Por Enrique Ubieta Gómez
La absoluta carencia de mártires que padece la contrarrevolución cubana, es proporcional a su falta de escrúpulos. Es difícil morirse en Cuba, no ya porque las expectativas de vida sean las del Primer Mundo –nadie muere de hambre, pese a la carencia de recursos, ni de enfermedades curables-, sino porque impera la ley y el honor. Las Damas de Blanco y Yoani pueden ser detenidas y juzgadas según leyes vigentes –en ningún país pueden violarse las leyes: recibir dinero y colaborar con la embajada de Irán (un país considerado como enemigo) en Estados Unidos, por ejemplo, puede acarrear la pérdida de todos los derechos ciudadanos en aquella nación-, pero ellas saben que en Cuba nadie desaparece, ni es asesinado. Por demás, uno entrega su vida por un ideal que prioriza la felicidad de los demás, no por uno que prioriza la propia. Así que la lamentable muerte de Orlando Zapata, un preso común –de largo historial delictivo, en nada vinculado a la política-, regocija íntimamente a sus hipócritas “dolientes”.
Transformado después de muchas idas y venidas a prisión en “activista político”, Zapata fue el candidato perfecto para la autoejecución. Era un hombre “prescindible” para los grupúsculos, y fácil de convencer para que persistiera en una huelga de hambre absurda, de imposibles demandas (cocina y teléfono personales en la celda) que ninguno de los cabecillas reales tuvo la valentía de mantener. Cada huelga anterior de los instigadores había sido anunciada como una probable muerte, pero los huelguistas siempre desistían en buen estado de salud. Instigado y alentado a proseguir hasta la muerte –esos mercenarios se frotaban las manos con la expectativa de que muriese, pese a los esfuerzos no escatimados de los médicos-, el cadáver de Zapata es ahora exhibido con cinismo como trofeo colectivo.
Como buitres estaban los medios –los mercenarios del patio y la derecha internacional-, merodeando en torno al moribundo. Su deceso es un festín. Asquea el espectáculo. Porque los que escriben no se conduelen de la muerte de un ser humano –en un país sin muertes extrajudiciales-, sino que la enarbolan casi con alegría, y la utilizan con premeditados fines políticos.
El caso de Zapata me recuerda el de Pánfilo: los dos fueron manipulados y de cierta forma conducidos a la autodestrucción de forma premeditada, para satisfacer necesidades políticas ajenas: uno, llevado a una persistente huelga de hambre de 85 días (había realizado ya otras anteriores que afectaron su salud); el otro, en pleno proceso de desintoxicación alcohólica, invitado a beber para que dijera frente a las cámaras lo que querían oir. Me pregunto si eso no es una acusación contra quienes ahora se apropian de su “causa”. Tienen razón al decir que fue un asesinato, pero los medios esconden al verdadero asesino: los grupúsculos cubanos y sus mentores trasnacionales. Zapata fue asesinado por la contrarrevolución.
http://la-isla-desconocida.blogspot.com/2010/02/zapata-un-muerto-util.html
Comp. fotog. RCBaez_Juegos de muerte






No será gran noticia la muerte de Zapata para ninguna agencia de prensa que se respete, pues todos saben que detrás está el aparato manipulador que ha estado esperando con ansias el alimento carroñero noticioso que pueda ser utilizado en contra de Cuba. No aporta nada para la fallida causa tal perdida Humana, solo la responsabilidad de haberla propiciado en el casi descontrolado intento de buscar donde no hay, razones que puedan ser convincentes en su anhelo de destruir a la patria de martí. No hay razón en el mundo que pueda contra un bloqueo que dura 50 años, ni la permanencia de tropas de Estados unidos en territorio ilegalmente ocupado por ese país en guantanamo, ni la inmoral política del gobierno americano en contra de Cuba. No hay nada que destruya la revolución por vía externa, tendrían que borrarnos de la fas de la tierra. Este lamentable hecho es otra acusación más que cargan en su contra los que desde Miami planifican y ejecutan acciones terroristas en contra de Cuba, y en contra del gobierno de la potencia imperial que patrocina la llamada disidencia interna en Cuba y la mafia anticubana de Miami.