Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 11/04/08

Olvidan también los hipercríticos los equipos
electrodomésticos que, gracias a la
Revolución energética, han sido puestos al
alcance de todas las familias cubanas..

Los medios han recogido con alborozo la noticia de que los cubanos podrán comprar “libremente” aparatos electrodomésticos y alojarse en los hoteles del país, algo que hasta ahora no les estaba permitido. Por supuesto han recordado algunos críticos de la revolución cubana que los precios son prohibitivos. Comprar un aparato de DVD, una computadora o un televisor de más de 19 pulgadas será tan difícil para muchos cubanos como hasta ahora lo es para el habitante de un suburbio de Puerto Príncipe, un indígena chiapaneco, un campesino hondureño o un desempleado argentino. Lo que hasta hace unos días estaba prohibido por el Gobierno ha pasado a estar prohibido por el mercado. Es bueno que los cubanos conozcan que ésa es la libertad del capitalismo; ya han llegado a ella en lo referente a la compra de electrodomésticos. Porque han de saber que en la gran mayoría de los países de su entorno, fuera del socialismo, lo que se llama libertad es todo eso que se puede conseguir con dinero: libertad para viajar, libertad para alojarse en un hotel, libertad para comprar un automóvil, libertad para comprar espacio en un periódico, libertad para anunciarse como candidato a unas elecciones, libertad para elegir médico, libertad para llevar a sus hijos al colegio. Por eso dicen que se han “liberalizado” los frigoríficos y las televisiones en Cuba.

De Cuba se denuncian constantemente las prohibiciones gubernamentales, pero siempre se olvida que, en el capitalismo, el dinero convierte en prohibido que el camarero de una marisquería de Madrid pueda sentarse allí con su esposa alguna vez como cliente, o que el albañil de un residencia céntrica o de un apartamento en la playa pueda ser propietario de una vivienda como la que está construyendo.

No es que yo critique la medida gubernamental y esté en contra de que los cubanos puedan comprar todos esos aparatos o alojarse en un hotel, pero es evidente que lo que se celebra fuera como un “avance” de la revolución, una “apertura”, no lo es para el cubano de a pie. No es un avance porque el mercado no lo es. Lo que les está pasando ahora a los cubanos con los electrodomésticos –que les dejan comprarlos, aunque no pueden por no tener dinero– es lo que sucede en la mayoría de países capitalistas con la sanidad, la educación o las opciones electorales. De modo que cuando les propongan continuar con las “aperturas” y las “liberalizaciones”, ya pueden imaginar lo que les pueden estar preparando.

En Cuba las disfunciones del socialismo –la mayoría inevitables ante las condiciones externas y el mercado globalizado– han provocado que algunos cubanos, por numerosas razones (remesas familiares de fuera, paladares, cuentapropistas legales o alegales, profesionales relacionados con el turismo o con empresas e instituciones extranjeras, etc…), puedan haber accedido a importantes sumas de dinero que ahora podrán destinar a esos bienes de consumo. Hace unas semanas un estudiante le preguntaba a Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, por qué si tenía mil dólares no podía viajar por ejemplo a Egipto, si el viaje costaba 400 dólares de ida y otros 400 de vuelta. Con su buena intención, esa ingenua pregunta estaba dejando en evidencia una mentalidad colonizada por el mercado. Si no hubiera actuado bajo el patrón ideológico capitalista, hubiera preguntado por qué un estudiante de historia del arte o un buen trabajador no puede ir de vacaciones a Egipto, independiente de que tenga o no los mil dólares. Efectivamente, quien proporciona la “libertad” para viajar de vacaciones a Egipto a quien tiene mil dólares es el capitalismo. A algunos hasta les asegura la “libertad” para ir todas las semanas si quisieran.

Quienes creemos en el socialismo también reivindicamos que los ciudadanos puedan viajar de vacaciones a Egipto, lo que nos diferencia del capitalismo es que no consideramos que la condición sea la de tener mil dólares, sino otras. Es verdad que en Cuba nadie puede viajar de vacaciones a países exóticos, porque en una sociedad justa nadie debería poder irse a hacer turismo a dos mil kilómetros mientras haya un niño que pase hambre o esté sin escolarizar. Y no seré yo quien diga que los cubanos no deberían tener derecho a viajar, tener un DVD o una televisión de grandes dimensiones. El director de Granma, Lázaro Barredo, lo ha explicado bien claro: “No es posible esperar a que se resuelvan más necesidades si no se trabaja más, si no se produce más”. Si en mi casa queremos tener otra silla para sentarnos tenemos dos opciones: o la fabricamos con nuestras manos o producimos algo para otro vecino que nos pueda ser intercambiado por dinero que nos permita ir al mercado a comprar la silla. En Cuba conviven dos tipos de monedas, el peso cubano y el peso convertible, creado a remolque de la divisa estadounidense, con un valor 25 veces mayor que el cubano. Si se desea que aumente el poder del peso cubano habrá que producir en casa más objetos para nuestro propio consumo (mejorar por ejemplo la producción agrícola) o para el consumo en nuestros países vecinos, a quienes se los vendamos a cambio de divisas con las que comprar a su vez productos que no fabricamos en casa y así abaratar su precio. Es decir, subir el valor del peso cubano con respecto al convertible.

Las medidas anunciadas de liberalización de la venta de electrodomésticos es sólo mercado, inevitable, pero mercado que sólo resuelve el deseo del adinerado. Para que los cubanos puedan acceder a esos productos es necesario un pueblo laborioso que aumente la producción y unos dirigentes inspirados en la equidad y la justicia social. No tengo ninguna duda de que las dos cosas las tiene Cuba, por eso estoy convencido de que, más pronto que tarde, esos productos y tantos otros de difícil acceso no serán sólo liberalizados, sino socializados, es decir, accesibles a la gran mayoría de los ciudadanos.

Anuncios

Read Full Post »

Miami.- Ilustrísimas Señorías de la Contrarrevolución globalizada recientemente se reunieron en Miami para nuevamente volver a organizar otra campaña internacional para “poder ayudar a preparar el cuadro para que la democracia dé un paso firme en Cuba”.

Según un artículo publicado en el siempre imparcial e insobornable diario El Nuevo Herald en la conferencia titulada “Mesa Redonda sobre la Democracia en Cuba” participaron “legisladores actuales y de ayer, líderes del exilio, políticos locales, diplomáticos de América Latina y Europa Oriental y ex prisioneros políticos cubanos”.

Últimamente se ha despertado una contagiosa fiebre de reuniones y actos contrarrevolucionarios –urbi et orbi- que tienen como objetivo buscar “nuevas” maneras de “promover la democracia en Cuba”. Quizás, sólo quizás, esto se deba a que la Administración de Bush, dado que se ha hecho público a través de un informe oficial el desastroso manejo de los más de $70 millones de dólares distribuidos durante los últimos años a organizaciones de la extrema derecha cubano americana en Miami para avanzar las campañas de la Casa Blanca (campañas que no han avanzado un ápice) para que “la democracia dé un paso firme en Cuba”, está a punto de distribuir, con el mismo objetivo, buscando nuevos consignatarios, otros $45.3 millones de dólares.

Haciendo gala de su inmensurable conocimiento de la historia y la realidad actual cubanas y su refinada elocuencia y erudito manejo del idioma castellano, el senador cubano americano por la Florida, Melquíades Rafael Martínez –conocido por acá como Mel-, calificó a éste como “un momento histórico” en la historia del exilio cubano, “mientras que el puño político de Raúl Castro parece debilitarse”… Su Ilustrísima añadió que “Cuando la gente oprimida determina que su momento ha llegado, no hay quien los pare. Y cuando tomen las calles, la comunidad internacional debe estar lista para reaccionar en apoyo del pueblo cubano”.

Otra de las Ilustrísimas Señorías presentes en esa Mesa Redonda fue Su Excelencia, Petr Kolar, Embajador en Estados Unidos de la muy soberana República Checa. Haciendo evidente el respeto de su gobierno al derecho internacional, a los principios de la no intervención en los asuntos de otros Estados y a la autodeterminación de los pueblos y, además, de su conocimiento del movimiento sindicalista cubano, su Ilustrísima Excelencia afirmó que su gobierno “está uniendo fuerzas con trabajadores cubanos en la oposición para hacerles saber a ellos y al pueblo cubano que la vida es mejor después del comunismo”…

Quizás su Ilustrísima Excelencia se conforme con saber que los trabajadores cubanos saben, porque la nación cubana lo sufrió largamente en carne propia, lo que era la vida en Cuba –en Cuba, Excelencia, no en la República Checa- antes del socialismo, y eso les es suficiente para imaginarse lo otro.

Al hacer uso de la palabra el Secretario de Comercio de la Administración de Bush, el Ilustrísimo Carlos Miguel Gutierrez (originalmente Gutiérrez), cubano americano, demostró, también, un profundísimo conocimiento de la actualidad cubana y de la política al afirmar, “que el gobierno de Cuba ha lanzado una luz desfavorable sobre sí mismo con sus recientes anuncios de las llamadas reformas. […] Sus trascendentales anuncios de cambios”, sentenció en tono profético su Ilustrísima, “de que las personas ahora pueden comprar teléfonos celulares y computadores y quedarse en hoteles, son las mejores noticias que los líderes de la oposición han tenido en muchos años porque revelan un verdadero cuadro de la vida dentro de la isla”.

La realidad es que son reuniones como éstas las que revelan el verdadero cuadro del desolador estado de la contrarrevolución cubana y sus dirigentes y de la agotada política estadounidense de agresión en contra de Cuba.

Aconsejo a sus Ilustrísimas Señorías que tomen asiento en anchas y cómodas butacas, por supuesto, en habitaciones con aire acondicionado –champaña o whisky tampoco vendrían mal- para seguir esperando, (mientras se sigan haciendo más ricos) como han estado esperando durante los últimos 49 años y algunos meses, a que el pueblo cubano “tome las calles” para rendirles, a ellos y a sus amos, su independencia, su soberanía, su dignidad, sus libertades y sus logros.

Read Full Post »

“A lengua sinuosa nos están batiendo:
cerrémosles el paso a mejor lengua,
la hermosa.”

José Martí

Por los caminos del Mar Caribe andaba ya José Martí, en vísperas de su desembarco en La Playita de Cajobabo, cuando escribió estas líneas a Bernarda Toro, la esposa amantísima del general Máximo Gómez: “El mundo marca, y no se puede ir, ni hombre ni mujer, contra la marca que nos pone el mundo”.

Se refería el Apóstol al deber de hacer cotidiano el sacrificio de aquellos que lo merecieron en los diez años de la Guerra Grande, cuando le nacieron a los héroes los hijos en la gratitud de la manigua profunda de esta isla a la que le juraron una vez sus destinos. El viejo general partía de nuevo a los combates, ahora sin su compañera, llamado por la fuerza imperiosa de la virtud de los que ven más allá de donde alcanza su bolsillo, y ven los intereses de la patria. Sola quedaba ella con sus hijos y con la doble angustia de verlo partir y de no ir ella misma a enfrentar los riesgos visibles.

Aquella “mano de valientes” tuvo que sortear muchos peligros hasta arribar, en noche lóbrega y tormentosa, a las costas del oriente sur de Cuba. “Salto. Dicha grande”, se lee en el Diario de Campaña de Martí, donde aparecen, al decir de Lezama, “los más misteriosos sonidos de palabras que están en nuestro idioma”. Por entre espinares y pendientes, cuesta arriba con el rifle, el jolongo y el tubo de los mapas, siente sin embargo algo “como la paz de un niño”. Todos se asombran de la fortaleza de aquel intelectual que cautivaba en las tribunas, deslumbraba en sus escritos y enternecía en la íntima compañía de las conversaciones, pero no estaba acostumbrado a las tribulaciones de la guerra y de los montes.

El Diario mismo traza un surco de luz por los lugares que lo vieron encaminarse, feliz y sin temores, al sacrificio último de Dos Ríos. Aquel Vía Crucis fue también su Evangelio. Quiso enseñar que es posible amar y biensentir, bienpensar y bienactuar siempre, aún en las circunstancias más difíciles. La bondad es un bálsamo contra todos los males. “Ser bueno es el único modo de ser dichoso”, había escrito alguna vez allá por la tierra del quetzal, la hermosa Guatemala.

Pide a la noble Manana que Clemencia, la hija del general, sepa que allí, en “el lugar donde la vida es más débil, llevo de amparo una cinta azul”, regalo de la joven. Esta cinta aparecerá en su lugar todavía al mediodía del 19 de mayo, en Dos Ríos. Recuerda en esa carta a todos en la casa de Gómez, y les confiesa: “Ustedes son míos”.

De aquellos charrascales quedan las semejanzas de estos tiempos de espinas y peligros. Queda también la memoria de que la virtud habremos de llevarla cuesta arriba porque es ardua tarea humanizar con el conocimiento y la ternura a la fiera que siempre nos habita.

“El mundo entero es hoy una inmensa pregunta”, volvería a decir él. Hay que buscarle a esa pregunta una inmensa respuesta, global, definitiva, porque la humanidad no dispone de tiempo extra. Y para esa búsqueda del equilibrio que empieza en cada hombre y mujer y acaba en el del universo, parecen haber sido escritas estas palabras con que inicia la carta a Manana que estamos comentando:

“Yo sólo quiero que estas letras mías le lleguen como prueba de que en las penas que pueda reservarnos este mundo, tienes ustedes, por donde quiera que ande yo en pie, un vigilante compañero.”

Read Full Post »