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Archive for 5/04/08

Concluyeron las sesiones del cónclave de los escritores y artistas cubanos, esa reunión de pueblo que ha sido también, la de todas las personas nobles y comprometidas de este país, pero sobre todas las cosas, la reafirmación más ferviente de lo que los cubanos hemos conocido como Revolución.

Intensos debates, fuertes y justas críticas, anécdotas que reflejan nuestras realidades y las más diversas opiniones, afloraron de las largas horas en las que se centraron las jornadas de trabajo de este VII Congreso de la UNEAC, que ya hoy es orgullo y parte indiscutible de nuestra historia y reafirmación absoluta de nuestra unidad y soberanía.

Muchas expectativas había generado el evento tras intensos meses de preparación y debate en todos las regiones y terrenos culturales del país, en espera de un encuentro para intercambiar, producir y ser consecuentes con las transformaciones ocurridas en la isla tras 10 años de la realización del último de estos encuentros.

Mucho también se esperaba de todo lo que pudieran aportar nuestros intelectuales, artistas y escritores – como siempre lo han hecho- a esta gran obra revolucionaria que, tras insatisfacciones, errores, grandes amenazas y muchas victorias, requiere hoy más que nunca, de la confianza, la integración y la perseverancia de un pueblo que ha contado siempre con una de las más ricas y esperanzadoras tradiciones de lucha, espíritu de sacrificio y amor a la dignidad humana.

Pero la verdad resultó ser mucho más elocuente y estremecedora, y cada sesión abrió un camino propio y revelador de futuro en pos de una sociedad que es la de todos y cada uno de los cubanos, y de los tantos amigos que tenemos en el mundo.

Allí estuvo la voz imperecedera de todos aquellos que con más o menos edad, han puesto siempre el nombre de Cuba en los más altos escenarios del mundo, ya sea con las pluma, la palabra, los lienzos e instalaciones plásticas, las más reveladoras notas musicales o la pantalla gigante del séptimo arte. Pero también estuvieron nuestros periodistas y críticos de arte, nuestros historiadores e investigadores y hasta los representantes y dirigentes de nuestras instituciones culturales.

Presente en todo momento, estuvo también la visión constante de Fidel, la presencia indiscutible de Raúl y el llamado a la preservación de lo más genuino y auténtico de nuestra obra, ya sea desde el fortalecimiento de la enseñanza artística, la cultura comunitaria, el turismo cultural, la formación de valores, la educación general, el perfeccionamiento de la labor de nuestros medios de comunicación o el ejercicio de la crítica.

No faltaron las reflexiones precisas y oportunas de los dirigentes de nuestra Revolución, los más diversos enfoques derivados de los informes de las Comisiones de trabajo, la experiencia aportada por figuras ilustres como Hart, la joven palabra de otros como Kcho, la visión y sencillez de Mario Balmaceda, el análisis de Padura o Amaury, la poesía de Silvio, la experiencia de la maestra Graziela Pogolotti y las remembranzas de tantos otros.

El Congreso ha sido –desde la propia presentación de su informe central- la certeza de que la vanguardia artística cubana es y seguirá siendo por sobre todas las cosas, la Revolución en sí misma, más allá de los cambios necesarios y profundos que hoy la sociedad demanda; pero con la satisfacción eterna de seguir unidos en pos de sueños precedidos por siglos de luchas y tradiciones comunes.

Para los más jóvenes revolucionarios – que lo hemos presenciado sin estar físicamente pero presentes en cada idea expresada – este encuentro ha sido también, una escuela de la que hemos aprendido a ser más fuertes y a respetar cada vez más, a los tantos hombres que desde las más disímiles formas, han forjado y fortalecen hoy nuestra cultura.

Y aunque desde el exterior se ha silenciado – de manera más que intencionada- la trascendencia de esta fiesta cultural que ha sido el VII Congreso de la UNEAC, hoy nuestro pueblo sabe apreciar que detrás de cada una de estas horas de trabajo intenso, nuestros escritores y artistas han fortalecido más nuestra unidad, nuestras ideas, nuestra sociedad y nuestro futuro.

Sobran entonces las misiones y tareas encomendadas o los intentos de calificaciones; las dejo en voz de otro de nuestros grandes maestros de estos días, Eusebio Leal: “Nosotros lo que tenemos es que luchar, desde nuestras obras, para que se laven las conciencias de todos los cubanos; para que el mundo sienta que se cumplen aquellas palabras bellas de Martí cuando dijo: ¡Qué misterio dulcísimo tiene esa palabra: cubano!”

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Por Leticia Martínez y Pedro de la Hoz

Con un fuerte abrazo de parte de Fidel y de sí mismo, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, se despidió de los delegados al VII Congreso de la UNEAC, ayer en el Palacio de las Convenciones.

Inmediatamente después de que el miembro del Buró Político y ministro de Cultura, Abel Prieto, pronunciara el discurso de clausura del cónclave, el Segundo Secretario del Partido, ante un plenario puesto de pie, compartió impresiones con los escritores y artistas allí reunidos.

Consideró que este había sido un gran Congreso, con mucha discusión. Expresó estar de acuerdo con la mayoría de las opiniones, mientras algunas, las menos, sinceramente no las compartía. Sin embargo, resaltó que para esa diversidad de criterios luchábamos, y recordó cómo siempre había sostenido que de las mayores discrepancias salen las mejores decisiones.

Raúl valoró la entrega de tres obras de arte, la primera surgida del pincel de la artista Flora Fong para Fidel, especialmente concebida para avalar su proclamación como Miembro de Mérito de la UNEAC; las otras dos, de manos del pintor pinareño Humberto Hernández y su colega habanero, Vicente Hernández.

Este último obsequio lo agradeció de manera particular, en tanto evoca el arribo del barco El Pinero a Batabanó en mayo de 1955 con los moncadistas recién excarcelados. Dijo que simbolizaba la libertad personal al salir del presidio, y la libertad mayor de empezar a luchar por su país con las armas en las manos, y comentó que a pesar de que de eso hace más de medio siglo, él conservaba aún el espíritu de combate que nunca puede faltar independientemente de la edad que se tenga.

Raúl sazonó sus palabras con una anécdota: contó cómo la noche anterior, mientras cenaba en familia junto a algunos de sus nietos, uno de ellos, que cursa cuarto grado, se apartó un momento para consultar algo con su padre “y se dirigió adonde yo estaba y me dijo: ‘Abuelo, te quería hacer una proposición’. Digo: ‘¿Cuál?’ ‘Yo creo que deberíamos tener un canal de televisión para los niños’. Pregunto: ‘¿Para qué?’ Y me dice: ‘Para ver muñequitos’. Y yo le contesté: ‘Se ve que estás influido por el último Congreso de la UNEAC’”.

Durante la sesión de clausura, presidida también por los miembros del Buró Político del Partido, Esteban Lazo y Carlos Lage, se dio a conocer la nueva directiva de la UNEAC, presidida por el poeta, novelista y etnólogo Miguel Barnet.

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