Por Varela
No. El título de ésto no es un lema de campaña ni la cabeza de un guanajo.
Tampoco estoy haciendo proselitismo por demócratas o en contra de republicanos. No me confundan.
Simplemente estoy cansado de que me tomen el pelo en este país y mis hijos, después de 30 años pagando impuestos, ahora no tienen plan de salud en la Florida.
Sólo quiero razonar con mis lectores. Y para hacerlo debemos ser prácticos y franquearnos.
Olvidemos por un momento que David Rivera dice mentiras. Él no las dice porque le convenga sino porque está enfermo: es mitomaníaco y eso es un defecto mental.
Pensemos también que cualquiera tiene un día violento, y obviemos el día que David creó un accidente de tránsito para que los votos de su contrario no llegasen a tiempo.
Dejemos en el cuaderno de lo estrictamente personal (que lo es) el hecho de que le dio un gaznatón a una mujer — lo hizo en un arrebato de celos — y ésta le puso una orden de restricción que luego desestimó (que cualquier mujer lo desestima también si recibe dinero en ese trance).
Fíjense cómo le estoy pasando la mano a Rivera.
Concentrémonos solamente en su gestión política contra la de Joe García.
Por ejemplo, a Rivera le interesa un rábano nuestro porvenir porque no quiere que tengamos una mejor salud o un mejor tratamiento a nuestras enfermedades (se opuso de lleno al plan de salud de Obama).
Sin embargo García está de acuerdo con ese plan, por lo tanto, quiere mejorarnos la salud y nuestros seguros a usted, a mí, a su familia y a la mía.
Rivera — porque representa altos intereses anticastristas que quieren estrangular al gobierno cubano para comprar la isla de punta a cabo — no desea que nos acerquemos a nuestros hermanos y familiares en Cuba. Y los envíos de medicina, comida y ropa (así como los viajes a la isla) los ve como una forma de perpetuar al gobierno cubano.
García vibra en otro plano filosófico pues busca la reunificación familiar, el establecimiento de mejores lazos entre los cubanos (incluso culturales) y la necesidad de formar una nueva política — más coherente — hacia Cuba, pues la vieja política no ha trabajado en medio siglo y ha perpetuado viejas normas.
Ésto no lo he leído en ningún lado, ésto me lo ha comentado García personalmente y porque García fue incluso uno de los políticos que cuando mi incidente del Herald trató de salvarme la vida llamando desde París al jefe de la policía Timoney para decirle que no me tirotearan (que Timoney le respondió que lo mismo cerraba el periódico por tres días y me subía pizza).
En cuanto a Rivera — con quien nunca he hablado pero sí he leído todo lo que dice y desdice — en el fondo es una continuación (empeorada incluso) de Mario Díaz-Balart… y no porque Mario tuviese una mejor agenda (que tuvo la misma de Rivera) sino porque Mario es menos cínico.
Cuando le preguntaron una vez a Díaz-Balart que si había recibido dinero de empresas que tenían negocios con Cuba dijo que habían sido contribuciones de campaña que él no manejó sino su financista. Fue una evasiva, no una mentira.
Pero Rivera hubiera contestado que eso era un chisme inventado por agentes castristas en Miami.
Para concluir, si localmente estamos mal representados en el Congreso porque hay más desempleados que turistas; si existe tan mala atención médica hacia niños y ancianos en centros comunitarios que tenemos miedo a tener hijos y a envejecer; y si nuestro sistema educacional público se desmorona tanto que muchos estudiantes están optando por hacer (y pagar) sus cursos en internet…
… si queremos cambiar eso no podemos votar por más de lo mismo sino por lo que nos dice la lógica.
Y el único cambio que los floridanos podemos hacer y que está en nuestras manos este noviembre, es poner a Joe García en el Congreso.
Eso es todo.
Por primera vez en más de 20 años podemos sacudirnos una crápula ultraderechista de encima que sólo representa a los poderosos y no le importa la clase media.





