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Archive for 17/01/11

Por Guillermo Castro H.

Para Gabrielle Gifford, que lucha por su vida en Tucson, Arizona

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El 8 de enero pasado, en Tucson, Arizona, Jared Loughner, un joven desquiciado, disparó en un acto público contra la congresista demócrata Gabrielle Gifford, la cual resultó herida de gravedad, al tiempo que otras seis personas fueron asesinadas. Los motivos del homicida, arrestado de inmediato por las autoridades, parecen estar vinculados a su desequilibrio mental. Aun así, el hecho de que el atentado ocurriera en momentos en que los Estados Unidos enfrentan una severa crisis económica y una escalada en la agresividad política de los sectores más conservadores de esa sociedad, mueve a reflexión –una vez más– sobre el papel de la violencia en la historia de ese país.

Al respecto, diversos comentaristas de medios de prensa de norteamericanos han hecho referencia al asesinato del Presidente James Garfield en 1881, precedido en 1865 por el de Abraham Lincoln y seguido por los de William McKinley en 1901 y John F. Kennedy en 1963. En todos los casos, los homicidas -John W. Booth, Charles Guiteau, León Czogolz, Lee H. Oswald y el propio Lougher- resultaron ser individuos perturbados, de oscuro origen social y sin filiaciones políticas claras, que parecían haber actuado por propia iniciativa.

Desde una perspectiva latinoamericana, la reflexión sobre estos hechos puede y debe ser enriquecida con el aporte de los numerosos artículos que el escritor cubano José Martí –por entonces exilado en Nueva York, donde era corresponsal del periódico La Opinión Nacional, de Caracas– dedicara a la muerte de Garfield y al juicio y ejecución de su asesino, entre septiembre de 1881 y junio de 1882. Así, por ejemplo, hoy –cuando se discute si Jared Lougher mantenía vínculos con la extrema derecha conservadora, o simplemente se vio estimulado en su locura por el clima de confrontación política que ésta promueve-, conviene recordar lo que observara Martí sobre los motivos de Charles Guiteau para atentar contra el Presidente Garfield. Dijo entonces el cubano:

“Más ¿quién sabe cuántos empujan la mano que finalmente que al fin cae sobre la víctima? ¿quién sabe qué misteriosos y grandes cómplices tendrá este hombre, de cuya complicidad ni él mismo sospecha?¿Qué lazo singular ha venido a unir a un mismo tiempo el resultado de los insanos y desmesurados apetitos del asesino, y el interés de un partido político, que con la vida y actos de Garfield no tenía ya esperanza alguna de existencia?¿Qué sutil veneno no se habrá tal vez vertido por hábiles manos en el espíritu de este criminal, conocido y servidor de todos aquellos en quienes caería irremediablemente la herencia del poder, si muere Garfield? A tales abismos desciende el interés humano, – y había postrado en tierra la inusitada y brillante energía del nuevo Presidente tantos intereses; había arremetido, con tan noble vehemencia, contra los que, en su provecho y en el de su gloria, estaban en camino de deshonrar a su partido y a su patria; había levantado tan alta valla a ambiciones desmedidas, ilimitadas, criminales; había hecho saltar, como acero mal templado, planes e intrigas tan trascendentales y sombríos, – que si el ánimo generoso se aflige de dar cabida a una sospecha injusta, las lecciones históricas, los intereses en lucha, y el carácter y momento del suceso la hacen surgir y la autorizan.” [1]

De entonces data, también, la observación que hace Martí en un artículo posterior, donde relata lo siguiente:

“Un americano pregunta al Sun de Nueva York: – “Al señor editor del Sun.- Señor.- Este es un gran país, y sin embargo, es un hecho que dentro de los últimos 16 años dos Presidentes ha muerto asesinados; otro Presidente fue procesado; y a poco se le echa de su puesto; y otro Presidente ocupó su puesto por abominable fraude. ¿No es éste un interesante estado de cosas? ¿Qué viene ahora?”. [2]

El “¿Qué viene ahora?” del lector del New York Sun en 1881 sigue teniendo una preocupante vigencia. En los Estados Unidos -como en todas las sociedades desarrolladas al calor de las contradicciones y conflictos característicos del moderno sistema mundial-, la violencia ha desempeñado un papel en su vida política. Además de las víctimas de atentados individuales, por ejemplo, más de 600 mil norteamericanos perecieron en la Guerra Civil de 1860–1865, una cifra equivalente a las bajas combinadas de combatientes en todas las guerras con otros países en que se ha visto involucrado el Estado norteamericano.

Convendrá, una vez más, prestar atención a los llamados a la reflexión y la cordura que han hecho tanto el Presidente Obama como Fidel Castro, que en esto han coincidido por encima de las diferencias que los separan en otros múltiples terrenos. Lo ocurrido a la congresista Gifford –una demócrata liberal, comprometida con la reforma migratoria y la lucha a favor del ambiente en su país y en el mundo– ha sido, en efecto, un crimen atroz cometido en un clima de antagonismos exacerbados. Que haya o no complicidades de otros en el hecho es algo que corresponderá establecer a la justicia norteamericana. Para el mundo entero, sin embargo, como en primer lugar para los propios norteamericanos, resalta hoy el contraste entre una cultura política que favorece un clima de complicidades entre partidarios de la confrontación, y otra que favorece un clima de responsabilidad hacia las normas, los valores y las instituciones que garantizan la convivencia ciudadana en una circunstancia política tan compleja y difícil como la que enfrentan hoy los Estados Unidos.

Gabrielle Gifford ha sobrevivido al intento de asesinarla. Esperemos que eso anuncie, también, que sobrevive la disposición de quienes creen en los valores de la libertad, la democracia y el gobierno de todos para el bien de todos, para encarar y revertir la agresividad creciente de quienes no creen en esos valores y se esfuerzan cada día en erradicarlos de la vida política, allá, acá, y en todas partes de un mundo en crisis.

[1] “Carta de Nueva York.” La Opinión Nacional, Caracas, 5 de septiembre de 1881. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 8.

[2] “Cartas de Nueva York. Expresamente escrita para La Opinión Nacional. Garfield ha muerto.” La Opinión Nacional, Caracas, 19 de octubre de 1881. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 45.

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Poemas rompiendo silencios

infografia-antonio-guerrero-rodriguez-cubadebatecu2.jpg“Mi estancia en el Centro de Transito Federal de Oklahoma fue larga. Dieciocho días, aislado, en una celda del llamado “hueco”, días que parecieron una eternidad.
Con algo de papel y diminutos lapicitos, fui escribiendo el diario de estas jornadas, así como un grupo de cartas personales y muy especiales, nacidas en esa soledad, donde, parafraseando versos de Juan Ramón Jiménez, diría: “Tú eres dios de tu pecho, tú eres solo Universo, tú eres uno en tu centro”.
Sólo una parte de ese diario y una de las nueve cartas escritas llegaron a su destino. Me dolió muchísimo que esto pasara, y recurrí a la poesía para revivir las vivencias de aquel aislamiento y, de alguna forma, reponer la irreparable pérdida. Del 3 al 16 de marzo, ya en Florence, nacieron estos poemas, a modo de diario, los que sugiero se lean como un solo poema (como se dice han de leerse los famosos Sonetos de Shakespeare, claro que salvando la gran diferencia entre esa obra clásica y esta modesta creación). Para este poemario decidí escribir versos decasílabos con una rima libre, en la cantidad de versos del soneto. No es mi objetivo la búsqueda de belleza rítmica o de perfección de estrofa, mucho menos crear algo novedoso.
Sólo pretendo llevar al lector hasta los rincones de mi alma por aquellos días de injusto y total aislamiento, aunque también, como dijera Darío: “mi protesta queda escrita” contra el trato y contra la inusual perdida”.

Así nos habla Antonio Guerrero Rodríguez, nuestro Tony, uno de los cinco cubanos prisioneros injustamente en Estados Unidos, de uno de sus poemarios más dolorosamente concebidos: hablamos de “Un lugar de retiro”, que viera la luz el pasado año, gracias a una iniciativa de la Editorial Vigía, de la Ciudad de Matanzas.

Conmovido por la grandeza humana que emana de estos versos, Silvano, un amigo de Cuba y de los 5, tuvo la feliz iniciativa de que publicáramos  en Internet -en la mayor cantidad de sitios y traducidos al mayor número de idiomas posibles-  los poemas que Tony escribiera en su celda de aislamiento y que conformarían luego “Un lugar de retiro”.

Cada día, nos propone Silvano, a partir del 26 de enero y hasta el 12 de febrero de 2011, se publicará en blogs, listas de correo y en las páginas digitales o escritas que lo deseen, el poema que corresponda a ese día, escrito por Tony un año antes, es decir, entre el 26 de enero y el 12 de febrero de 2010. En italiano, inglés, francés, portugués, y hasta en ruso, búlgaro, azerí, chino, o alemán, los poemas de Tony surcarán el ciberespacio, derribando muros de silencio.

Sea esta una forma más de demostrar a los Cinco nuestra solidaridad, nuestro cariño, la seguridad en la certeza de sus acciones, y también de gritar al imperio, desde todos los rincones, ¡¡Libertad a los 5, YA!!

Digamos como Tony:

“Hay cansancio, pero no me rindo.
Hay cortaduras, pero no sangro.
Tanta fatiga, tantos dolores
calmo con el amor de mis sueños,
hechos  de una materia invencible
que no reconocen los guardianes”.


Los invitamos a participar en esta nueva acción poética “Poemas rompiendo silencios” en solidaridad con los 5 y muy en particular, en homenaje a Antonio Guerrero, un hombre que incluso en las más terribles circunstancias, nunca ha perdido su valor y su sonrisa.

Si quieren recibir alguna de las traducciones por correo electrónico para incorporarse a la campaña, pueden escribirnos hasta el 24 de enero a:

POEMAS TONY <tonyunlugarderetiro@gmail.com>,

A partir del 26, ya deberán comenzar a publicarse los poemas.


Ver Infografía en Cubadebate

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