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Archive for 11/03/11

Iroel Sánchez

Una de las virtudes más enarboladas en nombre de la libertad de prensa y el periodismo independiente es la capacidad de informar con inmediatez y objetividad cualquier acontecimiento, atribuida automáticamente a los medios privados o sus derivaciones. En sentido contrario, se suele acusar a los medios públicos de censura o, cuando menos, de parcialidad y lentitud en su misión de informar. Sin embargo, cercanos acontecimientos revelan que el comportamiento como “medios de prensa oficiales”  puede estar más cerca de los defensores de la iniciativa privada  que lo que ellos mismos plantean en sus apasionados discursos.

 

Las recientes revelaciones publicadas en Cuba sobre la organización, desde Estados Unidos, de redes informáticas dedicadas a la subversión, han dado una excelente oportunidad para comprobar el compromiso con la verdad, la inmediatez y los lectores, de la llamada prensa libre.

 

De un lado, los fallidos intentos adivinatorios, generados por el nerviosismo de quien sabe que ha pecado y trata de poner el parche antes de que salga el grano:

  • “Tengo un testimonio más que fiable de que una de las personas de la comunidad judía que aparecerá mañana en el nuevo capítulo [en la televisión cubana] de la saga “Las razones de Cuba”, fue presionado por la Seguridad del Estado para declarar.”(Ernesto Hernández Busto, Blog Penúltimos Días, 6 de marzo): Salió el programa el 7 de marzo pero en él no hubo un solo judío…
  • “Van a usar la televisión pública por la noche, en el horario de máxima audiencia cuando hay 11 millones de cubanos frente a la pantalla, para contar mentiras sobre nosotros” (Yoani Sánchez, entrevistada por Europa Press, el 9 de marzo, con el bajante: “Advierte de que el Gobierno planea una “satanización” de los medios de comunicación no oficiales”): Importantísimos datos, en Cuba hay más de 11 millones de habitantes y la noche es el horario de máxima audiencia para la televisión en la Isla…Sin embargo, hay informaciones mucho más interesantes por las que se le pudiera preguntar a la señora Sánchez en las que la nada oficial agencia de prensa española no se interesa.

No hay que  buscar mucho en  Internet para saber que tanto Sánchez como Hernández Busto están involucrados hasta el cuello en la estrategia que con dinero de la USAID mueven personajes como Robert Guerra, quien reclutara al ingeniero cubano Dalexis González a cuenta de la CIA y lo bautizara con el seudónimo Alejandro, según  se mostró en la citada serie televisiva Razones de Cuba.

 

Más prudentes han sido los dos principales medios que han aupado a la “ciberdisidencia” para la que Guerra y el empresario norteamericano juzgado en La Habana, Alan Gross, tejían sus redes en Cuba.

 

Hasta hoy, el diario español El País –siempre tan atento a lo que sucede en la Isla-, a pesar de ser muy cercano al surgimiento y desarrollo de Yoani Sánchez y de su representante en la península, Hernández Busto, no ha publicado una coma sobre las revelaciones del lunes 7 de marzo. Por su parte, El Nuevo Herald de Miami ha hecho una mezcla de lo peor de El País con los citados blogueros, y lanza otra piedra al decir que los agentes Carlos Serpa y Moisés Rodríguez declararon el juicio contra Gross, en una especie de ajiaco desinformativo en el que  evita aludir al documental del pasado lunes.  Por una rara casualidad, desde el mismo 7 de marzo El País y El Herald se distribuyen juntos en Miami, y a pesar de aumentar al doble la cantidad de papel que reciben los lectores, estos seguirán sin enterarse de lo que ocurre en Cuba.

 

Pero la tapa al pomo la ha puesto el Departamento de Estado, cuya jefa, Hillary Clinton, en medio del destape sobre cómo sus dependencias han lanzado al mar – a través de la USAID- el dinero de los contribuyentes norteamericanos, entregó, sin el menor sonrojo, el enésimo premio a Yoani Sánchez. Sólo la absoluta seguridad de que los medios “no oficiales” van a ignorar la oscura ruta del dinero tras la trama de Alan Gross y Robert Guerra, puede explicar tal grado de arrogancia; la prensa libre y el periodismo independiente la respaldan.

 

 

http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/03/09/cuba-pedradas-y-silencios-en-los-medios-no-oficiales/

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Por Luis Sexto

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En la situación de Alan Gross, la academia de la lengua… política quizás tenga que convocar un congreso para definir si la palabra subversión tiene dos entradas diferentes significando lo mismo, o es que hay más de un diccionario para juzgar o calificar los actos relacionados con lo político, según sea la banda desde donde se emplee el lenguaje.

Desde los Estados Unidos, en particular, Miami, Gross es un bienintencionado ciudadano que solo pretendía mejorar las comunicaciones con el extranjero a ciertos grupos de cubanos. Primeramente, los judíos fueron incluidos en la generosa acción. Y cuando los líderes de la comunidad judía negaron ser destinatarios de tan avanzadísimos medios de comunicación satelitales –para qué nos servirían, pudieron aducir– las alegaciones involucraron, y esta vez al parecer con verdad, a los llamados disidentes, que en estricta definición lexicográfica son opositores proactivos y extranjerizantes del Gobierno de Cuba.

En nombre de una ley norteamericana que legitima la lucha por la democracia en Cuba –la Helm-Burton–, un ciudadano estadounidense puede violar las leyes de Cuba si sus propósitos se contraen a los ideales de un paladín de la libertad en un país que, a su entender, niega los valores democráticos según el diccionario de Washington.

Juzgando el caso con óptica política, es decir, utilizando el término política como un acróbata se sostiene en la cuerda floja, es decir, mediante el equilibrio, habría que empezar a preguntarse si la detención y posterior juicio de Alan Gross pudieron constituir, del lado de Cuba, un gesto de provocación, de mala voluntad hacia los Estados Unidos. ¿Le conviene al Gobierno de Raúl Castro empeorar las relaciones con Washington; resulta práctico enrarecer el efecto de las escasas medidas que la administración de Barak Obama ha adoptado, al menos para reubicar las relaciones entre ambos países en el punto previo al empeoramiento causado por Bush, hijo?

Pero otra pregunta pide su turno: ¿Cómo se explicaría que si La Habana está liberando a los condenados por delitos políticos –los de la causa de 2003, y de otros expedientes, salvo a los culpables de verter sangre- y además conmutó la pena de muerte a tres sentenciados por terrorismo, gestaría un nuevo conflicto al haber juzgado por subversión, sin pruebas, a un prominente ciudadano de los Estados Unidos? Por mucho que demos vueltas a la esfera de la política, tan redonda y modificable como el planeta, no aparece un móvil que justifique, por no repetir que explique, un comportamiento tan carente de sentido político.

El enfoque oficial norteamericano no considera que Alan Gross sea agente, aunque se le llame subcontratista, de la Agencia Internacional del Desarrollo de los Estados Unidos (USAID) y que la simple gestión de repartir caramelos en Cuba sin permiso del Gobierno cubano, ya implique la violación de la soberanía cubana. ¿Acaso hacer lo mismo en los Estados Unidos, esto es, trabajar para otro país en territorio norteamericano sin registrarse en los libros del gobierno federal no supone un delito severamente castigado, aunque el presunto agente haya entrado legalmente al país?

Por ello, no culpen a este articulista de parcializarse. Sólo trato de apuntar que la razón no puede picotearse de modo que la acción que me disgusta es lícito cometerla contra otro si soy yo quien actúa. Y así vemos a la política mundial despojarse de sus ropas decentes para asumir, entre harapos, el papel de lo que en el español de Cuba llaman “guapería de barrio”. Por tanto, prepotencia sería la palabra que en el diccionario de la política resumiría las exigencias de la Casa Blanca por la liberación de Alan Gross.

De cuanto pueda especularse, lo que sí se presenta con las evidencias de lo real es que el juicio recién celebrado poseyó argumentos legales como para soportar su celebración. Y que es cierto también que el equipo de abogados cubanos del subcontratista de la USAID, desempeñó “una vigorosa defensa”, según calificativos de El Nuevo Herald, el pasado 5 de marzo.

Este proceso, con casi 14 meses de preparación luego del arresto de Gross el 3 de diciembre del 2009, tiene un significado que salta por encima de los alaridos del “exilio” de Miami y las amenazas de la señora Clinton condicionando el futuro de mejoramiento de las relaciones a la liberación de Gross. Pero ha de tenerse en cuenta un factor básico: con el juicio contra Alan Gross, Cuba defendió su soberanía e integridad. Porque a fin de cuentas, el Congreso de Estados Unidos ha destinado decenas de millones de dólares para que la USAID los emplee, entre otros empeños, para financiar a las grupos y tendencias que pretenden, dentro y fuera de Cuba, derrocar al legítimo gobierno de Cuba, y así recuperar Washington su hegemonía en esta isla llamada desde hace siglos Llave del Golfo. Ni la preparación intelectual del presidente Obama, ni su elocuencia han podido modificar esta política cuya víctima, en estos momentos, ha resultado el propio Alan Gross.

http://progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=3213:gross-vs-soberania&catid=4:en-cuba&Itemid=3

 

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