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Archive for 28/01/11

El legado de Martí *

Por Carlos Guillermo Maldonado **

rcbaez_marti-ynuestramerica.JPGEn estas horas aciagas donde a los humanos, por igual, pareciera anheláramos la contienda antes que la paz, no quede duda que evitamos la primera y hacemos nuestras las palabras del insigne Apóstol cuando sentencia que “estos tiempos nos son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.

El buen juicio y la filosa espada de la verdad que no debe descansar hasta alcanzar toda la justicia, justicia que nos han negado los enanos opresores que regodeándose al amparo de su amo, son las que deben desvelarnos pues los violentos se relamen de gusto cuando nos aniquilamos. Cuando se abren abismos entre pueblos. Cuando logran que los hijos de carpintero se avergüencen de su padre carpintero.

A pesar de ello, no dudamos que la justicia -igual que sigiloso tigre- se aproxima furtiva, vendrá con garras de terciopelo, porque desde el Orinoco a los Andes, desde el Arauca hasta las Segovias, los árboles han comenzado a hacer fila para cerrarle el paso al gigante de las siete leguas. Lo que catapultó a Guaicaipuro es lo mismo que impulsó a Bolivar, a Tupac Amaru y a Sandino; lo que siguió insuflando las almas del Che y Fidel, Otto René y Obregón, Tot, Robin, Bámaca, Choc y millones que han escuchado la hora del recuento, y de la marcha unida, para seguir el viejo consejo del héroe de Dos Ríos: “andemos en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. La misma trompeta nos llama desde el Aconcagua, el Chimborazo, Izalco, Tajumulco pasando por el Tacaná hasta el Popocateptl.

¿Quién sabe más que nuestros huesos de las heridas, y las llagas conspicuas en nuestras almas, que nos han dejado “los desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios y va de más a menos”?. Esas infames pústulas en la piel de nuestros pueblos que lo mismo esgrimen traiciones en nombre de la democracia burguesa en los parlamentos criollos como se comprometen en complots y adosan bombas para sembrar terror entre sus iguales. Virulentos que han matado miles y se comportan como “aldeanos vanidosos pensando que el mundo entero es su aldea, entregando la tierra a los gigantes que les ponen la bota encima y a los cometas que van engullendo mundos”.

“Sietemesinos que se avergüenzan porque llevan delantal indio, de la madre que los crió”. ¿Cómo habremos de confiar en ellos? Cómo compartir esperanzas, si ellos no ven con nuestros ojos, ni sienten lo que sienten nuestros corazones. Estrechan nuestras manos con sonrisa frívola pero no más están a solas se conjuran para nuestra ruina. Hombres sin patria, la patria es fruto colectivo, entre hermanos. La suya es vacía y mezquina, patria de lujos, fortuna y vanidad. Por eso van de aquí allá, amasando tesoros y orines, entregando y vendiendo, robando y saqueando.

No hablo de los creadores, de esos que se quedan para compartir sus sudores, invenciones y labores. Que añoran felicidad para sí y su vecindad, que son maestros en sus oficios para que su obra prosiga y engrandezca su entorno y el espíritu de su comunidad, sino de los otros, los avaros y siniestros que tras el despojo y el latrocinio sumaron riquezas con el sudor y la sangre de hombres, mujeres, niños y ancianos erigiendo palacios a cuyo derredor, para alimento de su egoísmo, sucumben los pobres, en sus tristes y lastimeras chozas.

Esos nimios jamás podrán “hermanar la vincha y la toga; ajustar la libertad al cuerpo” porque ésta es su enemiga. Nunca podrán alzarse a la cabeza, porque ellos mismos no son libres. ¿Cómo puede un esclavo liberar a otros sin tener soberana testa?  Solo espíritus libres pueden detonar grilletes. “¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos!”.

Tiempos nuevos nos esperan, pero comprender que el camino de la independencia es sórdido y cruel, plagado de cardos y filosas piedras, es preciso. No por gusto la muerte ronda las esquinas, la bufonada colma los resquicios plegados a rubios designios y entregando la patria hacen causa común con los rucios que nos imponen miseria y traición a cambio de frenar de los miserables su revolución. ¡Anexión!, gritan antes que vientos soberanos barran su visión. Dominación antes que emancipación. Contra anhelos tan espurios nos enfrentamos resistiendo cualquier “decreto de Hamilton que pretenda parar la pechada al potro del llanero. Con los oprimidos hacer causa común para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”.

Necesario reconocer que la desunión ha facilitado esa propuesta artera; el indio, mandado a callar, ocultado tras paternidades, “sigue dando vueltas alrededor y sigue yendo al monte, a la cumbre del monte a bautizar sus hijos; el negro sigue cantando en la noche la música de su corazón, solo y desconocido”. Sus hijos corriendo descalzos a la vera de los ríos, malnutridos entre palos y tierra siguen ninguneados y fríos, despreciados en una patria que no parece de ellos; los ancianos abandonados como si no hubiesen forjado la gloria del pasado; jóvenes y maduros no encuentran cabida en ella y se alzan tras un sueño ajeno, una lengua extraña y una moneda que compra sus recuerdos para borrarlos de sus entrañas.

No es sólo por esfuerzo de entreguistas, sino más por tibieza de corazón, la sin razón de los que viendo como cuelgan de las horcas los cuerpos esquivamos los cadalsos entretenidos en historias escritas de otras tierras donde nuestras lenguas son proscritas. ¿Qué patria es esta que tirando sus hijos al río se pregunta dónde se han metido? Madre desnaturalizada en la que la hemos convertido, los que la hemos abandonado para que muera postrada, enloqueciéndola para que no reconozca sus brotes y los que reconociéndola la dejamos a expensas de estos azotes.

Hay que rescatarla de esas garras asesinas y nuestra parricida indolencia; la colonia sigue viviendo en la república pero la luz resplandece pequeña en el horizonte de la mar, la profundidad del llano y en la latente pleamar.

La patria no es tal sino es de todos. De tal cuenta fue en esta parcela donde el maestro se hizo creador, se bañó en sagrados textos mayas, prendió un corazón en llamas, sembró semillas de dignidad y unidad latinoamericana. Donde se ilusionó con revoluciones de apellido libertarias pero do comprendió que si no estaban al frente los mozos de las cuadras, los indios, los negros, era mejor su suerte no arriesgar. Partió así de esta tierra que ya era de él por haber dejado en ella su engendro libertario para en la suya imprimir su noble ideario: frenar al águila calva que arrogante desde el risco se aprestaba a lanzarse sobre la inerme púber inocente para luego volver y liberar su Madre América, no importando su vida ceder. Pero tuvo la parca a mal abrazarlo antes de cumplir su visión, no obstante otros titanes han enarbolado su caído blasón.

Portentos que por su estatura serán efigie en desiertos como en vergeles abiertos, en ciudades como en yermos fríos; en las cúspides montañosas como en playas y ríos. En corazón de seguidores y detractores está sentado Martí. Ufano en los primeros, en los segundos como un bisturí.

De Martí hemos aprendido todo y nada. Sabemos que hemos de unir lanzas pero fragmentamos sus enseñanzas; sabemos que debemos condensar el amasijo de los pueblos pero adosamos fronteras, recalentando las razas de librería y de retablos. Sabemos de nuestra identidad universal y latinoamericana pero corremos tras el bermejo, anhelando su actuar, su lengua y su reflejo.

Apretemos lazos con los nuestros, hablemos nuestros colores y sabores, nuestras vivencias, historias y virtudes, gastemos la brecha al sur que de tanto andar hacia allá, juntaremos multitudes. Al mediodía siempre habrá quien nos entienda, quien sienta la misma nostalgia, quien coma mandioca o yuca, fríjoles o chícharos, cure sus llagas y las nuestras con salvia santa o romero, entone coplas, sones y chacareras, monte a pelo en calzones o con chaparreras.

Dejemos cual palomillas, de chocarnos en las luces boreales cuyo fuego fatuo engañoso como tal es farol de muerto. Candileja vampiresca que atrae para extraer fluidos de quienes osan posarse sobre su vientre.

Nada tiene que decir el gringo de nuestra historia, nada sabe y lo que no se sabe se desprecia. ¿Cuántas veces se ha paseado por nuestros pueblos, por nuestras villas enjaezados de fusiles y bayonetas, amenazando, enseñando los dientes de rabioso perro, orinándose en nuestros altares y santos? Escupiendo nuestros alegres cantos.

Bien decía el iluminado: “el desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América”. Y, ocurrió lo que muchas veces temió, que relamiéndose de gula se lanzó sobre nuestros tesoros y esclavizó a nuestra gente con la ayuda de los sin patria. Juntos forjaron cadenas en cuellos y manos de negros e indios, juntos escupieron a la cara de los que sembrando prodigan alimento; juntos expulsaron, juntos enterraron vivos a miles en tumbas de oro, plata y cobre; juntos abofetearon rostros y bocas que gritaban libertad, juntos, en sangrienta bacanal, royeron las osamentas de millares de víctimas que en total indefensión cayeron en sus garras trayendo la negra noche para pueblos enteros.

Sus vanidades y ostentaciones son diversas, su designio uno solo: sentarse sobre el monte de las naciones, hartarse de sus esfuerzos; sojuzgar para vivir displicente masticando sus huesos.

Sus vicios y aberraciones hablan de su carácter, cayendo sobre sus semejantes no proclaman más beneficio que embrutecerse en abundancias y fantasías, trastocando lo real por oropel creen traspasar el tiempo y la historia. Desean alargar su vida acortando otras, cabeza de oro, pies de barro.

Por eso, en esta hora, urge escuchar al maestro que firme nos sigue exhortando: “conocer es resolver”.

Qué enseñanzas más pródigas nos da el pasado donde potencias cayeron por excesiva confianza en su viveza. Qué mejor visión aquella que la que simplemente dicta que sucumbe quien gasta más de lo que logra recibir en sus arcas. Pero eso también lo han captado ellos. Ahora no es de arcas de poderosos que huye la riqueza sino de las de la colectividad que convirtiéndose en misérrimos sólo les queda la dignidad y en lógica reacción resisten, pues no es justo que mientras unos sudan otros descansan, mientras unos se agotan otros se apropian de su cansancio. Bajo esos términos, bajo el juego de los reyes, imposible construir patria, solo la de los bueyes.

El Apóstol que no vivió estas épocas pero las intuyó, supo por sus propias heridas, por sus ojos y los de los oprimidos, que existía el peligro real de que el gigante de las siete leguas cayera sobre nuestras tierras y tal como lo temía sucedió. Pero corto, por obvias razones, de tiempo y espacio, jamás imaginó que el eslabón de la cadena con que amenazaba se convertiría en mazmorra para millones; que los sables se trocarían en misiles, los caballos en tanques y aviones, el valor y el honor en perfidia y trampa. Mucho menos sospechó que, al monstruo del que conoció sus entrañas, le crecerían muchas cabezas y se impondría no sólo en nuestra América si no en el mundo entero. Que en poco más de un siglo un Imperio más grandioso y terrible que el romano se levantaría y sus procónsules echarían grillos sobre mares y naciones.

No obstante, tampoco llegó a ver la fuerza poderosa que emergió de las estepas, barrió para siempre con su torbellino de razones al sempiterno zar y sus cosacos. Un ímpetu tan atroz que terminó con el primer sueño fascista del capital, impulsó oleadas en el África y Asia. Bajo su influjo huyó despavorido Johnson de las tierras del arroz y su ejemplo iluminó luchas de avasallados que avanzando a paso lento y sangriento siguen conquistando el futuro. Tampoco pudo ver el insigne cómo se desmoronó de súbito esa esperanza y como triunfal se levantó de nuevo el monstruo regenerado para maldición de todos. Empero luego de minúsculo y petulante nado no duró su gloria y hoy arrinconado está. Bocanadas de niebla lanza y entinta los mares, sin embargo, el cardumen compacto ante la infame rastra transige y avanza tenaz a vencer o morir. Esa es la consigna que arrastra.

Tampoco, y hay que decirlo, imposible acallar la verdad, imposible seguir mintiendo. La barbarie se ha impuesto, los coletazos del cetáceo herido abren enormes lesiones. Por todos lados sangra y desangra, serán los pueblos los que impidan el camino al abismo. Acá, serán “los hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y que van de menos a más”, porque el país que “se ganó con lanzón no puede echar el lanzón atrás, ni al machete le va vaina de seda”. Son tiempos de veda y de toque de queda.
Se regocijaría el maestro de ver los caminos pletóricos de flores, donde hubo guerra ahora buena tierra; donde sangre y violencia, cantos de labriegos y obreros que libres construyen la decencia.

Él, que tanta ofrenda trajo a los pies de Libertad y Soberanía y regó con su vida las palmas floridas ve a través de los dignos, la verdad de su triunfo y la marcha cobriza que mezclada con la negra, la blanca, la mestiza dibuja un nuevo mundo. Y, con pecho tremebundo asombrado contemplaría como los pueblos al otro lado derriban muros, abren sus campos pisoteando alambrados y neutralizan conjuros.

“¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semillas de la América nueva!”

Saludos Gran Semí: en esta hora te pareces y vas adquiriendo el rostro de Martí.

Gracias.


* Discurso pronunciado en la sede de la Embajada de Cuba el jueves 27 de enero de 2011, en el marco de la Conmemoración del 158 aniversario del nacimiento del Apóstol de América, el insigne prócer cubano José Martí Pérez.

** Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala.  Catedrático de la Escuela de Historia de la misma Universidad. Miembro del Secretariado del Sindicato de Trabajadores de las Artes Plásticas de Guatemala –STAP- adscrito al Frente Popular. Miembro fundador del Colectivo de Acción y Reflexión Política “La Gotera”.

Enviado por su autor para Cuba coraje

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

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Agradezco el honor de dirigir unas palabras a los participantes en Pedagogía 2011. Las dedicaré a actualizar la situación de Cinco maestros que son también Cinco Héroes. Sus nombres son Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort y René González Sehwerert. Llevan más de doce años encarcelados en Estados Unidos sin justificación alguna.

Su inocencia es total. Se les castiga injusta y cruelmente, única y exclusivamente, porque lucharon contra el terrorismo que hace ya más de medio siglo desde allá se realiza contra Cuba.

La verdad consta en documentos irrefutables de las propias autoridades oficiales que aparecen en el sitio del Tribunal Federal del Sur de la Florida en el caso “Estados Unidos contra Gerardo Hernández”. Pero como este pone al desnudo la naturaleza real de la política norteamericana contra Cuba, el Imperio ha ordenado el silencio absoluto a las grandes corporaciones dueñas de los llamados medios de información que con obediencia lacayuna ocultan la verdad al pueblo norteamericano y a muchos otros en el mundo.

Si a ese pueblo se le permitiera conocer lo que está escrito en el expediente mencionado descubriría que los Cinco son víctimas de una escandalosa y grosera prevaricación, acusados por cargos inventados cuya falsedad fue reconocida más de una vez por jueces y fiscales. La perpetuación de esta colosal injusticia provoca dolor y sufrimiento a cinco familias. Y a las cubanas y los cubanos nos hace recordar todos los días que el gobierno de Estados Unidos sigue siendo cómplice de un terrorismo que no cesa y frente al cual tenemos que mantener la vigilancia y levantar sin descanso nuestra denuncia y reclamar solidaridad.

Cuando digo que los Cinco son educadores no exagero nada en absoluto. Lo son, lo han sido ya por más de doce años. Han enseñado a otros a leer y a escribir, a pintar y dibujar, han enseñado matemáticas, computación y literatura y lo han hecho en dos idiomas y sobre todo, han ayudado a sus alumnos a vivir y a buscar la felicidad en un entorno que para ellos habría sido mucho más doloroso si no hubiesen contado con tales maestros.

Porque su docencia ha sido una hazaña, practicada generosamente, con altruismo insuperable, en algunas de las peores prisiones de Estados Unidos. ¿Cuántas veces no han interrumpido sus clases forzados por los guardias que los han encerrado en confinamiento solitario? ¿Cuántas veces sus alumnos han debido esperar el regreso del maestro secuestrado en el “hueco” infame?

Más allá de las disciplinas que han facilitado aprender a otros, Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René nos dan cada día lecciones de amor y solidaridad.

Si concordamos con la definición de Luz y Caballero, aquella de que “enseñar puede cualquiera, educar sólo quien sea un Evangelio vivo”, los cinco compatriotas son nuestros mejores educadores.

Ellos sufren una enorme arbitrariedad y un trato carcelario especialmente cruel. Solo posible por la férrea censura que hace que millones de personas, sobre todo en Estados Unidos, ignoren completamente este caso.

Vayamos a la esencia.

Los Cinco fueron detenidos, acusados y condenados única y exclusivamente porque, a riesgo de sus propias vidas, ayudaron a descubrir los planes terroristas que contra Cuba y su pueblo se llevan a cabo impunemente desde territorio norteamericano con la anuencia y la complicidad de las autoridades norteamericanas. Cumplieron su misión sin armas, jamás emplearon la violencia, no causaron daño alguno a nadie ni pusieron en peligro la seguridad de Estados Unidos o sus ciudadanos.

Su única falta fue la de actuar contra los grupos terroristas sin haberse inscrito ante las autoridades norteamericanas para hacerlo. La cuestión clave es determinar si tal conducta estaba justificada o no, si contra Cuba se practica o no el terrorismo, si Estados Unidos ha tolerado o no esos crímenes.

Permítanme leer un par de párrafos de este libro recientemente publicado en la ciudad de Miami y cuyo autor, Orlando Bosch, ha sido calificado por el Departamento de justicia de Estados Unidos como uno de los terroristas más notorios y empedernidos:

“De Nicaragua viaja a República Dominicana (junio de 1976) donde pudo participar a principios de julio y en el pueblito de Bonao, en la convocatoria hecha a las principales organizaciones beligerantes del exilio cubano como Omega 7, la Brigada de Asalto 2506, el Movimiento Insurreccional Martiano, la Alianza Cubana de Organizaciones Revolucionarias, los Comandos Pedro Luis Boitel, el Movimiento La estrella, el Frente Revolucionario y otros grupos anticastristas.

De esta conjunción nació la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), comprometida en arremeter contra todos los frentes políticos y económicos de la tiranía castrista. En consecuencia se realizaron atentados con explosivos contra las oficinas de la línea aérea British West Indies en Barbados (julio 10, 1976), que representaba los intereses de Cubana de Aviación, y de Air Panama en Colombia (julio 11), como reacción al entendimiento entre Castro y el gobernante panameño Omar Torrijos. Así mismo fueron ajusticiados el funcionario castrista Artagñan Díaz (Mérida, México, julio 23) y otros dos (Crescencio Galañena y Jesús Cejas) acreditados en Buenos Aires (agosto 9).” (“Los años que he vivido”, Orlando Bosch, New Press, Miami, 2010, págs. 126-127)

Desde luego lo que he leído se refiere apenas a una fracción, dos meses, en una carrera interminable de crímenes impunes. Nótese, sin embargo, cómo reconoce su responsabilidad en ataques contra otros países de la región y su culpabilidad en el asesinato de tres compatriotas, uno en México y dos en Buenos Aires, cuyas vidas aun exigen justicia.

Aquí aparecen numerosas fotos que ilustran sobre algunos de los crímenes en que participó el autor. Bombardeos contra ciudades, fábricas y embarcaciones cubanas como ésta – página 242- que mató a un maestro e hirió a tres niños y también ataques terroristas que realizó fuera de Cuba, algunos incluso en territorio norteamericano, contra barcos mercantes del Reino Unido, Japón y Polonia (páginas 270-273).

Aquí cínicamente se ofrecen detalles de fechorías que han causado la muerte y el sufrimiento a personas inermes y han provocado cuantiosos daños materiales.

No es un documento secreto. Es un libro que acaba de ser publicado, en diciembre de 2010, en la ciudad de Miami. Su autor no está en prisión. A bombo y platillo presentó su obra en un acto insólito acompañado por otros delincuentes notorios que se ufanaron de los crímenes cometidos y prometieron continuarlos en el futuro.

Para colmo, semejante celebración pública del terrorismo se efectuó en un lugar que allá describen como una Universidad y que unos meses atrás había otorgado al mismo siniestro personaje un infame homenaje que provocó la indignada protesta de varios eminentes académicos de Estados Unidos.

Entre los celebrantes del odio y de la muerte estaba Luis Posada Carriles, asesino convicto y confeso, quien hace años también publicó en Miami sus sangrientas memorias y que con Bosch planeó y dirigió la destrucción con una bomba de un avión civil en pleno vuelo causando la más horrible muerte a 73 personas.

Hace ya casi seis años que Posada entró ilegalmente a los Estados Unidos. Pese a ser un terrorista prófugo de la justicia y a haber ingresado a ese país violando sus normas migratorias, Posada, como Bosch, es un hombre libre y disfruta de la protección y la hospitalidad de las autoridades.

En asombroso escarnio, para protegerlo y ocultar sus verdaderos crímenes, ahora mismo tiene lugar en El Paso, Texas, un vergonzoso proceso en el que sólo se le acusa de mentiroso. La farsa ocurre muy cerca de la frontera por la que cada día miles de inmigrantes son expulsados a patadas, sin trámite judicial alguno. ¿Cuántos millones de infelices han sufrido esa experiencia en los últimos seis años? ¿Qué los diferencia a ellos de Posada desde el punto de vista de la legalidad migratoria? Que aquellos trataban de escapar de la miseria, no eran terroristas fugados de la justicia. Unos, trabajadores honrados, víctimas del subdesarrollo y la explotación imperialista, el otro, Posada, un asesino profesional con un largo historial de crímenes al servicio del Imperio.

Pronto se cumplirán seis años desde que Venezuela solicitó formalmente a Estados Unidos la extradición de Luis Posada Carriles para que compareciera en el juicio que se le seguía en Caracas por la destrucción de un avión civil y que fue interrumpido cuando en 1985 él se marchó de la prisión para reaparecer inmediatamente dirigiendo una operación encubierta de la Casa Blanca en Centroamérica (Iran-Contras). Desde entonces era reclamado por los Tribunales venezolanos, mucho antes de que hubiera irrumpido en la historia el querido compañero Hugo Chávez.

Desde hace seis años el gobierno de Estados Unidos está incurriendo en flagrante violación de sus obligaciones en la lucha internacional contra el terrorismo. Desde marzo de 2005 está violando claramente el Convenio de Montreal sobre la protección a la aviación civil y la Convención Internacional para la represión de actos terroristas cometidos con bombas. Ambos documentos establecen claramente que cualquier persona acusada de atentar contra una nave aérea civil o de emplear explosivos con fines semejantes tiene que ser juzgada por ese delito en el país donde se encuentre o extraditada al país que lo solicite con ese objeto “sin excepción de ninguna clase”. Washington no ha hecho ni una cosa ni la otra. Ni lo juzga como terrorista ni lo extradita a Venezuela para que sea juzgado por sus crímenes.

Al actuar así Estados Unidos viola también la resolución 1373 de septiembre de 2001 adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU a propuesta del gobierno de Bush, según la cual todos los estados están obligados a cumplir esos acuerdos internacionales contra el terrorismo y quien no lo hiciera sería objeto de sanciones. Esa resolución es pieza clave en la llamada “guerra contra el terrorismo” que lleva a cabo Estados Unidos y sirvió de fundamento para la invasión militar de Afganistán.

Todos esos instrumentos legales son letra muerta para Estados Unidos cuando se trata de atacar a Cuba y proteger a los terroristas que han sido sus instrumentos. Por eso a Posada ni lo juzgan ni lo extraditan. Peor aún, lo dejan actuar libremente y para protegerlo llevan a cabo un proceso fraudulento en el que se le acusa sólo de cargos menores.

Pese a todo, para algo ha servido la indecente farsa de El Paso.

La pasada semana, testificando bajo juramento, una funcionaria del departamento de Seguridad (Homeland Security) afirmó que a Posada no se le encausa por sus crímenes porque a ello se ha opuesto la Fiscal federal de Miami, la señora Caroline Heck Miller, la misma que es la principal acusadora de nuestros cinco héroes. Esta  revelación constituye la mejor prueba de la responsabilidad de las autoridades norteamericanas en las acciones terroristas contra Cuba que nuestros compañeros trataron de evitar. ¿Quién puede dudar ahora de su inocencia? ¿Qué más hace falta para comprender el dolo y la prevaricación de una acusadora que es al mismo tiempo la gran protectora del peor terrorista?

Por supuesto que los llamados medios de información nada han dicho sobre lo que fue revelado en El Paso.

Estamos en un momento decisivo cuando la señora Heck Miller tiene que responder a la petición de habeas Corpus a favor de Gerardo Hernández Nordelo, último y extraordinario recurso que a él le queda en el sistema legal norteamericano.

Uno de los argumentos principales de esa petición es precisamente las pruebas recién descubiertas acerca de los pagos que el gobierno federal dio a los medios de Miami para que mintieran y calumniaran a los Cinco en una campaña que sirvió también para atemorizar y presionar al tribunal y a los jurados. Fue precisamente eso lo que la Corte de Apelaciones definiría en agosto de 2005 como una “tormenta perfecta” de prejuicio e ilegalidad que la llevó a anular el juicio inicial contra los Cinco. Ahora sabemos que al mismo tiempo, coincidiendo con ese histórico fallo, la señora Heck Miller impedía que Posada fuera acusado.

En esta fase crucial, cuando están por agotarse las vías judiciales, los medios siguen cumpliendo su perversa tarea. Fuera de Miami ocultan toda información relativa a los Cinco. En Miami calumnian a Gerardo, distorsionan burdamente el contenido y la naturaleza de su petición haciendo gala de inmoral cobardía.

Si los Cinco hubieran hecho algo malo, si su conducta hubiese dañado de alguna manera al pueblo norteamericano, acerca de ellos la prensa y la televisión de ese país habría inundado completamente todos los espacios informativos. Ha sido y es exactamente al revés. El férreo silencio impuesto por más de doce años no es sino una confirmación adicional de su total inocencia.

Esta situación debe terminar ya. El Presidente Obama y su gobierno saben que están cometiendo una injusticia incalificable. Él sabe que puede y debe ponerle fin liberando inmediatamente a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, a los Cinco. A todos y cada uno de ellos, sin excepción. Hacerlo sería el primer paso indispensable para poder convencer al mundo de que la decencia, finalmente, ha entrado a la Casa Blanca.

La  Habana, 27 de enero de 2011

Conferencia Especial en Pedagogía 2011

Envido por [Comité Internacional 5]

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Por José Aurelio Paz Foto: Archivo| Viernes, 28 de Enero de 2011 

 

José MartíHoy me levanté con una flor en el pecho. Flor invisible que se fue, por ese hilillo de mi memoria, a mis manos de niño. Niño con maestra, casi novia, camino de la escuela para depositarla allí, junto a aquel pedazo de hombre hecho de piedra, del cual solo conocía los hombros y su cabeza por el busto, y que le llamaban Apóstol; único guardián que tenía mi Bandera, esa de “tres listas azules y dos listas blancas”, ¡tan listas!, que se hicieron bordar “un triángulo rojo y una estrella de plata….” 

Hoy me levanté y redescubrí la obsesión por recitar de memoria —casi sin memoria ya— aquellos versos donde la sencillez bebe del alma, y el alma del sueño, y el sueño es una patria —geografía invisible para la niñez que se imagina como el patio de la casa—, tierra que se enyerba o florece, donde unos cultivan cardos y otros rosas, según la vocación de cada mano.

Era yo, entonces, un grano de mostaza sin toda la gloria del mundo en mí, que solo la maestra fue guardando, de a poquito en cada clase, cuando sembraba célula a célula, desde su voz emocionada, aquel pie descalzo de adolescente como yo, que sufría el grillete “de mortales engaños,/ y de sublimes dolores.”

Y así crecí, desde mis pequeñeces, por tratar de poner “la mano osada,/ de horror y júbilo yerta,/ sobre la estrella apagada/ que cayó frente a mi puerta” hasta llegar a aquí, a este instante en que la Patria tiembla, porque somos todos Cuba ante una travesía nueva, montados en el mismo yate que trajo una vez, también, a insomnes navegantes para redimirnos del yugo que te hizo caminar, lacerado y glorioso, hacia el Gólgota de Dos Ríos.

¡Ah, Martí de mis amores, no me abandones que esta plegaria no es sólo mía! Es de todos quienes te pedimos, en esta hora, que no duermas.

Enséñanos a subir otra vez la montaña con la misma mirada límpida, fija en la cumbre, de la muchacha manzanillera que te colocó donde debía.

Que la paloma vuelva a posarse en el hombro de aquel barbudo que nos sopló su espíritu para no perecer, otra vez, bajo el yugo de la ignominia.

Que nos acompañe, en esta nueva maniobra, el mismo ahogo de una boina con la Estrella ya encendida y rescatada, que frente a la puerta de este pueblo convirtió el asma en heroísmo y su mirada en permanente lumbre.

Que no nos falte el café, pero tampoco la vergüenza de hacer un país nuevo como aquel soñado desde la Libertad, mientras ella, angustiada, sorbía la sangre de tantos hijos tuyos, por sobrevivir alzando en sus manos la Estrella rediviva, que volvemos, una y otra vez, a rescatar.

Exorciza ese gran necio que habita en nosotros y muchas veces no nos permite ver más allá del meñique, que prefiere morir en el esquema ante el riesgo de ser creativo para reinventarnos en este otro viaje, donde la inteligencia y la virtud nos pongan raíz y ala, como tú pediste, para llegar desde este estrecho arroyito, por donde navegamos, a mar abierto y democrático.

Sálvanos del error innecesario, de toda burocracia inútil, de la vil discriminación por cualquier causa, de todo acomodamiento, de la falta de aliento común, del poder que no lleve implícito el don de la humildad y del servicio.

Ayúdanos a descubrir los matices en cada acto, como esas levedades sonoras que contrastan con los grandes andantes de una sinfonía, para que la música fluya desde dentro, limpiándolo todo, como respeto a los contrastes entre el ojo tan negro del canario y el amarillo vibrante de su pluma.

Chamán de la honradez junto a Bolívar y a San Martín, impide que Nemesia pierda sus zapaticos blancos; que “la niña mala” del romance de Ferrer pueda seguir llevando en sus manitas una flor para la maestra; que el tan controvertido verso del Tengo, de Guillén, vuelva a ser una realidad en nuestras vidas desde una perspectiva más austera; que aprendamos a valorar y a cuidar hasta al gorrión más simple que picotea la mata de savia del patio y moja sus plumas en el regadío del campo.

Úngenos de tu gracia y tu pasión en las cartas a Carmen. Sostennos en brazos como a tus Ismaelillos. Edúcanos una vez más. Cámbianos la cabeza las veces que sea necesario, sin necesidad de dañar el corazón.

Ahora, y en la hora de nuestra vida, “no nos dejes caer en la tentación/ de olvidar o vender este pasado”, como decía Benedetti, y ayúdanos a entender tus profecías, tus conjuros desde las esencias de como cuidar la Estrella heredada, para que no sea pisoteada por la bota; de aprender con Nitza a macerar los versos de Heredia, junto a los Cintio y de Lezama, en una nueva pócima de “huesos alumbrados”, a lo Carilda.

Muévenos el alma al camino con la generosidad que hasta aquí nos ha alcanzado hacia el más débil, al amigo lejano y más pobre, aún, que nosotros; con o sin sandalias, con los pies frescos o llagados, pero caminando siempre.

Concédenos tu gracia, pero, sobre todo, repréndenos si no somos sinceros y rectos como la Palma para que fluya el verso cotidiano; ese endecasílabo rebelde de la décima o esa cuarteta amorosa que, definitivamente, queremos construir desde nosotros mismos sin tantos accidentes poéticos, cuando ahora sí, de verdad, “La era está pariendo un corazón…y hay que quemar el cielo, si es preciso, por vivir.”

No nos desampares, sigue ahí con la pupila insomne de Villena. ¡No nos falles, Martí, no nos falles que no te fallaremos…! ¡Que no te fallamos!

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