Les dejo con el intercambio íntegro entre ellos: se respeta la ortografía y acentuación original, así como los subrayados y destaques:
(Segunda parte)
De: Felipe de J. Pérez Cruz
Para: Roberto Cobas
Fecha: lunes, 27 de abril de 2009 23:56
Estimado Roberto: Permítame organizar en puntos mis opiniones
Primero: No siempre la respuesta viene de la forma y por el canal que uno previó que corriera: Le he expresado con sinceridad que leo sus trabajos con atención. “No crean, lean”, enseñó y aprendí de Fidel desde el principio de la Revolución.
Pienso que le he manifestado con suficiente claridad lo que de interesante encuentro en sus trabajos. Su ejercicio hipercrítico le lleva sistemáticamente a buscar todo tipo de contradicciones e insuficiencias en el curso del movimiento revolucionario cubano. Y en tal esfuerzo nos devela no pocas de las deficiencias y retos que tenemos. Su posicionamientos ideológicos y políticos aunque repiten no pocas de las claves de los pensadores de despegue de la perestroika, tiene de novedad el intentar despegarse de esa tradición liquidacionista, y buscar en el arsenal histórico de la socialdemocracia de izquierda una posibilidad de existencia “revolucionaria”, “antimperialista” y “no capitalista” para Cuba. Me interesa conocer este tipo de pensamiento porque asumo que la teoría y sobre todo la praxis revolucionaria, debe aprender a crecer en lucha no solo con el programa desembozadamente genocida y anexionista del imperio, también en competencia con otras posiciones adversas que no siempre –la mayoría de las veces si- están cocinadas por el enemigo principal y servidas con otros sabores.
Segundo: Ud. me pide argumentos sobre el contenido de sus criterios y aseveraciones. ¿Y acaso no es válido cuestionarlos en su propia posibilidad y método de construcción? ¿No se ha percatado Usted de que precisamente esa es mi posición? De qué vale iniciar un debate, si lo primero que debo recomendarle es que se informe y estudie a profundidad la realidad sobre la que pretende opinar, y hasta teorizar.
Usted está ocupado en marcar la macropolítica y la macroteoría, lo que no deja de ser importante. A ello le destina recursos y esfuerzos el país. Desde la ciencia y la cultura, con los inapreciables saberes que aporta nuestra intelectualidad académica, científico técnica, artística y literaria, se estudia, evalúa, critica y sistematiza la praxis política de la Revolución Cubana. Los resultados se socializan y discuten en numerosos foros, con participación nacional e internacional. Pero somos muchísimos los que además, nos interesa la micropolítica. Y trabajamos por llevar la teoría a praxis concretas en la construcción del poder revolucionario desde las bases, persona a persona, familia a familia, colectivo a colectivo. Pensamos que ahí se decide el socialismo cubano. Y del pensamiento vamos a la acción, a sumergirnos en las contradicciones del desarrollo y de la lucha revolucionaria “en sí mismas”. Hay mil maneras, mucho trabajo en las comunidades, un nuevo protagonismo de las ONGs, talleres de transformación cultural y social estimulados por los gobiernos territoriales, cambio de estilo y trabajo en los núcleos del Partido, recuperación de los espacios de los sindicatos y las organizaciones sociales, pequeños grandes combates cotidianos, tan simples y a la vez trascendentes como lograr que el pan de 80 gramos que la Revolución destina para cada cubano y cubana, todos los días del año, llegue con el peso y la calidad, sin espacio para la negligencia en el servicio o el robo de ingredientes… En tales escenarios aprendemos y acumulamos un conjunto de experiencias y razones, de prácticas de ejercicio del poder revolucionario, que nos permiten ver lo que Usted no ve. Por eso desprejuiciadamente, lo invito a que venga a conocer, palpar, para luego si así lo considera nos continúe criticando, pero con base. Sin dudas su trabajo nos sería más útil a todos.
Tercero: Esencialmente nada tengo que discrepar. Usted está en el derecho de considerar y exponer el inventario de insuficiencias que crea pertinente. Además, cuando desecho lo que sus posicionamientos ideológicos y políticos le hacen ver como negativo y no lo es, ese inventario no me dicen nada nuevo, nada que yo no conozca. Nada que en coincidencia no critique donde considero que hay que hacerlo: Aquí, dentro de Cuba, en debate directo para mejorarnos todos.
¿Quién puede pensar hoy por hoy que una Revolución es irreversible? ¿Quién defiende la no existencia en Cuba de problemas, errores, contradicciones? ¿Hay alguien desmovilizado en este país, pensando que los retos que se abren a la existencia de la Revolución son fáciles de resolver?
Ud. por ejemplo discrepaba de los conceptos que Abel Prieto dio sobre libertad de expresión. Y tiene un rosario de críticas al Partido. Yo he debatido pública y directamente con Abel nada más y nada menos que sobre el cómo hacer más eficiente la labor cultural e ideológica del Partido. Ante cien personas o más, convocadas libremente… Discusión fuerte, bien cubana. Antes, durante y después he estado en otros debates donde Abel ha participado, y los compañeros han dicho lo que han querido, sin tapujos ni miedos, y por supuesto Abel, que no destiñe la tradición, también ha dicho lo que ha querido y como ha estimado…. ¿Puede o no Abel Prieto hablar de libertad de opinión en Cuba? Este no lo dude, es un espacio en constante crecimiento y construcción socialista… Lástima que desde Polonia Usted no lo vea.
¿Puedo o no opinar sobre la naturaleza prejuiciada y el carácter destructivo de lo que usted suscribe sobre el Partido? Si hay críticas y debate, el tema no es el ejercicio de esta crítica y debate, sino su objetivo. Pero si del Partido se trata Usted no “critica”: Usted acusa, acusa sobretodo infundadamente.
El Partido como instrumento de creación y unidad revolucionaria, como dinamizador de nuestro sistema político, está en el centro de los ataques del imperio. Lamento que lo que Usted considera su crítica revolucionaria y socialista, camine en la misma dirección de sus enemigos y los míos. ¿Qué voy a debatir con Usted sobre este aspecto? El Partido no necesita que se le defienda de ataques y acusaciones prejuiciadas, su ejecutoria histórica y el diario protagonismo junto a nuestro pueblo le basta.
Y qué decirle con sus propuestas, ya se lo manifesté, algunas son lo menos, por ingenuas, utópicas. ¿Así que el socialismo en Europa –en Polonia, digamos- se desmoronó solo por los errores del Partido y por las concepciones antisocialistas del llamado socialismo real, o el intervencionismo soviético pudiera añadirse? ¿No existió para Ud. la guerra y el sabotaje económico, el chantaje nuclear, la NED, la CIA, Radio Europa Libre, los grupos de acción fascistoide que actuaron dentro de Solidaridad y otras asociaciones, organizados y pagados por los servicios de la OTAN, el Santísimo Karol Wojtyla y las caricias de Nixon, Ford y Carter incluidas…? ¿Qué oculta la CIA y la OTAN sobre sus operaciones encubiertas, sobre la fabricación de disidentes, sobre el reclutamiento de cuadros de partidos y gobiernos exsocialistas….? En fin, toda una maquinaria que condicionó y empujó: que ganó ese guerra sumando a los errores? Si su dominio de Cuba es insuficiente y sesgado, y la información que toma de referencia sobre el socialismo que fracasó, no trasciende lo que quieren que Ud. sepa las propias agencias del imperio: ¿Antes de entrar en el tema Cuba: Cuántos artículos tendría que escribir para contarle la historia que usted no conoce? Le recomiendo que se informe mejor porque tal historia de guerra y subversión contrarrevolucionaria si de hacer comparaciones y propuestas “democráticas” sobre y para Cuba, tiene mucho que decir.
¿Necesito más argumentos para que Usted entienda por qué no me interesa “debatir” su agenda, tenga o no tenga tiempo para hacerlo?
Cuarto: ¿Resulta que los que gobiernan este país siempre están equivocados y Ud. en la razón y la certeza? Más aún, Fidel antes y después de no estar al frente del país, ahora en sus magistrales Reflexiones, Raúl antes y después de ser Presidente, nunca se han vendido de infalibles, al contrario han sido sumamente autocríticos con su propia gestión. Y sin embargo, usted si tiene toda la verdad y todas las prioridades.
¿Es acaso ilegítimo ratificar la confianza que se tenga en la dirección revolucionaria, aún teniendo no su limitado inventario, sino un inventario de insuficiencias y retos MUCHÍSIMO MAYOR, MÁS SUSTANTIVO? Se trata de que quienes vivimos en este país comprometidos con la Revolución –por supuesto que hay quien vive de ponzoña en ponzoña-, podemos ver y sentir como ese inventario de insuficiencias y rollos que realmente tenemos, por muy grande que sea, permite ver mejor lo que SI TENEMOS, y como con y desde esas fortalezas comparativamente GIGANTESCAS, podemos –y estamos- peleando por un socialismo mejor, más eficiente económicamente, y también más democrático y participativo, porque lo uno va de la mano de lo otro.
¿Por qué jamás ve Ud. la democracia que ejerce la equidad que se mantiene, casi como un “milagro” de dirección política de ese Gobierno y Partido que tanto critica? ¿Por qué jamás ve Ud. la democracia que se ejerce en la seguridad y el bienestar que se garantiza a millones de cubanos? ¿No se ha preguntado por qué en Cuba nadie teme por su trabajo cuando hay una severísima crisis mundial, cuando a cada minuto miles de personas pierden su trabajo y se quedan desamparados? ¿No recuerdo qué dice Ud. en sus análisis sobre el internacionalismo de la Revolución Cubana, del aporte que damos a la democratización de las condiciones de vida, a la democratización de la felicidad para millones de latinoamericanos y caribeños, africanos, asiáticos… ¿Estos son acaso son “factores” o “variables” desechables?
Hay errores, si es cierto. Hay demandas en curso, claro que las hay. En lo que en mi espacio de interacción se trata, para nadie es un secreto, así nos hemos pronunciado en Congresos y otros foros, que la intelectualidad reclama un mayor protagonismo si de participación en la toma de decisiones políticas se trata. Pero créame Roberto que para hacer avanzar esto, no necesitamos de sus apuestas demoliberales. Mucho menos de catarsis. Avanzamos en el desarrollo de la propia cultura política que la Revolución ha creado, sin los antagonismos y confrontaciones que Usted sugiere. Hay un riquísimo diálogo –no siempre se tienen todos los elementos y el por qué, y ni creernos que seamos infalibles por el oficio profesionalizado del pensar- y una notable apertura, sobre todo hay avances concretos. Nuestras voces se escuchan, marcan rumbos y articulan políticas. Vea si se han atendido o no los acuerdos políticos de los más recientes congresos de artistas y escritores, periodistas, historiadores y pedagogos.
Pero lo más importante no es lo que solo un gremio intelectual o sector del pueblo pueda evaluar. Los resultados que crecen se ven y tocan en MUCHAS direcciones, y sobre todo impactan en la atención de las necesidades más concretas y sentidas de las masas. Le mencioné mis observaciones. La carretera de La Habana a Ciego de Ávila –mi más reciente viaje a principios de este mes de abril-, ya no brinda ese paisaje donde el marabú competía y afeaba el reino de la palma. Queda marabú, pero se ve mucha, muchísima tierra laboreada, hay cultivos varios y se aprecia como con los cambios en el pago y la distribución de la leche, han crecido los pastos y los rebaños se ven más recuperados.
Roberto, qué pena que usted no pueda disfrutar de la maravilla de un país, de pueblos recién arrasado por los ciclones, que se levantan más bellos, más organizados, con casas más cómodas y fuertes, con cubanas y cubanos más felices, más comprometidos con este socialismo imperfecto perfectible: ¿Quién lidera esas recuperaciones realmente de epopeya? Es ese Partido que Usted cuestiona y critica. Ese Gobierno en el que solo ve limitaciones e inmovilismos. ¿Es Raúl o Machado o algún otro miembro del Buró Político desde el Comité Central? Mire, sin dudas son las mismas estrategias nacionales, las orientaciones y el protagonismo de estos compañeros que si van a cada rincón de pueblo, pero ellos no son magos para estar en todas partes. Hay cientos de cuadros capaces en las provincias y municipios al pie de los problemas, dando ejemplo y liderando soluciones. Hay un pueblo en constante movimiento revolucionario.
Quinto: Roberto, la política además de ciencia, de análisis de variables objetivas, también tiene una alta cuota de subjetividad, de cultura, de mística: ¿Es muy difícil entender que para millones de cubanos esta es la dirección de victoria con que hemos llegado hasta aquí, venciendo colosales agresiones e inconmensurables obstáculos? Mire, solo para los que vivimos en los momentos más crudos del Período Especial, el hoy es definitivamente de seguridad y el futuro de optimismo. Claro, para sentir esto hay que haber pasado por esa prueba de coraje y resistencia masiva: ¿Ha visto Usted a la madre de sus hijos llorar de impotencia porque no hay suficiente comida? ¿Ha visto crecerse a una niña de trece años frente a su madre, para decirle: Mami, no llores, si solo hay arroz que se lo coma mi hermanito!. ¿Roberto, estaba Ud. aún en Cuba durante el Período Especial?
Sexto: Una de mis más respetadas profesoras de filosofía –autoridad de esa ciencia en el país y fuera de él- coincide con Ud. en la crítica filosófica sobre la dialéctica que me es funcional para analizar la relación ortodoxia y heterodoxia. Ella que ha sido y es mi maestra luego de exponerme con lujo de detalles –citas de clásicos y lecturas orientadas incluidas- sus puntos de vista, solo me ha pedido que reflexione. Ud me reta: Para sostener mi criterio tengo que escribir un artículo, un tratado. Es muy probable que por el camino que me propone mi profesora, llegue más rápido a escribir ese artículo que solicita, ya sea para reafirmarme o para negarme en mi planteamiento de partida. Siempre se lo enviaría primero a mi maestra, no solo por la primicia de la crítica y su reconocida especialidad. Simplemente porque dejó abierto ese espacio de complicidad y ternura pedagógica, donde el presunto error del “discípulo” o la “maestra”, no es una calamidad objeto de censura y escarnio, sino un momento de aprendizaje y desarrollo.
Séptimo: En Kaos, sobre Cuba, escriben Usted y otros adversarios de la política y la ideología de la Revolución Cubana. También compañeros y amigos cercanos, con los que comparto y coincido. Kaos ha tenido la gentileza de publicar mis trabajos, aunque han sido más los que me han colgado sin preguntármelo. Kaos tiene una propuesta, la conozco, y respeto el derecho que tienen sus promotores de diseñar el espacio como lo consideren oportuno. Bien por Kaos en todo lo que de positivo tiene. Kaos le ratifico, no sería mi modelo. ¿No tengo derecho a pensar así?
Usted me propone un debate en Kaos, yo le propongo primero que visite su tierra para que se informe de primera mano, que vea lo que estamos haciendo, estudie, constate, huela y sienta lo que crece en nuestro socialismo, y de paso, aquí como compatriotas, podemos debatir todo lo que Ud. desee. Si antes, durante o después quiere contarle a los lectores de Kaos, esa es su libérrima opción. Tampoco tengo inconveniente, si lo cree oportuno, para que socialice esta correspondencia.
Octavo: Roberto: ¿Por qué no se concentra más en lo esencial de mis planteamientos? ¿Por qué ese buscar y hurgar en la composición de mis palabras, para lazar una estocada sí una coma más o menos, una palabra u otra, hacen saltar la contradicción o la idea imprecisa. Mire no se ocupe en eso: Yo me sorprendo y enamoro de la buena redacción de muchísimos compañeros y compañeras, se apreciar esa excelencia y como tal reconozco mis limitaciones en ese y en otros muchos campos. Entonces, no haga esfuerzo en vano. Tampoco se preocupe, como lo hizo al enviarme primero unas “Palabras necesarias” y después esas mismas “Palabras necesarias (corregidas unas erratas)”. Me interesa lo primero que escribió, como lo hizo y dijo, sin el prejuicio de las que para usted son “sus” erratas. Del primer al segundo mensaje sin sus erratas, nada cambió en esencia. Por lo tanto mi criterio siguió siendo el mismo.
Por favor, le exhorto a que trascienda definitivamente los esquemas de enfrentamiento verbal y acusaciones lacerantes, que tanto daño han hecho a la izquierda. Que lo caracterice por la naturaleza de las ideas y propuestas que realiza, como un adversario ideológico y político, no implica colocarlo en el “lado contrarrevolucionario”. como Usted afirma. Si en el lado equivocado.
Por favor, no se sienta agredido, no bloquee una comunicación desprejuiciada. Por qué si le comento que le escribo a las 4 de la madrugada, comienza su mensaje recordándolo, dejando espacio a la ironía. Si con la referencia a la hora y a mi deficitario tiempo le he molestado, le solicito que me disculpe. Mire, ahora mismo me he tomado, descansado, después de disfrutar de un buen café, un tiempecito del domingo para escribirle. En cuanto termine y levante un poco más el día, voy a dar una vuelta por el barrio para apoyar la movilización de vecinos que preparamos para celebrar el 1 de mayo, claro, para marchar con nuestras consignas revolucionarias, no con las que usted nos propone.
Noveno: ¿Roberto, por qué no mirarse hacia dentro? ¿Por qué no evalúa su inventario de temas? ¿Sus razones? ¿La pertinencia de uno u otro debate si de Cuba y los cubanos y cubanas que estamos aquí a pie firme se trata? ¿Por qué creerse que Ud. tiene todas las cartas, todas las prioridades?
Décimo: Si Ud. escribe para los cubanos: ¿No le ayuda saber cómo lo ve y asume un compatriota? No le interesa saber que al menos para este cubano que lee puntualmente sus escritos, Ud. no es realmente el crítico revolucionario que afirma o quisiera ser, el analista socialista que afirma o quisiera ser.
Pienso que tengo toda la razón, pero quizás solo tenga parte. La historia dirá la última palabra, pero: ¿Cambia eso el valor de decirle lo que pienso?
Roberto: Seguiré al tanto de sus textos y le insisto, véngase por la Patria. Mientras la vida y la lucha revolucionaria en Cuba dicen la última palabra, mi posición es la de buscar y alentar en compatriotas como Usted todo lo que nos una.
Fraternalmente,
Felipe
De: Roberto Cobas
Para: Felipe de J. Pérez Cruz
Fecha: lunes, 04 de mayo de 2009 13:55
Estimado Felipe
Respondo a su extensa carta por la importancia que le atribuyo a las revelaciones que contiene. Ud. ha entendido necesario sistematizar en unos diez puntos su posicionamiento político con respecto a quien considera ya ahora abiertamente un enemigo ideológico. Digo abiertamente porque en carta anterior fue su subconsciente quien le jugó una mala pasada, cuando le atribuía infundadamente a mi persona haberlo declarado a Ud. ese enemigo ideológico. Sobre esa predisposición ya le había llamado la atención.
Al marcar su posición política Ud. intenta dejarme clara su definición ideológica. Para ello recurre a la manipulación de oponerla a la que Ud. le atribuye a su interlocutor. De esa forma deja Ud. la inequívoca impresión que se auto exculpa a priori de toda posible acusación política, cabe pensar que por el hecho de que le lleguen a su correo personal mis escritos. Pensará Ud. que nada más infundado y me dirá que un revolucionario convencido no necesita auto exculparse de su militancia. Pero tal como le demostraré, todo el trasfondo de su carta refleja lo contrario. El sentido común dice una cosa: no está Ud. obligado a recibir mis trabajos vía mi envío personal a su correo. Los recibe Ud. de la misma manera que recibo yo los suyos al haberme incluido Ud. amablemente en su lista. No por ello me identifico o dejo de identificarme yo con las ideas y el pensamiento suyo. Al sentir la necesidad interna de auto definirse ante mi del lado correcto de la inecuación política que definiera Fidel en Palabras a los Intelectuales, Ud. da muestra hasta qué punto actúa en el estado sicológico de los cubanos la coacción política que de facto establece la línea de pensamiento único que impone el PCC. De esa forma viene Ud. a poner, subconscientemente, su granito de arena en la fundamentación que hago yo sobre el problema de la partidocracia, en tanto fenómeno del socialismo de estado en el que se desgasta el Proyecto Socialista de la Revolución. La diferencia es que en mis escritos encontrará Ud. las argumentaciones y las ideas en que soporto mis análisis críticos al respecto. Es con esas argumentaciones y esas ideas con las que puede y está Ud. invitado a debatir públicamente.
El fondo del pensamiento que me refleja Ud. en su correspondencia es muy revelador, por cuanto expone el mar de contradicciones políticas implosivas y de confusión cognitiva de la realidad cubana. Pero vayamos por pasos.
Sus diez puntos se reducen a dos posicionamientos. Uno subjetivista, armado sobre juicios de valor acerca de mis ideas y que no logra Ud. sustentar en argumento alguno. No es casual que así sea porque los juicios de valor no fundamentados “permiten” la ligereza de las calificaciones “informales”. Sucede así por la ausencia de rigor en el intercambio intelectual. No es cuestión de comas o puntos y comas de más o de menos, es un asunto de respeto a sí mismo y de respeto al interlocutor, es una cuestión de respeto a la palabra que ha de comunicar y alimentar ideas claras. De la misma manera que no es serio aducir las ligerezas de la informalidad por falta de tiempo, una vez que decide Ud. iniciar un intercambio (el tiempo, sépalo Ud, nos escasea a todos). El otro posicionamiento refleja la incapacidad para salirse de un academicismo positivista que le dificulta el análisis crítico de la realidad socioeconómica en que está Ud. inmerso. Ese discurso positivista suyo utiliza la simplista loa a la obra sociocultural de la Revolución para una auto reafirmación política que mis escritos en ningún momento a Ud. le piden. A lo que constantemente invitan mis textos sobre Cuba es al debate (sobre esto volveré más adelante).
Un juicio de valor como éste que se permite, le cito: “Su ejercicio hipercrítico le lleva sistemáticamente a buscar todo tipo de contradicciones e insuficiencias en el curso del movimiento revolucionario cubano”, un juicio de valor como ése bastaría (en realidad basta) para no tomar en serio a un interlocutor. Primero, Ud. insiste en la calificación de mis análisis como “hipercriticismo” y en nada soporta dicho juicio. En carta anterior le llamaba la atención sobre la recurrencia de ese calificativo en Cuba para estigmatizar la otredad del pensamiento, como coacción política. Le recordaba cómo la beligerancia de ese estigma político le había servido a Stalin para su reaccionario y despiadado ataque contra todos los portadores de un pensamiento distinto al que él dictaba bajo la acusación de “los enemigos del pueblo”. Que, más allá de todo el asedio de la Guerra Fría, esa había sido la esencia del stalinismo que destruyó la cohesión sociopolítica en la antigua URSS. La alienación del trabajo y la persistente guerra política del PCUS contra “los enemigos del Pueblo” determinaron la susceptibilidad del sistema sociopolítico a la implosión. Un compañero suyo de militancia partidista, Noel Manzanares Blanco, encontró innecesario acudir al eufemismo de “hipercriticismo” y ha calificado análisis míos sobre la realidad cubana como filo-hitlerianos y filo-pinochetistas. La impunidad de posiciones políticas propias de la filosofía de la cacería de brujas le permite a ese compañero suyo publicar tal diatriba en un periódico cubano, Adelante (de Camaguey). La dirección del diario admite la diatriba y no publica, para conocimiento de sus lectores, el artículo mío objeto del ataque. Más aún, tampoco publica el texto que, en respuesta al desafuero del militante comunista compañero suyo, hube de publicar en las páginas de Kaos en la Red y que en su momento tuve a bien enviarle a Ud. La dirección de Adelante no lo hace a pesar de que le exijo que cumpla con el mandamiento de la ética periodística. Ese hecho no es en absoluto una práctica aislada de los medios de comunicación social en Cuba, eso es lo que los sigue caracterizando hasta el momento (sobre esto volveré más adelante).
Ud. declara que mis análisis son un ejercicio metafísico, puesto que sólo desde tal posicionamiento podría alguien enfrascarse en la búsqueda de “todo tipo” de contradicciones e insuficiencias sobre un fenómeno equis. Advierta que he subrayado “todo tipo”. Una vez compuesto su juicio de valor, Ud. encuentra un par de apreciaciones para no dejar dudas sobre su convicción. Es así como entonces esgrime mi supuesto desconocimiento sobre la realidad cubana. Analizar una realidad que se desconoce podría sólo hacerse en base a un ejercicio cognitivo metafísico. ¿Cómo si no? De esa manera redondea Ud. la descalificación de su interlocutor para discutir sobre la materia en cuestión. Al cabo de esa vuelta, no ha ofrecido Ud. ni un solo argumento, ni una sola idea crítica sobre el contenido de mis textos, de mis análisis, nada que fundamente los juicios de valor a los que reduce sus apreciaciones.
“Salvado” ese escollo, pasa Ud. a construir una autodefensa política contra un ataque inexistente. Y en ese empeño devela Ud. todo el esquematismo de su pensamiento. Ud. se defiende y “pregunta”: ¿Necesito más argumentos para que Usted entienda por qué no me interesa “debatir” su agenda, tenga o no tenga tiempo para hacerlo? Ud. le endilga a su interlocutor el investigar, pensar y escribir en función de una agenda política, de la cual Ud. además se distancia por contrarrevolucionaria. Para armar tal entuerto político le ha parecido suficiente argüir una ensarta de asuntos licuados a la fuerza como un buen cóctel de razones. Y sin más se lanza a cuestionar mi saber sobre la historia de Polonia, sobre el experimento “socialista”, sobre las causas de su reversión. Como no tiene Ud. argumentos en que calzar la imputación a mi supuesta ignorancia, no le queda más que inventárselos. Y comienza Ud. a enredarse en su propia madeja de hilvanaciones traídas por los pelos. Al final Ud. ha reducido su razonamiento a la jerarquización de los factores exógenos como determinantes de un desenvolvimiento equis de los fenómenos. En un texto mío fundamento la crítica a tal pensamiento, posible sólo al margen de la dialéctica materialista. Razonamientos en los que soporto el análisis sobre lo inadecuado de asumir el Bloqueo yanqui sobre Cuba como un factor determinante de las falencias de su sistema socioeconómico. No necesito aquí extenderme en esta cuestión, lo remito a numerosos textos míos en los que abordo el problema.
Pero Ud. no se contenta con el reduccionismo de sus juicios y se monta una beligerancia política tan autosuficiente como imberbe. Le cito: “Si su dominio de Cuba es insuficiente y sesgado, y la información que toma de referencia sobre el socialismo que fracasó, no trasciende lo que quieren que Ud. sepa las propias agencias del imperio: ¿Antes de entrar en el tema Cuba: Cuántos artículos tendría que escribir para contarle la historia que usted no conoce? Le recomiendo que se informe mejor porque tal historia de guerra y subversión contrarrevolucionaria si de hacer comparaciones y propuestas “democráticas” sobre y para Cuba, tiene mucho que decir”.
Ud. podría disimular mejor el ostracismo de sus juicios, pero no lo hace porque ello responde a una cultura del debate político que debe ser transformada en Cuba. Asumido como un hecho, porque así Ud. lo ha decidido, mi supuesto insuficiente y sesgado conocimiento de la realidad cubana, Ud. ahora necesita mostrarse más contundente. A pesar de que dice leer mis trabajos, tira mano de un recurso filibustero y hace de su interlocutor una supuesta víctima de lo que las propias agencias del Imperio quieren que se sepa. A Ud. no le importa evidenciar que no lee en absoluto mis trabajos o que no entiende lo que lee, a Ud. le basta la manida descalificación política. Y por supuesto, como el mentor político en que se convierte, se permite recomendarme que me informe mejor y no olvida entrecomillar lo de democrático que puedan tener mis propuestas sobre el Socialismo en Cuba. Y así con par de comillas, un consejo de padre benefactor y una llamada de atención, cree haber resuelto un escollo más en el debate de ideas al que le tientan mis trabajos. No se ha dado cuenta Ud. que su proceder retrata al militante doctrinario con el manual debajo del brazo y la suficiencia rampante. ¿Son esas la forma y el contenido que imagina Ud. convincentes como método de enseñanza y persuasión política de las masas? Medite en ello, porque nada tienen de ironía mis palabras.
Dado que no cabe suponer otra cosa, Ud. necesita justificar el por qué recibe en su correo y lee trabajos sobre Cuba, de naturaleza tan supuestamente subversiva como los míos y el de muchos otros compañeros que desde Cuba escriben y debaten en Kaos en la Red. ¿Explíqueme porqué le preocupa a Ud. que el acercamiento a las verdades pueda ser revolucionario? Asumida la posición del doble discurso que lo deja “protegido”, Ud. imputa: “Me interesa conocer este tipo de pensamiento porque asumo que la teoría y sobre todo la praxis revolucionaria, debe aprender a crecer en lucha no solo con el programa desembozadamente genocida y anexionista del imperio, también en competencia con otras posiciones adversas que no siempre – la mayoría de las veces si – están cocinadas por el enemigo principal y servidas con otros sabores”. Lo presumiblemente interesante de mis análisis es que no son un burdo ataque al estilo yanqui contra la Revolución, sino una labor contrarrevolucionaria preparada por alguna otra cocina anticubana. ¿No le parece demasiado pueril esa lógica de razonamientos para discutir con un adversario/enemigo político, tal como ya ha tenido el cuidado de calificarme? ¿O es que acostumbra Ud. a subestimar tanto a sus supuestos adversarios? Sobre esa inconsistencia política que Ud. me devela llamaba la atención el propio Armando Hart, ante el peligro ideológico que según él significaría la eliminación de las restricciones a viajar a Cuba de cubanos-norteamericanos y de los mismos estadounidenses (medida esa última que todo indica está al tomar Barack Obama). Con las ideas de Armando Hart al respecto tuve a bien debatir en un artículo mío publicado en Kaos Kuba si le parece puede Ud. buscarlo y leerlo).
Los juicios de valor dominan su crítica sin que se digne a presentar fundamentación alguna. Le cito: “¿Puedo o no opinar sobre la naturaleza prejuiciada y el carácter destructivo de lo que usted suscribe sobre el Partido? Si hay críticas y debate, el tema no es el ejercicio de esta crítica y debate, sino su objetivo. Pero si del Partido se trata Usted no “critica”: Usted acusa, acusa sobretodo infundadamente”.
Mi crítica sobre los problemas del sistema de partido único y sobre la naturaleza de la partidocracia en que ha derivado no es ni mucho menos destructiva; apunta a contradicciones sobre las cuales el propio Partido ha de ser el más interesado en discutir. Pero no se equivoque Ud., no es una cuestión que le concierna sólo al Partido, es un problema sobre el que debe debatir la sociedad, puesto que el Partido único se declara como fuerza política rectora de la sociedad. Podrá parecerle a Ud. demasiado democrático decirle que para que el Partido pueda desempeñarse eficientemente ha de estar bajo control social. Sobre estos problemas versan mis análisis.
Dice Ud. que si del Partido cubano se trata yo no critico, yo acuso. Lo que importa, asevera ahora, es el objetivo, no la crítica. Una vez que ha detectado Ud. que mis trabajos responden a una agenda política, ahora me pone al corriente del objetivo de esa agenda. Para ello recurre a una retórica que se inscribeen lo que, según estimo, de acertado al respecto Armando Hart critica. Le cito a Ud.: “El Partido como instrumento de creación y unidad revolucionaria, como dinamizador de nuestro sistema político, está en el centro de los ataques del imperio”. Pero Ud. no se detiene en la retórica maniqueica y puntualiza: “Lamento que lo que Usted considera su crítica revolucionaria y socialista, camine en la misma dirección de sus enemigos y los míos”. Y pasa por alto alegremente que con esa supina imputación es Ud. quien levanta el dedo del “yo acuso”. Y para mal disimularlo se lamenta y me advierte Ud. paternalmente que mi inocencia o mi ignorancia, o ambas a la vez, son las que me llevan en la misma dirección de mis enemigos, que de paso son los mismos de Ud. (sic). En la escalada de sus juicios de valor sin fundamentos Ud. pierde la perspectiva y se pronuncia cual sacerdote a su feligresía. Le puede parecer ironía o desdén, pero ésa es la proyección política que en mucho caracteriza el trabajo ideológico del Partido. Las razones están dadas y el Partido las posee, por lo cual el trabajo político consiste en persuadir a las ovejas descarriadas. Muchos tenemos la esperanza que el VI Congreso del Partido debatirá sobre la eficiencia política del sistema de partido único, sobre los métodos y se convertirá en un foro político que siente las pautas para avanzar decididamente hacia la democracia socialista. (Continúa)





