día se hace más necesario conocer y promover cabalmente las ideas de quien Rubén Darío llamó «Maestro». Fue precursor del modernismo en la poesía; es considerado entre los mejores prosistas de habla castellana, ensayista capaz de abordar, destacar e identificar todo lo nuevo que se reveló en la ciencia y la cultura de su tiempo. Entusiasta crítico de arte y, en primer lugar, organizador del Partido Revolucionario Cubano en la última guerra de independencia (1895-1898).

La clave de su vida como revolucionario y como pensador la podemos encontrar en que en su carácter y en su mente logró articular ciencia, conciencia y acción. Y lo hizo a partir de su ética, porque Martí era un hombre medularmente ético.

La dignidad de su conducta se entiende cuando se toma en cuenta que no era un guerrero, pero a su vez tenía conciencia de que la guerra constituía una necesidad objetiva para la independencia de Cuba, y comprendía que debía enseñar con el ejemplo. Ahí está la raíz de la tragedia de su caída en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895, a poco tiempo de iniciada la guerra que él preparó y convocó. En ello está la esencia de su virtud educativa, y la prueba definitiva de la consecuencia de su vida.

Ante la crisis universal que enfrentamos, Martí se presenta como el paradigma que puede ayudarnos a encontrar los caminos hacia el futuro. Hoy, cuando están en marcha en América Latina distintos procesos revolucionarios y de profundo contenido popular, podemos encontrar las formas correctas de hacer política y de defender culturas fundamentadas en la tradición latinoamericana y en las ideas de José Martí, quien procura el logro de aspiraciones radicales a la igualdad y justicia social, y al propio tiempo aspira a unir el mayor número de fuerzas posible para alcanzar esos objetivos, es decir, «Con todos, y para el bien de todos».

Para recorrer este camino de forma unida orientémonos por José Martí cuando dijo: «Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos».

Para la realización de todo este esfuerzo se requiere de una cultura general integral como la que tiene América Latina. Los grandes pensadores latinoamericanos, desde Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Félix Varela y José de la Luz y Caballero hasta los de hoy, tuvieron una aspiración a la cultura general integral. ¿Cuál es la originalidad de Martí y de Fidel? Que ambos volcaron esa cultura en lo que el Apóstol llamó el arte de hacer política. Su definición de política resulta muy esclarecedora:

«La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación, cueste el sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila, y su batalla preparada».

La percepción martiana de la política es una categoría de la práctica. Repasen la definición del Apóstol y observarán que esta resulta válida para cualquier práctica política, independientemente de los fines que se persigan. Pero esa práctica tiene en Martí una función regida por la ética, y esta se define, como señaló Luz y Caballero, concibiendo la justicia como el sol del mundo moral. Lo dice también el Apóstol: «(…) dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos»1. Obsérvese que hay una diferencia entre política como práctica y ética como principio.

En Maquiavelo, representante del pensamiento burgués en ascenso en el siglo XV, el objetivo de la política es el de dividir para vencer. Esto porque la política no se atiene a principios éticos y se vuelve oportunista. En el pensamiento martiano, la articulación de esas categorías es un componente esencial. Ética, política y derecho, sobre el fundamento de la cultura general integral, es la fórmula latinoamericana y caribeña que presenta al mundo de hoy.

El principal error práctico de la llamada izquierda del siglo XX fue divorciar la política de la cultura; el primer deber de los hombres de cultura está en buscar la relación con la política práctica. Ahí está la clave del socialismo que necesita el siglo XXI.

Cada día tengo mayor satisfacción al recordar que la Generación del Centenario de Martí, la de Fidel, desde hace más de medio siglo mantiene la cultura ética como tema central. Recordemos la definición de Fidel del concepto Revolución, formulado el Primero de mayo de 2000, y constatemos allí los estrechos vínculos entre la ética y la práctica política.

En la articulación de cultura, ética, derecho y política solidaria se halla la fórmula del amor triunfante y del equilibrio del mundo postulada por el Maestro.

Una prueba de la fuerza real de la ética, de la que no se hizo un profundo análisis filosófico científico, la da el hecho de que las religiones la han tomado como elemento esencial. Por eso, Martí dijo que Dios estaba en la idea del bien. Nosotros, procurando buscar la idea del bien en la práctica concreta de la vida y de la historia, tenemos que analizar la importancia de las condiciones económico-sociales y del desarrollo cultural en general.

En relación con el derecho, recuerdo, como postulaba Martí, que lo esencial estaba en la justicia. Subrayaba también el Apóstol:

«Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de sí mismo».

Las riendas están en la cultura, y el derecho es la única forma culta de ejercer la violencia; y cuando se viola la ley y se crean condiciones para la violencia, se están creando situaciones graves en el orden público. Este es uno de los temas esenciales que debiéramos discutir a la luz de la tradición ética y jurídica cubana.

En cuanto a la política solidaria, recordemos que Martí era un hombre radical y al mismo tiempo armonioso. Hay quienes son radicales y no son armoniosos, y por ello crean innumerables problemas. Hay quienes intentan ser armoniosos y no son radicales, y no logran nada realmente efectivo. El pensamiento revolucionario de Martí está insertado en estas dos categorías fundamentales: armonioso y radical.

Ha llegado la hora de superar esquemas y dogmatismos que nos llegaron de fuera con diferentes etiquetas y estudiar la vida y la obra de todos los pensadores y forjadores de grandes ideas a lo largo de la historia. Es la única forma política y científica para hallar un camino que nos libere de los sistemas opresivos y nos permita arribar a una genuina humanidad, como la que soñaron los grandes utópicos. Y esto solo lo podemos hacer con principios científicos y cultivando el amor y la solidaridad.

Por estas razones, hemos venido insistiendo en la necesidad de estudiar lo que hemos llamado cultura de hacer política, presente en Martí y en Fidel. Promover estas investigaciones, sobre el fundamento del pensamiento de Bolívar y de Martí, es un deber con la ciencia histórica con el pensamiento filosófico y con el futuro político de América y del mundo.

Esas investigaciones profundas deben partir del método electivo de la tradición filosófica cubana, de la vida y obra de los precursores Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Félix Varela y José de la Luz y Caballero, quienes podrían mostrarnos los hilos invisibles de que nos habló Martí, que unen a los hombres en la historia. Ellos asumieron el más elevado pensamiento filosófico, político y social del Viejo Mundo, lo reelaboraron y así concibieron la América nuestra.

Si en Europa pusieron en antagonismo las ideas de unos sabios respecto de otros, América buscó siempre la articulación y la armonía; por eso ha podido recrear el pensamiento universal y situarlo como la opción necesaria del siglo XXI. Mientras que en Europa se divide y antagoniza el patrimonio de sus sabios, en América se promueve la mejor síntesis del pensamiento de todos sus sabios sobre el fundamento de la justicia como sol del mundo moral y del derecho, en cuya esencia está la búsqueda de la justicia por el hombre. Esa es América, la de Bolívar y Martí, dos gigantes que junto a la inmensa legión de próceres y pensadores, constituyen referentes indispensables para la búsqueda de los caminos que conducen al socialismo del siglo XXI.

1 José Martí, Periódico Patria, Nueva York, 14 de abril de 1893, t. 2, p. 298.

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2009-05-19/la-vigencia-de-jose-marti/

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Por Carlos Rodríguez Almaguer

 

“Los hombres van en dos bandos:
los que aman y fundan;
los que odian y deshacen.”
José Martí

 
Autor intelectualEl pensamiento político de José Martí mantuvo un franco proceso de maduración que abarcó desde las tertulias en el colegio del maestro Rafael María de Mendive, pasando por las trágicas experiencias del presidio político, el destierro en España, sus vivencias en México, Guatemala y Venezuela, hasta el análisis  profundo y desprejuiciado de las fuerzas, vicios, inmoralidades y desórdenes que en los Estados Unidos de Norteamérica se escondían tras las bambalinas del progreso, y ya habían iniciado en el alma de aquella poderosa república su obra de destrucción.

Las permanentes lecturas, unidas a la observación y el análisis de cada realidad en que vivió, y al trato de los hombres y mujeres con los que de una u otra manera se relacionó, fueron básicamente las fuentes principales de las que se nutrió su vastísima cultura, en la que ocupa un lugar prominente su cultura política. No comprender su pensamiento político como un proceso, y asumir como única o definitiva la posición que adoptó en determinada fase del mismo, ha conllevado a recurrentes errores cuando no a tergiversaciones las más de las veces motivadas por la mala fe hacia el proceso revolucionario que triunfó en Cuba en enero de 1959.  

Persiguiendo el mezquino objetivo de desacreditar la raíz martiana de la Revolución que lidera Fidel, los corifeos de la anti Cuba ha hecho énfasis en dos temas fundamentales, entre los muchos que han manejado. Uno de ellos es la supuesta oposición de Martí al ideal socialista y específicamente a la figura de Carlos Marx, basándose en la casi totalidad de los casos, en dos momentos de reflexión martiana en torno a ese asunto. A saber, la crítica que hace, en marzo de 1883, a los métodos violentos de lucha cuando escribe el elogio ante la muerte de Carlos Marx. En esta ocasión refiere que “espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”, y afirma además que el Prometeo de Tréveris fue “hombre comido del ansia de hacer bien. Él veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha.”  No obstante esta observación, la realidad política de Cuba lo llevaría casi una década después a convertirse en el principal organizador de una violenta guerra que él llamó “necesaria” y la proclamó “sin odio”. El otro momento objeto de manipulaciones es su análisis del libro titulado La futura esclavitud, escrito por Herbert Spencer y cuyo título gusta ser presentado por los manipuladores como una expresión de Martí acerca del socialismo. Sin embargo, nunca dicen nada respecto a que el mencionado análisis martiano concluye señalándole a Spencer su celo excesivo en criticar a ese determinado tipo de socialismo que se proponía por entonces en Inglaterra, y cuyo pecado capital consistía —según el autor del libro— en  la sobre protección que dicho Estado socialista ejercería sobre los pobres. Así concluye el análisis martiano:

“Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa  dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de  equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.
Nosotros diríamos a la política: ¡yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.”

El otro tema objeto especial de manipulación es el referido al partido único. Cabe señalar que desde su enfrentamiento en la metrópoli a la hipocresía republicana que exigiendo ese derecho para España, lo negaba a los cubanos que cada día morían en la manigua como expresión máxima de su vocación republicana y su deseo de independencia, Martí fue decepcionado por los conceptos de partido. Así, durante su estancia en México, Guatemala y Venezuela, tiene una nueva visión de lo que podían ser los partidos políticos manipulados por los caudillos victoriosos de las continuas guerras civiles en que, desangrándose, las repúblicas nacidas del proceso iniciado en 1810 purgaban los vicios heredados de tres siglos de dominación colonial. Y es precisamente refiriéndose al caso mexicano, luego del golpe de Estado perpetrado por el general Porfirio Díaz, que derribó al gobierno del presidente Sebastián Lerdo de Tejada, sucesor del Benemérito Benito Juárez, que Martí, habiendo abandonado el país azteca por estar en desacuerdo con tal procedimiento, visita La Habana, camino a Guatemala, para preparar el regreso de sus padres, y desde allí, en carta del 11 de marzo de 1877 dirigida a su amigo mexicano Manuel Mercado, desmiente las versiones que en aquel país corrían de que el derrocado presidente Lerdo de Tejada estuviera en La Habana, y comenta sobre la situación de aquella república: “Veo a México en camino de una reacción conservadora; ni es nueva para U. mi añeja certidumbre de que así había de suceder.- ¡Quién sabe si el partido liberal-(siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido)-tiene el derecho de sentirlo!”

Esta expresión entre paréntesis, refiriéndose a la denominación de un partido político, ha sido manipulada hasta la saciedad por los enemigos de la Revolución. Dicha así, fuera de contexto, pareciera que no compartía Martí la idea de un solo partido. Sin embargo, cinco años después de este comentario, y diez antes de fundar el Partido Revolucionario Cubano, le escribe al general Máximo Gómez, el 20 de julio de 1882, una carta de la que cito solamente dos párrafos, para que sea el propio Martí quien explique impelido por qué peligros llegó al convencimiento del partido único como solución definitiva al problema cubano. En ella le dice el Apóstol al Generalísimo:

“Y aún hay otro peligro mayor, mayor tal vez que todos los demás peligros. En Cuba ha habido siempre un grupo importante de hombres cautelosos, bastante soberbios para abominar la dominación española, pero bastante tímidos para no exponer su bienestar personal en combatirla. Esta clase de hombres, ayudados por los que quisieran gozar de los beneficios de la libertad sin pagarlos en su sangriento precio, favorecen vehementemente la anexión de Cuba a los Estados Unidos. Todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los observadores ligeros, todos los apegados a la riqueza, tienen tentaciones marcadas de apoyar esta solución, que creen poco costosa y fácil. Así halagan su conciencia de patriotas, y su miedo de serlo verdaderamente. Pero como ésa es la naturaleza humana, no hemos de ver con desdén estoico sus tentaciones, sino de atajarlas.

¿A quién se vuelve Cuba, en el instante definitivo, y ya cercano, de que pierda todas las nuevas esperanzas que el término de la guerra, las promesas de España, y la política de los liberales le han hecho concebir? Se vuelve a todos los que le hablan de una solución fuera de España. Pero si no está en pie, elocuente y erguido, moderado, profundo, un partido revolucionario que inspire, por la cohesión y modestia de sus hombres, y la sensatez de sus propósitos, una confianza suficiente para acallar el anhelo del país –¿a quién ha de volverse, sino a los hombres del partido anexionista que surgirán entonces?  ¿Cómo evitar que se vayan tras ellos todos los aficionados a una libertad cómoda, que creen que con esa solución salvan a la par su fortuna y su conciencia? Ese es el riesgo grave. Por eso es llegada la hora de ponemos en pie.”

Como vemos, no surge la idea del partido único solo ante la triste realidad de la colonia, sino y sobre todo, por el peligro tremendo de la anexión a los Estados Unidos.

Una semana antes de la constitución del Partido Revolucionario Cubano, escribe en Patria, el 3 de abril de 1892: “Puede ser un partido mera hoja de papel, que la fe escribe, y con sus manos invisibles borra el desamor. Puede ser la obra ardiente y precipitada de un veedor que en el ansia confusa del peligro patrio, congrega las huestes juradas, en su corazón flojo, al estéril cansancio. Pero el Partido Revolucionario Cubano, nacido con responsabilidades sumas en los instantes de descomposición del país, no surgió de la vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e incapaz, ni de la ambición temible; sino del empuje de un pueblo aleccionado, que por el mismo Partido proclama, antes de la república, su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana. Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”.

Esta concepción de la unidad de lo mejor y más valioso de nuestro pueblo en una sola organización, es la cumbre del pensamiento político cubano a lo largo de sus dos siglos de forja y combate. Cuando en el nacimiento de la parodia de república que nos permitieron los nuevos amos disimulados, nuestra política pretendió reproducir la pésima representación teatral en que suele convertirse el pluripartidismo de las “democracias occidentales”, degeneró hasta la corrupción, la tiranía y la infamia.

Por eso ante cada peligro o ataque que hemos padecido en estos últimos 50 años, y en los que en el futuro podamos enfrentar, la unidad de los mejores hijos de esta tierra, por su patriotismo, por su desinterés, por su humanismo, en torno al Partido heredero del que fundó Martí, ha sido y seguirá siendo la única garantía de continuar disfrutando de la soberanía, la identidad, la nacionalidad que tantos sacrificios ha costado. Cuba estará a salvo mientras podamos repetir con honor esta verdad martiana: “el Partido existe, seguro de su razón, como el alma visible de Cuba”.

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En ocasión del aniversario 156 del natalicio de nuestro Héroe Nacional

Eduardo Palomares Calderón

Ofrendas florales del Comandante en Jefe Fidel Castro, y del presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro, fueron depositadas en ocasión del aniversario 156 del natalicio del Héroe Nacional José Martí, en el mausoleo que guarda sus restos, al iniciarse el acto con que también fue conmemorado aquí el aniversario 70 de la fundación de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), este 28 de enero.

Justamente frente al nicho cubierto por la Bandera Cubana, también fueron colocadas ofrendas florales del Consejo de Estado y en nombre del pueblo cubano, mientras cadetes del Instituto Técnico Militar José Martí, de La Habana, y alumnos de la escuela Militar Camilo Cienfuegos, de Ciego de Ávila, rendían este día la guardia de honor al Apóstol.

Trabajadores y dirigentes sindicales de todos los sectores, junto a combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el pueblo en general, asistieron al homenaje, donde al intervenir la integrante del secretariado provincial de la CTC, Ángela Clavel Peña, señaló que los trabajadores y el movimiento sindical han estado siempre al lado de la Revolución, haciendo realidad los sueños de Martí.

Encabezados por el miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y su primer secretario en el territorio santiaguero, Misael Enamorado Dáger, dirigentes políticos, de organizaciones de masas, jefes de las FAR y cientos de trabajadores, desfilaron por el interior del mausoleo para colocar flores al pie del túmulo que fija la tumba del Maestro.

Exactamente a las 12 del día, y ante la Llama Eterna que en el mismo sitio arde en homenaje a los mártires de la Patria, fueron disparadas 21 salvas de artillería por una batería del Ejército Oriental, en tradicional ceremonia que simultáneamente tiene lugar con otra similar en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, en La Habana, en tributo a José Martí.

El Héroe Nacional de Cuba nació en esta fecha del año 1853, en una modesta casa de la parte antigua de La Habana, y en su incesante quehacer por la plena independencia del yugo español, encabezó junto a caudillos de la talla de Antonio Maceo y Máximo Gómez, la llamada Guerra Necesaria, iniciada el 24 de febrero de 1895.

Tras desembarcar por el extremo oriental cubano, cae en desigual combate frente a tropas de la metrópoli, el 19 de mayo del propio año en el sitio conocido como Dos Ríos, centro de la antigua provincia de Oriente ubicado a unos 120 kilómetros de esta ciudad, donde después de seis entierros en diferentes lugares, sus restos son depositados definitivamente en el mausoleo edificado con fondos de una colecta pública.

http://www.trabajadores.cu/news/homenaje-de-fidel-y-raul-a-jose-marti-1

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Crónica en verso

Por Nuria Barbosa León*

Desde tu nacimiento el 28 de enero de 1853 aprendimos a quererte como el hombre sincero, forjado al lado de la palma, donde hay un río, con el canto del sinsonte y con el clarín del monte.

Leímos tus escritos y de ellos aprendimos que ser cultos es la única forma de ser libres. Recitamos tus poemas y conocimos a un maestro que sólo alcanzó a vivir 43 años, suficientes para mostrar el camino del conocimiento en los saberes de la filosofía, el arte, la literatura, y la política.

Fue tu vida un llamado de proezas para alcanzar la independencia de Cuba y la libertad plena del hombre, sin embargo, tu sueño fue retomado por generaciones futuras que han convertido utopías en realidad. Hoy los enemigos de Cuba te invocan absolutizando tus frases y sacándolas del contexto histórico.

Vislumbraste en la unidad del pueblo y del continente, la única raza buena capaz de arrollar al monstruo imperial de siete leguas en sus pies, y evitar, -así- que cayera con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América.

Tu rostro fue esculpido en millares de bustos donde depositamos la rosa blanca y rendimos tributo. No te veneramos, porque siempre has sido el hombre de ideas que nos conversó al oído los consejos sabios en el difícil camino de la vida.

Si Patria es Humanidad, aquí en Cuba hacemos una ofrenda al culto honor por la dignidad plena del hombre y te decimos: que el amor, madre, a la Patria, no es al amor ridículo al suelo que pisan nuestras plantas sino el sentimiento del hijo que vive por ella, calla y muere.

Igualaste al verso con el monte y con el abanico de plumas; lo describiste como el puñal y surtidor de agua de coral; lo nombraste: verde claro y siervo herido en el monte amparo; y le diste el vigor del acero con que se funde la espada.

Eres el leopardo que tiene en el monte seco y pardo un amigo, eres el sol bueno y el mar de espuma, vienes de todas partes y hacia todas partes vas, sabes del pesar profundo de la esclavitud de los hombres y antes del tomar del joyero, la mejor, te quedas con el amigo sincero y con el amor.

No viajas en el carro de hojas verdes y tampoco morirás como un traidor. No estarás en lo oscuro y, -como bueno-, te admiraremos de cara al sol.

*Periodista de Radio Progreso y Radio Habana Cuba

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