Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 25/03/10

 Hoy hemos recibido dos trabajos sobre la realidad argentina actual, enviados por sus autores. Dos trabajos que estamos seguros despertaran polémica, pero que reavivan un debate que no podemos obviar y al que, incuestionablemente, tendrá que sumarse no sólo la intelectualidad argentina, si no todos los estratos de su población. Puede Usted estar a favor o en contra… pero no puede negar la realidad de los hechos que aquí se plasman. 

dictadura3fh.jpg

 1

 Reflexiones desde dentro
Por Melina Slobodian  
 

El 24 de Marzo ha cobrado un nuevo significado en mi vida: si bien lo conocí cuando comencé la Universidad… este cobró muchísima profundidad cuando me junté con Oscar. El solo estar a su lado me ha hecho vivenciar una realidad distinta de la del resto de los argentinos que no “tuvieron nada que ver”… y comprobar en la práctica todo lo que falta para que el pueblo argentino se haga cargo de la real dimensión de lo acontecido y no que la repare, sino que la justicie (que son cosas distintas).  

Cada cosa tiene un lugar en los hechos, tanto en el pasado, en el presente y en lo que está por venir y veo en este presente demasiadas injusticias y faltas a la verdad en las que incurrimos casi cotidianamente nosotros mismos los que clamamos JUSTICIA.  

Vivo con un botón de esos que sirven para muestra. Con ese botón puedo ver en la práctica como se comporta la sociedad argentina y los propios compañeros y para decir mi verdad francamente no me gusta lo que veo… por injusto, por desmedido y hasta a veces por mentiroso.

¿Dónde pusimos a las “víctimas” (en el sentido no dramático del término) sobrevivientes? ¿Dónde están? ¿Quienes son? ¿Qué clase de solidaridad tenemos hacia ellos?  

Veo que en esta realidad se le rinde pleitesía a las madres, a los hijos, familiares y me pongo contenta de que la sociedad argentina celebre la recuperación de cada nieto, el reconocimiento de un NN encontrado en una fosa común o en una simple fosa, saludo cada marcha, saludo cada cosa que se haga en esa dirección, yo amo a las madres por su coraje, por ser lucha cuando los otros militantes se replegaban porque los asesinaban como perros… lo mismo ha acontecido con algunas madres y las adoro. Pero pese a todo esto con cada 24 de marzo pienso y me dura todo el resto del año: ¿Quiénes fueron las víctimas directas del 70? ¿Dónde están cuando se hace cada acto?  

Creo que por respeto, por cariño por reconocimiento hacia ellos, su dolor etc., está pasando algo que es muy feo -a mi entender-, los familiares están suplantando a las víctimas… porque hay víctimas vivas cuyas historias merecen ser contadas una y otra vez… pero contribuimos a silenciarlas por respeto a los muertos… pero los muertos no hablan, otros hablan por ellos y eso les puedo asegurar es muy doloroso para aquel que quedó.  

Yo he visto como la gente habla de los convenios colectivos de los 70 y se llena la boca hablando, y cuenta y hace todo el espiche… y habla un familiar y que se yo… toda una perorata y en esa misma realidad, no en una paralela tiene a un hombre de carne y hueso que le puede decir cómo se hizo, le puede contar lo que sucedió, transmitirle sus conocimientos, su experiencia de haber logrado uno de esos convenios… pero  a ése se lo ignora, se lo desconoce, se lo deja en sombras… ¿Qué nos pasa? ¡Estamos colaborando en seguir rompiendo el lazo de las generaciones jóvenes con los militantes de los 70 que son los que tienen esa experiencia de masas (con todas sus buenas y sus malas)!.  

Me duele en el alma pues esta gente sobreviviente que nos puede aportar su experiencia, es gente vieja y veo como se van muriendo en el olvido, en el silencio… para que el subsidio, la pensión o lo que mierda les toque como reconocimiento lo cobren los familiares.  

Esto para mi es muy doloroso… en algún momento me han dicho “parecés cargada de rencor….” Y no, no es rencor… es dolor, es impotencia de ver que está pasando algo injusto que generamos nosotros mismos, saber donde termina y no poder hacer más que resignarme.  

El otro día me vi diciéndole a mi marido: “cuando vos no estés, de seguro me van a venir a buscar para que hable del convenio colectivo del 75 del Astillero, porque lo hiciste vos, ese convenio existió porque exististe vos (y lógicamente un proceso) y te juro por Dios que voy a ir, pero no a interpretar lo que vos hiciste: me voy a subir a un escenario a reputearlos a todos por miserables hijos de puta… porque hoy se lo podés decir vos… por que esperar que te mueras para que recuerden que viviste y que tu experiencia vale oro a la experiencia de la clase obrera”. Cuando vos no estés será mi interpretación fragmentaria, mi carga emotiva y qué se yo que más… pero siempre un fragmento y mío, no tuyo.  

Es muy difícil para mí ver que pasa eso… que eso va a suceder de esa forma y quedarme callada… ver que él se resigne y diga: “y es así, que le voy a hacer: ¿ponerme a disputar figurar en un acto?….  

Esa es mi realidad… ésa es la que se vive en mi casa cada 24 de Marzo. Hace 4 años atrás, trabajadores, agrupaciones de izquierda, gremio, etc., estuvieron en contra de la reincorporación a sus trabajos, a aquellos trabajos de los que la dictadura los despojó… eso lo vi yo… no me lo contó nadie. Esa es la realidad de mi casa.  

También vi esto: este 24 me encontró pintando un mural reconociendo la personalidad y la historia de un militante que murió de viejo y ese mural va a inaugurar que su casa se convierta en un centro cultural comunitario y va a seguir contando definidamente la historia de ese militante de voluntad férrea, tan firme que prefirió 5 años de cárcel (de la dictadura del 76) a ser expulsado a su país…. Y estamos trabajando para que eso ocurra el 27 porque el 24 no podemos porque no nos da bola ni el loro… y el hijo de este hombre escuchando la radio y lo que sucedía en Plaza de Mayo me dice: “me voy a la marcha” (mínimo 1 hora de viaje) y yo le digo sorprendida ¿A dónde? Y me dice: “a la marcha…”  “¡¡Vos estás loco!! ¿Y esto que estamos haciendo? ¿Vos no te das cuenta que es más valioso lo que estamos haciendo acá, con la historia de tu viejo que el ir a una marcha? OK… bueno yo también me voy con vos a la marcha y que el mural que lo termine Mongo y no hacemos nada… vamos a la marcha… y el 27 lo suspendemos, porque no hay mural”.  

Y vuelvo a lo mismo… porque todas las historias son parte de la misma lógica.  

Y les cuento otra para que vean que lo que digo no es un berrinche, ni un rencor: se plantean dar una pensión a la gente que fue reprimida por la dictadura militar (y automáticamente pensamos el 76 cuando nuestro país entro y salió intermitentemente de gobiernos democráticos a dictatoriales desde que es país) y la cosa es así: se habla de represión=cárcel y Oscar no estuvo encarcelado en el 76, lo estuvo en el 69 y el 71 (donde también fue torturado con muchos de los métodos que luego masificaron) y menos mal que en el 76 no lo encontraron para encarcelarlo… porque de haber sucedido, la historia sería otra… su grado de peligrosidad (GRADO 1) indicaba que debía ser asesinado donde se lo encontrara… pero él no fue reprimido… porque no estuvo preso en el 76 y ¿quien le debe dar el certificado de preso para poder reclamar la pensión?: ¿“la dictadura”…? una verdadera locura. 

Se puede decir que como sociedad dimos pasos, se puede decir, se pueden decir muchas cosas a favor y son reales, pero todavía queda mucho por hacer para obtener justicia. Lo único que espero es que no actuemos como nuestro sistema judicial que da la concesión de aborto por violación cuando el bebé tiene 1 año… no hagamos lo mismo… 30 años tardamos en restituirles el empleo (y esto es sólo a una parte) ¿y cuánto vamos a tardar en reconocerlos como se debe? ¿Otros 10 años?… ya estarán muertos y de qué sirve que se los reconozca… Servirá en líneas generales y de la historia y de los procesos pero ¿y la persona? ¿Dónde queda lo humano y lo derecho?  

Vuelvo a recalcar, pongo énfasis en lo que veo mal… pero lo hago desde dentro y para denunciar nuestros errores… lo hago para la reflexión y para avanzar… no para joder ni tirar nada abajo… lo hago porque veo que urge ir más a fondo y más rápido, lo antes posible. 

2 

Anatomía y fisiología de una palabra canalla: “desaparecidos”
Por Juan del Sur 
 

Por supuesto, la desaparición de personas existe, pero esa categoría no es aplicable a las víctimas de la represión, un 78 % de las cuales fue secuestrada ante testigos y otro porcentaje fue visto en centros clandestinos de detención por sobrevivientes de estos lugares.   

El 2 de abril de 1976, al asumir el cargo de ministro de Economía, Martínez de Hoz aseguró que los principales beneficiarios del plan económico que ponía en marcha serían los trabajadores. Algo más de una década después, Menem prometió la revolución productiva y el salariazo. Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito, pero basten estos dos para demostrar que los explotadores jamás le han dicho ni le dirán a los explotados frontalmente cuáles son sus propósitos, empezando por declarar que el sistema que defienden no tiene otro objetivo que el beneficio del capital. De cabo a rabo, pues, el discurso de los opresores es un tejido de mentiras, pero eso no es lo malo. Lo malo es que haya quien se las crea y, peor aún, las propague. En las siguientes líneas vamos a desmontar una de ellas para tratar de descubrir qué mecanismos operan para que sobrevivan y circulen entre nosotros pese a su rampante inadecuación a la realidad.  

Hace algún tiempo estuvieron en un programa de televisión los responsables de una granja educativa para jóvenes con retraso mental, donde la experiencia de trabajar y valerse por sí mismos es utilizada como un camino a la normalización. En su primera intervención en cámaras, el vicepresidente de la entidad se refirió a los educandos -de edades comprendidas entre veintiuno y treinta y pico años- como los “chicos”, ante lo cual la psicóloga de la institución, que lo acompañaba, lo corrigió con un alegato que explicaba por qué a estos jóvenes no había que llamarlos así -sino “colonos” o “jóvenes”-, pues aquella designación es un reflejo de la actitud sobreprotectora de los padres y otros mayores y colaboradores que los ubica en el papel de perpetua minoridad, lo cual conspira contra el desarrollo de su autonomía y entra en flagrante contradicción con los propósitos de la institución. El autor de la gaffe se llamó a silencio, cohibido, y la psicóloga, que entonces asumió la voz cantante, no dejó de llamarlos “chicos” en el resto del programa -por lo menos, medio centenar de veces- al igual que el técnico agrónomo y el casero-encargado en sus apariciones grabadas. ¿A qué viene esta historia?: a que no hay motivo para dudar de las buenas intenciones -respecto al progreso de los educandos- de las autoridades, colaboradores y padres comprometidos en la iniciativa. Sin embargo, el reiterado lapsus -“chicos”-, impecablemente interpretado por la psicóloga, está expresando que hay algo más allá de lo que se declara y se cree sinceramente, un núcleo profundo que, a no dudarlo, está operando y no sólo bajo la forma de aquel traspié freudiano.   

Vaya esta anécdota, en la cual los lectores no tendrán conflicto en admitir el evidente contraste entre el discurso y la práctica, para poder entrar de lleno en otra contradicción originada en el uso de una palabra que es el paradigma de todas las canalladas desinformativas de que se vale el poder para desvirtuar y embrollar la realidad: la palabra es “desaparecidos”, aplicada a las personas secuestradas y mantenidas en cautiverio ilegal -y ulteriormente asesinadas en su mayoría- por fuerzas que respondían a los gobiernos actuantes entre 1973 y 1983. Esta palabra, en el contexto de la caracterización, la denuncia y el reclamo de verdad y justicia sobre los crímenes de entonces, es tan impropia y contraproducente como “chicos” en el asunto anteriormente mencionado. ¿Por qué, entonces, su uso tan generalizado y por qué muchos de los que por su militancia en favor de los derechos humanos deberían proscribirla de su lenguaje y denunciarla cada vez que aparece han llegado, por el contrario, a defender su utilización? Para responder esta pregunta primero tenemos que hacer un poco de historia. 

La idea es no mancharse

“Desaparecidos” fue la palabra que, primero en Guatemala y luego aquí, regímenes que debieron enfrentar la resistencia popular consideraron más ventajosa para desculpabilizarse de los secuestros, cautiverios clandestinos y asesinatos de opositores: la palabrita, además, era funcional para aquellos que no querían saber lo que pasaba, o profesaban una complacencia más o menos explícita hacia la represión, o fingían adoptar una posición de neutrales ante una supuesta “guerra”. “Desaparecidos” tenía el éxito asegurado, en un país en el cual más del 90 % de las personas se identifica con los partidos “populares”, cómplices -o autores ellos mismos- de la represión y el terrorismo de Estado. 

Casi todos habremos visto u oído alguna vez esa grabación en la cual Videla se refiere al estatus de la víctima de esta modalidad represiva diciendo que “mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial… No tiene entidad, no está ni muerto ni vivo. Está desaparecido”. También -entre otros- Viola y el propio “Informe final” de la dictadura sobre la represión desarrollaron con vilezas parecidas esta teoría de las “desapariciones”. Hitler -siempre un precursor- tenía otro nombre, “reubicados” para referirse sin ensuciarse a los deportados y asesinados en masa. Es obvio que una estrategia que comienza por negar la existencia del propio delito es la mejor defensa para el autor de éste. Por supuesto, la desaparición de personas existe, pero esa categoría no es aplicable a las víctimas de un plan que se propuso el exterminio de una ascendente generación de militantes sociales, un 78 % de las cuales fue secuestrada ante testigos y otro porcentaje fue visto en centros clandestinos de detención por sobrevivientes de estos lugares. Incluso, respecto de los no comprendidos en esos casos, las circunstancias de su militancia político-social y otros pormenores hacen enteramente plausible la posibilidad de que hayan corrido la suerte de los anteriores. 

 Por fin, los denominados en la Argentina “desaparecidos” no están en la misma situación de aquellos a quienes se les ha perdido el rastro en el medio del pandemonio de una guerra, con grandes batallas, bombardeos devastadores, evacuaciones, migraciones y deportaciones masivas o de aquellos otros que se han visto envueltos en una gran catástrofe y no se los encuentra ni vivos ni muertos. En cambio, las personas de las que aquí no se tuvo más noticias tras haber sido víctimas de la represión fueron secuestradas en el marco de jurisdicciones bien delimitadas, con responsables definidos y en función de objetivos claramente determinados. Este carácter quirúrgico, dirigido específicamente contra quienes la dictadura tenía motivos para considerar enemigos peligrosos (¡muy distinto de la “represión indiscriminada”, según nos enseñaban las Madres de Plaza de Mayo!) excluye la posibilidad de aplicarles la categoría de “desaparecidos”, pues hacerlo, justamente, los priva de su ser más esencial: la causa por la que vivieron, lucharon y murieron. 

 Las palabras no son entidades inertes 

 A esto lo único que se opone es una comprobación de hecho: “la gente los conoce así, el mundo les ha dado esa denominación a las víctimas de ese delito al convertirse en una modalidad específica de la represión en América latina”. Para empezar, “el mundo” no ha sacado espontáneamente de su magín esa denominación: ella es un triunfo de los asesinos y una muerte más para las víctimas. Veámoslo de este otro modo: “el mundo” puede llamar “degenerado” a quien tiene una elección sexual diferente a la de la mayoría. Pero si éste y quienes tienen una visión más amplia o distinta sobre ese tema aceptan pasivamente esa denominación, aceptan con ella la carga emocional, ideológica y jurídica -cultural, en suma- que decide su destino social. 

 Por eso, por ejemplo, un homosexual con las ideas claras no se llamaría a sí mismo degenerado, ni alguien detenido irregularmente y mantenido en cautiverio ilegal se referiría a sí mismo como desaparecido, sino que si pudiera -y como una tarea más derivada de su compromiso militante- trataría de que la sociedad asumiera su responsabilidad ante ese grave delito y, con ella, tomara conciencia de las realidades políticas que lo originan. 

 Es monstruoso que los llamen así quienes, por ejemplo, han sido testigos del secuestro y cuentan cómo quedaron en el marco de la puerta la huella de sus uñas como signo de su desesperado intento de resistencia cuando lo arrancaban de su casa. 

 ¿”Desaparecido” el trabajador judicial que fue detenido en el propio juzgado por militares del Ejército uniformados, tras apersonarse quien los comandaba ante el juez y pedirle que llamara a la víctima a su despacho para poder llevársela sin escándalo? (ese mismo juez puede luego contestar en forma negativa el hábeas corpus presentado por los familiares del secuestrado). Respecto de esa metodología represiva, el caso de las trescientas personas que se llevaron de Libertador y Calilegua, en Jujuy, es paradigmático: una operación de la que participan autoridades que permiten el corte de luz en dos pueblos, responsables de las empresas generadoras de electricidad que los practican, militares, gendarmes, policías, directivos de Ledesma que ceden los camiones, choferes y miles de testigos, no es una operación de la cual resulten “desaparecidos”: ¡toda la sociedad sabe con certeza absoluta quién se los ha llevado! Por más que las Fuerzas Armadas respondan con evidente cinismo “nosotros no los tenemos, no sabemos dónde están, están desaparecidos”, la sociedad, ya lo hemos visto, sabe que no es cierto. Sabe que no es cierto, pero marche preso. O secuestrado. 

 Por lo tanto, llamarlos “desaparecidos” es querer dejar de saber lo que se sabe, propagar una mentira, no hacerse cargo de la realidad de los hechos, quitar a los secuestradores la responsabilidad que han contraído acerca de las personas que han tomado prisioneras. 

 ¿Qué hay detrás de esto? 

 Por lo menos, una de cada dos personas con que uno se tropieza por la calle ha votado por el peronismo en todas las elecciones desde la restauración de las instituciones republicanas; más del 90 % de los que se apretujan en el padrón electoral han puesto sus boletos en las patas de los “partidos populares”, sean éstos del ámbito nacional o provincial. Todos ellos conforman la “opinión pública”. ¿Quién se atreve con este monstruo, quién quiere impugnar sus prejuicios políticos? Para hacerlo hay que tener convicciones sólidas, honestidad y coraje. Esas virtudes, en circunstancias críticas, suelen ser premiadas con la muerte. Como dice el proverbio árabe: “Dad un caballo al que dice la verdad. Lo necesitará para huir”.  

 Sin llegar a tanto, no hay muchos capaces de soportar el ostracismo entre sus propios contemporáneos: a la gente le gusta el calorcito. Más vale hablar de “desaparecidos” que quedarse afuera, a la intemperie, por empecinarse en hablar de política. ¿En qué sentido? Lo hemos dicho: si hay un delito, hay responsables. Si el delito es a escala individual, serán responsables particulares o grupos sin incidencia en las decisiones del poder. Pero existirán responsabilidades políticas si los delitos provienen de una dirección común y atañen a la sociedad en general. Y frente a estos últimos, los obligados a darles resolución son los partidos políticos, entre los cuales los mayoritarios son los que decidirán la actitud que ha de tomar la sociedad. 

 La palabra “desaparecido” les permitió a esos partidos mirar para otro lado (a los partidos y a la ciudadanía): si están “desaparecidos” no sabemos dónde buscar, qué hacer. Si se hablara de secuestrados por los militares se sabría que hay que buscar en los cuarteles, mirar hacia el gobierno: interpelar a éste, presionarlo, acusarlo, acorralarlo, responsabilizarlo. La palabra “desaparecido” abre un cono de vacío, de silencio, de bruma, así como la palabra secuestrado ilumina nuevas categorías: hay un delito, una víctima, unos delincuentes, cómplices y entregadores, alguien para rescatar. Y hay una sociedad agraviada, y móviles, como en todo delito. Si desde un principio se hubiera esgrimido esta palabra como un arma, a despecho de los esfuerzos de los represores por imponer la otra, hoy en cada uno de esos casilleros tendríamos nombres u situaciones concretas. Por ejemplo, la mayoría de los políticos que han sido favorecidos por el voto popular desde el ‘83, o estarían escondidos, o purgando sus crímenes, o habrían emigrado siguiendo la ruta del producto de sus rapiñas: ¡cuánto dolor y cuánto desastre nos hubiéramos ahorrado! 

 Por ello, la palabra “desaparecido”, aplicada a las víctimas del genocidio, tendría ser como un test: quien la usara debería quedar en evidencia como un imbécil o un canalla.

  Portadores sanos y de los otros 

 “Entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra”, dijo Bécquer. La palabra justa, la palabra verdadera, porque la falsa sólo nos lleva a estrellarnos en lo insondable. Por ejemplo, “los desaparecidos están todos en el exterior”, frase que esgrimían aun las buenas personas que no querían ver la realidad, no se hubiera podido enunciar cambiando “desaparecidos” por “secuestrados”. “Desaparecidos” era funcional a un discurso. Una pieza dentro de un engranaje ideológico del cual no participaban únicamente sus usufructuarios sino las víctimas que no tenían la integridad o la preparación necesaria para examinar la realidad con mirada propia. Recordemos que, creyendo hacerles un favor a sus hijos detenidos-desaparecidos, las madres sostenían aquello de “mi hijo era un buen chico, trabajaba y estudiaba y no se metía en nada” o lo de la “represión indiscriminada” que repetían hasta desgañitarse oscureciendo y confundiendo todo. Pero esas -aclaremos- son expresiones bien intencionadas, aunque desesperadas. En cambio, cuando se les ofrece la ocasión, los políticos del sistema suelen decir “todo el pueblo argentino se opuso desde el primer momento a los crímenes de la dictadura”: claro, mezclados en la muchedumbre ellos obtienen también su salvoconducto. Para ocultar un elefante en la calle Florida sólo hay que llenarla de elefantes. 

 ¿Alguien oyó jamás de Hadad, González Oro, Menem, Balbín, Feinmann, Mauro Viale o Grondona la expresión “detenidos-desaparecidos”? No, ellos son súper consecuentes. El último de los nombrados, Grondona, dijo en su programa “Hora Clave” que durante la dictadura “no quería enterarse mucho de lo que pasaba. Dudaba: ¿será verdad lo que se dice?”. Si quería saber si era verdad, podía averiguar; si no supo es porque no averiguó, o sea, no quería saber. Además, si muchos pobres y desconectados mortales sabíamos, es totalmente increíble que él, periodista y con contactos en todos los ámbitos, no supiera. Pero hay algo más decisivo para juzgarlo que esta legítima deducción: cuando “supo” (admitió saber) cuál había sido la verdad sobre los que él llamaba “desaparecidos” siguió pese a ello llamándolos del mismo modo, y no secuestrados o detenidos-desaparecidos. 

 A los militares secuestrados por las organizaciones guerrilleras no se los llamaba desaparecidos en los comunicados oficiales ni en la prensa, ¿por qué sería?, aunque efectivamente estuvieran mejor encuadrados en este significante que quienes habían sido aprehendidos por los militares, los cuales están organizados en estructuras institucionales con responsables individualizados, con afincamientos mayormente ubicables y, en aquel entonces, una cúspide única reconocible en la junta militar. 

 Identidad, sí, pero… ¿cuál identidad? 

 Así como las Madres demandan verdad y justicia pero poco favor le hacen a la verdad al aceptar la mistificación de “desaparecidos” sobre la base de posturas oportunistas (¿“la sociedad, el mundo los conoce así”, dicen?: los conoce mal, debemos responderles), las organizaciones HIJOS y Abuelas expresan una verdadera obsesión por el tema de la identidad. Pero, cuidado: identidad es identidad biológica, filiación, nombre, pero también historia. Y la historia es política, lucha y, generalmente, represión: y como parte de ella, secuestros, con autores, cómplices y avestruces que no quieren ver. ¿Qué debemos hacer, cavar pocitos para que escondan la cabeza o ponerles la realidad delante de los ojos? 

 Si el uso del nombre “desaparecidos” respecto de las víctimas directas de la represión es canallesco, respecto de los hijos de estas víctimas es, además, destructivo. Tomemos el caso de las hermanas Jotar, hijas de detenidos-desaparecidos, una de las cuales al momento del secuestro de sus padres tenía edad suficiente como para advertir conscientemente la ausencia de ellos: su percepción “mi mamá me abandonó” tiene una sola respuesta capaz de no destrozar los vínculos fundantes de su personalidad; no la explicación de Videla, sino la verdad de cómo y por qué le arrancaron la madre de su lado.

 Y si para explicarle a la hermanas Jotar la definitiva ausencia de sus padres hay que apelar a la verdad, administrada con la debida delicadeza, ¿por qué escamotearle a la sociedad esta verdad, por qué no ponerle las palabras justas, por qué hacerla digerible para los hipócritas, ávidos de esa oportunidad? Esos “por qué” tienen, desde ya, una respuesta: limitaciones políticas, de clase, de coraje. Porque el único coraje no es tomar un arma: también lo es desprenderse de hábitos intelectuales, prejuicios. Hace falta coraje para dejar de mantener nuestras ideas cuando sólo encubren nuestras debilidades o nuestra pereza intelectual. 

 Se empieza cediendo en las palabras… 

 Lo decía Bacon: saber permite prever, y sólo quien es capaz de prever tiene poder, el poder de modificar su realidad. El saber empieza por llamar a las cosas por su nombre; de las palabras derivan reglas para la acción: si llamamos “calambre en un muslo” a una fractura de fémur vamos a dejar rengo a alguien. Nosotros nos referimos a los revolucionarios de Mayo como “patriotas”, pero desde el ángulo de los intereses de la Península ellos podían ser los rebeldes, los sediciosos o, aun, los delincuentes subversivos. Entre dos bandos en guerra no hay un marco para un lenguaje común respecto de las cuestiones en disputa: lo que para uno son “legítimos derechos”, para otro son “pretensiones inadmisibles”. El lenguaje tiene una función explicativa de la realidad y una misión unificadora… de lo que puede ser unificado: no los asesinos con sus víctimas, no los explotados con los explotadores. ¡Qué lamentable que nosotros mismos digamos “la crisis debemos pagarla entre todos”, sin pensar que “crisis” es un eufemismo para los incautos que encubre una furiosa guerra de concentración capitalista! ¡Con cuánta ligereza hablamos de “ajuste”, cuando se trata de una redistribución regresiva del ingreso, o sea cuando nos meten la mano en el bolsillo para sacarnos lo poco que teníamos!

 Los populistas hacen un culto de todas las debilidades ideológicas del pueblo. No sólo no les parecen lamentables y dañinas, sino que nos quieren hacer creer que son admirables. Como decía Zitarrosa: 

 “La pobreza y la ignorancia
del pueblo, son sus amores:
no encuentran causas mejores
para comprarse otra estancia”. 

 En la Carta sobre el humanismo (1947) Heidegger enuncia una de las más célebres frases del pensamiento del siglo XX: “La palabra -el habla- es la casa del ser”. Un año antes, en “L’Unitá”, Pavese escribió: “En las palabras que adoptas está tu clase y tu trabajo, lo que sabes, lo que comes, las personas que frecuentas. Todo está en las palabras”. 

 Muchas veces lo hemos olvidado. Medio siglo después de que ellos nos previnieran, un economista tuvo ocasión de verificar los daños: “El capitalismo de hoy, que invade culturas, disloca sociedades, destruye soberanías y decide nuestro futuro, ¿cómo no iba a robamos el idioma?”, escribió Manuel Fernández López en su columna en “Cash”. Y continuó diciendo que los usufructuarios del orden neoliberal a lo clandestino le dicen “informal”; al trabajo precario, “flexible”, y así siguiendo.  

 Si queremos ponernos la soga al cuello, nosotros podemos hablar de “racionalización” cuando trabajadores son dejados en la calle… como si fuera “racional” que los hombres estén al servicio de la economía y no a la inversa. Y así andamos, tratando de comunicarnos, de entender y de construir con palabras inservibles que nos han sido inoculadas por nuestros enemigos. ¿Qué hacer? Dejemos que lo diga John Berger: “Toda forma de confrontar a la tiranía es comprensible. Dialogar con ella es imposible. Para vivir y morir debidamente, las cosas han de nombrarse debidamente. Reclamemos nuestras palabras”.

Read Full Post »

Por Eugenio Pérez Almarales 

Granma.— Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura, destacó entre los grandes desafíos de la Revolución preservar la memoria cultural de la patria, difundir su historia y estimular la creatividad “para no dejarnos vencer por las dificultades de carácter material”. 

El Ministro de Cultura apreció las esculturas colocadas en el litoral manzanillero

El integrante del Buró Político del Partido intercambió ampliamente con creadores de la provincia acerca de consolidar espacios para el pensamiento y el debate cultural, con la participación de intelectuales de cada localidad, a fin de contribuir a encauzar el trabajo de las instituciones del sector.

“Uno de los temas esenciales es el de las tradiciones de las localidades, en lo cual se debe trabajar para que no se distorsionen, para que sean patrimonio vivo y no arqueológico”, explicó. 

Dijo que es preciso influir más desde la cultura en la formación de las jóvenes generaciones, en el empleo provechoso de su tiempo libre, especialmente cuando se acerca la llegada masiva de quienes estudian en escuelas internas que se trasladan a centros urbanos.

Prieto Jiménez consideró muy importante que circule en Cuba el buen cine, instó a rescatar los cine debates y anunció que las bibliotecas dispondrán pronto de las cien mejores películas, seleccionadas por expertos, para prestarlas a la población, sin ningún interés monetario. 

“En un momento como este, de tanta tensión en términos económicos, tenemos que ser muy selectivos a la hora de respaldar determinados proyectos a los que no les puede faltar apoyo, porque son decisivos para la cultura nacional o de una localidad”, insistió. 

Destacó que apreció en Granma una tremenda vocación de trabajo cultural, “hacen sin esperar por condiciones materiales idóneas, y algo que caracteriza al territorio es la labor en equipo, no ver las cosas en parcelas feudales, sino, considerar la cultura como un todo, como algo que tiene que ver con la gente, con su crecimiento espiritual”. 

Junto a Luís Virelles, primer secretario del Partido en la provincia, el Ministro inauguró la fábrica de órganos de Manzanillo, que se dedicará hasta diciembre a reparar los equipos del territorio y luego comenzará a confeccionar otros para zonas de la Sierra Maestra.

Abel calificó de estimulante el trabajo de la UNEAC, de la Asociación Hermanos Saíz y de las instituciones del sistema del Ministerio de Cultura en la provincia. 

El periplo, de dos días, incluyó un recorrido por el litoral manzanillero, donde exponen de manera permanente esculturas de mármol elaboradas durante el evento Rita Longa y una visita a la Casa de la Trova de la principal ciudad del Guacanayabo, escenario del nacimiento del Movimiento de la Nueva Trova. 

http://www.granma.cubaweb.cu/2010/03/25/cultura/artic01.html

 

Read Full Post »

Reflexiones del Compañero FIDEL: La reforma sanitaria de Estados Unidos

reffidel.JPGBarack Obama es un fanático creyente del sistema capitalista imperialista impuesto por Estados Unidos al mundo. “Dios bendiga a Estados Unidos”, concluye sus discursos.

Algunos de sus hechos hirieron la sensibilidad de la opinión mundial, que vio con simpatías la victoria del  ciudadano afroamericano frente al candidato de la extrema derecha de ese país. Apoyándose en una de las más profundas crisis económicas que ha conocido el mundo, y en el dolor causado por los jóvenes norteamericanos que perdieron la vida o fueron heridos o mutilados en las guerras genocidas de conquista de su predecesor, obtuvo los votos de la mayoría del 50% de los norteamericanos que se dignan acudir a las urnas en ese democrático país.

Por elemental sentido ético, Obama debió abstenerse de aceptar el Premio Nobel de la Paz, cuando ya había decidido el envío de cuarenta mil soldados a una guerra absurda en el corazón de Asia.

La política militarista, el saqueo de los recursos naturales, el intercambio desigual de la actual administración con los países pobres del Tercer Mundo, en nada se diferencia de la de sus antecesores, casi todos de extrema derecha, con algunas excepciones, a lo largo del pasado siglo.

El documento antidemocrático impuesto en la Cumbre de Copenhague a la comunidad internacional ­-que había dado crédito a su promesa de cooperar en la lucha contra el cambio climático- fue otro de los hechos que desilusionaron a muchas personas en el mundo. Estados Unidos, el mayor emisor de gases de efecto invernadero, no estaba dispuesto a realizar los sacrificios necesarios a pesar de las palabras zalameras previas de su Presidente.

Sería interminable la lista de contradicciones entre las ideas que la nación cubana ha defendido con grandes sacrificios durante medio siglo y la política egoísta de ese colosal imperio.

A pesar de eso, no albergamos ninguna animadversión contra Obama, y mucho menos contra el pueblo de Estados Unidos. Consideramos que la Reforma de Salud ha constituido una importante batalla y un éxito de su gobierno. Parece sin embargo algo realmente insólito que 234 años después de la Declaración de Independencia, en Filadelfia en el año 1776, inspirada en las ideas de los enciclopedistas franceses, el gobierno de ese país haya aprobado la atención médica para la inmensa mayoría de sus ciudadanos, algo que Cuba alcanzó para toda su población hace medio siglo a pesar del cruel e inhumano bloqueo impuesto y todavía vigente por parte del país más poderoso que existió jamás. Antes, después de casi un siglo de independencia y tras sangrienta guerra, Abraham Lincoln pudo lograr la libertad legal de los esclavos.

No puedo, por otro lado, dejar de pensar en un mundo donde más de un tercio de la población carece de atención médica y de medicamentos esenciales para garantizar la salud, situación que se agravará en la medida en que el cambio climático, la escasez de agua y de alimentos sean cada vez mayores, en un mundo globalizado donde la población crece, los bosques desaparecen, la tierra agrícola disminuye, el aire se hace irrespirable, y la especie humana que lo habita -que emergió hace menos de 200 mil años, es decir 3 500 millones de años después que surgieron las primeras formas de vida en el planeta- corre el riesgo real de desaparecer como especie.

Admitiendo que la reforma sanitaria significa un éxito para el gobierno de Obama, el actual Presidente de Estados Unidos no puede ignorar que el cambio climático significa una amenaza para la salud y, peor todavía, para la propia existencia de todas las naciones del mundo, cuando el aumento de la temperatura -más allá de límites críticos que están a la vista- diluya las aguas congeladas de los glaciares, y las decenas de millones de kilómetros cúbicos almacenados en las enormes capas de hielo acumuladas en la Antártida, Groenlandia y Siberia se derritan en unas pocas decenas de años, dejando bajo las aguas todas las instalaciones portuarias del mundo y las tierras donde hoy vive, se alimenta y labora una gran parte de la población mundial.

Obama, los líderes de los países ricos y sus aliados, sus científicos y sus centros sofisticados de investigación conocen esto; es imposible que lo ignoren.

Comprendo la satisfacción con que se expresa y reconoce, en el discurso presidencial, el aporte de los miembros del Congreso y la administración que hicieron posible el milagro de la reforma sanitaria, lo cual fortalece la posición del gobierno frente a lobbistas y mercenarios de la política que limitan las facultades de la administración. Sería peor si los que protagonizaron las torturas, los asesinatos por contrato y el genocidio ocuparan nuevamente el gobierno de Estados Unidos. Como persona incuestionablemente inteligente y suficientemente bien informada, Obama conoce que no hay exageración en mis palabras. Espero que las tonterías que a veces expresa sobre Cuba no obnubilen su inteligencia.

Tras el éxito en esta batalla por el derecho a la salud de todos los norteamericanos, 12 millones de inmigrantes, en su inmensa mayoría latinoamericanos, haitianos y de otros países del Caribe reclaman la legalización de su presencia en Estados Unidos, donde realizan los trabajos más duros y de los cuales no puede prescindir la sociedad norteamericana, en la que son arrestados, separados de sus familiares y remitidos a sus países.

La inmensa mayoría emigraron a Norteamérica como consecuencia de las tiranías impuestas por Estados Unidos a los países del área y la brutal pobreza a que han sido sometidos como consecuencia del saqueo de sus recursos y el intercambio desigual. Sus remesas familiares constituyen un elevado porcentaje del PIB de sus economías. Esperan ahora un acto de elemental justicia. Si al pueblo cubano se le impuso una Ley de Ajuste, que promueve el robo de cerebros y el despojo de sus jóvenes instruidos, ¿por qué se emplean métodos tan brutales con los emigrantes ilegales de los países latinoamericanos y caribeños?

El devastador terremoto que azotó a Haití -el país más pobre de América Latina, que acaba de sufrir una catástrofe natural sin precedentes que implicó la muerte de más de 200 mil personas-  y el terrible daño económico que otro fenómeno similar ocasionó a Chile, son pruebas elocuentes de los peligros que amenazan a la llamada civilización y la necesidad de drásticas medidas que otorguen a la especie humana la esperanza de sobrevivir.

La Guerra Fría no trajo ningún beneficio para la población mundial. El inmenso poder económico, tecnológico y científico de Estados Unidos no podría sobrevivir a la tragedia que se cierne sobre el planeta. El presidente Obama debe buscar en su computadora los datos pertinentes y conversar con sus científicos más eminentes; verá cuán lejos está su país de ser el modelo que preconiza para la humanidad.

Por su condición de afroamericano, allí sufrió las afrentas de la discriminación, según narra en su libro “Los sueños de mi padre”;  allí conoció la pobreza en que viven decenas de millones de norteamericanos; allí se educó, pero allí también disfrutó como profesional exitoso los privilegios de la clase media rica, y terminó idealizando el sistema social donde la crisis económica, las vidas de norteamericanos inútilmente sacrificadas y su indiscutible talento político le dieron la victoria electoral.

A pesar de eso, para la derecha más recalcitrante Obama es un extremista al que amenazan con seguir dando la batalla en el Senado para neutralizar los efectos de la reforma sanitaria y sabotearla abiertamente en varios Estados de la Unión, declarando inconstitucional la Ley aprobada.

Los problemas de nuestra época son todavía mucho más graves.

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros organismos internacionales de créditos, bajo control estricto de Estados Unidos, permiten que los grandes bancos norteamericanos -creadores de los paraísos fiscales y responsables del caos financiero en el planeta- sean sacados a flote por los gobiernos de ese país en cada una de las frecuentes y crecientes crisis del sistema.

La Reserva Federal de Estados Unidos emite a su antojo las divisas convertibles que costean las guerras de conquista, las ganancias del Complejo Militar Industrial, las bases militares distribuidas por el mundo y las grandes inversiones con las que las transnacionales controlan la economía en muchos países del mundo. Nixon suspendió unilateralmente la conversión del dólar en oro, mientras en las bóvedas de los bancos de Nueva York se guardan      siete mil toneladas de oro, algo más del 25% de las reservas mundiales de ese metal, cifra que al final de la Segunda Guerra Mundial superaba el 80%. Se argumenta que la deuda pública sobrepasa los 10 millones de millones de dólares, lo cual supera el 70% de su PIB, como una carga que se transfiere a las nuevas generaciones. Eso se afirma cuando en realidad es la economía mundial la que costea esa deuda con los enormes gastos en bienes y servicios que aporta para adquirir dólares norteamericanos, con los cuales las grandes transnacionales de ese país se han apoderado de una parte considerable de las  riquezas del mundo, y sostienen la sociedad de consumo de esa nación.

Cualquiera comprende que tal sistema es insostenible, y por qué los sectores más ricos en Estados Unidos y sus aliados en el mundo defienden un sistema sólo sustentable con la ignorancia, las mentiras y los reflejos condicionados sembrados en la opinión mundial a través del monopolio de los medios de comunicación masiva, incluidas las redes principales de Internet.

Hoy el andamiaje se derrumba ante el avance acelerado del cambio climático y sus funestas consecuencias, que ponen a la humanidad ante un dilema excepcional.

Las guerras entre las potencias no parecen ser ya la solución posible a las grandes contradicciones, como lo fueron hasta la segunda mitad del siglo XX;  pero, a su vez, han incidido de tal forma sobre los factores que hacen posible la supervivencia humana, que pueden poner fin prematuramente a la existencia de la actual especie inteligente que habita nuestro planeta.

Hace unos días expresé mi convicción de que, a la luz de los conocimientos científicos que hoy se dominan, el ser humano deberá resolver sus problemas en el planeta Tierra, ya que jamás podrá recorrer la distancia que separa el Sol de la estrella más próxima, ubicada a cuatro años luz, velocidad que equivale a 300 mil kilómetros por segundo -como conocen nuestros alumnos de secundaria básica-, si alrededor de ese sol existiera un planeta parecido a nuestra bella Tierra.

Estados Unidos invierte fabulosas sumas para comprobar si en el planeta Marte hay agua, y si existió o existe alguna forma elemental de vida. Nadie sabe para qué, como no sea por pura curiosidad científica. Millones de especies van desapareciendo a ritmo creciente en nuestro planeta y sus fabulosas cantidades de agua constantemente se están envenenando.

Las nuevas leyes de la ciencia -a partir de las fórmulas de Einstein sobre la energía y la materia, y la teoría de la gran explosión como origen de los millones de  constelaciones e infinitas estrellas u otras hipótesis- han dado lugar a profundos cambios en conceptos fundamentales como el espacio y el tiempo, que ocupan la atención y los análisis de los teólogos. Uno de ellos, nuestro amigo brasileño Frei Betto, aborda el tema en su libro “La obra del artista: Una visión holística del Universo”, presentado en la última Feria Internacional del Libro de La Habana.

Los avances de la ciencia en los últimos cien años han impactado los enfoques tradicionales que prevalecieron a lo largo de miles de años en las ciencias sociales e incluso en la Filosofía y la Teología.

No es poco el interés que los más honestos pensadores prestan a los nuevos conocimientos, pero no sabemos absolutamente nada de lo que piensa el presidente Obama sobre la compatibilidad de las sociedades de consumo y la ciencia.

Mientras tanto, vale la pena dedicarse de vez en cuando a meditar sobre esos temas. Con seguridad no dejará por ello de soñar el ser humano y tomar las cosas con la debida serenidad y acerados nervios. Es el deber, al menos, de aquellos que escogieron el oficio de políticos y el noble e irrenunciable propósito de una sociedad humana solidaria y justa.

firma-fidel.jpgFidel Castro Ruz
Marzo 24 de 2010
6 y 40 p.m.

Read Full Post »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 44 seguidores